lunes, 4 de julio de 2016

Las sorpresas del Espíritu


«Entró y tomó la mano de la niña»

«Entró y tomó la mano de la niña»

     Desde que Cristo entró en nosotros por su propia carne, resucitaremos enteramente; es inconcebible, o mejor aún, imposible, que la vida no dé vida a los que ella se introduce. De la misma manera que se recubre un tizón encendido con un montón de paja para que conserve intacto el fuego del interior, así también nuestro Señor Jesucristo, a través de su propia carne, esconde su vida en nosotros y pone en ella como una semilla de inmortalidad que aleja toda clase de corrupción que llevamos con nosotros.

    No es, pues, tan sólo con su palabra que lleva a cabo la resurrección de los muertos, sino que para demostrar que su cuerpo da vida, tal como hemos dicho, toca los cadáveres y por el contacto con su cuerpo devuelve la vida a esos cuerpos que están en vías de descomposición. Si el solo contacto con su carne sagrada devuelve la vida a esos cuerpos mortales, ¡qué provecho no vamos a encontrar en su eucaristía vivificante cuando la recibamos!... No sería suficiente que nuestra alma fuera tan sólo regenerada por el Espíritu para una vida nueva; nuestro cuerpo pesado y terrestre debía también ser santificado por ser partícipe de un cuerpo también consistente y del mismo origen que el nuestro y ser así también llamado a la incorruptibilidad.

San Cirilo de Alejandría (380-444), obispo y doctor de la Iglesia
Comentario al Evangelio de Juan, 4; PG 73,

RESONAR DE LA PALABRA 040716

Evangelio según San Mateo 9,18-26. 
Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: "Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá". Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: "Con sólo tocar su manto, quedaré curada". Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: "Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado". Y desde ese instante la mujer quedó curada. Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: "Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme". Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región. 

RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres cmf

      Empieza una nueva semana y creo que lo mejor que podemos hacer, por una vez, es centrarnos en la primera lectura. Es del profeta Oseas. Hasta podríamos decir que tiene un lenguaje un poco atrevido. El profeta usa un lenguaje de enamorado, de esposo amante, para expresar la profundidad de la relación entre Dios y su pueblo. 

      Pero el amor de Dios por su pueblo va más allá de lo normal. No se trata del amor pacífico entre dos esposos que se quieren uno al otro, que son fieles a ese amor. Va más allá. El texto da a entender que la mujer ha sido infiel al marido. Y que el amor del marido es tan grande que es capaz de perdonar, de olvidar, de comenzar de nuevo. Y de asumir todo el esfuerzo que supone hacer que ella se vuelva a enamorar de él. 

      Lo normal en nuestro mundo es casi lo contrario. Cuando uno de los esposos descubre que ha sido traicionado por el otro, lo más normal es que el matrimonio se rompa, que se separen, y que no haya posibilidad de restaurar el vínculo roto. La infidelidad es el camino más rápido hacia el entierro del amor. Eso cuando no se da un paso más y se termina en la violencia pura y dura. Hasta hace relativamente pocos años en los códigos penales de muchos países el homicidio cometido por el cónyuge traicionado, tenía ante los jueces el eximente de la infidelidad cometida. Se entendía que era normal que la infidelidad provocase esa respuesta.

      Pero Dios, nuestro Dios, es diferente. Es amor y amor más grande que la traición y que la infidelidad. Es amor constante y firme. Es amor que quiere siempre la vida del amado. Y el amor de Dios es para todos, sin excepción. Porque en el testimonio y en las palabras y en la vida de Jesús se nos abrió la perspectiva y nos dimos cuenta de que el amor de Dios es para todos y todas sin excepción. 

      Hemos podido ser infieles. Hemos mirado muchas veces a otro lado cuando él pasaba cerca de nosotros. Hemos practicado la injusticia con nuestros hermanos. Hemos sido miserables e insolidarios. Razones todas suficientes para abandonarnos. ¡Con todo lo que él ha hecho por nosotros! ¡Hasta dar la vida!

      Pues no. El texto del profeta Oseas nos dice que no nos abandona, que no nos abandonará nunca. Para Dios nunca somos casos perdidos. Somos sus hijos queridos y nunca nos va a dejar de su mano. Siempre va a estar a nuestro lado, aunque nosotros no queramos verle y cerremos los ojos a su presencia. Su piedad, su amor por nosotros, está fuera de toda duda. 

      Ahora podemos leer el Evangelio con nueva luz. Lo suyo no son simples milagros, hechos maravillosos. Lo de Jesús es testimonio vivo del amor con el que Dios nos ama a cada uno de nosotros.

fuente DEL COMENTARIO CIUDAD REDONDA

domingo, 3 de julio de 2016

Liturgia Viva al atardecer 03072016


Meditación: Lucas 10, 1-12. 17-20


El anuncio de la llegada del Reino de Dios a nuestro mundo es el tema central de los cuatro Evangelios. El ministerio de Jesús comenzó con el mismo anuncio de Juan el Bautista: “¡Vuélvanse a Dios, porque el reino de los cielos está cerca!” (Mateo 3, 2). Muchas de las parábolas que Jesús relató durante su ministerio se referían al Reino de Dios, como las del hijo pródigo (Lucas 15, 11-32) y de la semilla de mostaza (Lucas 13, 18-19). Los milagros que Jesús hizo por los enfermos y pecadores eran señales claras de la presencia y del amor de Dios, que lo abarca y lo vivifica todo en su Reino.
Los cristianos somos ciudadanos de ese Reino y estamos llamados a conocer a nuestro Rey como Padre y vivir de modo digno de tan noble vocación. Pero vivir según los principios del Evangelio, es decir, en el Reino de Dios aquí y ahora, no es algo natural para nosotros. Nuestra naturaleza vendida al pecado nos opone resistencia a cada paso. Entonces, ¿cómo podemos vivir de manera que el Reino de Dios llene toda nuestra vida?
San Pablo nos dice que esto puede hacerse sólo por el poder de la cruz, por medio de la cual “el mundo ha muerto para mí y yo he muerto para el mundo” (Gálatas 6, 14). En la cruz de Cristo reside el poder de la conversión, o sea, el hecho de apartarse de la vida egocéntrica que se conforma a los valores del mundo, para adoptar la vida centrada en Dios, que se conforma a los valores del Reino celestial. La cruz es un arma poderosísima que Dios nos da para combatir a Satanás. Con el poder de la cruz, podemos hacer morir nuestra antigua existencia, para que nazca en nosotros la vida nueva. No es extraño, pues, que Pablo se gloriara en la cruz, porque ella hacía avanzar inexorablemente el Reino de Dios, donde todos los creyentes podrán compartir la vida divina.
“Padre celestial, queremos ser como los 72 discípulos que envió Jesús, para conocer la vida del Reino de Dios, y llevar la buena nueva a nuestros familiares y amigos.”
Isaías 66, 10-14
Salmo 66(65), 1-7. 16. 20
Gálatas 6, 14-18
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Una puerta abierta


Liturgia Viva - Oración Colecta 030716

¿Cuántas personas pertenecen a nuestra Iglesia? Los católicos no alcanzan al 18% de la población mundial. Sin embargo, Lucas recuerda hoy lo que Jesús nos dijo: “La mies es mucha, pero los obreros pocos. Rueguen al Señor que envíe obreros a su mies”. Y entonces, ¿a quién envía Jesús? No sólo a los líderes, sino también a los discípulos. Y ¿a dónde los envía? A todas las naciones y a todos los pueblos, ya que son setenta y dos, tantos como pueblos conocidos en aquel tiempo. ¿Y cómo los envía? Con toda humildad, recibiendo la hospitalidad y bondad de la gente y proclamándoles el Reino de Dios.  Pidamos a Jesús que nos haga mensajeros idóneos, especialmente por la forma como vivimos nuestra vida cristiana.


ROGAD

San Juan Pablo II (1920-2005), papa 
Mensaje para la 38 Jornada de oración por las vocaciones, 6 de mayo 2001
“Rogad al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”

Padre santo, fuente inagotable de la existencia y del amor,
que en el hombre viviente das a conocer el esplendor de tu gloria,
y que pones en su corazón la semilla de tu llamada,
haz que nadie, por nuestra negligencia, ignore o pierda este don,
sino que todos puedan caminar con generosidad
hacia la realización de tu Amor.

Señor Jesús, que a lo largo de tu peregrinaje por los caminos de Palestina,
has escogido y llamado a los apóstoles
y les has confiado el encargo de predicar el Evangelio,
de apacentar a los fieles, de celebrar el culto divino,
haz que, tampoco hoy, falten en tu Iglesia
sacerdotes santos que lleven a todos
los frutos de tu muerte y de tu resurrección.

Espíritu Santo, tú que santificas a la Iglesia
con la constante efusión de tus dones,
mete en el corazón de los llamado(a)s a la vida consagrada
una íntima y fuerte pasión por el Reino,
a fin de que con un “sí” generoso e incondicional
pongan su existencia al servicio del Evangelio.

Virgen Santísima, tú que sin dudar
tú misma te has ofrecido al Todopoderoso
para la realización de su designio de salvación,
suscita en el corazón de los jóvenes la confianza
a fin de que haya siempre pastores celosos
que guíen al pueblo cristiano por el camino de la vida,
y almas consagradas capaces de dar testimonio,
a través de la castidad, la pobreza y la obediencia,
de la presencia liberadora de tu Hijo resucitado.
Amén.

RESONAR DE LA PALABRA 030716

Evangelio según San Lucas 10,1-12.17-20. 
El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: '¡Que descienda la paz sobre esta casa!'. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: 'El Reino de Dios está cerca de ustedes'." Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: '¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca'. Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: "Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre". El les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo". 

RESONAR DE LA PALABRA
Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

Jesús no quiso realizar el sólo su propia misión, reunió a diversas personas para ser sus mensajeros, hoy se nos habla de setenta y dos, aparte del simbolismo del número, está claro que el ser evangelizadores no se reduce a los doce: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies”. Todos estamos llamados a ser misioneros, pero con unas actitudes que en el evangelio de hoy quedan bastante claras y vamos a enumerar.

1-Lo primero es anunciar el Reino, esto no puede esperar más: “Curad a los enfermos que haya, y decid: Está cerca de vosotros el Reino de Dios”, “Aunque no os reciban decid: De todos modos, sabed que está cerca el Reino de Dios”. Esta es la gran tarea que hay que realizar y es urgente llevar la Buena Noticia hasta los confines de la tierra. En vez de lamentarnos de lo mal que están las cosas, de que no quieren oír, de la creciente indiferencia, tendremos que pedir la fuerza para realizar nuestra misión.

2-“De dos en dos”, quizás por aquello que también se dice en el Evangelio: “Donde dos o tres estéis reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de vosotros” (Mt 18,20). Además de dar protección, sentirse acompañados, son necesarios dos testigos que confirmen la autenticidad de la palabra que trasmiten. Los cristianos no somos francotiradores, lo que hace creíble la misión es también el sentido comunitario.

3-En pobreza: “No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias”. Haciendo ver a la gente su confianza absoluta en el Padre y dando credibilidad a su predicación, despreocupándose de aquello en lo que se afanan los hombres. Esto no impide que puedan:”Quedarse en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario”. Más curioso es leer en el texto: “No os detengáis a saludar a nadie por el camino”, cuando el saludo es algo tan ritual entre los judíos: “Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa”. Parece contradictorio, pero lo de no saludar debe ser por la urgencia, para no parar y tiene algo de provocación.

4-En un ambiente difícil: “Mirad que os mando como corderos en medio de lobos”, Jesús es consciente de que muchos no darán veracidad a sus palabras y que la misión siempre es peligrosa, encontrará persecución y oposición. “Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo” y es que la Palabra de Dios juzga, discierne, pone o no del lado del Reino.  

5-Que nos debe llevar a la humildad, no a buscar el éxito. El regreso de los setenta y dos, contentos del éxito, da pie a Jesús para advertirnos de los peligros del poder y del engreimiento. Hay que tener la humildad necesaria para saber que el poder que da la autoridad: “hasta los demonios se nos someten en tu nombre”, no es nuestro, ni podemos utilizarlo en provecho propio, nada de prepotencia. El Evangelio y la misión de anunciar el Reino lo hemos recibido gratis, para comunicarlo gratis, no como una ventaja o un privilegio, como dice San Pablo a los Gálatas en la segunda lectura de hoy: “Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, en la cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el Mundo”.

Pero aún hoy, el Evangelio y el Reino, que es la salvación para todo el mundo, no ha llegado a todos, incluso muchos que lo deberían conocer, no lo sienten como respuesta a sus vidas, nosotros los cristianos, tampoco en ocasiones, lo llevamos a la práctica enteramente. Ahí radica nuestra tarea, las prisas, no somos héroes ni superdotados, sino pobre gente, pero no nos podemos negar al gozo de anunciar, lo que nos hace felices y puede hacer feliz a la humanidad entera. La recompensa no será el éxito, acaso él: “Estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo”.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 2 de julio de 2016

BASES DE LA VIDA CRISTIANA

«El amor concreto es la tarjeta de visita del cristiano: otras formas de presentarse son engañosas e incluso inútiles, porque todos conocerán que somos sus discípulos si nos amamos unos a otros (cf. Jn 13,35). Estamos llamados ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión, a construir puentes de unión y superar las barreras que separan. Que los creyentes den siempre ejemplo, colaborando entre ellos con respeto mutuo y con diálogo, a sabiendas de que “la única competición posible entre los discípulos del Señor es buscar quién es capaz de ofrecer el amor más grande”»

En el segundo día de su peregrinación misionera en Armenia, Francisco retomó las palabras de Isaías“Reconstruirán sobre ruinas antiguas […] renovarán ciudades devastadas” (Is 61,4), para expresar: "podemos decir que se han cumplido las palabras del profeta Isaías que hemos escuchado. Después de la terrible devastación del terremoto, estamos hoy aquí para dar gracias a Dios por todo lo que ha sido reconstruido”.

Inmediatamente después de su visita al Memorial Tzitzernakaberd, donde los Armenios honran a las víctimas inocentes del “Gran mal” -y donde se vio al Obispo de Roma en profunda actitud de respeto y de oración-, en la Eucaristía que celebrada en Gyumri, Francisco reflexionó: “también podríamos preguntarnos: ¿Qué es lo que el Señor quiere que construyamos hoy en la vida?, y ante todo: ¿Sobre qué cimiento quiere que construyamos nuestras vidas?” Y respondió proponiendo tres bases estables sobre las que edificar y reconstruir incansablemente la vida cristiana: La memoria, la fe, el amor misericordioso.

En parte de su homilía el Papa manifestó: “Es bueno que revivamos todos los días este encuentro vivo con el Señor. Nos vendrá bien leer la Palabra de Dios y abrirnos a su amor en el silencio de la oración. Nos vendrá bien dejar que el encuentro con la ternura del Señor ilumine el corazón de alegría: una alegría más fuerte que la tristeza, una alegría que resiste incluso ante el dolor, transformándose en paz. Todo esto renueva la vida, que se vuelva libre y dócil a las sorpresas, lista y disponible para el Señor y para los demás. También puede suceder que Jesús llame para seguirlo más de cerca, para entregar la vida por él y por los hermanos: cuando os invite, especialmente a vosotros jóvenes, no tengáis miedo, dadle vuestro «sí». Él nos conoce, nos ama de verdad, y desea liberar nuestro corazón del peso del miedo y del orgullo. Dejándole entrar, seremos capaces de irradiar amor. De esta manera, podréis dar continuación a vuestra gran historia de evangelización, que la Iglesia y el mundo necesitan en esta época difícil, pero que es también tiempo de misericordia". En el vídeo superior se visualiza y escucha la homilía del Papa traducida al español, cuyo texto completo es el siguiente:


“Reconstruirán sobre ruinas antiguas […] renovarán ciudades devastadas” (Is 61,4). En estos lugares, queridos hermanos y hermanas, podemos decir que se han cumplido las palabras del profeta Isaías que hemos escuchado. Después de la terrible devastación del terremoto, estamos hoy aquí para dar gracias a Dios por todo lo que ha sido reconstruido.

Pero también podríamos preguntarnos: ¿Qué es lo que el Señor quiere que construyamos hoy en la vida?, y ante todo: ¿Sobre qué cimiento quiere que construyamos nuestras vidas? Quisiera responder a estas preguntas proponiendo tres bases estables sobre las que edificar y reconstruir incansablemente la vida cristiana.

La primera base es la memoria. Una gracia que tenemos que pedir es la de saber recuperar la memoria, la memoria de lo que el Señor ha hecho en nosotros y por nosotros: recordar que, como dice el Evangelio de hoy, él no nos ha olvidado, sino que se «acuerda» (cf. Lc 1,72) de nosotros: nos ha elegido, amado, llamado y perdonado; hay momentos importantes de nuestra historia personal de amor con él que debemos reavivar con la mente y el corazón. Pero hay también otra memoria que se ha de custodiar: la memoria del pueblo. Los pueblos, en efecto, tienen una memoria, como las personas. Y la memoria de vuestro pueblo es muy antigua y valiosa. En vuestras voces resuenan la de los santos sabios del pasado; en vuestras palabras se oye el eco del que ha creado vuestro alfabeto con el fin de anunciar la Palabra de Dios; en vuestros cantos se mezclan los llantos y las alegrías de vuestra historia. Pensando en todo esto, podéis reconocer sin duda la presencia de Dios: él no os ha dejado solos. Incluso en medio de tremendas dificultades, podríamos decir con el Evangelio de hoy que el Señor ha visitado a su pueblo (cf. Lc 1,68): se ha acordado de vuestra fidelidad al Evangelio, de las primicias de vuestra fe, de todos los que han dado testimonio, aun a costa de la sangre, de que el amor de Dios vale más que la vida (cf. Sal 63,4). Qué bueno es recordar con gratitud que la fe cristiana se ha convertido en el aliento de vuestro pueblo y el corazón de su memoria.

La fe es también la esperanza para vuestro futuro, la luz en el camino de la vida, y es la segunda base de la que quisiera hablaros. Existe siempre un peligro que puede ensombrecer la luz de la fe: es la tentación de considerarla como algo del pasado, como algo importante, pero perteneciente a otra época, como si la fe fuera un libro miniado para conservar en un museo. Sin embargo, si se la relega a los anales de la historia, la fe pierde su fuerza transformadora, su intensa belleza, su apertura positiva a todos. La fe, en cambio, nace y renace en el encuentro vivificante con Jesús, en la experiencia de su misericordia que ilumina todas las situaciones de la vida. Es bueno que revivamos todos los días este encuentro vivo con el Señor. Nos vendrá bien leer la Palabra de Dios y abrirnos a su amor en el silencio de la oración. Nos vendrá bien dejar que el encuentro con la ternura del Señor ilumine el corazón de alegría: una alegría más fuerte que la tristeza, una alegría que resiste incluso ante el dolor, transformándose en paz. Todo esto renueva la vida, que se vuelve libre y dócil a las sorpresas, lista y disponible para el Señor y para los demás. También puede suceder que Jesús llame para seguirlo más de cerca, para entregar la vida por él y por los hermanos: cuando os invite, especialmente a vosotros jóvenes, no tengáis miedo, dadle vuestro «sí». Él nos conoce, nos ama de verdad, y desea liberar nuestro corazón del peso del miedo y del orgullo. Dejándole entrar, seremos capaces de irradiar amor. De esta manera, podréis dar continuación a vuestra gran historia de evangelización, que la Iglesia y el mundo necesitan en esta época difícil, pero que es también tiempo de misericordia.

La tercera base, después de la memoria y de la fe, es el amor misericordioso: la vida del discípulo de Jesús se basa en esta roca, la roca del amor recibido de Dios y ofrecido al prójimo. El rostro de la Iglesia se rejuvenece y se vuelve atractivo viviendo la caridad. El amor concreto es la tarjeta de visita del cristiano: otras formas de presentarse son engañosas e incluso inútiles, porque todos conocerán que somos sus discípulos si nos amamos unos a otros (cf. Jn 13,35). Estamos llamados ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión, a construir puentes de unión y superar las barreras que separan. Que los creyentes den siempre ejemplo, colaborando entre ellos con respeto mutuo y con diálogo, a sabiendas de que «la única competición posible entre los discípulos del Señor es buscar quién es capaz de ofrecer el amor más grande» (Juan Pablo II, Homilía, 27 septiembre 2001).

El profeta Isaías, en la primera lectura, nos ha recordado que el espíritu del Señor está siempre con el que lleva la buena noticia a los pobres, cura los corazones desgarrados y consuela a los afligidos (cf. 61,1-2). Dios habita en el corazón del que ama; Dios habita donde se ama, especialmente donde se atiende, con fuerza y compasión, a los débiles y a los pobres. Hay mucha necesidad de esto: se necesitan cristianos que no se dejen abatir por el cansancio y no se desanimen ante la adversidad, sino que estén disponibles y abiertos, dispuestos a servir; se necesitan hombres de buena voluntad, que con hechos y no sólo con palabras ayuden a los hermanos y hermanas en dificultad; se necesitan sociedades más justas, en las que cada uno tenga una vida digna y ante todo un trabajo justamente retribuido.

Tal vez podríamos preguntarnos: ¿Cómo se puede ser misericordiosos con todos los defectos y miserias que cada uno ve dentro de sí y a su alrededor? Quiero fijarme en el ejemplo concreto de un gran heraldo de la misericordia divina, cuya figura he querido resaltar declarándolo Doctor de la Iglesia universal: san Gregorio de Narek, palabra y voz de Armenia. Nadie como él ha sabido penetrar en el abismo de miseria que puede anidar en el corazón humano. Sin embargo, él ha puesto siempre en relación las miserias humanas con la misericordia de Dios, elevando una súplica insistente hecha de lágrimas y confianza en el Señor, «dador de los dones, bondad por naturaleza […], voz de consolación, noticia de consuelo, impulso de gozo, […] ternura inigualable, misericordia desbordante, […] beso salvífico» (Libro de las Lamentaciones, 3,1), con la seguridad de que «la luz de [su] misericordia nunca será oscurecida por las tinieblas de la rabia» (ibíd., 16,1). Gregorio de Narek es un maestro de vida, porque nos enseña que lo más importante es reconocerse necesitados de misericordia y después, frente a la miseria y las heridas que vemos, no encerrarnos en nosotros mismos, sino abrirnos con sinceridad y confianza al Señor, «Dios cercano, ternura de bondad» (ibíd., 17,2), «lleno de amor por el hombre, […] fuego que consume los abrojos del pecado» (ibíd., 16,2).

Por último, me gustaría invocar con sus palabras la misericordia divina y el don de no cansarse nunca de amar: Espíritu Santo, «poderoso protector, intercesor y pacificador, te dirigimos nuestras súplicas [...] Concédenos la gracia de animarnos a la caridad y a las buenas obras [...] Espíritu de mansedumbre, de compasión, de amor al hombre y de misericordia, [...] tú que eres todo misericordia, [...] ten piedad de nosotros, Señor Dios nuestro, según tu gran misericordia» (Himno de Pentecostés).

Francisco

Mini-Sermón de Francisco

«El amor concreto es la tarjeta de visita del cristiano: otras formas de presentarse son engañosas e incluso inútiles, porque todos conocerán que somos sus discípulos si nos amamos unos a otros (cf. Jn 13,35). Estamos llamados ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión, a construir puentes de unión y superar las barreras que separan. Que los creyentes den siempre ejemplo, colaborando entre ellos con respeto mutuo y con diálogo, a sabiendas de que “la única competición posible entre los discípulos del Señor es buscar quién es capaz de ofrecer el amor más grande”»



Meditación: Mateo 9, 14-17


“Llegará el momento en que se lleven al novio; entonces sí ayunarán.” (Mateo 9, 15)
Los discípulos de San Juan Bautista se consideraban devotos y obedientes. Cuando le preguntaron al Señor acerca del ayuno, él les respondió identificándose con el novio, símbolo de gozo según las Escrituras y en la cultura judía. El Evangelio de hoy, si bien constituye un interludio en medio del relato de diez curaciones, presenta a Jesús como el esposo, es decir, Dios mismo que se ha hecho hombre para restaurar a su pueblo y darle vida.
El pueblo judío atribuía gran respeto al esposo, porque el judaísmo es una religión fuertemente arraigada en la familia, en la que el padre es el principal maestro espiritual y guía de la práctica religiosa familiar. Cuando Jesús vivió en la tierra, también cumplió la función de maestro espiritual y de la fe, para alegría de sus discípulos. Este gozo finalizaría temporalmente en la crucifixión (a la cual Jesús se refiere veladamente en Mateo 9,15), ante la cual sus seguidores se lamentarían hasta el momento de la resurrección.
La enseñanza de Jesús continúa con dos parábolas: No parchar un vestido viejo con género nuevo, y no echar vino nuevo en cueros viejos. Estas parábolas sugieren que las enseñanzas de Cristo, siendo nuevas, eran distintas del judaísmo, que así pasaba a ser anticuado. ¿Cómo hemos de entender la relación entre el cristianismo y el judaísmo si lo nuevo es distinto y superior a lo antiguo?
El Señor enseña que no debe descartarse el vestido viejo ni tampoco perderse el vino nuevo. El vestido viejo todavía puede usarse, y también deben preservarse el vino nuevo y los odres. Jesús no había venido a abolir la ley ni los profetas, sino a darles su pleno cumplimiento (Mateo 5,17). Lo antiguo es bueno, pero hay que verlo y entenderlo a la luz de la plenitud de lo nuevo y lo bueno de Cristo. Esta es la forma en la que tiene sentido el ayuno (y otras prácticas religiosas de la Antigua Alianza). Jesús no rechazó el judaísmo, porque esta es la base sobre la cual se funda el cristianismo: la Palabra de Dios oral y escrita que contienen el Antiguo y el Nuevo Testamentos.
“Señor y Salvador mío, Dios de Israel, concédenos la capacidad de entender tu obra y responder bien por todo lo que has hecho para reunir un solo pueblo bajo tu majestad y señorío.”
Amós 9, 11-15
Salmo 85(84), 9. 10-14

Fecundos según la voluntad de Dios

* «Fuimos a hacer unos Ejercicios espirituales al monasterio de El Paular, y allí decidimos renunciar a tener hijos biológicos y dejar de buscar el milagro. El 11 de agosto de 2013 entregábamos a Dios nuestro deseo de buscar hijos a nuestra manera, y le dejamos que Él lo hiciera todo a su manera. Dios cumple las promesas, pero a su manera… Un año después nos llaman para contarnos que tienen un niño para nosotros, que había nacido muy prematuramente, con apenas un kilo de peso, y que podía tener problemas de salud en el futuro. Pedimos un momento para ir a rezar a un oratorio que había cerca…Y dijimos que sí. Era justo un año después de decirle a Dios: «A tu manera». Y a día de hoy no tiene ningún problema y es un toro»

2 de julio de 2016
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Su amor es tan fuerte que les hizo dar vida mucho antes de saber que eran padres. Pablo y Sandra pasaron un desierto que empezó con un mazazo: infertilidad, pero por el camino descubrieron cosas sobre el amor que antes no sabían. Hoy son padres de dos niños adoptados: uno de 2 años y otra de apenas 20 días. Se ve que a Dios le gusta hacer milagros.




- ¿Cómo se plantearon el tema de los hijos?

Pablo: Ya desde el noviazgo hablamos de nuestro deseo de ser padres, y ser padres de una familia numerosa. Y al casarnos vimos que no teníamos ningún motivo para no estar a abiertos a una nueva vida ya desde el principio, eso a pesar de que la gente y algún sacerdote nos recomendaba incluso esperar un año.

Sandra:Sí, pero eso nos chirriaba, la verdad.

P.:Nos abrimos a la vida desde el principio.

S.:Y me quedé embarazada ya a los tres meses de casarnos. Pero lo perdimos a las sietes semanas, muy chiquitín. Le pusimos nombre: Emmanuel, y hoy es un intercesor para nuestra familia.

- ¿Y lo siguen intentado?

S.: Sí, pero no venían. Consultamos a los médicos y al cabo de tres años nos dijeron que no podíamos tener hijos. «¡Pero si ya hemos tenido uno!», decíamos. No entendíamos nada. Sabíamos que para Dios no hay nada imposible, y seguíamos intentándolo. No podíamos tener hijos, pero Dios ya nos había regalado uno. No sabíamos por qué, y no sabíamos tampoco por qué no nos regalaba otro. Todo eso nos causaba confusión. Cuando nos dieron el resultado de las pruebas, la doctora nos dijo: «Necesitáis un milagro».

P.: Nosotros podíamos haber sido padres recurriendo a la fecundación in vitro, pero no quisimos. No lo dudamos, fue natural. Teníamos claro que no queríamos crear a nuestros hijos en un laboratorio.

S.: Sobre todo, habiendo niños ya nacidos y que a lo mejor nos podían necesitar. Aparte de todo el sufrimiento y desgaste emocional y físico que suponen estos tratamientos.

- ¿Cómo afectó todo esto su relación?

P.:Ahora podemos decir que fue duro pero muy bonito. Hubo mucho sufrimiento, sobre todo por parte de Sandra, y también por mí por la necesidad de acompañar su sufrimiento. Fortaleció mucho nuestro matrimonio porque aprendimos a sufrir juntos. Estábamos atentos a la tentación de que nuestros respectivos sufrimientos nos distanciaran. Hicimos mucho esfuerzo para perdonar, ponernos en el lugar del otro, no esperar que el otro me entendiera… Aprendimos a empatizar, perdonar y respetar los tiempos del otro. Y mucha oración y muchas lágrimas. Todo eso nos fue acercando el uno al otro, y hubo detalles sobrenaturales que ayudaban a cada uno a hacer gestos de acercarse al otro.

S.: Yo creo que la mujer en estos casos sufre de manera más intensa, pero a mí en ese tiempo me resonaba mucho una idea: mi familia es Pablo, Dios ya me ha regalado una familia que es mi marido. Mi vocación primera es él, no los hijos, aunque los desease mucho. Dios cumplió ya su promesa para mi vocación regalándome a Pablo.

P.: Este tiempo de espera nos puso en nuestro lugar y nos recordó que nuestra vocación es el otro, no «la familia» en general. Mi vocación es Sandra, y nuestros hijos son fruto de nuestra vocación. ¡Cuántas parejas se enfocan en los hijos y luego cuando se van de casa se separan! Es algo natural, pero nosotros intentamos buscar huecos para hablar de nosotros, para estar juntos.

- Entonces su cruz más que separarlos los ha acercado el uno al otro…

S.:Sandra me decía hace poco: «Bendita infertilidad que nos ha hecho tan fecundos». Viendo ahora nuestra vida, damos gracias a Dios porque nos ha traído por sus caminos.

- ¿Cómo los ha hecho fecundos la infertilidad?

S.:No hay que confundir la fertilidad biológica con la fecundidad. En nuestra casa siempre ha habido gente de paso, hemos acogido a muchas personas. Una de ellas nos dijo que veía nuestra casa como un lugar fecundo. La fecundidad va más allá de los hijos que vengan o no. Nosotros estamos al servicio de la Iglesia sobre todo en el trabajo con los jóvenes, y una vez en una reunión vi 500 jóvenes y pensé: «Estos son también hijos nuestros», porque de nuestro amor Dios ha ido sacando vida para otros.

P.: Si nuestro amor es fuerte, tenemos más capacidad y energías para acompañar a otros, para escuchar el sufrimiento de otros…

- Pero ustedes no renunciaron a tener hijos…

P.:Empezamos a plantearnos con fuerza la vía de la adopción, y nos apuntamos a un proceso de adopción internacional y otro de adopción nacional especial, para niños con problemas de salud. Pero seguíamos poniendo nuestra esperanza en tener nuestros propios hijos biológicos. Eso nos causaba mucha ansiedad, porque los seguíamos buscando activamente y seguíamos esperando continuamente que llegara el milagro. En esas nos fuimos a hacer unos Ejercicios espirituales al monasterio de El Paular, y allí decidimos renunciar a tener hijos biológicos y dejar de buscar el milagro. El 11 de agosto de 2013 entregábamos a Dios nuestro deseo de buscar hijos a nuestra manera, y le dejamos que Él lo hiciera todo a su manera. Dios cumple las promesas, pero a su manera.

S.:¡Que siempre es mejor que tu manera!

- ¿Y qué pasó?

P.:Que un año después nos llaman para contarnos que tienen un niño para nosotros, que había nacido muy prematuramente, con apenas un kilo de peso, y que podía tener problemas de salud en el futuro. Pedimos un momento para ir a rezar a un oratorio que había cerca…

- ¿Fueron a la cita con la Biblia?

P.: Sí, y Dios nos dio una lectura directa: «Yo te he elegido y no te he rechazado», de Isaías. Y pensamos en el bebé: «Si Dios te ha elegido y no te ha rechazado, ¿quiénes somos nosotros para rechazarte?» Y dijimos que sí. Era el 11 de agosto de 2014, justo un año después de decirle a Dios: «A tu manera». Y a día de hoy no tiene ningún problema y es un toro.

S.: La adopción también nos ha ayudado a descubrir que los hijos no son una propiedad tuya, ni un derecho, sino que son un don, un regalo que te dan. No algo que te buscas tú para que puedas decir: «Es mío». Nuestros hijos son un regalo que nos ha dejado Dios en la puerta de nuestra casa. Son suyos.

- ¿Piensan en las madres de sus hijos? Fueron muy valientes al tenerlos…

P.:Claro que sí. Mucha gente piensa que tiene que haber muchos niños para adoptar, y no es así. En España se entregan a la adopción unos 600 ó 700 niños al año, la mayoría de mujeres que son inmigrantes. Todos los demás se abortan. Es duro pero hay que decirlo: en España está mejor visto abortar que dar en adopción.

S.:Estas mujeres han sido valientes y los han tenido. Nosotros rezamos por su familia de origen y damos gracias por ser tan generosas. Gracias a su generosidad están hoy con nosotros.

- Y ahora han vuelto a ser padres.

S.:Sí hace unos días nos llamaron para entregarnos a nuestra hija pequeña.

P.: Y es otro milagro. Nosotros pensábamos que nunca íbamos a tener bebés. ¡Y ya van dos! Dios cumple sus promesas.

S.: Con generosidad. Porque «la manera» de Dios es la generosidad.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
publicación original Camino Católico

Buen dia, Espíritu Santo 020716

¡Buen día, Espíritu Santo!
Aunque naturaleza siguiendo sus ritmos se empeñe en teñir de grises los días, en pintar de otoño todo alrededor 
Aquí estoy de pie, abriéndote mi corazón y mis labios para decir: ¡Ven! ¡Ven y fluye!
Enséñame el camino que he de seguir;
Dame el buscar siempre el Bien;
El contemplar Tu Gloria y Tu Poder
manifestado en lo pequeño,
hecho fuerza en lo débil;
Abre mis ojos a Tus Bendiciones,
a Tu Paso firme, suave y santificador.
¡y modela a lo largo de este día,
amasa y modela la arcilla blanda de mi vida!
Dime,
¿qué podemos hacer juntos hoy?



OFICIO DE LECTURA 020716

De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo.
(Catequesis 1, 2-3. 5-6: PG 33, 371. 375-378)

RECONOCE EL MAL QUE HAS HECHO, AHORA QUE ES EL TIEMPO PROPICIO

Si hay aquí alguno que esté esclavizado por el pecado, que se disponga por la fe a la regeneración que nos hace hijos adoptivos y libres; y así, libertado de la pésima esclavitud del pecado y sometido a la dichosa esclavitud del Señor, será digno de poseer la herencia celestial. Despojaos, por la confesión de vuestros pecados, del hombre viejo, viciado por las concupiscencias engañosas, y vestíos del hombre nuevo que se va renovando según el conocimiento de su creador. Adquirid, mediante vuestra fe, las arras del Espíritu Santo, para que podáis ser recibidos en la mansión eterna. Acercaos a recibir el sello sacramental, para que podáis ser reconocidos favorablemente por aquel que es vuestro dueño. Agregaos al santo y racional rebaño de Cristo, para que un día, separados a su derecha, poseáis en herencia la vida que os está preparada.

Porque los que conserven adherida la aspereza del pecado, a manera de una piel velluda, serán colocados a la izquierda, por no haberse querido beneficiar de la gracia de Dios, que se obtiene por Cristo a través del baño de regeneración. Me refiero no a una regeneración corporal, sino al nuevo nacimiento del alma. Los cuerpos, en efecto, son engendrados por nuestros padres terrenos, pero las almas son regeneradas por la fe, porque el Espíritu sopla donde quiere. Y así entonces, si te has hecho digno de ello, podrás escuchar aquella voz: Bien, siervo bueno y fiel, a saber, si tu conciencia es hallada limpia y sin falsedad.

Pues si alguno de los aquí presentes tiene la pretensión de poner a prueba la gracia de Dios, se engaña a sí mismo e ignora la realidad de las cosas. Procura, oh hombre, tener un alma sincera y sin engaño, porque Dios penetra el interior del hombre.

El tiempo presente es tiempo de reconocer nuestros pecados. Reconoce el mal que has hecho, de palabra o de obra, de día o de noche. Reconócelo ahora que es el tiempo propicio, y en el día de la salvación recibirás el tesoro celeste.

Limpia tu recipiente, para que sea capaz de una gracia más abundante, porque el perdón de los pecados se da a todos por igual, pero el don del Espíritu Santo se concede a proporción de la fe de cada uno. Si te esfuerzas poco, recibirás poco, si trabajas mucho, mucha será tu recompensa. Corres en provecho propio; mira, pues, tu conveniencia.

Si tienes algo contra alguien, perdónalo. Vienes para alcanzar el perdón de los pecados: es necesario que tú también perdones al que te ha ofendido.

Liturgia Viva - Oración Colecta 020716

¿Podemos ser pueblo de acuerdos dudosos y de componendas? Arreglar desavenencias y hacer las paces, solucionar materias en disputa y, al menos, volverse tolerantes unos con otros, sí. Pero no componendas con el Evangelio. No cuando está en juego la renovación de la vida que constantemente se nos pide, sea personal o comunitaria,. Jesús les dice a sus discípulos y a nosotros, que estamos viviendo en tiempos mesiánicos, que somos un pueblo nuevo, liberado: no podemos transigir ni hacer componendas con la salvación, con nuestra fe, con el evangelio. El vino nuevo y reciente hay que ponerlo en su propio lugar: en pellejos nuevos. Nuevos tiempos requieren nuevas actitudes.

«El novio está con ellos»

Catecismo de la Iglesia Católica 
§ 772-773; 796
«El novio está con ellos»

    La Iglesia, misterio de la unión de los hombres con Dios. Es en la Iglesia que Cristo ha realizado y revelado su propio misterio como el fin último del designio de Dios: «recapitularlo todo en él» (Ef 1,10).  San Pablo llama «gran misterio»  (Ef 5,32) a la unión esponsal de Cristo con la Iglesia. Unida a Cristo como a su Esposo, la Iglesia llega a ser ella misma misterio (Ef 3,9). Contemplando el misterio de la Iglesia, san Pablo exclama: «Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria» (Col 1,27)...  María nos precede a todos en la santidad que es el misterio de la Iglesia «la Esposa sin mancha ni arruga» (Ef 5,27). Por eso «la dimensión mariana de la Iglesia es anterior a su dimensión petrina» (Juan Pablo II)... 

    La unidad de Cristo y de la Iglesia, Cabeza y miembros del Cuerpo, implica también la distinción de ambos en una relación personal. Este aspecto a menudo es expresado bajo la imagen del esposo y la esposa. El tema de Cristo Esposo de la Iglesia ha sido preparado por los profetas y anunciado por Juan Bautista (Jn 3,29). El mismo Señor se ha designado como «el Esposo» (Mc 2,19). El apóstol Pablo describe a la Iglesia y a cada fiel, miembro de su Cuerpo, como a una esposa presentada como «novia» a Cristo Señor, con el fin de formar con él un solo Espíritu. La Iglesia es la Esposa inmaculada del cordero inmaculado (Ap 22,7) que Cristo ama. Por ella se ha entregado «a fin de santificarla» (Ef 5,26), se la ha asociado  con una alianza eterna, y nunca deja de tener cuidado de ella como a su propio Cuerpo. 

    «He aquí al Cristo total, Cabeza y Cuerpo, uno solo formado de muchos... ». El mismo Señor dice en el Evangelio... «Ya nos son dos sino una sola carne (Mt 19,6) Como lo habéis visto, hay dos personas diferentes, pero no son más que una sola en la unión conyugal» (San Agustín).

RESONAR DE LA PALABRA 02072016

Evangelio según San Mateo 9,14-17. 
Se acercaron a Jesús los discípulos de Juan y le dijeron: "¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?". Jesús les respondió: "¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque los odres revientan, el vino se derrama y los odres se pierden. ¡No, el vino nuevo se pone en odres nuevos, y así ambos se conservan!". 

RESONAR DE LA PALABRA
Querido amigo/a:

¿Eres de los que le gustan las novedades o de los que prefiere las cosas de siempre?

Hoy Mateo nos habla de lo nuevo y de lo viejo. En otro pasaje de su Evangelio habla de lo bueno que es sacar de la alforja cosas del pasado, porque sostienen el presente, a la vez que cosas nuevas, porque alientan el futuro.

En cambio hoy parece apostar más por lo nuevo. En realidad, nos está hablando de el que es “Nuevo”: Jesucristo. Él es el hombre nuevo, el que renueva todo lo caduco que se había ido pegando a la humanidad a lo largo de los siglos... y que sigue amenazando a cada generación y a cada corazón: vivir desde el egoísmo, despreciar al prójimo, cerrarse a Dios. Jesús es nuevo, siendo lo que siempre soñó Dios: abierto al Padre, acogedor del otro, corazón despierto.

Por eso, cuando Jesús entra en la vida, ya no es tiempo de componendas. Como queramos seguir con las viejas costumbres, acabarán reventando, como hace el vino nuevo con los odres viejos. Jesús reventó los odres del judaísmo. Y Jesús sigue reventando los antiguos hábitos de “mujeres y hombres viejos”... siempre que le dejemos entrar.

Señor Jesús:
te confieso como Dios nuevo y hombre nuevo.
Renueva mi vida, para que yo también sea nuevo.
Dale la vuelta a lo que en mí está al revés,
para ponerlo de nuevo como Dios lo pensó en el principio.
Renueva nuestro mundo, para que sea hogar de todos.
Y renueva tu Iglesia,
para que aliente y sirva al mundo nuevo que nos tienes preparado.
Amén.

Fuente Ciudad Redonda

viernes, 1 de julio de 2016


MES de la Sangre de Jesús

ORACIÓN CON EL PODER
DE LA SANGRE DE CRISTO

Señor Jesús, en Tu Nombre,
y con el poder de Tu Sangre Preciosa
sellamos toda persona, hechos o acontecimientos
a través de los cuales el enemigo nos quiera hacer daño.
Con el Poder de la Sangre de Jesús
sellamos toda potestad destructora
en el aire, en la tierra, en el agua, en el fuego,
debajo de la tierra,
en las fuerzas satánicas de la naturaleza,
en los abismos del infierno, y en el mundo 
en el cual nos moveremos hoy.

Con el poder de la Sangre de Jesús rompemos toda
interferencia y acción del maligno. 
Te pedimos Jesús que envies a nuestros hogares
y lugares de trabajo a la Santísima Virgen
acompañada de San Miguel, San Gabriel, San Rafael
y toda su corte de Santos Angeles.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestra casa, todos los que la habitan (nombrar a cada una de ellas), las personas que el Señor enviará a ella, así como los alimentos, y los bienes que El generosamente nos envía para nuestro sustento. Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos tierra, puertas, ventanas, objetos, paredes y pisos, el aire que respiramos y en fe colocamos un círculo de Su Sangre alrededor de toda nuestra familia.

Con el Poder de la Sangre de Jesús sellamos los lugares en donde vamos a estar este día, y las personas, empresas o instituciones con quienes vamos a tratar (nombrar a cada una de ellas). Con el poder de la Sangre de Jesús sellamos nuestro trabajo material y espiritual, los negocios de toda nuestra familia, y los vehículos, las carreteras, los aires, las vías y cualquier medio de transporte que habremos de utilizar. Con Tu Sangre preciosa sellamos los actos, las mentes y los corazones de todos los habitantes y dirigentes de nuestra Patria a fin de que Tu paz y Tu Corazón al fin reinen en ella.

Te agradecemos Señor por Tu Sangre y por Tu Vida,
ya que gracias a Ellas hemos sido salvados
y somos preservados de todo lo malo. Amén.

Liturgia Viva al atardecer 020716


Liturgia viva al atardecer 01072016


Oficio de Lecturas 010716

Del libro de san Agustín, obispo, Sobre la predestinación de los elegidos.
(Cap. 15, 30-31: PL 44, 981-983)

JESUCRISTO ES DEL LINAJE DE DAVID SEGÚN LA CARNE

El más esclarecido ejemplar de la predestinación y de la gracia es el mismo Salvador del mundo, el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús; porque para llegar a serlo, ¿con qué méritos anteriores, ya de obras, ya de fe, pudo contar la naturaleza humana que en él reside? Yo ruego que se me responda a lo siguiente: aquella naturaleza humana que en unidad de persona fue asumida por el Verbo, coeterno del Padre, ¿cómo mereció llegar a ser Hijo unigénito de Dios? ¿Precedió algún mérito a esta unión? ¿Qué obró, qué creyó o qué exigió previamente para llegar a tan inefable y soberana dignidad? ¿No fue acaso por la virtud y asunción del mismo Verbo, por lo que aquella humanidad, en cuanto empezó a existir, empezó a ser Hijo único de Dios?

Manifiéstese, pues, ya a nosotros, en el que es nuestra Cabeza, la fuente misma de la gracia, la cual se derrama por todos sus miembros según la medida de cada uno. Tal es la gracia, por la cual se hace cristiano el hombre desde el momento en que comienza a creer; la misma por la cual aquel Hombre, unido al Verbo desde el primer momento de su existencia, fue hecho Jesucristo; del mismo Espíritu Santo, de quien Cristo fue nacido, es ahora el hombre renacido; por el mismo Espíritu Santo, por quien se verificó que la naturaleza humana de Cristo estuviera exenta de todo pecado, se nos concede a nosotros ahora la remisión de los pecados. Sin duda, Dios tuvo presciencia de que realizaría todas estas cosas. Porque en esto consiste la predestinación de los santos, que tan soberanamente resplandece en el Santo de los santos. ¿Quién podría negarla de cuantos entienden rectamente las palabras de la verdad? Pues el mismo Señor de la gloria, en cuanto que el Hijo de Dios se hizo hombre, sabemos que fue también predestinado.

Fue, por tanto, predestinado Jesús, para que, al llegar a ser hijo de David según la carne, fuese también, al mismo tiempo, Hijo de Dios según el Espíritu de santidad; pues nació del Espíritu Santo y de María Virgen. Tal fue aquella singular elevación del hombre, realizada de manera inefable por el Verbo divino, para que Jesucristo fuese llamado a la vez, verdadera y propiamente, Hijo de Dios e hijo del hombre; hijo del hombre, por la naturaleza humana asumida, e Hijo de Dios, porque el Verbo unigénito la asumió en sí; de otro modo no se creería en una trinidad, sino en una cuaternidad de personas.

Así fue predestinada aquella humana naturaleza a tan grandiosa, excelsa y sublime dignidad, más arriba de la cual no podría ya darse otra elevación mayor; de la misma manera que la divinidad no pudo descender ni humillarse más por nosotros, que tomando nuestra naturaleza con todas sus debilidades hasta la muerte de cruz. Por tanto, así como ha sido predestinado ese hombre singular para ser nuestra Cabeza, así también una gran muchedumbre hemos sido predestinados para ser sus miembros. Enmudezcan, pues, aquí las deudas contraídas por la humana naturaleza, pues ya perecieron en Adán, y reine por siempre esta gracia de Dios, que ya reina por medio de Jesucristo, Señor nuestro, único Hijo de Dios y Único Señor. Y así, si no es posible encontrar en nuestra Cabeza mérito alguno que preceda a su singular generación, tampoco en nosotros, sus miembros, podrá encontrarse merecimiento alguno que preceda a tan multiplicada regeneración.

Liturgia viva en la mañana - ORACIÓN COLECTA 010716

El evangelio, que Jesús predica y vive, no es una religión basada en el fariseísmo de la gente, sino una religión de amor y misericordia basada en la pura generosidad de Dios. Esto hace posible que un pecador típico como Mateo -- explotador y además traidor a su pueblo-- sea llamado a ser apóstol. Y Cristo se sienta a la mesa con pecadores y con sus amigos, con nosotros ahora, “para que los pecadores sean perdonados”.


Exégesis - AMOS 8

Lectura de la profecía de Amós (8,4-6.9-12):
Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables, diciendo: «¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?» Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado del trigo. Aquel día –oráculo del Señor– haré ponerse el sol a mediodía, y en pleno día oscureceré la tierra. Cambiaré vuestras fiestas en luto, vuestros cantos en elegía; vestirá de saco toda cintura, quedará calva toda cabeza. Y habrá un llanto como por el hijo único, y será el final como día amargo. Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que enviaré hambre a la tierra: no hambre de pan ni sed de agua, sino de escuchar la palabra del Señor. Irán vacilantes de oriente a occidente, de norte a sur; vagarán buscando la palabra del Señor, y no la encontrarán.


EXÉGESIS BÍBLICA

* Contexto histórico: Amós, de oficio ganadero o granjero, nace en Tecua, localidad no lejana de Jerusalén. Llamado por Dios a la vocación profética, desarrolla su ardua misión no en su reino sino en el del Norte, Israel.

En Israel gobernaba por entonces JEROBOAN-II (787-747). Y tanto el reino del N. con el del S. gozaban de estabilidad política y prosperidad económica: se restauran las fronteras hasta casi igualar las del imperio davídico, se promueve el comercio internacional y, con él, florece la economía nacional. Pero la riqueza no está bien distribuida; las abismales diferencias económicas provocan intolerables injusticias; los tribunales de justicia son un puro simulacro en manos del poderoso: "...aceptáis sobornos, atropelláis a los pobres en el tribunal" (5,12). Sólo se vive por el dinero haciendo caso omiso de la solidaridad y hermandad (8,4-6).

Y a esta corrompida sociedad le gusta enormemente el culto y, por eso, multiplica sus sacrificios. Culto sin moral, sacrificios sin contenido religioso. Por eso el profeta grita: "detesto y rehúso vuestras fiestas... retirad de mi presencia el barullo de los cantos..." (5,21-23), "marchad a Betel a pecar, en Guilgal pecad de firme..." (4,4). Para el profeta Amós es más importante la vida ética que el culto: "que fluya como agua el derecho y la justicia como arroyo perenne" (5,24).

* Texto: En estos versículos de la lectura litúrgica, Amós dirige un ataque furibundo contra la codicia humana, contra el afán de lucro. En este texto se puede ver una acusación (vs. 4-6) y la postura del Señor (v.7).

Acusación contra la codicia de comerciantes sin escrúpulo. Para éstos la persona o cliente no cuenta en los negocios sino sólo la venta, los beneficios; el tiempo es oro y no se puede desperdiciar ni siquiera para rendir culto a Dios. El profeta habla de las fiestas de la luna nueva y del sábado durante las cuales los tratos y negocios se interrumpían en recuerdo de la liberación de Egipto y en reconocimiento de que sólo Dios era el dueño y señor de Palestina (cf. Is/01/13;Is/66/23). Pero los codiciosos no entienden este lenguaje, para ellos la fiesta es "pérdida de tiempo", solo ansían el "día de mercado".

Y además de codiciosos son explotadores ya que no tienen reparo alguno en robar a sus clientes: usan medidas falsas y aumentan el precio según el mercado (cf. Lv. 19,36;Dt.25,14ss; Pr 11,1). ¡Y pobres de los que no pueden pagar! por sumas irrisorias, como un par de sandalias, exigen de los jueces que les entreguen a los desvalidos en calidad de rehenes.

Termina Amós recordándonos en el v.7 que nada pasa inadvertido al Señor: El pedirá cuentas al que no se comporte solidariamente con el hermano, especialmente con el más desfavorecido.

* Reflexiones: Mensaje duro el que, un día, Amós dirigió a sus contemporáneos. Mensaje que no ha perdido actualidad y que hoy también, en la liturgia dominical nos interpela a nosotros: ¿somos hoy mejores que en tiempos de Amós? Soñamos con poseer: pisos, coches, videos, ordenadores...

¡Cuantos más bienes mejor! Nadie lo pregona, pero lo vivimos. ¿Qué nos importan los desharrapados, los parados, los niños del Tercer Mundo, los...? ¡La solidaridad humana es pura monserga! Todos los días intentamos robar jugando con el sudado dinero del menos favorecido: hipotecas, compraventa de pisos, minutas de abogados, médicos, jueces... Y ni siquiera me atrevo a reseñar lo que jugamos con pueblos enteros del Tercer Mundo: ¿es juego limpio el negocio de la compra de la materia prima? En todos estos juegos deberíamos apostar fuerte y no estar cacareando hasta la saciedad si somos de izquierdas o de derechas. ¡No somos nada! ¡Continuamos explotando, comprando al pobre y desvalido por un par de sandalias! ¿Qué fiesta de sábado o luna nueva nos atrevemos a celebrar?

A. GIL MODREGO
DABAR 1989/47

Buen día, Espíritu Santo! 01072016

¡Buen día, Espíritu Santo!
Despertar me hace comprender Tu Amor infinito,
Amor que sustenta y eleva,
Amor que regenera y restaura.
Bendita Tu Capacidad de hacer nuevas todas las cosas!
Bendita Tu Paciente espera,
Tu amorosa dedicación,
Tu confianza infinita.
Dame Tu sentir,
Otórgame Tu Gracia.
Enséñame a transitar Tus senderos,
guiado sólo por Tu Sabiduría,
sostenido sólo por tu Gracia.
y en íntima confianza
estar Contigo en íntimo diálogo de Amor.



“El hombre se levantó y lo siguió”

Juan Taulero (c. 1300-1361), dominico en Estrasburgo
Sermón 64
“El hombre se levantó y lo siguió”

      Nuestro Señor le dijo a san Mateo: "Sígueme". Este santo amable fue un modelo para todos los hombres. Había sido en primer lugar un gran pecador, como el Evangelio dice sobre él, y después fue uno de los grandes, entre todos los amigos de Dios. Porque nuestro Señor le habló en el fondo de su ser, y como consecuencia lo abandonó todo para seguir al Maestro. 

      Seguir a Dios en verdad: en efecto todo está ahí, y para hacerlo, verdaderamente hay que abandonar completamente todas las cosas que no son Dios, cualesquiera que sean. Dios desea corazones; no se interesa por lo exterior, sino que quiere de nosotros una viva devoción interior.Esta devoción es más verdadera, que si rezase más que el mundo entero, o que si cantase tanto, que mi canto subiera hasta el cielo, más verdadera que todo lo que pudiera hacer exteriormente en ayunos, vigilancias y otras prácticas.

RESONAR DE LA PALABRA 01072016

Evangelio según San Mateo 9,9-13. 
Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió. Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con él y sus discípulos. Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?". Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". 

RESONAR DE LA PALABRA
Querido amigo/a:

¿Qué pensaría Mateo de aquel hombre que pasaba por allí y le miraba? No lo sabemos. Pero sí sabemos que percibió que le miraba de forma diferente de como le miraban otros. Es verdad que él no era perfecto, que su puesto de trabajo le daba para vivir... y para quedarse con algo más... si algunos lo llamaban “robar”, peor para ellos... que hubieran espabilado, y que se hubieran hecho publicanos, como él... y encima decían que era un pecador y que no vivía según la ley... pues peor para ellos... “Mateo: vale ya de justificaciones” –pensaría, quizá, después de todo lo anterior-, “porque esa mirada no te condena, como otras; y si no hay condena, no hay ataque; y si no hay ataque, no tienes porqué defenderte más... ¿Por qué me mirará así? ¿De dónde sacará esa mirada?...”. Y quedó descolocado.

¿Qué pensaría Jesús de aquel hombre que estaba allí sentado, por donde Él pasaba? No lo sabemos. Pero sí sabemos que le miró de forma diferente. Que, como hiciera más adelante con el joven rico, “le miró con cariño”. Y que no se fijó en las apariencias, sino en el corazón. Porque cuando se mira con cariño, siempre se puede llegar a ver el corazón. Y que quiso ver en aquel que estaba sentado en el telonio el proyecto de hombre que Dios había soñado para todos, y no la caricatura que estaba siendo y que otros constantemente le recordaban.

Y ¿qué pensaría Mateo en aquel preciso momento en que aquel hombre que pasaba y le miraba con cariño le dijo: “Sígueme”? Tampoco lo sabemos. Pero sí sabemos que aquel día le cambió la vida. Y que se fió del amor –porque no hay temor en el amor-. Y que dejando atrás lo pasado, “se levantó y lo siguió”.

El resto del relato es el intento –difícil- de explicar este juego de miradas, palabras y acciones a los que no entienden que Dios puede hacer nuevas todas las cosas y todas las vidas. En cualquier momento y en cualquier situación.

fuente Ciudad Redonda