viernes, 8 de septiembre de 2017

Evangelio según San Mateo 1,1-16.18-23. 
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos. Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón; Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón. Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé; Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías. Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá; Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías. Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías; Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías; Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia. Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel; Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor. Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud; Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob. Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo. Este fue el origen de Jesucristo: María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto. Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo. Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados". Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros". 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Tenemos una misión

Hoy celebramos una advocación mariana muy querida del pueblo cristiano. Los textos bíblicos no hablan de cuándo ni dónde ni de quiénes nació María, pero lo que no dice el texto sagrado, lo suple la devoción y tradición de los cristianos. Y bajo esta advocación mariana de la Natividad de María muchos pueblos celebran sus fiestas patronales, sobre todo en España.
No nos resignamos a no decir nada de algo tan entrañable como el nacimiento de una persona tan importante. Y la liturgia nos invita a recordar y vivir aquel día en que María como aurora luciente brilló en el firmamento de la historia anunciando al Sol que nos traía la salvación, su hijo Jesús. Toda la grandeza de María proviene del Hijo que Dios le regaló. Y al Hijo directamente se refieren los textos que nos propone la liturgia.
La profecía de Miqueas anuncia la grandeza de Belén, porque en este pequeño pueblo nacerá Jesús.
El texto de Mateo se centra en la cadena de generaciones cuyo último eslabón no es un personaje más, sino el único, definitivo y extraordinario hijo nacido de una “virgen”. La maternidad de María no es obra de José sino del Espíritu Santo.
El conflicto íntimo que surge en José tiene en el evangelio de Mateo un sentido muy profundo: se siente perplejo y desconcertado ante el embarazo de su prometida esposa y lleno de temor reverencial ante un misterio que le desborda. La instintiva reacción de huida ante la presencia del misterio de Dios es una constante en los relatos de vocación de todos los grandes personajes del antigua Testamento. Y esto es probablemente lo que el evangelista quiere contarnos a través del drama humano de su relato: la “vocación” de José como padre al servicio del misterio de la salvación.
La participación de María y José en los planes de Dios es diversa. La misión de María consiste en tener a ese hijo y ser la madre de Jesús. La misión de José es “ponerle nombre”.
Todos tenemos nuestra misión que cumplir en el plan de Dios. El nacimiento de María nos llena de alegría y de confianza, pues las obras de Dios siempre tienen comienzos y medios humildes y no siempre fáciles de comprender.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 7 de septiembre de 2017

Evangelizar

Con Jesús por la mañana.
«Dos sedientos Jesús mío, Tú de almas y yo de saciar tu sed, ¿Qué nos detiene pues?» (Santa Laura Montoya). ¿Qué te detiene a la hora de compartir el mensaje de amor de Cristo con los demás? Anímate a llevar a otros la misericordia del Señor, a través de tus gestos y actitudes con tus hermanos. Recuerda que evangelizar también es amar como Él nos amó. Pon amor en todo lo que hagas y muéstrate cercano en los encuentros con tus hermanos. Ofrece tu día por la intención del Papa Francisco.

Con Jesús por la tarde.
«Maestro, estuvimos toda la noche intentando pescar, sin conseguir nada; pero, sólo porque tú lo dices, echaré las redes. Lo hicieron y capturaron una gran cantidad de peces» (Lc 5, 1-11). Cuando pruebas la amargura del fracaso y la desilusión, adhiere todos tus proyectos al corazón amoroso del Señor. Si confías en su propuesta, Él hace el milagro. Pide con fe: «Que mi voluntad se adhiera a lo que Tú quieres, por Ti echaré mis redes».

Con Jesús por la noche.
Da gracias y pide luz. Aunque a veces no lo notes, Dios te acompaña en todos los momentos del día. Pídele la luz para recoger tu día. ¿Cómo has vivido el día de hoy? ¿Has reconocido a Jesús a tu lado hoy? ¿Qué te gustaría agradecer de la jornada? ¿En qué situación podrías haber actuado con más amor? Entrega tus preocupaciones al Padre del cielo para que las suavice.



Buen día, Espíritu Santo! 07092017

¿Quién eres tú, dulce luz, que me llenas y alumbras la oscuridad de mi corazón? Tú me gulas como mano materna y me dejas libre.Tú eres el espacio que rodea mi ser y lo encierras en sí. Si tú lo dejaras caería en el abismo de la nada, desde el cual tú lo elevas al ser.Tú, más cerca de mí que yo misma, y más Intimo que mí interior, y sin embargo inabarcable e incomprensible, que haces estallar todo nombre: Espíritu Santo, Amor eterno".
(Edith Stein, Werke, XI,
Durten/FriburgoBasilea-Viena 1987, 175)


Meditación: Lucas 5, 1-11


“Confiado en tu palabra, echaré las redes.” (Lucas 5, 5).

La madre Teresa de Calcuta sintió que Dios le pedía que comenzara una nueva orden religiosa para atender a los más pobres de los pobres, aunque ella ya había hecho sus votos perpetuos con las Hermanas de Loreto. Cuando les presentó la propuesta a sus superioras, éstas pensaron que la idea era descabellada, por lo que le pidieron que tuviera paciencia, esperara, escribiera los méritos de su plan y sopesara con calma sus posibilidades de éxito.

En un nivel puramente humano, el consejo de pesca que Jesús, que era carpintero, le dio a Pedro, que era un pescador experimentado, le debe haber parecido a éste algo ingenuo. Las condiciones distaban mucho de ser ideales y sus compañeros ya estaban cansados; pero tanto Simón Pedro, tal como la Madre Teresa, escuchó, obedeció y el resto ya es sabido. La pesca increíble que logró Simón no se debió a que tenía buena carnada, ni fue la temperatura del agua ni la destreza de los pescadores. La pesca milagrosa se dio simplemente porque obedecieron al Señor.

Y ¿cómo es tu situación, querido amigo? Probablemente tus vecinos se sorprenden cuando ven que te levantas temprano el domingo para ir a Misa, en lugar de dormir hasta tarde, y seguramente tus compañeros de trabajo se admiran de que no expresas disgusto ni murmuras contra alguien que te ha tratado injustamente. Pero tú actúas así porque sabes que eso es lo que Jesús quiere.

Tal vez no estés llamado a comenzar una nueva orden religiosa, como la Madre Teresa, pero cada día tienes decisiones que tomar, y cada una es una oportunidad para confiar en Dios y pedirle sabiduría, y cada “sí” que le das al Señor abre una puerta para que él actúe en tu vida y en la de tus seres queridos y cercanos.

Esto es lo mejor de seguir a Cristo: Le damos el sí, por débil que sea, y él nos responde con un sí mucho más grande y nos llena de su amor; nos da la fuerza necesaria para hacer una diferencia en nuestros hogares y con nuestros amigos.

Quiera el Señor que todos confiemos en él lo suficiente como para “echar las redes” donde él nos diga.
“Amado Jesús, confío en tu infinita sabiduría, tu fidelidad y tu amor. Enséñame, Señor, a ser dócil a tus inspiraciones y tus instrucciones.”
Colosenses 1, 9-14
Salmo 98(97), 2-6

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 070917

San Antonio de Padua (1195-1231), franciscano, doctor de la Iglesia 
Sermones para el domingo y fiestas de los santos
«No temas: desde ahora serás pescador de hombres»

      «Por tu palabra, echaré las redes.» Es contando con la gracia celestial y la inspiración sobrenatural que hay que echar las redes de la predicación. Si no es así, es en vano que el predicador echa las líneas que marcan sus palabras. La fe de los pueblos no se obtiene a través de sermones muy bien compuestos sino por la gracia de la llamada divina... ¡Oh fructuosa humildad! Cuando los que en un momento determinado no habían recogido nada, se fían de la palabra de Cristo y recogen una multitud de peces...

      «Por tu palabra, echaré las redes.» Cada vez que le he echado por mi cuenta, he querido conservar para mí lo que te pertenece. Soy yo quien ha predicado, y no tú; mis palabras y no las tuyas. Por eso no he recogido nada. O bien si he recogido alguna cosa, no es pescado sino ranas, que sólo sirven como charlatanas de mis alabanzas...

      «Por tu palabra, echaré las redes.» Extender las redes sobre la palabra de Jesucristo, es o atribuirse nada a sí mismo, sino atribuírselo todo a él; es vivir conforme a lo que cada uno predica. Es entonces que se cogen gran cantidad de peces.


Evangelio según San Lucas 5,1-11. 
En una oportunidad, la multitud se amontonaba alrededor de Jesús para escuchar la Palabra de Dios, y él estaba de pie a la orilla del lago de Genesaret. Desde allí vio dos barcas junto a la orilla del lago; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Navega mar adentro, y echen las redes". Simón le respondió: "Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si tú lo dices, echaré las redes". Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: "Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador". El temor se había apoderado de él y de los que lo acompañaban, por la cantidad de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: "No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres". Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron. 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Con todos nuestros miedos, Contigo mar adentro
Lucas da un tiempo a los primeros discípulos para conocer a Jesús, convivir con él, contemplar sus palabras y acciones, antes de llamarles a compartir su misma misión y destino. Dejarlo todo para vivir con Jesús y como él es una decisión que requiere tiempo pero todo el tiempo del mundo no nos ahorra la decisión clara, gozosa y temerosa a la vez que sólo puede tomar cada cual.
Simón Pedro acepta echar las redes una vez más porque se fía de Jesús, no de los resultados que va a lograr. No hay ninguna otra razón. Objetivamente, nada hay que le asegure éxito alguno. Quizá eso explica su asombro al ver la barca repleta de pescado. No saben qué hacer ni qué decir. Cuando tenemos la experiencia de ver repletas nuestras redes y sabemos que tal pesca sólo viene de Dios y de su Palabra porque tenemos clarísimo que humanamente era imposible, nos quedamos sin palabras. Más aún, sentimos la necesidad de vivir arrodillados, asombrados, reconocedores de nuestro pecado, de lo poquito que somos. Intuimos que irremediablemente la vida está a punto de cambiarnos, de ponerse al servicio de Otro y eso… eso da mucho miedo...
Jesús lo sabe. Por eso nos alienta y nos repite una y otra vez: "No temas; desde ahora harás cosas mayores en mi Nombre”. Ojalá también nosotros, una vez más y cada día, volvamos a seguirle dejándolo todo. Este mundo nuestro tan casando de bregar sin pescar nada sigue esperando nuevos pescadores de la humanidad para remar siempre “mar adentro”, allí donde encontramos el sentido de la Vida y de nuestra entrega.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 6 de septiembre de 2017

AMPLIAR LOS HORIZONTES

Con Jesús por la mañana.
«Que nuestras comunidades se abran hasta alcanzar a todos los que viven en su territorio, para que llegue a todos, a través del testimonio de los creyentes, la caricia de Dios» (Papa Francisco). Resulta fácil acomodarse y dejar que nuestras relaciones se limiten a compartir con las personas de siempre en los lugares de siempre. Acércate hoy a una persona nueva de tu comunidad, de tu trabajo y trátala con calidez y cercanía. Ofrece tu día por la intención del Papa de este mes.
Con Jesús por la tarde.
«Tengo que ir también a otras ciudades, a llevarles la Buena Noticia del Reino de Dios, pues para eso he sido enviado» (Lc 4, 38-44). El Señor Jesús encarnó la infinita misericordia de Dios para todos. ¿Cuál es tu actitud con aquellos a quienes menos amas? Repite desde tu corazón: «Señor, líbrame de amar sólo a los que yo considero dignos de Ti», mientras actualizas el propósito del día.
Con Jesús por la mañana.
Agradece los encuentros. Al cerrar el día, trae a la memoria las personas que han estado presentes hoy en tu vida ¿Recuerdas algún encuentro de manera especial? ¿Por quién te gustaría pedirle al Señor? ¿Por quién te gustaría agradecer? Abraza en tu corazón a aquella persona de quien te encuentres alejado y pide a Dios que les tienda un puente de encuentro.

Meditación: Lucas 4, 38-44


“¡Tú eres el Hijo de Dios!” (Lucas 4, 41)

Había sido un sábado muy emocionante. Jesús había comenzado el día de reposo causando gran revuelo entre los pobladores de Cafarnaúm, enseñando con autoridad y curando al poseído por un demonio. Luego, al regresar a la casa de Simón Pedro, curó instantáneamente a la suegra de éste, que tenía fiebre. Al atardecer, multitudes de enfermos y endemoniados lo seguían y él los iba atendiendo uno por uno, sanándolos y liberándolos. No cabía duda de que el Señor había venido a “anunciar el año favorable del Señor” (Lucas 4, 19).

No es sorprendente, pues, que los vecinos de Cafarnaúm hayan querido que Cristo se quedara con ellos y siguiera realizando allí su ministerio. Pero él prefirió continuar predicando en otras ciudades. En realidad, ni el entusiasmo demostrado en Cafarnaúm ni el rechazo que acababa de experimentar en Nazaret influyeron grandemente en él. Siendo el Ungido de Dios, enviado a anunciar la Buena Nueva a toda la humanidad, Cristo no buscaba ser aclamado como hacedor de milagros, porque el Espíritu Santo lo iba guiando a establecer nada menos que el Reino de Dios en la tierra.

En su Evangelio, San Lucas pasa de un episodio de curación y liberación a otro, para demostrar que el Señor no cesaba de trabajar. En realidad, nunca dejó de laborar en todo su ministerio, no sólo realizando curaciones milagrosas y enseñando, sino perdonando los pecados y revelando a Dios Padre.

Ahora, ascendido en gloria y sentado a la derecha de la majestad del Padre, nuestro Salvador continúa su obra de adelantar su Reino en este mundo. Nosotros, los que formamos la Iglesia, su Cuerpo en la tierra, seguimos beneficiándonos de su ministerio de curación, liberación y perdón. Jesús nunca ha dejado de invitarnos a profundizar nuestra comunión con él, ni de concedernos su gracia para crecer en la santidad, la sabiduría para la vida cotidiana, la fortaleza para combatir contra el pecado y practicar el amor al prójimo. No nos conformemos con lo mínimo; sigámoslo de todo corazón. Abramos las puertas de nuestro ser interior para recibir la acción vivificante de su poder y su amor.
“Jesús, Señor mío, permite que tu palabra cobre vida en mi interior y me revele tu divina voluntad. Quiero responder bien a la gracia que me das haciendo tu voluntad, para que me reconozcas cuando vuelvas a buscar tu rebaño.”
Colosenses 1, 1-8
Salmo 52(51), 10-11

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 060917

San Euquero (¿- c. 450), obispo de Lyon 
El elogio del desierto
«Salió y se retiró a un lugar desierto»

      ¿Se puede, razonablemente, decir que el desierto es el templo sin límites de nuestro Dios? Porque el que vive en el silencio ciertamente que debe complacerse de estar en los lugares retirados. Es allí que a menudo él se manifiesta a nuestros santos; es en la soledad que acostumbra a encontrarse con los hombres.

      Es en el desierto que Moisés, con el rostro inundado de luz, vio a Dios... allí fue admitido a conversar familiarmente con el Señor; allí hubo intercambio de palabras; conversó con el Señor del cielo de la misma manera que el hombre tiene costumbre de conversar con su semejante. Allí recibió el bastón poderoso en prodigios; y después de ir al desierto como pastor de ovejas, dejó el desierto y se convirtió en pastor de pueblos (Ex 3; 33,11; 34).

      De la misma manera, cuando el pueblo de Dios debía ser liberado de Egipto y de las obras terrestres ¿no se fue a lugares alejados y se refugió en las soledades? Sí, es en el desierto que se acercó a ese Dios que lo arrancó de la esclavitud... Y el Señor se convirtió en el jefe de su pueblo guiando sus pasos a través del desierto. A lo largo del camino, de día y de noche, desplegó una columna, llama ardiente o nube luminosa, signo venido del cielo... Los hijos de Israel obtuvieron pues poder ver el trono de Dios y oír su voz mientras vivieron en la soledad del desierto...

      ¿Es necesario añadir que no llegaron a la tierra por ellos deseada sino después de haber permanecido en el desierto? Para que el pueblo pudiera entrar un día en posesión de una región que manaba leche y miel, fue necesario que primero pasara por lugares áridos y yermos. Es siempre a través de campamentos en el desierto que uno se encamina hacia la verdadera patria. Que habite en una tierra inhabitable el que quiera «gozar de la dicha del Señor en la tierra de los vivos» (Sl 26,13). Que sea huésped del desierto quien quiera llegar a ser ciudadano de los cielos.

Evangelio según San Lucas 4,38-44. 
Al salir de la sinagoga, entró en la casa de Simón. La suegra de Simón tenía mucha fiebre, y le pidieron que hiciera algo por ella. Inclinándose sobre ella, Jesús increpó a la fiebre y esta desapareció. En seguida, ella se levantó y se puso a servirlos. Al atardecer, todos los que tenían enfermos afectados de diversas dolencias se los llevaron, y él, imponiendo las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. De muchos salían demonios, gritando: "¡Tú eres el Hijo de Dios!". Pero él los increpaba y no los dejaba hablar, porque ellos sabían que era el Mesías. Cuando amaneció, Jesús salió y se fue a un lugar desierto. La multitud comenzó a buscarlo y, cuando lo encontraron, querían retenerlo para que no se alejara de ellos. Pero él les dijo: "También a las otras ciudades debo anunciar la Buena Noticia del Reino de Dios, porque para eso he sido enviado". Y predicaba en las sinagogas de toda la Judea. 

RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
En la salud y en la enfermedad…
Seguimos en Cafarnaún, en la casa de Pedro, que probablemente fue también la casa de Jesús en esos años. Él sigue atendiendo a todos los necesitados de curación, uno a uno. Desde la puesta del sol hasta el amanecer. Jesús busca la soledad pero no por ello deja de atender a quienes le andan buscando. No se ata a nada ni a nadie. No deja que nada ni nade le retenga. Sabe que la misión recibida es más grande y no es suya. No le pertenece. Tampoco a nosotros, pero ¡qué difícil a veces!
Un detalle más: la suegra de Pedro, alguien de “la casa”, de la familia. Es bonito ver cómo su fiebre es motivo de preocupación para los demás, hasta el punto de ser ellos quienes piden a Jesús que haga algo por ella. Ojalá tengamos nosotros esa misma sensibilidad con los más cercanos, con el mal que sufren “los de casa”. Ojalá el dolor de toda persona sea preocupación de la comunidad, de la Iglesia y nos sea tan importante que no dudemos en suplicar la acción sanadora de Cristo. Quizá sólo entonces, la sanación de los demás revierta en mayor servicio a la comunidad, como de inmediato hace la suegra de Pedro. Si hacemos nuestros los dolores de los demás, ¿cómo no haremos también comunes nuestros talentos, nuestra disponibilidad, nuestro deseo de servicio?
Que la exigencia de la misión, de tener que predicar por todos los lugares y atender todas las necesidades de nuestro mundo, no sea nunca excusa para desentendernos de los dolores de los de casa y dejar de ponernos también a su servicio.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 5 de septiembre de 2017

La enfermedad que padecemos casi todos

"No le teman a la cruz de la renuncia a sí mismos y de la cruficixión del “yo”; el peso completo de la cruz fue ya alzado por nuestro Señor, solo, y a nosotros nos quedan sus consoladores frutos".







Cuántas formas nos ofrece —especialmente en los días de ayuno— la Santa Iglesia de Dios, para mantener inspirada y atenta nuestra mente, en el esfuerzo de agradarle a Él y salvar nuestra alma! Hace pocos días, la Iglesia nos recordaba la necesidad de honrar y venerar la Cruz del Señor, diciéndonos: "No le teman a la cruz de la renuncia a sí mismos y de la cruficixión del “yo”; el peso completo de la cruz fue ya alzado por nuestro Señor, solo, y a nosotros nos quedan sus consoladores frutos". Ahora nos recuerda la escala que lleva al Cielo, nos muestra el ejemplo de San Juan Climaco y nos describe la felicidad misma en la parábola evangélica de las Bienaventuranzas. Ella nos dice, hoy, a cada uno de nosotros: "No eludan el sacrificio; vean qué final feliz les espera a los que se esfuerzan y llénense de coraje; pónganse en movimiento, corran... apresúrense, con tal de alcanzar ese objetivo". En ese sentido, la Iglesia hace lo mismo que los que organizan competencias. Estos ofrecen premios a los que superen a los demás, para que cada uno sienta el estímulo de esforzarse. Lo mismo hace la Iglesia: nos muestra la felicidad verdadera y nos exhorta “¿Quieres esa felicidad? Esfuérzate”. Sin esfuerzo, sin sacrificio, no podremos recibir nada.

(...) La enfermedad de la que sufrimos casi todos, la auto-indulgencia y la tendencia a mimar nuestro cuerpo, es completamente inadecuada para alguien que busca y espera alcanzar el Reino de Dios. ¿Quieres llegar ahí? No consientas a tu cuerpo. Si te preocupas tanto por él, no recibirás el Reino. Pero, ya que no nos gusta la forma de vida que somete el cuerpo, ¡con qué ahínco buscamos las formas de evitarla! Por ejemplo, ahora que estamos en período de ayuno... ¿quién lo practica de la forma debida? Unos no sienten ningún interés en hacerlo, otros ayunan de un modo que no representa ningún esfuerzo para el cuerpo... ¡Y cómo nos justificamos en tales actitudes!

(Traducido de: Sfîntul Teofan Zăvorîtul, Predici)
fuente Doxologia

También existe la caridad espiritual

Una palabra de consuelo, una mirada, un simple gesto de aliento pueden ofrecer descanso espiritual al otro. Y esta forma de caridad es invaluable.









Otra forma de la caridad es esa que no se limita a lo material. Esta es la caridad que practican los que aman verdaderamente a su prójimo. Lo visitan en el hospital, le dan ánimos, le ofrecen algún librito de provecho, le consuelan y le ayudan a no caer en la desesperanza. Si ven que alguien les insulta, le responden con amor, para que abandone la blasfemia. Por eso es que el Señor dice: “Aquel que hace digno al que es indigno, habla como Yo lo haría”. Es decir, aquel que, siendo digno, hace digno a quien no lo es, con sus palabras, con sus obras o con su propio ejemplo, dice Cristo, “habla como Yo lo haría”. “Así como Yo, Cristo, con Mi Palabra guío y redimo a los hombres, lo mismo hace el amor de estos para con su semejante”. Muchas veces, estos hombres que actúan de acuerdo al amor que hay en sus corazones pueden salvar a sus semejantes de una muerte segura, física o espiritual. Una palabra de consuelo, una mirada, un simple gesto de aliento pueden ofrecer descanso espiritual al otro. Y esta forma de caridad es invaluable. [..]

Luego, oremos para que el Señor nos haga dignos de recubrirnos con esa caridad por dentro y por fuera de nosotros, para tener esperanzas en Su misericordia y perdón, el día de Su estremecedor Juicio.

(Traducido de: Avva Efrem Filotheitul - Sfaturi duhovniceşti)
fuente: Doxologia

¿Realmente es importante entender cuándo vendrá la Gracia a nuestro interior?

Puedes gozarte durante la Divina Liturgia, pero también puede que lo hagas cuando trabajas en el taller. Como dije, todo esto depende del juicio de Dios. Lo que nos queda es orar siempre.



No debe interesarnos cuándo vendrá la Gracia a nosotros. Cierta vez, un monje me dijo: “Padre, a pesar de que hoy fue la fiesta de la Transfiguración del Señor, no siento ninguna alegría en mi interior”. “¿No te alegraste en la festividad de la Transfiguración? Puedes alegrarte mañana, aunque sea un día normal. No de una fecha determinada, sino del juicio de Dios depende el descendimiento de la Gracia. Desde luego que las fechas también tienen su importancia, pero no se trata de una ley general. De cualquier forma, el juicio de Dios es completamente distinto al de los hombres".

Hay quien puede recibir el gozo espiritual mientras conduce su automóvil, otro al abordar un avión... el juicio de Dios es diferente para cada caso en particular. Uno siente regocijo al dirigirse al monasterio de Santa Ana, otro llevando un saco de trigo al molino... No es necesario entender por qué a veces Dios no nos llena de gozo durante la Divina Liturgia, sino cuando esta ya se ha terminado. No es posible explicarse todas estas cosas. Puedes gozarte durante la Divina Liturgia, pero también puede que lo hagas cuando trabajas en el taller. Como dije, todo esto depende del juicio de Dios. Lo que nos queda es orar siempre. Cuando Dios viene a nuestra alma, quiere y nos pide encontrarla en oración y no en cualquier divagación, porque esto le entristece. Sí, lo llena de tristeza. ¿Es posible mantener la mente concentrada todo el día? Si lo logramos, nos será de una utilidad imponderable.

(Traducido de: Ieromonah Iosif Aghioritul - Stareţul Efrem Katunakiotul)
fuente Doxologia

La “harina” espiritual

¿Hasta cuando, Dios mío, permaneceremos ociosos e indolentes ante nuestro importante propósito? ¡Envíanos un poco de luz!






Un molino trabaja sin cesar; lo mismo sucede con nuestra propia mente. ¿Quieres tener una buena producción de harina? Pon en el molino de tu mente tan sólo buenos pensamientos. Por ejemplo, pensamientos sobre el alma, sobre el recuerdo de la muerte, sobre el juicio, etc., y obtendrás una “harina espiritual” de buena calidad. Si, al contrario, el individuo pone en el molino de su mente sólo pensamientos pecaminosos, inevitablemente producirá más pecado. Esforcémonos en generar pensamientos de salvación, para impedir que el demonio nos llene con los suyos. Todo esto depende de la intención del hombre y del material con que provea a su mente. Y esa intención será la que le hará digno de elogio o de castigo.

La obediencia, la sumisión, la severidad con la que nos juzgamos a nosotros mismos y la paciencia, en general, son cosas que fortalecen el alma, conservan la devoción y estimulan las lágrimas de piedad.

Luego, estemos atentos a nuestra propia vida, amando y siendo pacientes en todo, sin condenar, alejando los pensamientos perniciosos, haciéndonos humildes, recordando también el difícil momento de nuestra propia muerte y el Juicio que habremos de enfrentar.

¿Hasta cuando, Dios mío, permaneceremos ociosos e indolentes ante nuestro importante propósito? ¡Envíanos un poco de luz!

(Traducido de: Avva Efrem Filotheitul - Sfaturi duhovniceşti)
fuente Doxologia

El Nombre de Jesús, el mejor medicamento

Exclama: “¡Ilumíname, Jesús, para saber cómo resolver mis problemas, y actuar de acuerdo a Tu santa voluntad!”.






Pronuncia en todo lugar el Nombre de Jesús, para recibir el medicamento adecuado en tu debilidad. ¿Sientes dolor? ¡Llamando el Nombre de Jesús hallarás luz y consuelo! ¿Sientes tristeza? ¡Llama a Jesús, y el consuelo se hará presente dentro de tu corazón! ¿Te llena la desesperanza? ¡No te lamentes más, pon tus esperanzas en Jesús, y tu alma se llenará de valor! ¿Te agobian los pensamientos carnales y te atraen los placeres de los sentidos? ¡Recibe el fuego purificador del Nombre de Jesús, y arroja la maleza a sus llamas! ¿Te inundan los pensamientos mundanos? Exclama: “¡Ilumíname, Jesús, para saber cómo resolver mis problemas, y actuar de acuerdo a Tu santa voluntad!”. Inmediatamente te tranquilizarás, y podrás avanzar lleno de esperanza.

En todo y para todo utiliza el Nombre de Jesús como base, techo y columna... ¡y no le temas a los enemigos! Que solamente te asuste hacer algo sin Él. No esperes sanar y purificar toda la podredumbre, si antes no tomas el medicamento adecuado.

(Traducido de: Avva Efrem Filotheitul, Sfaturi duhovniceşti)
Doxología

TU MISIÓN: ACOGER

Con Jesús por la mañana.
“¿Qué esperas, Señor, de mí? Me pides ser en toda situación como un reflejo de tu presencia; me invitas a hacer bella la vida para aquellos que tú me confías. Son innumerables los que tienen un deseo de reconciliación que toca el fondo del alma. Señor, yo aspiro a este gozo infinito: tener un mismo amor, un solo corazón, una sola y misma comunión” (Hermano Roger de Taizé). Acoge a tus hermanos en sus dificultades. Acércate hoy a alguien que necesite apoyo y tiéndele tu mano. Ofrece tus actividades por la intención del Papa Francisco de este mes.
Con Jesús por la tarde.
“¡Qué poderosa es la palabra de este hombre! ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus inmundos y salen!” (Lc 4, 31-37). Escucha la Palabra del Señor, llévala a tu vida para liberarte de lo que te hace daño. Pide al Señor que te sane el corazón. Repite, al ritmo de tu respiración: «Señor Jesús me pongo a tu disposición, tú eres el Santo de Dios».
Con Jesús por la noche.
Pon un nombre a tu día. Si pudieras resumir lo que has vivido hoy en una sola palabra ¿Cuál sería? ¿Por qué pondrías ese nombre? ¿Cuál fue ese momento que marcó hoy tus actividades? ¿Qué sentimiento ha predominado? ¿Cómo cierras el día y cómo te dispones a iniciar uno nuevo?

Meditación: Lucas 4, 31-37


San Lucas nos cuenta hoy que, cuando Jesús liberó al joven endemoniado, todos se quedaron maravillados y se preguntaban: “¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y éstos se salen” (Lucas 4, 36).

Jesús demostraba la autoridad de sus palabras con obras extraordinarias y la gente se quedaba asombrada.

Pero la realidad es que las acciones son tan elocuentes hoy como lo fueron en tiempos de Jesús. Es más posible que la gente crea que Dios es bondadoso cuando vea el efecto que su amor y su poder tienen en la vida de las personas. Edith Stein (ahora Santa Teresa Benedicta de la Cruz), por ejemplo, se convirtió al cristianismo en parte por haber visto que una cristiana amiga suya soportaba con serenidad la muerte de su esposo.

En lugar de echarse a morir de dolor y sentirse agobiada por la desesperación o la autocompasión, esta amiga fue capaz de mantener la serenidad e incluso no perder la esperanza. Su fortaleza interior la llevó incluso a consolar a sus amigos que también sufrían; para Edith, que era judía, esta fe fue una señal conmovedora de la verdad y el poder de Cristo. No mucho después, ella se convirtió al catolicismo y tomó el hábito carmelita.

Más tarde, a la propia Edith le tocó enfrentar su martirio en el espantoso campo de concentración de Auschwitz, en Polonia. Sin embargo, desde el día de su muerte, el relato de su vida ha sido para muchas personas un admirable ejemplo de valentía, fe y convicción, de manera que ella misma llegó a ser para otros una señal irrefutable de la verdad que encierra el mensaje del Evangelio.

Dios nos ha puesto en el mundo para ser sus embajadores y llevar la buena noticia de Cristo al mundo. Todos tenemos la posibilidad de influir en los demás por la forma en que vivimos. Así pues, con la ayuda del Señor, dispongámonos a perdonar, compartir con los pobres y actuar con amor y serenidad en las pruebas y dificultades.

A veces los sufrimientos parecen ser más de lo que podemos soportar, pero el Señor nos ha prometido: “Vengan a mí todos los que estén cansados y atribulados…” (Mateo 6, 28). Hagámoslo.
“Cristo Jesús, Señor y Dios mío, gracias por el don de tu Espíritu, que me enseña y me prepara para irradiar tu luz en este mundo. Cada día haz que me asemeje más a ti, para que el mundo crea que realmente viniste a salvarnos y darnos la vida eterna.”
1 Tesalonicenses 5, 1-6. 9-11
Salmo 27(26), 1. 4. 13-14

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

Buen día, Espíritu Santo! 05092017

Señor y Dios nuestro,
hoy, al escuchar Tu Voz,
queremos reconocerte como
el único Camino.
De cara al día que comienza,
pedimos la gracia de vivir Contigo.
Tú, sólo Tú eres nuestra fuerza.
Tú eres el Dios de toda Salvación.
Tú eres el esperado.
Te pedimos que llenos de Tu Vida
seamos causa de vida para otros.
Desde Tu Vida, seamos vasos comunicantes
de alegría, de perdón, de unión.
como Tú nos has animado con Tu Santo Espíritu,
así nosotros, animemos nuestros ambientes
proclamando Tu Santo Nombre
¡Amén!


CIERRA LA BOCA Y SAL

Diadoco de  Foticé (c. 400-?), obispo 
Cien capítulos sobre el conocimiento, 78-80, en La Filocalia
«¡Cierra la boca y sal!»

      El bautismo, ese baño de santidad, quita la suciedad de nuestro pecado, pero no evita nuestra doble voluntad y no priva a los espíritus del mal de luchar contra nosotros o de arrastrarnos a la ilusión... Pero la gracia de Dios tiene su morada en la profundidad misma del alma, es decir, en el entendimiento. En efecto, se dice que «la gloria de la hija del Rey está dentro de ella» (Sl 44,15): no se expone a los demonios. Por eso desde las mismas profundidades de nuestro corazón sentimos como surge el deseo divino cuando nos acordamos ardorosamente de Dios. Pero es entonces que los malos espíritus acechan a nuestros sentidos corporales y se esconden en ellos, aprovechando que la carne está relajada... Así pues, nuestro entendimiento, según el divino apóstol Pablo, se goza siempre con la ley del Espíritu (Rm 7,22). Pero los sentidos carnales quieren dejarse llevar siempre por la pendiente de los placeres...

      «La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibe» (Jn 1,5)...: el    Verbo de Dios, la luz verdadera quiso manifestarse a la creación en su propia carne, enciendo en nosotros la luz de su conocimiento divino en su inconmensurable amor al hombre. El espíritu del mundo no recibió el designio de Dios, es decir, no lo conoció...; y sin embargo el maravilloso teólogo, el evangelista Juan, añade: « Él era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no le conoció.  Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a todos los que le recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (v.10-12)... El evangelista no se refiere a Satán cuando dice que no recibió la verdadera luz, porque desde el principio la luz le es extraña puesto que no brilla en él. Sino que a través de esta palabra estigmatiza  a los hombres que comprenden los poderes y las maravillas de Dios pero que, a causa de su corazón entenebrecido, no quieren acercarse a la luz de su conocimiento.

Evangelio según San Lucas 4,31-37. 
Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y enseñaba los sábados. Y todos estaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. En la sinagoga había un hombre que estaba poseído por el espíritu de un demonio impuro; y comenzó a gritar con fuerza; "¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Pero Jesús lo increpó, diciendo: "Cállate y sal de este hombre". El demonio salió de él, arrojándolo al suelo en medio de todos, sin hacerle ningún daño. El temor se apoderó de todos, y se decían unos a otros: "¿Qué tiene su palabra? ¡Manda con autoridad y poder a los espíritus impuros, y ellos salen!". Y su fama se extendía por todas partes en aquella región. 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Ante el mal, no valen paños calientes
Cafarnaún fue algo así como el “centro de operaciones” que Jesús eligió durante su vida pública. Era paso obligado de extranjeros por el comercio entre Oriente y Occidente. Un lugar idóneo para que sus enseñanzas y sus signos se extendieran de boca en boca por todos los alrededores.
Y en este centro de actividad misionera, la lucha contra el mal que atenaza al ser humano, contra todo demonio, aparece con insistencia. El mal no se da por vencido fácilmente y nos provoca constantemente. Siempre apunta a nuestro centro más hondo, como hizo con Jesús: “Sé quién eres: el Santo de Dios”.
Y así sigue actuando hoy: su estrategia se basa en tirarnos por tierra, a nosotros y nuestros hermanos. Y cuando alguien lo planta cara sólo queda una salida: “¡Calla y sal!”. Con contundencia. Los paños calientes y las ambigüedades sólo nos llevan a ser arrollados por ese mal, caer en sus halagos, despistarnos, creer que nos conoce bien porque nos da siempre en el mismo centro. La diferencia con Dios es evidente: Él también sabe quiénes somos en lo más profundo -mejor que nosotros mismos-, pero nunca nos tira por tierra; más bien nos pone en pie sin hacernos daño alguno. No nos dejemos enredar por ningún mal endemoniado. No hagamos pactos aparentemente inocentes. La respuesta de Jesús es clara: “¡Calla y sal!”.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

lunes, 4 de septiembre de 2017

¡Ten mucho cuidado y huye del pecado!

El hombre no tiene nada propio: todo empieza y termina en Dios.






Nuestro Señor Dios vive!

Todo está bien en ti, mi querido hijo. Por eso es que Cristo te ama tanto. Y una señal de ese amor es la Gracia Divina que recibiste siendo aún niño y que te guía.

Cuídate, no sea que con una pizca de la acritud del placer termines amargando a nuestro Buen Dios. En todo esto se esconde la envida del maligno, que odia a quienes Cristo les ha abierto los ojos del alma.

Permanece atento, entonces, mi querido hijo. Cuídate mucho.

Él ve lo que tú no puedes ver. Cristo, el Misericordioso, intenta abrirte los ojos del alma.

¡Oh, qué bueno es Él!

Y el astuto, viendo esto, intenta cerrarte los ojos, por medio del amargo placer.

No dejes de llamar el Nombre de Cristo. Hazlo con cada respiración tuya, aunque tu mente se disperse. No te intranquilices.

Este cuidado y preocupación permanentes de buscarlo harán que venga a ti, haciendo que de tu corazón brote una fuente de agua fresca que clamará sin cesar: “¡Señor Jesucristo, ten piedad de mí!”. Entonces te gozarás permanentemente de la voz y dulzura del Señor..

Solamente debes temerle al pecado y huir de él, porque todo lo destruye.

Las cosas que me escribes son señales de que Dios viene a ti. Se trata del primer acercamiento de Dios a cualquier pecador que se arrepiente y que vuelve a Él. Procura purificarte por medio de una confesión profunda. No permitas que tu interior quede la más mínima impureza del pecado, para que el maligno no tenga motivos para vencerte.

El hombre, hijo mío, no puede hacer nada solo. No tuvo, no tiene y no tendrá, jamás, la capacidad de hacer algo bueno sin la ayuda de Dios. Cualquier pensamiento bueno, cualquier acción buena del pensamiento es obra de la Gracia de Dios. Si pudieras hacer algo sin utilizar tu cuerpo, entonces sí que estarías haciéndolo con lo que te pertenece. Pero, al hacer las cosas con tu cuerpo, recuerda que ese cuerpo fue creado por Dios. Si pudieras pensar algo, sin utilizar tu mente, ese pensamiento sería exclusivamente tuyo. Pero recuerda que tu mente también es creación de Dios.

En consecuencia, el hombre no tiene nada propio: todo empieza y termina en Dios.

Traducido de: Gheron Iosif Isihastul - Mărturii din viaţa monahală - Doxologia

La urgente necesidad de hacernos humildes

¡Cuánto nos falta la humildad! Sin embargo, la variante correcta es el “sacrificio” en vez de la humildad.







Si analizas a todos los demás, encontrarás en ellos, fácilmente, virtudes o esfuerzos espirituales. No obstante, si lo que buscas es la humildad, difícilmente la encontrarás en alguien. Sí, ¡cuántas buenas obras hacemos todos! Pero, humildad... ¿cuántos tenemos?

¡Cuánto nos falta la humildad! Sin embargo, la variante correcta es el “sacrificio” en vez de la humildad. Para alcanzar la humildad, es necesario negarte a ti mismo.. sacrificarte. Humillarte ante los demás. Es necesario poner tu existencia en movimiento, con sacrificio. Es necesario asumir esto con seriedad y decir: “Listo, ¡la humildad es mi herramienta!”. Cuando llegues a este punto, la humildad se hará propiedad tuya.

(Traducido de: Arhim. Emilianos Simonopetritul - Cuvânt despre trezvie. Tâlcuire la Sfântul Isihie) - Doxologia

El rencor es un camino a la muerte


Debemos tener siempre presente que “El camino de los rencorosos lleva a la muerte”. (Proverbios 12, 29)


La amargura se haya atada al recuerdo del mal sufrido. En consecuencia, cuando la mente nos recuerde el rostro de nuestro semejante, con amargura, es que nos está recordando también el mal que éste nos hizo. Debemos tener siempre presente que “El camino de los rencorosos lleva a la muerte”. (Proverbios 12, 29)

Si te acuerdas del mal que alguien te hizo, ora por esa persona y con esto estarás deteniendo en seco esa debilidad tuya. Además, estarás separando, con tu oración, tu tristeza y el recuerdo del daño que el otro te hizo. Así, amando a tus semejantes, estarás borrando también la pasión que dominaba tu corazón. Si, al contrario, tu semejante se acuerda del mal que le hiciste, compórtate con humildad ante él y permanece cerca, con amor, para que logre vencer aquella inclinación.

(Traducido de: Sfântul Maxim Mărturisitorul, Capete despre dragoste, traducere, introducere şi note de Pr. Prof. Dumitru Stăniloae, în „Filocalia”, vol. II, Editura Humanitas, Bucureşti, 1999, pp. 134-135) Doxologia

¿Hay paz en mi corazón?

No juzgues a los demás, porque muchas veces sucede que murmuramos en contra de nuestro semejante, aún sin conocerlo, sin darnos cuenta de que podría tratarse de alguien tan puro como un ángel.







Nuestra mente debe estar siempre atenta a lo que ocurre en nuestro corazón, para comprobar si hay o no paz en él. Si no la hay, entonces hay que buscar cuál pecado es el origen de ello. Para tener paz en el alma debes ser temperado y prudente, porque la paz se pierde también por culpa del cuerpo. No debes ser curioso e inquisitivo; no es bueno leer y releer los diaros ni esos libros que solamente nos vacían el alma y la arrojan a la tristeza y confusión.

No juzgues a los demás, porque muchas veces sucede que murmuramos en contra de nuestro semejante, aún sin conocerlo, sin darnos cuenta de que podría tratarse de alguien tan puro como un ángel. No te ocupes en saber todo lo que hace el otro. Más bien concéntrate en tus propios asuntos. Que tu único interés sea cumplir con aquello que te pide tu padre espiritual. Entonces, gracias a tu obediencia, el Señor te dará Su don y verás en tu alma los frutos de tu esfuerzo y observancia: la paz y la oración continua. (...) La paz de Dios se pierde, ante todo, porque no hemos aprendido a amar a nuestro semejante, siguiendo los mandamientos del Señor (I Juan 4, 21). Si tu hermano te enfada y en ese momento te surge un pensamiento de ira en contra suya, o si lo juzgas o lo odias, sentirás cómo la Gracia te abandona y la paz desaparece. Para tener paz en el alma debes acostumbrarte a amar a quienes te ofenden y orar inmediatamente por ellos. El alma no puede tener paz si no le pide a Dios, con todas sus fuerzas, el don de amar a todos sus semejantes.

Fuente Doxologia

No hay dudas posibles, en Dios

Si conocemos a Dios por medio de Aquel del que debemos conocerlo, es decir, a través del Espíritu Santo mismo, jamás tendremos dudas, jamás vacilaremos.






Aquel que ha encontrado a Dios y le ha conocido, nunca vacilará, nunca dirá: “Esto es imposible”, “Esto otro es posible”, o “¿Cómo fue que se hizo todo esto?”. Si aprendemos, si conocemos a Dios por medio de Aquel del que debemos conocerlo, es decir, a través del Espíritu Santo mismo, jamás tendremos dudas, jamás vacilaremos. Por eso dice: “Para conocerlo plenamente a Él, para iluminar los ojos de nuestra mente”. Aquel que ha conocido a Dios, jamás dudará de Sus promesas, ni será infiel en lo que ya ha pasado.

(Traducido de: Sf. Ioan Gură de Aur, Comentariile sau Explicarea Epistolei către Efeseni, omilia III, p. 25)

EXPERIMENTAR A JESÚS EN LA PARROQUIA

Con Jesús por la mañana. 
«Hemos de celebrar con gozo todos los esfuerzos que se vienen realizando por caminar hacia unas parroquias más evangélicas y con mayor fuerza evangelizadora (...) No se trata simplemente de introducir determinados cambios en nuestro trabajo y en la estructura pastoral; nuestras parroquias no tendrán, por ello, más fuerza evangelizadora si en su interior no hay una experiencia más viva de lo que es acoger al Dios que nos salva en Jesucristo» (José Antonio Pagola). ¿Qué te dicen a ti estas palabras? Reflexiona sobre tu experiencia de fe y misión en comunidad. Ofrece tu día por la intención del Papa.
Con Jesús por la tarde. 
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva» (Lc 4, 16-30). Mira tu corazón ¿Cómo vives tu misión? ¿Atiendes con caridad a los más débiles y frágiles de tus ambientes? Expresa desde el corazón: «No amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad» (1 Jn 3,18).
Con Jesús por la noche.
Agradece lo vivido hoy. Cada día que vives es un regalo de Dios. Recorre con Él tu día y detente en aquellos momentos que te marcaron ¿Qué situaciones difíciles viviste hoy? ¿En qué momentos sentiste la compañía de Jesús? ¿Quién necesita que le pidas perdón? ¿Qué te gustaría agradecerle?

Buen día, Espíritu Santo! 04092017

¡Buen día, Espíritu Santo!
Ven a orar en mí!
Ilumina mis oscuridades, enciende en Tu Fuego mis tibiezas,
Enséñame el lenguaje de la misericordia.
Dame el saber reconocerte siempre;
Regálame Tu Paz, alcánzame la verdadera y eterna sanación,
abre nuevos horizontes, allana todo camino;
No permitas que el abatimiento ponga en mí su nido.
Ni la tristeza acampe, ni el orgullo domine,
ni el desasosiego gobierne.
¡Amén!



Meditación: Lucas 4, 16-30


“Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír.” (Lucas 4, 21)

Cuando Jesús explicaba el pasaje de Isaías que leemos en el Evangelio de hoy, todos los presentes en la sinagoga de Nazaret tenían los ojos fijos en él. Ya se hablaba mucho de lo que Jesús hacía y decía en toda Galilea, y los nazarenos tenían ahora la ocasión de verlo y escucharlo en persona. Sin duda era sorprendente para ellos ver que uno de sus propios vecinos, se comportara de esa manera y diera a entender que hablaba de parte de Dios.

En este punto, la Escritura dice que todos hablaban bien de él, cosa que no es lo mismo que creer en él. Se preguntaban cómo pudo el hijo de José haber adquirido tal conocimiento, dando a entender que dudaban de sus afirmaciones. Advirtiéndolo, el Señor continuó diciendo que sabía que no lo aceptarían, tal como los profetas Elías y Eliseo habían sido rechazados por su pueblo. Esta fue la gota que colmó el vaso: la gente se enfureció, empujaron a Jesús y lo sacaron de la población.

Y nosotros, ¿creemos que a veces las palabras del Señor nos exigen demasiado? ¿Nos causan incomodidad y por eso tratamos de diluir el mensaje o aceptar sólo las partes que coinciden con nuestras ideas preconcebidas? Los vecinos creían conocer a Jesús, pero finalmente no pudieron aceptar sus declaraciones acerca de sí mismo ni el desafío que les planteaban sus palabras.

Deberíamos, pues, pedirle al Espíritu Santo que nos haga comprender claramente todo lo que Jesús enseñó, sabiendo que sus caminos son los mejores para nosotros. Por ejemplo, Jesús dijo que no debíamos dejarnos llevar por la ira (Mateo 5, 22). Cuando nos encontramos en situaciones difíciles o incómodas debemos pedirle ayuda al Señor, en lugar de tratar de encontrar excepciones a su enseñanza pensando que “este caso es diferente” o bien “que eso no es lo que Jesús quiso decir”. Si somos fieles a las palabras de Cristo cada día, lo conoceremos mejor, lo amaremos más y crecerá en nosotros la certeza de que Jesús es ciertamente la Persona que él dice ser.

Pero la clave es reconocer que nosotros no lo sabemos todo y que muchas veces necesitamos la ayuda de Dios para resolver los grandes problemas de la vida. ¿Por qué no pedirle ayuda a él?
“Señor, perdóname por buscar excusas para eludir tus mandamientos y no decidirme del todo a ponerlos en práctica. Concédeme tu fuerza, Señor, para librarme de los hábitos de pecado.”
1 Tesalonicenses 4, 13-18
Salmo 96(95), 1. 3-5. 11-13

fuente: Devocionario católico la palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 040917

Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157), abad cisterciense 
4º sermón para la Epifanía
Reconocer a Cristo en su humildad y descender para seguirle

      «Mi alma está turbada», oh Dios, por el recuerdo de mis pecados; «entonces me acuerdo de ti en el país del Jordán» (Sl 41,7) –es decir, acordándome de como has purificado a Naaman el leproso en su humilde abajamiento... «Bajó y se lavó siete veces en el Jordán, tal como se lo había indicado el hombre de Dios, y quedó purificado» (2R 5,14). Desciende tú también, alma mía, desciende del carro del orgullo a las aguas saludables del Jordán, el cual, de la fuente de la casa de David, baja ahora sobre el mundo entero «para lavar todo pecado y toda suciedad» (Za 13,1). Con toda seguridad que esta fuente es la humildad de la penitencia, que fluye al mismo tiempo gracias a un don de Cristo y gracias a su ejemplo, y que,  predicada desde ahora sobre la tierra, lava los pecados del mundo entero...Nuestro Jordán es un río puro, a los soberbios les será imposible acusarte, si te hundes enteramente en él, si te sepultas, por así decir, en la humildad de Cristo...

      Ciertamente que es único nuestro bautismo, pero una tal humildad rebautiza. En efecto, no reitera la muerte de Cristo pero realiza la mortificación y sepultura del pecado, y lo que, sacramentalmente, se ha realizado en el bautismo, en esta nueva forma se le da pleno cumplimiento.

      Sí, una tal humildad, abre los cielos y nos devuelve el espíritu de adopción; el Padre reconoce a su hijo, reformado en la inocencia y la pureza de un hijo regenerado. Por eso la Escritura, menciona acertadamente, que la carne de Naaman se ha restablecido como la de un niño recién nacido... Nosotros, que hemos perdido la gracia de nuestro primer bautismo... he aquí que hemos descubierto el verdadero Jordán, es decir, el abajamiento de la humildad... Nos toca ahora a nosotros no temer el abajamiento cada día más profundo...con Cristo.

Evangelio según San Lucas 4,16-30. 
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura. Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él. Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír". Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino. 


RESONAR DE LA PALABRA

Ciudadredonda
Nosotros: contigo y como Tú
La vocación más profunda del ser humano es ser hijos en el Hijo, ser “otros Cristos”. Si creemos esto de verdad, tendríamos que acercarnos al Evangelio como a un espejo. Desde aquí os comparto hoy 3 subrayados fundamentales:
Jesús es un hombre libre. Es capaz de seguir las costumbres de su pueblo y de la sinagoga, sin temor a que le encasillen, sin temor a que la novedad que trae quede oculta. Porque tiene la misma libertad para recrear la Palabra y la tradición: Él que es la Palabra definitiva. Si tienes hoy un rato puedes comparar la lectura que hace de Isaías y lo que el texto de Isaías dice literalmente… verás que omite una frase muy significativa. Con razón todos tenían los ojos fijos en él. Y con la misma libertad que cumplió la costumbre del sábado, se levantó y se abrió paso entre sus reproches, violencias y prejuicios. Querían matarlo, no es broma. Y Jesús no hace frente a los ataques con más violencia sino con más libertad. Y es que, cuando alguien es libre de verdad, profundamente, nos transmite una autoridad tal que difícilmente nos atrevemos a mantener nuestro empeño. Es esa libertad que nada tiene que ver con la arrogancia o el “todo vale”. Es la libertad honda de Jesús.
Jesús es la Palabra hecha carne, hecha vida. Por eso puede decir con toda verdad: “hoy se cumple esto que acabáis de oír”. Ninguno de nosotros podremos decirlo como Él, pero sí estamos llamados todos a poder decir cada vez que proclamamos la Palabra: “que esto se cumpla hoy en mí”. De algunos recibiremos aprobación, de otros incredulidad, de otros rechazo… pero ¡qué importa! Lo decisivo es qué nos dice Dios cuando proclamamos su Palabra y nos miramos a nosotros mismos: ¿En mí se cumple hoy? Ciertamente, nuestra vida es la única Biblia que muchas personas van a leer. Como el mismo Cristo, también nosotros estamos llamados a ser Palabra de Dios hecha vida.
El Espíritu del Señor está sobre mí. Sobre ti y sobre mí, porque nos ha ungido, nos ha enviado para anunciar y para “actuar”. ¡Cuánta confianza nos daría caminar por la vida sabiéndonos bajo su Espíritu! Quizá podríamos decirnos cada mañana algo así:
“El Espíritu del Señor está sobre mí. Su sombra me cubre y me protege, me cobija. Nada más hay sobre mí. Nada más me unge. Sólo Él. No hay carga sobre mí. No hay pesos que me aplasten. Sólo su Espíritu está sobre mí. Sólo su Espíritu consolador me envía y acompaña. ¿Cómo no contar a todos la gracia de Dios?”.

fuente del comentario CIUDAD REDONDA