viernes, 17 de julio de 2020

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 12,1-8


Evangelio según San Mateo 12,1-8
Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.
Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".
Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?
¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?
Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.
Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.
Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado".


RESONAR DE LA PALABRA


Queridos amigos y amigas:

En la primera lectura se nos presenta el relato de la grave enfermedad que golpeó al rey Ezequías y de su milagrosa curación por la intervención de Isaías. Este texto pone en relieve la actitud de confianza de Ezequías a Dios y al profeta, que viene reconocido como aquello que es: portavoz de Yahvé. Por otra parte, emerge el prestigio de Isaías y se exalta el poder que le fue dado a él por su fidelidad al encargo profético.

Ante el anuncio de la muerte eminente, Ezequías reacciona con una oración que, en el estilo de los salmos de súplica, hace un apelo a la misericordia de Dios. A Él el rey le presenta la propia vida, vivida con rectitud, rica de obras buenas. Por eso, según la mentalidad de la doctrina de la retribución temporal, ¿cómo es posible que esa vida sea tan breve? La oración del rey es escuchada y se demuestra su cumplimiento en lo que se comunica por medio del profeta: Ezequías sanará y Jerusalén será liberada. Este pasaje nos insiste en mantener nuestra confianza en el poder del Señor y saber perseverar en la oración sobre todo en los momentos de dificultad.

El evangelista Mateo nos narra en este pasaje de hoy una de las numerosas controversias entre Jesús y los fariseos respecto a la observancia del precepto sabático. La ley mosaica prescribía que el sábado no se realizará ningún trabajo, aunque fuera particularmente urgente como el trabajo del campo en el tiempo de la siembra y la cosecha. Esta antigua institución del sábado como día de reposo dedicado a Dios, que «descansó el día séptimo de toda su tarea» (Gn 2,2), había cobrado una gran importancia durante el exilio en Babilonia y en el período sucesivo, hasta convertirse en una ley férrea en el judaísmo hasta el tiempo de Jesús.

La afirmación de Jesús: «el Hijo del hombre es señor del sábado» (v. 8) tiene un alcance impactante. Afirma en primer lugar que Él tiene una autoridad superior a Moisés, en base a una relación especial con Dios a quien se dedica el sábado. Él y solo Él pude establecer aquello que es lícito o no. En segundo lugar, esta afirmación nos revela el amor del Padre. Jesús reubica el ser humano al centro del verdadero culto, rendir honor a Dios no puede estar separado de la atención y cuidado del ser humano que Dios ha creado y que ama. Por ello, no se puede absolutizar la observancia de las leyes y normas. El medio para hacer la voluntad de Dios no puede convertirse en el fin, para sentirnos auto-justificados y con la conciencia tranquila. El Dios de la misericordia lo que reclama es la práctica de la misericordia y no los sacrificios.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA 

jueves, 16 de julio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 160720


“Soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,29)

Podemos considerar la mansedumbre de Cristo en cuatro circunstancias: en su vida ordinaria, en sus admoniciones, en la gracia de su recibimiento, en su Pasión.

En primer lugar, la mansedumbre de Cristo en su vida ordinaria. Todas sus actitudes eran pacificadoras: no buscaba provocar disputas sino que evitaba todo lo que podía conducir a un altercado. Decía “Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,29).

En esto lo debemos imitar. (…) La mansedumbre de Cristo aparece luego en sus admoniciones. Tuvo que sufrir muchos oprobios de parte de sus perseguidores y sin embargo no les contestaba jamás con cólera ni con tono de querella. Comentando el texto “en defensa de la verdad y de los mansos” (cf. Sal 44,5), san Agustín dice que la verdad se hacía reconocer cuando Cristo predicaba y la mansedumbre se hacía admirar cuando respondía con paciencia a sus enemigos. (…)

Su mansedumbre aparece también en la gracia de su recibimiento. Algunas personas no saben recibir con bondad. Cristo recibía con benignidad a los pecadores, comía con ellos. Los admitía en sus comidas o aceptaba sus invitaciones. Esto llenaba de estupor a los fariseos: “¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?” (Mt 9,11).

Finalmente, la mansedumbre de Cristo se manifiesta en su Pasión. Iba hacia esa Pasión como un cordero, “insultado, no devolvía el insulto” (cf. 1 Pe 2,23). (…) Dice .el Señor por el profeta Jeremías. “Yo era como un manso cordero llevado al matadero” (Jer 11,19). (…)

La mansedumbre asegura la herencia de la Tierra de la felicidad. Por eso leemos en San Mateo: “Felices los mansos, porque recibirán la tierra en herencia” (cf. Mt 5,5).


Santo Tomás de Aquino (1225-1274)
dominico, teólogo, doctor de la Iglesia
Sermón para el primer domingo de Adviento (La vie spirituelle n°323, 1947, Cerf), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,28-30


Evangelio según San Mateo 11,28-30
Jesús tomó la palabra y dijo:
"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

La oración de Isaías 26, 7-19, de donde está tomada el texto litúrgico de hoy, forma parte del llamado «Apocalipsis de Isaías». Se trata de una serie de imágenes en los que emerge la actitud orante del profeta que expresa su total esperanza en Dios, en su intervención salvadora en el peligro y frente a la tentación de los vanos esfuerzos humanos. En medio del trastorno cósmico y las expectativas de paz definitiva, el pueblo es invitado a poner su confianza en el Señor, que mantiene su promesa. Él nos dará la paz y realizará nuestras empresas cuidando del pobre y del indigente. 

La esperanza que el orante pone en Yahvé alimenta su deseo de estar en comunión con él, esto le da la convicción de que todo será llevado a buen termino y a la plenitud de todos los bienes. A pesar de la fragilidad fe del pueblo, la acción de Dios le devolverá esa energía vivificante a un «pueblo de muertos» para una nueva existencia (v. 19). Sería un bonito ejercicio repetir más de una vez esta lectura de Isaías el día de hoy, en medio de está situación de incertidumbre y desconcierto que estamos viviendo, para dejar que el espíritu de esta oración nos anime, nos reconforte, nos de consuelo y reavive nuestra esperanza.

En esa misma línea el Evangelio de Mateo es una invitación a saber descansar en Jesús. Acercarnos a Él cuando experimentamos nuestra pequeñez y fragilidad. A menudo vamos por la vida cansados y agobiados por las situaciones que nos toca vivir, y por las cargas innecesarias que nuestro amor propio e interés añaden a nuestro yugo. La llamada a cargar con el yugo de Jesús supone quitarnos el yugo que nosotros llevamos, que de suyo es nuestro propio ego. Vaciarnos de nosotros, para asumir el estilo de vida de Jesús que es manso y humilde de corazón, donde hallaremos nuestro descanso. En definitiva, no se trata tanto de aligerar una carga, se trata de entrar en comunión de vida con Él acogiendo su amor y el del Padre fuente de reposo donde encuentran sentido nuestros anhelos más profundos. Pidamos esta gracia por intercesión de María en su advocación del Carmen, ella «Estrella de los mares» sabrá llevarnos a un puerto seguro en su Hijo.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 15 de julio de 2020

SE LO REVELASTE A LOS PEQUEÑOS


"Se lo revelaste a los pequeños"

"Te doy gracias, Padre: Te doy gracias, Padre -dice- porque has escondido estas cosas a los sabios y prudentes".¿Cómo? ¿Es que el Señor se alegra que se pierdan los sabios y prudentes y que no conozcan estas cosas? — ¡De ninguna manera! No. Es que el mejor camino de salvación era no forzar a los que le rechazaban y no querían aceptar su enseñanza. De este modo, ya que por el llamamiento no habían querido convertirse, sino que lo rechazaron y menospreciaron, por el hecho de sentirse reprobados vinieran a desear su salvación. De este modo también, los que le habían atendido vendrían a ser más fervorosos. Porque el habérseles a éstos revelado estas cosas era motivo de alegría; mas el habérseles ocultado a los otros, no ya de alegría, sino de lágrimas. Y también éstas derramó el Señor cuando lloró sobre Jerusalén (Lc 19,41). No se alegra pues, por eso, sino porque lo que no conocieron los sabios, lo conocieron los pequeñuelos. Como cuando dice Pablo: Doy gracias a Dios, porque erais esclavos del pecado, pero obedecisteis de corazón a la forma de doctrina a que fuisteis entregados (Rom 6,17). 

Llama aquí el Señor sabios a los escribas y fariseos, y lo hace así para incitar el fervor de sus discípulos, al ponerles delante qué bienes se concedieron a los pescadores y perdieron todos aquellos sabios. Mas, al llamarlos sabios, no habla el Señor de la verdadera sabiduría, que merece toda alabanza, sino de la que aquéllos se imaginaban poseer por su propia habilidad. De ahí que tampoco dijo: "Se les ha revelado a los necios", sino: a los pequeños, es decir, a los no fingidos, a los sencillos... Es una nueva lección que nos da para que nos apartemos de toda soberbia y sigamos la sencillez. La misma que Pablo nos reitera, con más energía, cuando escribe:"Si alguno entre vosotros cree ser sabio en este siglo, hágase necio para llgar a ser sabio (1 Cor 3,18."


San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Sermones sobre el Evangelio de Mateo, n° 38, 1

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,25-27


Evangelio según San Mateo 11,25-27
Jesús dijo:
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

En la mentalidad del Antiguo Testamento ven la intervención de Dios en todos los acontecimientos. El creyente bíblico está convencido de que Dios se vale de todas las mediaciones históricas para llevar adelante su plan de salvación. En el texto de Isaías que leemos hoy el profeta ve a Asiria como instrumento de Yahvé para escarmentar al pueblo de Israel de los errores que han cometido. El pueblo no ha seguido los consejos del profeta que exhortaba a poner su confianza en Dios y no en las alianzas políticas con las potencias extranjeras que les prometían seguridad.

Si bien en este oráculo Asiria es presentada como «vara y bastón» de la ira de Dios (v. 5). Como hemos indicado era la forma propia de concebir los acontecimientos del creyente bíblico. Más que un castigo divino lo que va a sufrir el pueblo son las consecuencias de sus propias decisiones. Esta tensión que vivía el pueblo de Israel entre poner su confianza en sus propias estrategias o realmente poner su confianza en Dios, sigue presente también en nosotros hoy. Muchas veces nos cuesta dejar entrar a Dios en todos los ámbitos de nuestra vida, dejar que la fe que decimos profesar incida en nuestra vida. Lo vemos, por ejemplo, constantemente en muchos líderes políticos de nuestro tiempo, que se dicen ser cristianos, pero en la gestión del bien público siempre buscan sus propios intereses. Utilizan el nombre de Dios para legitimar sistemas de injusticia y corrupción, en detrimento de los derechos de las grandes mayorías pobres de nuestros países. Por eso, decimos con el salmo 93: «¡El Señor no rechaza a su pueblo! El justo obtendrá su derecho, y un porvenir los rectos de corazón».

En el Evangelio Jesús le da gracias al Padre por el modo sorprendente de actuar, tan distinto a nuestra lógica humana, que le hace revelar a la gente sencilla los secretos del Reino. La gente pobre y sencilla, los que tenían que luchar contra el hambre y sus enfermedades fueron quienes supieron captar mejor el mensaje de Jesús. Qué difícil se nos hace aceptar este criterio fundamental del Evangelio que es en lo pequeño, en lo pobre, en lo sencillo donde se revela el Dios de Jesús. En aquellos que al no tener nada están más abiertos para aceptar el mensaje del Señor. Los sabios y entendidos en el tiempo de Jesús eran personas que lo tenían todo asegurado, muchos llegaban a creer de no necesitar de Dios. Lo sorprendente del mensaje de Jesús es que revierte esa concepción poniendo en el centro a los pequeños.

La adhesión a la persona de Jesús y su mensaje debe comportar en sus seguidores hoy estas mismas actitudes vitales de su Maestro que no se deja llevar por las apariencias, que mira el corazón. Hacer nuestro este «Magnificat de Jesús» nos debería ayudar a vivir con ese espíritu que tiene la gente sencilla de apertura, de naturalidad, de sinceridad, de confianza en el Señor. Y que nuestro corazón sea capaz de reconocer en los más pobres y humildes lo mejor que tiene la Iglesia como Pueblo de Dios, por son ese «lugar teológico» donde Dios se nos sigue revelando también a nosotros hoy. ¿Me dejo sorprender como Jesús de la forma siempre novedosa de actuar de Dios?

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 14 de julio de 2020

PENSAMIENTOS


LA SEMILLA DE LA PALABRA


«La Palabra de Dios es una semilla que en sí misma es fecunda y eficaz; y Dios la esparce por todos lados con generosidad, sin importar el desperdicio. ¡Así es el corazón de Dios! Cada uno de nosotros es un terreno sobre el que cae la semilla de la Palabra, ¡sin excluir a nadie! La Palabra es dada a cada uno de nosotros. Podemos preguntarnos: yo, ¿qué tipo de terreno soy? ¿Me parezco al camino, al pedregal, al arbusto? Pero, si queremos, podemos convertirnos en terreno bueno, labrado y cultivado con cuidado, para hacer madurar la semilla de la Palabra. Está ya presente en nuestro corazón, pero hacerla fructificar depende de nosotros, depende de la acogida que reservamos a esta semilla. A menudo estamos distraídos por demasiados intereses, por demasiados reclamos, y es difícil distinguir, entre tantas voces y tantas palabras, la del Señor, la única que hace libre»

Francisco
Ángelus
12-07-2020 


COMPRENDIENDO LA PALABRA 140720


Cristo nos llama a todos a la conversión

Cristo, que durante su vida hizo siempre lo que enseñaba, pasó cuarenta días y cuarenta noches en ayuno y oración antes de comenzar su ministerio. Inauguró su misión pública con este gozoso mensaje: «El Reino de Dios está cerca» y añadiendo seguidamente este mandamiento: «Convertíos y creed la Buena Noticia» (Mc 1,15). Es toda la vida cristina que se encuentra, en cierta manera, resumida en estas palabras. No se puede llegar al Reino anunciado por Cristo más que a través de la « metanoia », es decir, por el cambio y renovación íntima y total del hombre entero... La invitación que nos hace el Hijo de Dios de la metanoia nos obliga tanto más porque él no sólo la predicó, sino que él mismo se ofreció como ejemplo. En efecto, Cristo es el modelo supremo de los penitentes. Él quiso sufrir no por sus pecados sino por los de los demás.

Cuando un hombre se pone delante de Cristo queda iluminado con una luz nueva: reconoce la santidad de Dios y la gravedad de su pecado. Por la palabra de Cristo se le transmite el mensaje que le invita a la conversión y le concede el perdón de los pecados. Estos dones los recibe en plenitud en el bautismo, el cual le configura con la pasión, la muerte y la resurrección del Señor. A partir del bautismo, toda la vida del bautizado está situada bajo el signo de este misterio. Todo cristiano debe pues, seguir al Maestro renunciando a sí mismo, llevando su cruz y participando en los sufrimientos de Cristo. Así, transfigurado a imagen de su muerte, se hace capaz de meditar la gloria de la Resurrección. Seguirá al Maestro viviendo ya no para él, sino para Aquel que le ha amado y se ha entregado por él (Ga 2,20), y viviendo también para sus hermanos, completando «en su carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo sufriendo por su Cuerpo que es la Iglesia» (Col 1,24).


San Pablo VI
papa 1963-1978
Constitución apostólica « Paenitemini » del 18/02/1966

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,20-24


Evangelio según San Mateo 11,20-24
Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.
"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.
Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.
Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú".


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Al escuchar la lectura de Isaías de hoy podemos tener la impresión de extrañeza, ya que el texto hace referencia a una serie de nombres y de lugares con los cuales no estamos familiarizados. Sin embargo, este texto abre el capítulo 7 de Isaías, la sección llamada el «Libro de Emanuel», Dios-con-nosotros, es el nombre del hijo anunciado a Acaz, rey de Judá. Es el signo que garantiza la intervención salvífica de Yahvé. A pesar de la incredulidad del rey y de los altos funcionarios de la corte. Alrededor de esta figura se recogen los distintos oráculos de los cc. 7-11, en los cuales a ese hijo que nacerá vienen atribuidos una serie de prerrogativas, así emerge el símbolo y la imagen del mesías venidero que llevará a cumplimiento las promesas de Dios.

El profeta Isaías requiere al rey y al pueblo la adhesión de la fe, como condición indispensable para participar de la promesa esperada. En el texto que leemos hoy el profeta pide a Acaz: «vigilancia y calma». Frente a la amenaza y el asedio de guerra Isaías le recuerda al rey que lo que cuenta, no es tanto la estrategia político y militar, sino la fe en Dios: «Si ustedes no creen, no subsistirán» (v. 9b). Qué actualidad sigue teniendo para nosotros hoy este apelo de Isaías de poner nuestra confianza en Dios. Este tiempo de pandemia ha creado una serie de crisis que nos pueden hacer vivir con miedo e incertidumbre. En muchos países la situación, incluso ya antes del COVID 19, era verdaderamente dramática. El mensaje de Isaías nos da una valiosa clave creyente que nos puede ser muy útil en este momento: «vigilancia y calma».

El texto del Evangelio presenta tres denuncias, de corte profético, hechas por Jesús a algunas ciudades de Galilea: Corazaín, Betsaida, Cafarnaún. Estos fueron los primeros espacios operativos de Jesús, que vieron de primera mano y experimentaron la actividad sanadora del primer anuncio del Reino (vv. 21.23). Sin embargo, vienen señaladas como prototipo de una «generación caprichosa» que, como unos niños en una plaza, son incapaces de interpretar los acontecimientos ya que están en otra onda, como los representa la parábola precedente al texto de hoy (cfr. Mt 11, 16-19). Jesús les reprocha la incapacidad para reconocer en los milagros que ha realizado los signos de su identidad más profunda de Hijo de Dios.

A Jesús le duele ver la cerrazón del corazón del ser humano y que no sea capaz de reconocer la acción liberadora de Dios. Mas que interpretar como amenazas estos «ayes» de este pasaje de Mateo son más bien una advertencia, una llamada a la conversión. Que sigue también resonando para nosotros hoy. Cuantos «ayes» nos tendría que dar Jesús ante nuestra incapacidad de ver sus intervenciones en nuestra vida cotidiana. Este texto del Evangelio es una invitación a saber discernir cómo Dios se hace presente en nuestra vida, quizás por los caminos más inesperados. De ahí, el cambio de mentalidad (conversión) que nos pide Jesús para ser más conscientes y agradecidos por la acción salvadora de Dios en nuestra vida.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

lunes, 13 de julio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 130720


"El que dé a beber... a uno de estos pequeños en calidad de discípulo... no quedará sin recompensa"

“Pongo mi vida en manos del Creador”, que es fiel (1P 4,19) “por quien desempeño esta misión” (Ef. 6,20) a pesar de mi bajeza, porque Él no hace acepción de personas y me eligió para este servicio, para que yo fuera su servidor, “uno de los más pequeños entre los suyos” (Mt 25,40). ¿Pero cómo le pagaré por todas las cosas que me ha concedido? (Sal. 115,12) Pero ¿qué diré, qué le prometeré a mi Dios, ya que nada tengo sino lo que Él mismo me dio?... Que, por voluntad de Dios, nunca permita que “se pierda el pueblo que Él adquirió” (Is 43,21) desde los confines de la tierra. Ruego a Dios que me dé perseverancia y se digne hacerme su testigo fiel, por el nombre de Dios, hasta mi partida. 

Y si yo realicé alguna buena acción, por mi Dios, a quien amo, le pido que me conceda verter mi sangre, junto con estos extranjeros y cautivos, por el honor de su nombre... Tengo la certeza, de que si esto me ocurriera, he ganado mi alma junto con mi cuerpo porque, sin ninguna duda, en aquel día resucitaremos en la claridad del sol, esto es, en la gloria de Cristo Jesús nuestro Redentor...

Por eso ruego a quienes creen y temen a Dios: quienquiera se haya dignado observar o recibir este escrito que Patricio, pecador ignorante, escribió en Irlanda: si he hecho o dicho cualquier cosa por insignificante que sea del agrado de Dios, que nadie vaya a pensar que lo he hecho yo, con lo ignorante que soy. Pensad más bien y creed con toda verdad que todo esto fue don de Dios. Y esta es mi confesión, antes que yo muera.



San Patricio (c. 385-c. 461)
monje misionero, obispo
Confesión, 56-62 conclusión

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1


Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1
Jesús dijo a sus apóstoles:
"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".
Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Hemos iniciado ya la 15a semana del Tiempo Ordinario. En la primera lectura de estos días escucharemos distintos oráculos del profeta Isaías. Recordemos que Isaías es uno de los grandes profetas de la tradición bíblica. El impacto de su mensaje y su personalidad hicieron que se recogiera, incluso después de su muerte, una serie de escritos proféticos que conocemos como la profecía de Isaías. En los profetas encontramos una de las primeras experiencias del Espíritu de Dios en la Biblia, por eso recitamos en el Credo: «Creo en el Espíritu Santo que habló por los profetas».

El profeta bíblico no es alguien que adivina el futuro o solo un comunicador de malas noticias. El profeta es alguien que ha tenido una fuerte experiencia de Dios y que se siente, desde esa vivencia, llamado hablar en su nombre. La palabra profética da esperanza y consuelo, denuncia e interpela, sana y libera, amplia nuestra mirada y ensancha el corazón. Como es una palabra que viene de Dios busca siempre la verdad y nos ayuda a discernir lo que es esencial. Es lo que encontramos en la primera lectura de hoy, un oráculo introductorio del Libro de Isaías, donde se denuncia una práctica religiosa vacía, que se queda en los ritos externos.

El profeta Isaías denuncia el culto religioso que esta separado de la vida. No se puede presentar una ofrenda en el altar del Señor con las manos manchadas por nuestro egoísmo. El profeta desenmascara un formalismo religioso que se desentiende y permanece al margen de un orden social injusto y excluyente. Isaías reivindica la voluntad de Dios recordándole al pueblo lo que es fundamental en el código de la Alianza: «Cesen de obrar mal, aprendan a obrar bien; busquen el derecho, socorran al oprimido; defiendan al huérfano, protejan a la viuda». Ese es el culto que a Dios le agrada cuando nuestras practicas religiosas se corresponden con un corazón dócil y atento a las necesidades del prójimo.

En el Evangelio Mateo continúa describiéndonos el estilo de vida del discípulo-misionero, evidenciando la exigencia radical de la misión. En este texto podemos captar la tensión que vivían las primeras comunidades cristianas y las dificultades dentro de las mismas familias cuando se sentían llamadas al seguimiento de Jesús. Y es que cuando se decide tomar en serio la vida cristiana se puedan dar rupturas e incomprensiones incluso con la misma familia. No se trata de no vivir con dedicación y fidelidad las relaciones familiares, pero se debe meter en el centro de nuestras prioridades el seguimiento de Jesús el amor a él «con todo el corazón, con toda la mente, con todas nuestras fuerzas» (Mc12,30).

La exigencia del discipulado está, como nos advierte Jesús, en «tomar su cruz para seguirle». Seguir al Maestro implica para el discípulo morir a su mismo. Curiosamente al perder la propia vida, al entregarla al servicio del Reino de Dios, es cuando la encontramos en plenitud, porque se entra en la dinámica del don, en la donación de la propia vida. Pidamos al Señor la gracia de hacer nuestro su estilo de vida, de vivir su propuesta novedosa y alternativa. Para que nuestras acciones, por pequeñas que sean, como dar un vaso de agua, sirvan para aliviar algo el sufrimiento de nuestro mundo y ser una Buena Noticia para los que nos rodean.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán, cmf.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

domingo, 12 de julio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 120720


“El hombre que escucha la Palabra y la comprende produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno”

Toda la evangelización está fundada sobre la Palabra de Dios, escuchada, meditada, vivida, celebrada y testimoniada. Las Sagradas Escrituras son fuente de la evangelización. Por lo tanto, hace falta formarse continuamente en la escucha de la Palabra. La Iglesia no evangeliza si no se deja continuamente evangelizar. Es indispensable que la Palabra de Dios «sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial» [Benedicto XVI]. La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana. Ya hemos superado aquella vieja contraposición entre Palabra y Sacramento. La Palabra proclamada, viva y eficaz, prepara la recepción del Sacramento, y en el Sacramento esa Palabra alcanza su máxima eficacia.

El estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes. Es fundamental que la Palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. La evangelización requiere la familiaridad con la Palabra de Dios y esto exige a las diócesis, parroquias y a todas las agrupaciones católicas, proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia, así como promover su lectura orante personal y comunitaria. Nosotros no buscamos a tientas ni necesitamos esperar que Dios nos dirija la palabra, porque realmente «Dios ha hablado, ya no es el gran desconocido sino que se ha mostrado» [Benedicto XVI]. Acojamos el sublime tesoro de la Palabra revelada.


Papa Francisco
Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium / La alegría del Evangelio” §174-175 (trad. © copyright Libreria Editrice Vaticana)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,1-23


Evangelio según San Mateo 13,1-23
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.
Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.
Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.
Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;
pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.
Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.
¡El que tenga oídos, que oiga!".
Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".
El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.
Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.
Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.
Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán,
Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.
Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.
Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron."
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.
Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,
pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".



RESONAR DE LA PALABRA

UNA TIERRA QUE «ESCUCHE»

Después contar esta parábola, Jesús concluye así: «el que tenga oídos, que oiga». Cuando pasa a explicar a los discípulos su narración, le dice: «oíd lo que significa». Y por fin, al concluir el relato: «lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra».

Esto significa que la clave para comprender el mensaje de Jesús tiene que ver con el oído, con la escucha de su palabra, de la PALABRA del Reino. Él está preocupado porque el corazón de su pueblo está «embotado», son «duros de oído». Y por eso proclama una nueva bienaventuranza: «Bienaventurados vuestros oídos porque oyen».

Evidentemente que Jesús no se refiere a la «capacidad auditiva» de captar unas palabras y enterarse, informarse de su contenido. Sino a permitir que esas palabras sean comprendidas (cabeza), afecten al corazón (a la propia vida: sentimientos, valores, opciones...) y a las manos: hacer, transformar, dar frutos.

Los judíos oraban (y oran) varias veces al día un texto básico del libro del Deuteronomio que comienza así: «Escucha Israel (Shemá)... y estas palabras que te mando hoy estarán sobre tu corazón; y les enseñarás diligentemente a tus hijos, y hablarás de ellos cuando te sientes en tu casa, y cuando camines por el camino, y cuando te acuestes, y cuando te levantes. Y los atarás como una señal en tu mano, y serán como frontales entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas» (Dt 6, 4-5).

No podemos pasar por alto el contexto, el momento concreto en que Jesús cuenta esta parábola. Las cosas no le están yendo tan bien como cabría esperar: ha sido expulsado de su pueblo de Nazareth, en Cafarnaúm le han tachado de loco, los fariseos ya empiezan a moverse para quitarlo de en medio, y bastantes discípulos se van retirando. ¿Cómo es posible esto si, según el profeta Isaías, «así será mi palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo». Los discípulos han podido escuchar otra parábola de Jesús que habla de que la simiente crece sola, por la fuerza que tiene en sí misma (Mc 4, 26-28). Pero la realidad de cómo está siendo acogida la palabra de Dios, y a Jesús mismo que es la Palabra parece indicar otra cosa, parece apuntar al fracaso de la misión. Por eso Jesús intenta dar ánimo a sus discípulos, y explicar por qué la semilla queda infecunda, por qué no hay «resultados».

No es difícil, por tanto, que esta parábola y su contexto tengan mucho significado para nosotros hoy. El pasado septiembre el Papa Francisco marcaba en el calendario litúrgico un «Domingo de la Palabra de Dios». El Concilio Vaticano II quiso «recuperar» la Escritura como parte esencial de la celebración eucarística, como elemento indispensable en el discernimiento de la voluntad de Dios, como centro de la oración cristiana, como libro que convenía estudiar con criterios científicos para comprenderlo mejor, dándole un lugar insustituible en la oración eclesial (personal y comunitaria). Casi podríamos decir que es un «sacramento», porque Dios/Jesús se hacen presentes cuando es proclamada, buscando el diálogo con los creyentes. Así lo aclamamos al final de cada lectura en nuestras Eucaristías: «Palabra de Dios», Dios nos ha hablado, gracias Señor por expresarnos tu voluntad.

Sin embargo nos queda muchísimo camino por recorrer, muchos esfuerzos que hacer para que estos objetivos se vayan cumpliendo. 

La experiencia nos dice que bastantes hermanos llegan a las celebraciones en medio de la Liturgia de la Palabra, y mientras se centran y prestan atención... se les ha escapado esa Palabra. O la han escuchado, pero no se les ha quedado casi nada. O no la entienden en su mayor parte (no es un libro fácil, la verdad). La Liturgia de la Palabra parece como una especie de «introducción» a la parte «importante» de la Misa. Pocos son los que se toman el trabajo de repasarla antes o después en casa, o tenerla en cuenta a lo largo de la semana. A menudo quienes salen a leerla no se la han preparado adecuadamente para leerlas con un mínimo de corrección: cualquier espontáneo, vale. Y, también hay que decirlo, las homilías no siempre se preparan estudiando y orando el texto (¡con la inmensa cantidad de buenos subsidios que se pueden encontrar!, y no me refiero a homilías ya redactadas por otros) y no ayudan lo que debieran a comprender y aterrizar esa Palabra.

Es verdad que se ha reducido enormemente nuestra capacidad de escucha: tanta verborrea, tanto estímulos visuales y auditivos, tantos mensajes, tanta indigerible información... nos embotan. Y nuestras agendas superocupadas apenas tienen sitio para una reflexión serena sobre la propia vida, los acontecimientos...

Pero mejor nos fijamos en las disposiciones del terreno que recibe la semilla, tal como las describe Jesús, para entender por qué la poderosa Palabra de Dios... puede quedar estéril: 

• Existe el corazón duro. El terreno, a base de pisarlo y pisotearlo, se va endureciendo, y no hay manera de que pueda recibir la semilla y el agua que la haría germinar. Y esto ocurre cuando el ambiente social, otros valores, otros intereses, otras voces... van machacando y anulando una tierra que habría podido producir algo. Pero queda «uniformada», la semilla rebota, no nos dice nada, no la entendemos, no va con nosotros, acaba al borde del camino, fuera de nuestra vida. Y la semilla «nos la roban» sin que nos demos por enterados. No hay pretensión en este terreno de discernir, de cuestionarse, de buscar, de cambiar... Es la pasividad y la indiferencia ante la semilla. No me interesa.

• Está también el corazón inconstante, De primeras se ilusiona, tiene sinceras ganas de cambiar, de mejorar, de tomarse las cosas en serio... Pero si no dispone de «medios», herramientas concretas que mantengan esa ilusión... al poco tiempo estamos como antes. Después de estos confinamientos que nos han venido encima, hay quienes se han replanteado muchas cosas de su vida, quieren vivir de otra manera. Pero si no concretan y escalonan unos objetivos, si no miden sus fuerzas, si no buscan algún tipo de acompañamiento espiritual y algunos apoyos necesarios... esa sincera ilusión acaba en desánimo, y vuelven tristes a lo de siempre.

• También hay corazones llenos de abrojos, de hierbajos, de malas hierbas, terrenos superficiales que se dejan enredar más de la cuenta por asuntos cotidianos, por valores y estilos de vida incompatibles con el Evangelio de Jesús, que ahogan el trigo bueno. Jesús subraya expresamente la seducción de las riquezas. Pero también ciertas ideologías políticas, filosóficas, e incluso teológicas... filtran tanto la semilla, la condicionan tanto... que es imposible que eche raíces y produzca nada. Y esos estilos de vida acelerados, superocupados, atolondorados....

• Por último, el corazón bueno capaz de producir ciento, sesenta o treinta por uno. Es el terreno que hace un sano ejercicio de «ecología auditiva» para no dejarse atontar con tantos ruidos. Que presta atención a la Palabra que Dios le dirige personal y comunitariamente, que está en disposición de ir cambiando lo necesario, que busca espacios de silencio, que hace con frecuencia su examen de conciencia descubriendo retos, procurando hacer crecer sus talentos, que «abona» su vida de fe y se arrima a otros que también intentan crecer, construyendo el Reino con ellos. Puede que no sean muchos, pero no tienen que desanimarse por ello: el Reino no es cuestión de números, de multitudes, de grandes medios... sino de que cada cual produzca lo que pueda: cien... o treinta. Lo que pueda. El sembrador, por su parte, no deja cada día de depositar en nosotros nuevas semillas... y tarde o temprano brotan.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf . 

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 11 de julio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 110720


“Ni un pajarito cae en tierra sin que lo sepa vuestro Padre...No temáis!”

Llegado a una gran manada de pájaros, el bienaventurado Francisco se dio cuenta que le esperaban. Les dirigió su saludo habitual, se admiraba de que no se escaparan como de costumbre, les dijo que debían de escuchar la Palabra de Dios y les rogó humildemente de estar atentos.

Les dijo, entre otras cosas: “Pajaritos, hermanos míos, tenéis motivo de alabar y amar a vuestro creador. El os ha dado las plumas de vestido, las alas para volar, y todo lo que necesitáis para vivir. De entre todas las criaturas de Dios, vosotros tenéis la mayor suerte. Os ha dado el aire y su pureza como vuestro espacio vital. No habéis sembrado ni segado, os da vuestro alimento y vuestra cobijo sin que os tengáis que inquietar por ello.” A estas palabras, según el mismo santo y sus compañeros, los pájaros expresaron a su manera una inmensa alegría: alargaban sus cuellos, desplegando sus alas, abriendo el pico y mirando con toda atención. El Santo se paseaba entre ellos, rozando con su túnica sus cabezas y sus cuerpos. Finalmente, los bendijo trazando sobre ellos la señal de la cruz y permitiéndoles que se fueran volando. El siguió el camino con sus compañeros y, exultante de alegría, dio gracias a Dios que es reconocido y venerado por todas las criaturas.

Francisco no era un simple pero tenía la gracia de la simplicidad. Se acusaba entonces de no haber predicado antes a los pájaros ya que escuchaban con tanta atención y respeto la Palabra de Dios. A partir de este día no dejaba de exhortar a todos los pájaros, a todos los animales, a los mismos reptiles y hasta a las criaturas insensibles, a alabar y amar al Creador.



Tomás de Celano (c. 1190-c. 1260)
biógrafo de San Francisco y de Santa Clara
Primera vida de S. Francisco de Asís, 58

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,24-33


Evangelio según San Mateo 10,24-33
Jesús dijo a sus apóstoles:
"El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.
Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos.
No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Leyendo despacio el Antiguo Testamento da la impresión de que Israel siempre tuvo, de mil modos distintos, una voz que le susurraba los caminos. Una voz de sabiduría y prudencia, de justicia y verdad, de memoria y esperanza. A veces esa voz clamaba en la tormenta; otras, se adivinaba en la brisa suave. Pero jamás dejó abandonado a su suerte a ningún peregrino de la fe: «hijo mío, si aceptas mis palabras y conservas mis consejos (...) alcanzarás el conocimiento de Dios» (Prov 2,1.5).

Esta voz se hacía más perentoria cuanto más se estrechaba el horizonte de la vida. En los momentos de mayor turbación o distracción, Dios encontraba la manera de procurar que su pueblo custodiara «la senda del deber, la rectitud y los buenos senderos» (Prov 2,8). Él fue voz en el firmamento que se cernía sobre Abraham cuando acechaba la vejez, voz en la zarza que fascinaba a Moisés cuando arreciaba esclavitud, voz en las cítaras junto a los canales de Babilonia cuando se arraigaba la desolación. Voz que, en definitiva, abría caminos de vida eterna cuando se cerraban los caminos de este mundo que pasa.

Con el paso de los siglos, y salvadas las distancias, los cristianos tuvieron que afrontar una de las crisis más profundas de su historia cuando, allá por los siglos V y VI, el Imperio Romano, que había hecho del cristianismo su religión oficial, sufrió su más importante crisis política y social, con la consiguiente crisis de costumbres, de valores y de fe. En aquel momento, la voz del Señor se manifestó en la vida humilde y provocadora de un hombre que, en contra de todo y de todos, decidió retirarse para encontrarse, desaferrarse de los muros que se derrumbaban para ampararse en la búsqueda de Dios, que permanece. Con su gesto y su palabra, encarnados en la nueva vida monástica descrita por su Regla, san Benito despejó un camino insólito cuando todo amenazaba ruina. Así, como si se tratase de un viejo sabio de Israel, él pronunció para los suyos palabras de siempre que sonaban nuevas: «Escucha, hijo, los preceptos del Maestro, e inclina el oído de tu corazón; recibe con gusto el consejo de un padre piadoso y cúmplelo verdaderamente. (...) ¿Qué cosa más dulce para nosotros, carísimos hermanos, que esta voz del Señor que nos invita? Ved cómo el Señor nos muestra piadosamente el camino de la vida» (del Prólogo a la Regla de los monjes).

En aquel susurro benedictino se cimentó el edificio espiritual de Europa, hoy quizá tan frágil y tambaleante como entonces. Un edificio, con todo, que aún podemos habitar –con riqueza y gozo– quienes nos sentimos pobres o a la intemperie. El Señor, que habla por los suyos, sigue dejando oír en este tiempo su voz y su promesa: «también vosotros, los que me habéis seguido, recibiréis cien veces más y heredaréis la vida eterna».

Fraternalmente: 
Adrián de Prado Postigo cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 10 de julio de 2020

PENSAMIENTOS


COMPRENDIENDO LA PALABRA 100720


“Aquel que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22)

La perseverancia es la virtud que consuma y corona las otras virtudes. (…) La fidelidad cotidiana es el medio que nos es dado para que podamos contar con ese don infinitamente precioso, don por excelencia. El objeto de la virtud de la perseverancia es que llevemos bien y a término la gran obra de nuestra vida y cada obra que comenzamos por Dios.

Santo Tomás une esta virtud a la virtud de fuerza. Con mucha razón. ¿Qué es la fuerza? Es una disposición de firmeza que inclina el alma a no abandonar el bien y soportar valientemente todos los males, mismo los peores y continuos. La fuerza hace endurar el martirio. (…)

En la espera que brillen los esplendores de la luz eterna a nuestra mirada purificada, digamos frecuentemente esta oración de la Iglesia (…): “O Dios que en su amor restaura la belleza de la inocencia, atraiga los corazones de sus servidores. Que el ardor del amor que hace nacer en ellos su Espíritu, los vuelva estables en la fe y fieles para practicar su Ley”.


Beato Columba Marmion (1858-1923)
abad
Los “instrumentos de las buenas obras” (Le Christ Idéal du Moine, DDB, 1936), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,16-23


Evangelio según San Mateo 10,16-23
Jesús dijo a sus apóstoles:
"Yo los envío como a ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas.
Cuídense de los hombres, porque los entregarán a los tribunales y los azotarán en las sinagogas.
A causa de mí, serán llevados ante gobernadores y reyes, para dar testimonio delante de ellos y de los paganos.
Cuando los entreguen, no se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que deban decir se les dará a conocer en ese momento,
porque no serán ustedes los que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes.
El hermano entregará a su hermano para que sea condenado a muerte, y el padre a su hijo; los hijos se rebelarán contra sus padres y los harán morir.
Ustedes serán odiados por todos a causa de mi Nombre, pero aquel que persevere hasta el fin se salvará.
Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra, y si los persiguen en esta, huyan a una tercera. Les aseguro que no acabarán de recorrer las ciudades de Israel, antes de que llegue el Hijo del hombre."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Las palabras de Jesús que Mateo presenta en la lectura de hoy difícilmente pueden escucharse como una buena noticia, como un evangelio. Al menos, no en términos humanos. El Señor anuncia la división, la persecución, el enfrentamiento, la sangre, la discordia. Y que todo ello arreciará contra sus amigos por su causa. No es precisamente el panorama que a uno le gustaría encontrar cuando se decide a seguir a Cristo por el camino. Sin embargo, es parte –no menor– del paisaje de la vida cristiana.

Tanto en la búsqueda de Dios como en el seguimiento de Cristo, la llamada es una pero múltiple. Nos llama el Señor en la orilla del lago en un ambiente luminoso, pero nos llama también enseguida a subir con él a Jerusalén, ocaso de tinieblas y de cruz. Quizá el verdadero discipulado consista no tanto en esa prontitud primera con que uno deja todo para seguir a Cristo –que también–, sino, sobre todo, en esa fidelidad que uno alimenta cada día hasta llegar a estar dispuesto a pasar de un paisaje a otro por amor de lo invisible.

Por eso insiste Jesús en que la mayor preocupación de los suyos no debe volcarse en cómo evitar la cruz o cómo defenderse frente a quienes les amenazan con ella. El discípulo debe poner todas sus artes –desde la astucia de la serpiente hasta la sencillez de la paloma– en no perder de vista a Jesucristo y, en él, al Padre. Solo quien mira al crucificado podrá, llegado el caso, asumir la cruz. Solo quien escucha al Hijo encomendando al Padre su último aliento, podrá entregarse en el momento de la prueba con ese mismo Espíritu. El Señor será entonces para él como un ciprés frondoso que da sombra y fruto: la sombra de la paz, el fruto de la vida.

Fraternalmente:
Adrián de Prado Postigo cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 9 de julio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 090720


“Proclamen que el Reino de los cielos está cerca” (Mc 1,15)

La entrada en la Orden [de San Francisco] de otro hombre de bien, llevó a siete el número de hijos del servidor de Dios. Entonces, ese buen padre los reunió a todos, les habló largamente del Reino de Dios, del desprecio del mundo, la renuncia a la voluntad propia y la mortificación corporal. Les anunció su proyecto de enviarlos a los cuatro extremos del mundo. (…)

Dijo tiernamente a sus hijos “Vayan, anuncien la paz a los hombres, proclamen la conversión para que ellos obtengan el perdón de sus pecados (cf. Mc 1,4). Sean pacientes en la dificultad, asiduos en la oración, valientes en el trabajo. No tengan pretensión de sus sermones, no desvíen en su conducta y sean agradecidos por los bienes recibidos. Si ustedes realizan esto, “¡el Reino de los Cielos es a ustedes!” (Mt 5,3; Lc 6,20).

Ellos entonces, a rodillas humildemente a los pies del servidor de Dios, recibieron este envío en la alegría espiritual que proviene de la santa obediencia. Francisco dijo a cada uno: “Abandona al Señor toda preocupación y él te cuidará” (cf. Sal 54,23). Era la frase habitual cuando él enviaba un hermano en misión. En cuanto a él, consciente de su vocación de modelo y queriendo “ponerse a la obra” y no solamente “enseñar” (cf. Hech 1,1), llamó a un compañero y se fueron hacia uno de los cuatro puntos cardinales. 



San Buenaventura (1221-1274)
franciscano, doctor de la Iglesia
Vida de San Francisco (Vie de Saint François, Legenda major, Franciscaines, 1968), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,7-15


Evangelio según San Mateo 10,7-15
Jesús dijo a sus apóstoles:
Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.
Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."
No lleven encima oro ni plata, ni monedas,
ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.
Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.
Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.
Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.
Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.
Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos hermanos:

Se ha acusado muchas veces al Antiguo Testamento de proyectar la imagen de un Dios castigador, resentido, colérico, rencoroso. Un personaje más cercano a los dioses grecorromanos, abrasados de bajas pasiones, que al Padre bueno a quien Jesús rezaba. Los pasajes que avalarían este juicio son numerosísimos, aunque su interpretación dista de ser tan sencilla como parece, y quizá haya que pensar que todos esos textos hablan más de la torpeza de los hombres que de la naturaleza de Dios. En todo caso, cuando flota en el ambiente la idea generaliza de «un Dios vengador de sus maldades», fragmentos como el del profeta Oseas, que escuchamos hoy en la primera lectura, brillan como el oro entre el lodo. Oseas pone en boca de Yhwh algunas de las expresiones más hermosas de toda la Escritura: «cuando Israel era joven, lo amé», «yo lo enseñé a andar, lo alzaba en brazos», «yo lo curaba», «con cuerdas humanas, con correas de amor lo atraía», «me inclinaba y lo daba de comer», «se me conmueven las entrañas», y esa frase lapidaria con que cierra su cavilación, de una vez para siempre, «que soy Dios, y no hombre; santo en medio de ti, y no enemigo a la puerta».

El tiempo del Antiguo Testamento no es ya el nuestro y, sin embargo, de cuántas maneras sutiles terminamos relacionándonos con Dios como enemigo a la puerta y no como santo en medio de nosotros... En ocasiones, nos volvemos airados contra Él porque creemos que permite impasible nuestras desdichas. Otras veces, nos escondemos de su mirada por temer que censure nuestras vergüenzas. Tampoco es difícil descubrirse a uno mismo lamiéndose las heridas en una soledad quejosa, con la puerta cerrada a la verdadera compasión divina. Cuando no maldiciendo los muchos sacrificios que hemos hecho para agradar a un Dios que no nos corresponde a nuestro antojo. Al vivir así, instalados en cualquiera de estas posturas, señalamos a Dios como a un adversario siempre al acecho que se alegra en nuestra desgracia. Y le cerramos del todo la entrada a nuestro hogar. Aunque Él venga con su Paz, le despedimos con nuestra guerra, haciendo al mediador culpable de la ruptura. Dios, no obstante, permanece. Dentro o fuera, compartiendo nuestra mesa o esperando en el umbral: santo en medio de todos, aunque solo los pobres lo sepan descubrir.

Fraternalmente:
Adrián de Prado Postigo cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA