martes, 24 de diciembre de 2019

JOSÉ HOMBRE DE FÉ


«San José no predica, no habla, pero trata de hacer la voluntad de Dios; y la cumple al estilo del Evangelio y de las Bienaventuranzas: «Dichosos los pobres de corazón, porque el Reino de Dios les pertenece» (Mt 5,3). Y José es pobre porque vive de lo esencial; trabaja, vive del trabajo, es la pobreza típica de aquellos que son conscientes de depender en todo de Dios y en Él depositan toda su confianza. Fue precisamente esta confianza inquebrantable en Dios la que le permitió aceptar una situación humanamente difícil y, en cierto modo, incomprensible. José entiende, en la fe, que el niño engendrado en el vientre de María no es su hijo, sino el Hijo de Dios, y él, José, será su custodio asumiendo completamente su paternidad terrenal. El ejemplo de este hombre amable y sabio nos insta a mirar hacia arriba y ver más allá de lo que vemos. Se trata de recuperar la asombrosa lógica de Dios que, lejos de los pequeños o grandes cálculos, está hecha de apertura hacia nuevos horizontes, hacia Cristo y su Palabra»

Francisco
Ángelus 22-12-2019 


Buen día, Espíritu Santo! 24122019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 2,1-14


Evangelio según San Lucas 2,1-14
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo.
Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria.
Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David,
para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre;
y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche.
De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor,
pero el Angel les dijo: "No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo:
Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.
Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre".
Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
"¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra, paz a los hombres amados por él!".


RESONAR DE LA PALABRA

La Visita de la entrañable misericordia

Esta noche celebramos la Natividad del Señor. Una cierta impaciencia se apodera ya de nosotros. Pero, antes, la liturgia nos vuelve la mirada hacia el anciano sacerdote Zacarías. Él tuvo su peculiar navidad. El demonio mudo que lo habitaba fue superado por el Espíritu Santo que se apoderó de él. Escuchemos el relato evangélico.

Cada persona tiene su gran oportunidad en la vida. Es como un tiempo adecuado para nacer de nuevo. Eso le sucedió al viejo e incrédulo sacerdote Zacarías, padre de Juan el Bautista. Él se había acostumbrado a su actividad religiosa y a la soledad de una pareja sin familia. Recibió la visita de Dios y al principio le retiró totalmente su confianza. Hoy nos muestra el Evangelio cómo al fin se abrió a la gracia. Y esa fue su oportunidad para nacer de nuevo. El Espíritu Santo se apoderó de él, como antes se había apoderado de las dos mujeres que había en su casa: María e Isabel. También él comenzó a profetizar, habiendo recuperado antes la palabra.

El himno que proclamó la Iglesia lo ha recitado siglo tras siglo. Hoy lo decimos todos los días en la liturgia de los Laudes.

El himno canta, ante todo, la Visita liberadora de Dios . Reconoce Zacarías que el pueblo, su pueblo, ha estado sometido a miedos, horrores, esclavitudes y odios por parte de sus enemigos. Pinta el pasado del pueblo como un vivir en sombras de muerte. Sin embargo, Dios, movido por su entrañable misericordia, ha visitado a su Pueblo y lo ha liberado. Se ha acordado de su alianza, ha sido fiel a sus promesas, ha cumplido sus predicciones. Abraham no se sentiría defraudado de la lealtad de Dios.

¿Y qué está haciendo Dios con su pueblo? En primer lugar ha enviado un niño que será llamado profeta del Altísimo, que irá delante para preparar los caminos y anunciará la salvación y el perdón. Ese niño es precisamente su hijo Juan. Y, después del profeta vendrá la salvación que libra de los enemigos, que realiza la misericordia y hace posible el servicio en santidad y justicia. Tendrá lugar la visita del Sol que nace de lo alto y que ilumina a quienes están en tinieblas y guía los pasos por el camino de la paz.

A cualquier edad podemos renacer de nuevo. ¿No es ésta la auténtica Navidad interior?

Decía Unamuno que una nueva idea de Dios es como un nuevo nacimiento. Nace quien descubre a Dios en su vida, como lo descubrió el incrédulo Zacarías. Este persona se oculta en cada uno de nosotros, en nuestras desconfianzas y escepticismos. Pero podemos nacer de nuevo, especialmente en esta Noche en que celebraremos el nacimiento más insospechado de Dios en medio de nosotros.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 241219


« Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador»

Hermanos, advertidos del milagro, vayamos como Moisés a ver esta cosa extraordinaria (Ex 3,3): en María, la zarza ardiendo no se consume; la Virgen da a luz sin sufrir menoscabo... ¡Corramos, pues, a Belén, la pequeña ciudad de la Buena Noticia! Y somos verdaderos pastores, si permanecemos despiertos en nuestra guardia, es a nosotros que se dirige esta voz de los ángeles que anuncian un gran gozo...: «¡Gloria a Dios en lo más alto del cielo, porque la paz baja a la tierra!». Allí donde ayer sólo había maldición, lugar de guerra y exilio, he aquí que la tierra recibe la paz, porque hoy «la fidelidad brota de la tierra y la justicia mira desde el cielo» (Sl 84,12). Éste es el fruto que la tierra da a los hombres en recompensa de la buena voluntad que va a reinar entre los hombres (Lc 2,14). Dios se une al hombre para levantar al hombre hasta la altura de Dios. 

Con esta buena nueva, hermanos, salgamos para Belén a fin de contemplar... el misterio del pesebre: un niño recién nacido envuelto en pañales descansa en un establo. Virgen después del parto, la Madre incorruptible abraza a su hijo. Repitamos con los pastores las palabras del profeta: «Lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de nuestro Dios» (Sl 47,9).

¿Pero por qué el Señor busca refugio en esta cueva de Belén? ¿Por qué dormir en un establo? ¿Por qué mezclarse con los del censo de Israel? Hermanos, el que trae la liberación al mundo viene a nacer en nuestra esclavitud de muerte. Viene a nacer en esta cueva para mostrarse a los hombres inmersos en tinieblas y sobras de muerte. Está acostado en un establo porque es él Aquel que hace crecer la hierba para el ganado (Sl 103,14), es el Pan de Vida que alimenta al hombre con un alimento espiritual para que también viva en el Espíritu... ¿Es que hay una fiesta más dichosa que la de hoy? Cristo, el Sol de justicia (ML 3,20), viene a iluminar nuestra noche. Se levanta lo que estaba caído, el que estaba vencido es liberado..., el que estaba muerto vuelve a la vida... Cantemos hoy todos a una sola voz, sobre toda la tierra: «Por un hombre, Adán, vino la muerte; por un hombre, hoy viene la salvación» (cf Rm 5,17).


San Gregorio de Nisa (c. 335-395)
monje, obispo
Sermón sobre la Natividad, passim; PG 46, 1128

lunes, 23 de diciembre de 2019

Navidad, esperanza de nuestras familias

Nuestras carencias más hondas, nuestras mezquinas miradas, nuestra natural incapacidad para abrirnos y abrir senderos de perdón se revelan cuando alrededor de una mesa no están sentados todos aquellos que, por vínculos de amor, deberían estar.

¿Es que será siempre así?

Es lo propio de un bebé recién nacido “congregar”, “unir en torno”. La frescura, la mirada descontaminada de todo prejuicio, agrupa a los distantes. Aproxima, centraliza.

Mucho más que eso es lo que ocurre cuando Jesús está en medio de una familia, cuando la Navidad se edifica en los corazones de una familia.

El Pequeño Niño trae consigo el presente que anida en el Corazón de la Trinidad. Él se vuelve “presente”, regalo amoroso del Padre. Y en Él se encarna la Unidad misma.

¿En tu mesa falta alguien?

¡Vuelve a Jesús! Deja a Jesús nacer y desplazar todo rencor, toda incomprensión. El es capaz de romper el círculo vicioso de la división.

Permítele hacer en el seno de tu casa el milagro que haga de esta Navidad la mejor navidad de tu vida.

¡Maranatha!
Miguel Angel Yunges
Comunidad Piedras Vivas

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,57-66


Evangelio según San Lucas 1,57-66
Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.
Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.
A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre;
pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan".
Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre".
Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran.
Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados.
Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.
Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea.
Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.


RESONAR DE LA PALABRA

Quien no cree… ¡pierde!

La falta de fe no queda impune. Lleva en sí misma el castigo. Quien no confía, pierde hasta lo suyo, hasta su propia identidad. Sobre esto habla el evangelio de este día, centrado en la figura de un viejo e incrédulo sacerdote judío, Zacarías.

El evangelista Lucas inicia su libro con una historia de incredulidad. Un viejo y honrado sacerdote no cree en los signos de Dios. Es capaz de oponerse a la revelación. En su obstinación incrédula recibe la pena: ¡pierde la capacidad de hablar! San Pablo, en su carta segunda a los Corintios, dice –sin embargo- una expresión del todo diferente: “Creí, por eso, hablé”. La falta de fe nos quita hasta la palabra. Por eso, en la escena evangélica que hemos escuchado adquiere un rango protagonista la esposa de Zacarías, Isabel. Es a ella sola a quien la gente felicita por la gran misericordia que Dios le ha hecho. Es ella la que decide ponerle a su hijo un nombre que lo desconecta de su padre Zacarías y hasta de su familia. Por eso, le reprochan: ¡ninguno de tus parientes se llama así! Pero Isabel no cede. Juan es un nombre compuesto. Ju o Jo o Yo es abreviatura del nombre de Yahweh, y hen o hanna es un término que significa gracia. Johannes es aquel a quien Yahweh ha demostrado su gracia.

Las mujeres que han creído, María e Isabel, hablan, actúan. El varón incrédulo, Zacarías, está mudo. Si María es bienaventurada porque creyó, Zacarías se ha cerrado a la bienaventuranza con su incredulidad. Sin embargo, en este momento se rehace. Se adhiere a la propuesta de su mujer Isabel y escribe en una tabilla: Juan es su nombre. Renuncia a imponer el suyo… como indicando que en esa concepción de Juan él poco había intervenido a causa de su incredulidad y como reconociendo que era más hijo de Dios que suyo. Pero ese gesto de adhesión curó a Zacarías de todos sus males. Y renació en él la fe. Y toda la gente comenzó a sentir una profunda inquietud religiosa.

La incredulidad disminuye al ser humano. Le cierra puertas, lo deshereda, lo vuelve extraño y aislado. La fe nos hace pertenecer a un fantástico mundo de relaciones, donde todo va cobrando sentido poco a poco. Cuando nosotros, como el viejo sacerdote Zacarías, no dejamos lugar al Espíritu Santo, entonces quedamos poseídos por un espíritu mudo, que nos aísla. Cuando, en cambio, nos abrimos al Espíritu, todo renace en nosotros.

Pero ¡no entendamos las cosas de forma excesivamente espiritualista! Quien cree es creador. Y se abre a la capacidad creadora. Quien cree y confía en todo y más allá de todo, está abierto al Espíritu. Lo que más hemos de pedir a Dios es el don de la fe, de la confianza. Esa es una de las súplicas más importantes en la oración.

CR

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 231219


«Se le soltó la boca y la lengua empezó a hablar bendiciendo a Dios»

A propósito de Juan Bautista leemos en Lucas: «Será grande a los ojos del Señor, y convertirá mucho israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto» (1,15-17). ¿Por qué, pues, ha preparado un pueblo, y delante qué Señor él ha sido grande? Sin ninguna duda que delante de Aquel que ha dicho que Juan era «más que un profeta» y que «no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista» (Mt 11,9.11). Porque él preparaba un pueblo anunciando por adelantado a sus compañeros de servidumbre la venida del Señor, y predicándoles la penitencia a fin de que, cuando el Señor se hiciera presente, todos se encontraran en estado de recibir su perdón y poder regresar a Aquel para quien se habían hecho extraños por sus pecados...

Sí, «en su misericordia» Dios «nos ha visitado, Sol que viene de lo alto; y ha brillado para los que estaban sentados en tinieblas y en sombras de muerte, y ha dirigido nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,78-79). Es en estos términos que Zacarías, liberado ya del mutismo en que había caído a causa de su incredulidad, y lleno de un Espíritu nuevo, bendecía a Dios de una nueva manera. Porque en adelante todo era nuevo, por el hecho de que el Verbo, por un proceso nuevo venía a cumplir el primer designio de su venida en la carne para que el hombre, que se había alejado de Dios, fuera por él reintegrado en la amistad con Dios .Y es por ello que este hombre aprendía a honrar a Dios de una manera nueva.


San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208)
obispo, teólogo y mártir
Contra la herejías III, 10,1

domingo, 22 de diciembre de 2019

Buen día, Espíritu Santo! 22122019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 1,18-24


Evangelio según San Mateo 1,18-24
Este fue el origen de Jesucristo:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.
 RESONAR DE LA PALABRA

La señal es un niño

Después de estas semanas de preparación, ya estamos a punto de terminar el Adviento. Unos días más y es Navidad. Y las lecturas de hoy nos dan las últimas claves que nos permitan identificar al que viene, a nuestro salvador. Es importante que atendamos a esas claves no vaya a ser que después de tanta espera, nos despistemos y no nos enteremos cuando pase a nuestro lado.

De nuevo, como en los tres domingos anteriores, el profeta Isaías nos da la clave. Nos cuenta una antigua historia de un rey que no confiaba en Dios y que aún así Dios le quiso dar una prueba de su presencia y de su fuerza. El rey gobernaba una ciudad sitiada, sometida al hambre y a la destrucción de la guerra. Pues bien, la señal que Dios le ofreció no era un milagro que rompiese las leyes de la naturaleza. Era una señal sencilla, corriente si se quiere, pero llena de esperanza. Cuando el rey pensaba que su reino se terminaba, que todo sería destruido, Dios le prometió que iba a nacer un niño de una virgen. El niño llevaría el nombre de Enmanuel, que, traducido, significa Dios-con-nosotros. Dios estaba invitando al rey a mirar más allá de las apariencias, a poner toda su confianza en Dios. Donde él veía una ciudad atemorizada, sitiada por un ejército enemigo, sometida al hambre y a la muerte, Dios iba a hacer nacer un niño de una virgen. Ese niño sería la promesa de Dios, el signo de la presencia salvadora de Dios allá donde el rey no veía ninguna posibilidad. Leída hoy esa lectura del profeta Isaías, la promesa se nos hace a nosotros. Nos va a nacer un niño. Ese va a ser el gran signo de Dios. Ese niño es y será el signo de la promesa de Dios, de su amor restaurador, reconciliador y salvador.

Y de ahí al Evangelio, donde se nos cuenta otra historia. Esta vez más cercana y familiar. Los protagonistas son José y María. Son novios. Ya están comprometidos a casarse. Pero María está embarazada sin que hayan vivido juntos. José podía ser bueno pero no tonto. No quería organizar un escándalo pero tampoco quería cargar con lo que no era suyo. Entonces se produce lo inesperado: un ángel se le aparece en sueños y le hace entender que ese niño es el gran signo que el pueblo estaba esperando. Ese niño que estaba creciendo en el seno de María es el que había profetizado Isaías. Ese niño es ya “Dios-con-nosotros”. Dios ha hecho posible lo que para los hombres es imposible. Dios ha creado vida y esperanza para toda la humanidad en ese niño. 

Este es el gran signo que esperamos. El nacimiento de un niño. Ahora sabemos que nuestro Dios está por la vida. Que defiende, promueve y crea la vida. El signo de su presencia es un niño, cualquier niño. Es la vida, cualquier vida. Ahora sabemos que cada signo de vida entre nosotros nos habla de la presencia de Dios. Es “Dios-con-nosotros”.

Para la reflexión

¿Qué signos de vida ves en torno a ti? ¿Qué haces para respetar la vida que te rodea, para cuidarla, promoverla? ¿Eres consciente de que toda vida es signo de la presencia de Dios?
Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 221219


“Le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo”

“Miren”, dice el profeta Isaías, “la virgen concebirá y dará a luz un hijo y lo llamará con el nombre de Emanuel”, que significa: Dios-con-nosotros (cf. Is 7,14). El nombre de Salvador «Dios-con-nosotros», dado por el profeta, señala las dos naturalezas de su única persona. El que es Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos, es el mismo que es el Emanuel al final de los tiempos, es decir Dios-con-nosotros. Lo es, al haber venido al seno de su madre, porque se dignó aceptar la fragilidad de nuestra naturaleza en la unidad de su persona cuando «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). Es decir, comenzó de manera admirable a ser lo que nosotros somos, sin dejar de ser quien era, asumiendo nuestra naturaleza de manera de no perder lo que era en sí mismo. (...)

“María dio a luz a su Hijo primogénito” (...) “y se le puso el nombre de Jesús” (Lc 2,7.21). Así, el nombre de Jesús es el del hijo nacido de la Virgen y, según la explicación del ángel, significa que él salvará a su pueblo de sus pecados. (...) Evidentemente que es también quien salvará de la destrucción del alma y del cuerpo, secuelas del pecado.

En cuanto al nombre de Cristo, es el título de una dignidad sacerdotal y real. Porque en la Ley antigua, sacerdotes y reyes eran llamados cristos a causa de la crismación. Esta unción con aceite santo prefiguraba al que vino al mundo como verdadero rey y sacerdote: “El Señor tu Dios, prefiriéndote a tus iguales, te consagró con el óleo de la alegría” (Sal 44,8). Por esta unción o crismación, a Cristo en persona y a los que participan de la misma unción, la gracia espiritual, se los llama 'cristianos'. Por el hecho de ser el Salvador, Cristo puede salvarnos de nuestros pecados. Por ser sacerdote, nos puede reconciliar con Dios Padre. Por ser rey, se digne darnos el Reino eterno de su Padre.

En cuanto al nombre de Cristo es el título de una dignidad sacerdotal y real. Porque en la Ley antigua, a los sacerdotes y reyes se les llamaba cristos a causa de la crismación. Esta unción con aceite santo prefiguraba al que vino al mundo como verdadero rey y sacerdote: “El Señor tu Dios, prefiriéndote a tus iguales, te consagró con el óleo de la alegría” (Sal 44,8). Por esta unción o crismación, a Cristo en persona y a los que participan de la misma unción, la gracia espiritual, se los llama 'cristianos'. Por el hecho de ser el Salvador, Cristo puede salvarnos de nuestros pecados. Por ser sacerdote, nos puede reconciliar con Dios Padre. Por ser rey, se digne darnos el Reino eterno de su Padre.


San Beda el Venerable (c. 673-735)
monje benedictino, doctor de la Iglesia
Homilía para la Vigilia de Navidad, V, CCL 122, 32-36 (« Les Pères commentent l'évangile », Paris, Brepols, 1991)

sábado, 21 de diciembre de 2019

Buen día, Espíritu Santo! 21122019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,39-45


Evangelio según San Lucas 1,39-45
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".

RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Hace unos años, alguien a quien quería y quiero mucho, fue intervenida de un agresivo cáncer un día como hoy. Por la mañana temprano, al escuchar la primera lectura, tuve la convicción de que el Señor -el Amado del Cantar- la esperaba y la llamaba en el quirófano. No sabía si para vivir o para morir, pero le decía: “levántate amada mía, hermosa mía, y ven”.

Y así fue. La operación no pude realizarse. Ya no se podía hacer nada. Sólo quedaba esperar y procurar la mejor calidad posible de vida. Fue poco tiempo y fue un tiempo duro. Pero en todo momento sentí que lo que para mí era un dolor insoportable, para ella era un encuentro esperado.

Os cuento esto porque nunca más pude escuchar o leer este pasaje sin recordar vivamente aquellos meses y aquella persona, tan importante para mí. Y también porque, dentro del dolor, aquella experiencia me da esperanza para seguir viviendo con la certeza de que algún día Él también me espera y me llamará a mi. Y habrá un encuentro.

Toda nuestra vida se reduce -al final- a encuentros. Como María e Isabel en Ain Karem. Como el Amado y la amada del Cantar. Como conocer a personas que nos hacen mejores y nos cambian la vida.

Queda muy poco para Navidad. Otro encuentro, que no por repetirlo cada año deja de ser crucial. Ojalá no lo olvidemos. Ojalá cuidemos cada encuentro con el Otro y los otros, como si fuera el primero y el último. La alegría saltará también en nuestras entrañas. Así lo pido hoy para ti y para mi, para todos nosotros.

Nuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

MARÍA PARTIÓ SIN DEMORA


«María partió sin demora»

El regocijo y la alegría eran la fuerza de Nuestra Señora. Hicieron de ella la solícita servidora de Dios, su Hijo, porque desde que él vino a ella, ella «partió sin demora». Solamente la alegría podía darle la fuerza para marchar a toda prisa más allá de las colinas de Judea y convertirse en la servidora de su prima. Igualmente para nosotras. Como ella, debemos ser verdaderas servidoras del Señor. Cada día, después de la santa comunión, apresurarnos para ir más allá de las montañas de dificultades que encontremos al ofrecer, de todo corazón, nuestro servicio a los pobres. Den Jesús a los pobres, como servidoras del Señor.

La alegría es la oración, la alegría es la fuerza, la alegría es el amor, una red de amor gracias a la cual pueden alcanzar a las almas. «Dios ama al que da con alegría» (2Cor 9,7). Quien da con alegría, da más. Si en el trabajo encuentran dificultades y las aceptan con alegría, con una amplia sonrisa, en esto, como en muchas otras cosas, se constatará que sus obras son buenas y el Padre será glorificado en ellas. La mejor manera de mostrar su agradecimiento a Dios y a los hombres, es aceptar todo con alegría. Un corazón alegre proviene de un corazón que arde de amor.


Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
Jesus, the Word to Be Spoken (Trad. sc©Evangelizo.org “Jésus, celui qu'on invoque”, Paris, Nouvelle Cité, 1988.)

viernes, 20 de diciembre de 2019

NO QUIERAS APRESURAR LAS COSAS


Una vez, cuando era niño, dejamos algunos huevos para que fuesen empollados por una gallina. Mi hermano y yo esperamos con ansiedad que se cumplieran los veintiún días. Cuando esto sucedió, nosotros, muy expectantes, queríamos romper los huevos para que los pollitos salieran. El resultado: Fue una tristeza! ¡Pobres pollitos! ¡Todavía no era hora! Los que salieron por su propios medios estaban perfectos. Nos equivocamos con nuestra prisa. Solo se trataba de esperar un poco, y todo estaría bien. Esto es: "Encomienda tu suerte, confía en Él, y Él hará su obra" (Salmo 37.5). Haz lo que hace la gallina: pacientemente ella queda calentando los huevos con su calor. Ella "no pone mala cara", solo espera. Si tienes que esperar por algún cambio en tu esposo, tu esposa, tu hijo, tu situación económica, tu salud, sólo descansa allí con “tus alas abiertas”. Descansa sobre la situación: orando, intercediendo, calentando con el calor del Espíritu Santo. Sigue "impactando" sobre la situación y no la "pinches". Puedes arruinarlo todo. ¡No quieras apresurar las cosas! Deja que el Señor actúe.
Dios te bendiga. 

Tu hermano, Monseñor Jonas Abib
Fundador de la comunidad Canción Nueva
Adaptación del original en portugués


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,26-38


Evangelio según San Lucas 1,26-38
El Ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María.
El Ángel entró en su casa y la saludó, diciendo: "¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo".
Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar ese saludo.
Pero el Ángel le dijo: "No temas, María, porque Dios te ha favorecido.
Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús;
él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre,
reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin".
María dijo al Ángel: "¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún hombre?".
El Ángel le respondió: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo y será llamado Hijo de Dios.
También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en su sexto mes,
porque no hay nada imposible para Dios".
María dijo entonces: "Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho". Y el Ángel se alejó.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Pedir pruebas a las personas que amamos y que nos quieren, no suele ser una buena idea. Ajaz parece que lo sabía, tal como nos lo cuenta Isaías. No quería tentar a su Dios. Sin embargo, el profeta parece descubrir más una falta de confianza que una prueba de amor. Y el Señor envía una prueba: una muchacha quedará embarazada y dará a luz. De nuevo, como ayer, quedan claras las preferencias de Dios y su modo de hacer las cosas.

“Va a entrar el Señor, el Rey de la gloria”, dice el salmo . Pero el camino elegido para esta entrada no deja de ser desconcertante. Lo fue para Ajab en tiempos de Isaías; lo fue para los contemporáneos de Jesús. Y me temo que lo sigue siendo para nosotros hoy.

Si hoy pudiera pedir a Dios un signo, ¿qué le pediría? No lo tengo claro… La tentación es confundir una señal para seguir esperando, con una acción que confirme nuestros propios deseos.

Y si Dios me quisiera dar una señal para mí hoy, en las circunstancias que estoy viviendo, ¿cuál sería?, ¿por dónde señalaría?, ¿por qué caminos y modos entraría este Señor de la Gloria?

Ojalá no perdamos la oportunidad. Porque aunque Dios venga y vuelva siempre, una y otra vez, también sabemos que, como el ángel Gabriel, se retira. Y es el momento en que nosotros, -cada uno sabrá cómo-, tiene que vivir y hacer vida eso que tan alegremente decimos: “hágase en mí según tu Palabra”.


Nuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

¿COMO PUEDE SE ESO?


«¿Cómo puede ser eso ?» (Lc 1,34)

Dinos, bienaventurado David, ¿cómo se hace el descenso del Verbo? «Como lluvia que cae sobre el césped y como chaparrones que riegan la tierra » (Sal 72 ,6). (…) ¿Cómo desciende la lluvia sobre el césped y cómo las gotas de los chaparrones riegan la tierra? (…)

La lluvia desciende sobre el césped sin ruido, sin sacudir, sin ninguna separación ni división. Ella se infiltra con suavidad, es recogida con calma, es bebida con delicia. Las gotas penetran la tierra lentamente y poco a poco. De una forma tan asombrosa y sutil que se ven apenas entrar y emergen haciendo crecer las plantas. Lo mismo, el rocío que proviene de más allá de las aguas supra celestes, descendió en el seno de la Virgen sin intervención humana, sin movimiento de concuspiscencia, respetando su integridad y dejando intacto el sello de su virginidad. Se infiltró con suavidad, fue recibido con calma, se encarnó de forma inefable. Corrió gota a gota sobre la tierra, sin aparecer al llegar, mostrándose al nacer. (…)

Acabamos de decir cómo descendió el Verbo de Dios. En cuanto al lugar dónde descendió, es en el seno de la Virgen que descendió: seno materno que permaneció intacto e inmaculado, consagrado por efecto de la unción divina.


San Amadeo de Lausanne (1108-1159)
monje cisterciense, obispo
Homélie mariale III, SC 72 (Trad. sc©Evangelizo.org; Cfr «Huit homélies mariales», Paris, Cerf, 1960; rev.)

jueves, 19 de diciembre de 2019

PRESENTA TU IMPOSIBLE AL SEÑOR


¿Cuál es tu imposible? Una enfermedad? ¿Una discapacidad física? ¿Algún alcohólico en la familia? Desempleo? Sea lo que sea, Jesús se compadece de ti. Él es el primero en estar con el Padre para derramar bendiciones sobre tu vida. Acércate a Jesús y por fe presenta tu imposible a Él y cree que Él vendrá a rescatarte. Cree que Él hará suceder lo mejor. "Todo es posible para los que creen" (Mc 9, 23). Jesús sufrió con ese leproso, con la situación de su alma, porque sabía que este hombre era rechazado por la sociedad, excluido al representar un "peligro" para ella. Por lo tanto, cuando nos presentamos al Señor, como ese enfermo [leproso] con confianza, el problema ya no es solo nuestro, sino también de Jesús. Cristo está comprando nuestro problema, abogando por nuestra causa. ¡Créelo! Él es el Dios de lo imposible!

Dios te bendice!
Tu hermano
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la comunidad Canción Nueva
Adaptación del original en portugués


Buen día, Espíritu Santo! 19122019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 1,5-25


Evangelio según San Lucas 1,5-25
En tiempos de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote llamado Zacarías, de la clase sacerdotal de Abías. Su mujer, llamada Isabel, era descendiente de Aarón.
Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor.
Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril; y los dos eran de edad avanzada.
Un día en que su clase estaba de turno y Zacarías ejercía la función sacerdotal delante de Dios,
le tocó en suerte, según la costumbre litúrgica, entrar en el Santuario del Señor para quemar el incienso.
Toda la asamblea del pueblo permanecía afuera, en oración, mientras se ofrecía el incienso.
Entonces se le apareció el Angel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso.
Al verlo, Zacarías quedó desconcertado y tuvo miedo.
Pero el Angel le dijo: "No temas, Zacarías; tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu esposa, te dará un hijo al que llamarás Juan.
El será para ti un motivo de gozo y de alegría, y muchos se alegrarán de su nacimiento,
porque será grande a los ojos del Señor. No beberá vino ni bebida alcohólica; estará lleno del Espíritu Santo desde el seno de su madre,
y hará que muchos israelitas vuelvan al Señor, su Dios.
Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto".
Pero Zacarías dijo al Angel: "¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy anciano y mi esposa es de edad avanzada".
El Angel le respondió: "Yo soy Gabriel , el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena noticia.
Te quedarás mudo, sin poder hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo".
Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías, extrañado de que permaneciera tanto tiempo en el Santuario.
Cuando salió, no podía hablarles, y todos comprendieron que había tenido alguna visión en el Santuario. El se expresaba por señas, porque se había quedado mudo.
Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa.
Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo y permaneció oculta durante cinco meses.
Ella pensaba: "Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres".


RESONAR DE LA PALABRA 

Queridos amigos y amigas:

Si recordáis la genealogía de Jesús que leímos el pasado martes, veréis que son los varones quienes “engendran”. En ocasiones se cita a la mujer “de quien” se engendra pero la iniciativa la lleva el varón. Es el modo cultural de aquella época. No se trata aquí de valorarlo. Sólo caer en cuenta de que ese era el modo habitual de entender el mundo y el ser humano. La excepción es que al llegar a José, no dice Mateo que engendró a Jesús de María, sino que de ella, esposa de José, nació Jesús. Curiosamente, en esta mentalidad, cuando una pareja no tenía hijos, la esterilidad “sólo” podía provenir de la mujer.

Seguro que recordamos muchas mujeres estériles a lo largo del AT. El Libro de los Jueces hoy recuerda a la esposa de Manoj (ni siquiera nos dice el nombre), madre de Sansón. Y el evangelio, siguiendo esta tradición, nos recuerda a Isabel y Zacarías.

No deja de sorprenderme que, en este contexto y con esta mentalidad, cuando Dios actúa para dar vida, no comienza por el varón; comienza por la mujer. Son ellas, las estériles que Dios elige, las que llevan la iniciativa, en contra de la mentalidad del momento. Y son ellos, sus esposos, los que tienen que hacer todo un proceso de fe, confianza, madurez y respeto, para acompañarlas en el engendramiento.

Y la historia se repite:

- Dios habla, porque Dios mira, se compadece y elige: tú, estéril, concebirás y darás vida.

- La mujer acoge, con temor y temblor, pero con la alegría de quien ama.

- El hombre escucha a su esposa… y calla. De una manera u otra, calla. Necesita silencio y tiempo para reaccionar. Y sobre todo para hacer suyo el fruto que no viene de su poder.

Y esta es también nuestra historia, la historia de la humanidad y de cada uno de nosotros. Cuando interviene Dios no elige a quien lleva la iniciativa; comienza por el estéril que sigue confiando y escucha. Y desde ahí, arrastramos con silencio y tiempo a la parte más fuerte que se creía autosuficiente. Y juntos, -¡aquí está el milagro!-, crece la vida: el fruto es bendecido por Dios y con la nueva vida somos bendecidos todos.

Nuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 191219


«Zacarías regresó a su casa. Poco después, su esposa Isabel concibió un hijo»

El ángel le dijo: «Tu súplica ha sido escuchada por Dios». Si Zacarías creía que su ruego sería escuchado, oraba bien; si no lo creía, oraba mal. Su oración estaba a punto de ser escuchada y, sin embargo, dudó. Con justa razón en ese mismo momento la palabra se alejó de él. Antes oraba para llegar a tener un hijo, en el momento en que su petición fue escuchada, cambió y dijo: “¿Cómo puedo estar seguro de esto?” Porque su boca dudó de su oración, perdió el uso de la palabra (...) Mientras Zacarías creyó, hablaba. Cuando dejó de creer, guardó silencio. Mientras creyó, hablaba: «Creí y por eso hablé» (2 Cor 4,13; cf. Sal 115,10). Porque menospreció la palabra del ángel, esta misma palabra lo ha atormentado, a fin que honre con su silencio la palabra que menospreció.

Era conveniente que se quedara muda la boca que dijo: “¿Cómo puedo estar seguro de esto?”, para que aprendiera que el milagro era posible. La lengua que estaba desatada fue atada para que aprendiera que Aquel que había atado la lengua podía desatar el seno materno. Así, la experiencia instruyó a quien no había aceptado la enseñanza de la fe. (...) Aprendió que el que había sellado una boca podía abrir un seno materno sellado.


San Efrén (c. 306-373)
Diácono en Siria, doctor de la Iglesia
Diatessaron, 1, 11-13 (Trad. sc©Evangelizo.org; “Commentaire de l'Évangile concordant ou Diatessaron”, Sources Chrétiennes 121, Paris, Cerf, 1966)

miércoles, 18 de diciembre de 2019

UN DIOS CERCANO


«Hacer el pesebre es celebrar la cercanía de Dios. Dios siempre estuvo cerca de su pueblo, pero cuando se encarnó y nació, estuvo muy cerca, muy cerca. Hacer el belén es celebrar la cercanía de Dios, es redescubrir que Dios es real, concreto, vivo y palpitante. Dios no es un señor lejano ni un juez distante, sino Amor humilde, descendido hasta nosotros. El Niño en el pesebre nos transmite su ternura. Algunas figuritas representan al «Niño» con los brazos abiertos, para decirnos que Dios vino a abrazar nuestra humanidad»
«Junto a Jesús vemos a la Virgen y a San José. Podemos imaginar los pensamientos y sentimientos que tuvieron cuando el Niño nació en la pobreza: alegría, pero también consternación. Y también podemos invitar a la Sagrada Familia a nuestra casa, donde hay alegrías y preocupaciones, donde cada día nos levantamos, comemos y dormimos cerca de nuestros seres queridos. El pesebre es un evangelio doméstico. La palabra pesebre significa literalmente «comedero», mientras que la ciudad del pesebre, Belén, significa «casa del pan». El pesebre que hacemos en casa, donde compartimos comida y afecto, nos recuerda que Jesús es el alimento, el pan de vida (cf. Jn 6,34). Es Él quien alimenta nuestro amor, es Él quien da a nuestras familias la fuerza para seguir adelante y perdonarnos»

Francisco
Audiencia General 18-12-2019 


Meditación: Mateo 1, 18-24

Ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. (Mateo 1, 20)

Los cristianos sabemos que Dios Todopoderoso es el creador de todo y el autor de la vida. En la creación, la luz y la vida se hicieron presentes en nuestro mundo por el Espíritu de Dios. Toda la actividad creadora viene del Espíritu de Dios y San Mateo describió una capacidad creadora especial del Paráclito en el nacimiento de Jesús.

La Virgen María concibió y dio a luz a Jesús por obra del Espíritu: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1, 35). El Espíritu Santo trajo a nuestro mundo la vida de Jesús.

Cuando nos bautizaron, el Espíritu de Dios nos comunicó el aliento de vida, haciéndonos pasar de la muerte a la vida. La vida que el Espíritu nos da es un conocimiento personal del Padre por medio de su Hijo Jesús, y nos permite conocer el amor de Dios. El Espíritu nos ayuda a reconocer nuestros pecados y renunciar a ellos, dándonos al mismo tiempo la certeza de que nos han sido perdonados. El Espíritu de Dios nos infunde la paz en el corazón y la mente, la capacidad de amar a Dios y al prójimo, y la fortaleza para vivir según los mandamientos de Dios. La muerte es lo contrario: es rechazar a Dios y su amor, sentir el peso de los pecados y la culpa, pero no tener paz ni alegría; no saber amar a Dios ni ver cuánto necesitamos a Jesús, nuestro Salvador.

En estos días de preparación para la Navidad, debemos desear que el Espíritu Santo actúe más profundamente en nuestra vida y nos revele las verdades de Jesús. El Espíritu quiere hacer de nosotros un pueblo rebosante de vida nueva, que escuche la voz de Dios y anhele, como José y María, conocer la voluntad de Dios. ¿Estamos dispuestos a que el Espíritu actúe en nosotros? La Virgen le respondió al ángel Gabriel: “Cúmplase en mí lo que me has dicho” (Lucas 1, 38). Solo el Espíritu Santo puede darnos vida, y lo hará en la medida en que la deseemos. Pero la vida de Dios se nos revela principalmente en la enseñanza de la Iglesia y en la Sagrada Escritura, por eso, este tiempo de Adviento es ideal para dedicarnos a meditar en la Palabra de Dios y el Catecismo de la Iglesia.
“Oh, Adonai, Pastor de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza ardiente y en el Sinaí le diste tu ley: Ven a librarnos con el poder de tu brazo.”
Jeremías 23, 5-8
Salmo 72 (71), 1-2. 12-13. 18-19
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Buen día, Espíritu Santo! 18122019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 1,18-24


Evangelio según San Mateo 1,18-24
Este fue el origen de Jesucristo:
María, su madre, estaba comprometida con José y, cuando todavía no habían vivido juntos, concibió un hijo por obra del Espíritu Santo.
José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, resolvió abandonarla en secreto.
Mientras pensaba en esto, el Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: "José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo.
Ella dará a luz un hijo, a quien pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su Pueblo de todos sus pecados".
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta:
La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: "Dios con nosotros".
Al despertar, José hizo lo que el Angel del Señor le había ordenado: llevó a María a su casa.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

“Mirad que llegan días”, dice Jeremías. Como decíamos ayer, saber mirar y ver el futuro, es la clave para vivir el presente. Leyendo el evangelio de hoy, pensaba que un embarazo es una de esas situaciones donde mejor podemos comprobarlo. Cuando una mujer queda embarazada, sabe que en ella crece una nueva vida. Una misma realidad que puede vivirse con temor, rechazo, deseo, ilusión, angustia, alegría, indiferencia… Y muchas veces no dependerá de las circunstancias actuales o pasadas sino del modo en que esa madre prevea el futuro.

Quienes no hemos gestado físicamente una vida en nuestro vientre, podemos experimentar esto mismo -de otro modo, claro-, en cualquier situación donde comienza algo nuevo, donde se inicia la vida, donde algo bueno está creciendo en nosotros. Apostaremos por ello si al mirar al futuro encontramos motivos para seguir adelante. Lo negaremos o incluso lo abandonaremos si al mirar solo vemos signos de peligro, de venganza, de rechazo, de abandono, de riesgo… ¡cada uno sabe!

“Mirad”, se dirá a sí mismo José cuando recuerde la profecía de Isaías. Está lleno de angustia al saber que María está embarazada y tiene que elegir cómo vivirlo para tomar una decisión u otra. No lleva la criatura en su vientre, pero sabe que su papel será crucial.

También a nosotros nos pasa esto tantas veces: “mirad”... Y según cómo miremos, abandonamos y repudiamos en silencio a quien gesta nueva vida. O nos retiramos discretamente para que nadie pueda pedirnos nada, ni siquiera Dios. O nos ponemos a la escucha y dejamos que la confianza sea más fuerte que mi miedo. O….

Recuerda a José y a María cuando vivas algo parecido. Dormirás tranquilo y acogerás, como hicieron ellos. Y te convertirás en madre, en padre o al menos en alguien que por encima de toda, cuida la vida y a quienes se atreven a llevarla adelante, aún cuando todos los argumentos y normas parezcan desaconsejarlo.

Nuestra hermana en la fe,
Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 181219


«María, la madre de Jesús, estaba prometida con José»

«María, su madre, estaba prometida». Hubiera sido suficiente con decir: María estaba prometida. ¿Qué significa una madre prometida? Si ya es madre, ya no es prometida; si está prometida, no es todavía madre. «María, su madre, estaba prometida »: prometida por la virginidad, madre por la fecundidad. Era una madre que no había tenido relaciones con ningún hombre y sin embargo conoció la maternidad. ¿Cómo no sería madre antes de concebir, ella que es virgen y madre después del nacimiento? ¿Cuándo no era madre la que engendró al fundador de los tiempos, al que ha dado un principio a todas las cosas? (...)

¿Por qué el misterio de la inocencia celestial va destinado a una prometida y no a una virgen todavía libre? ¿Por qué los celos de un prometido deben poner en peligro a la prometida? ¿Por qué tanta virtud parece pecado y la salvación eterna, un peligro? (...) ¿Cuál es el misterio que abrazamos aquí, hermanos? Ningún rasgo de pluma, ni una letra, ni una sílaba, ni una palabra, ni un nombre, ni un personaje del Evangelio deja de tener sentido divino. Se ha escogido a una prometida para que sea ya designada la Iglesia, esposa de Cristo, según lo dice el profeta Oseas: «Yo te desposaré para siempre, te desposaré en justicia y en derecho, en el amor y la misericordia; te desposaré en la fidelidad y tu conocerás al Señor» (Os 2,21-22). Por eso dice Juan: «El que se casa es el esposo» (Jn 3,29). Y san Pablo: «Los he unido al único Esposo, Cristo, para presentarlos a él como una virgen pura» (2 Cor 11,2). ¡Oh verdadera esposa, la Iglesia, que por el nacimiento virginal [del bautismo] engendra nuevos hijos de Cristo!



San Pedro Crisólogo (c. 406-450)
obispo de Ravenna, doctor de la Iglesia
Sermón 146, sobre Mateo 1,18; PL 52, 591 (Cfr Icthus, XII, 295.)