lunes, 22 de junio de 2020

ARIDEZ ESPIRITUAL


«Jesús exhorta: “No tengáis miedo”. Y Jesús describe tres situaciones concretas a las que se enfrentarán: La hostilidad de los que quieren silenciar la Palabra de Dios, edulcorándola, aguándola o acallando a los que la anuncian. La amenaza física en su contra, o sea, la persecución directa contra ellos, incluso hasta el punto de que los maten. Algunos experimentarán, de que el mismo Dios los ha abandonado, permaneciendo distante y en silencio. La vida de los discípulos está firmemente en manos de Dios, que nos ama y nos cuida. También Jesús sufrió esta prueba en el huerto de los olivos y en la cruz: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”, dice Jesús. A veces sentimos esta aridez espiritual; no tenemos que tenerle miedo. El Padre nos cuida porque nuestro valor es grande a sus ojos. Lo importante es la franqueza, es la valentía del testimonio de fe: “reconocer a Jesús ante los hombres” y seguir adelante obrando el bien»

Francisco
Ángelus
21-06-2020 


COMPRENDIENDO LA PALABRA 220620


“Os medirá con la medida con que hayáis medido a los demás.”

Para cada enfermedad existen varios medicamentos y varios tratamientos. Pero mientras que no se ofrezca una mano llena de ternura y un corazón generoso, dispuestos a amar con cariño, no creo que se pueda curar nadie de esa terrible enfermedad que es la falta de amor.

Nadie de entre nosotros tiene el derecho de condenar a nadie, sea quien sea. Y esto es verdad, aunque veamos gentes hundirse por el motivo que fuera. ¿No nos invita Jesús mismo a no juzgar a nadie? A lo mejor somos responsables de que esta gente esté donde esté. Debemos comprender que son hermanos y hermanas nuestras. Este leproso, este borracho, este enfermo son hermanos nuestros porque ellos también han sido creados para un amor más grande. ¡No lo olvidemos nunca! Jesucristo se identifica con ellos cuando dice: “...cuando lo hicisteis con uno de esos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis.” (Mt 25,40) Tal vez esta gente se encuentra en la calle, sin amor alguno y sin atención de ninguna clase porque nosotros les hemos negado nuestra ayuda, nuestro cariño. Sé cariñoso, infinitamente cariñoso con el pobre que sufre. No sabemos nada de sus sufrimientos. Lo más duro es saber que uno no es aceptado.


Santa Teresa de Calcuta (1910-1997)
fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
No Greater Joy (Nadie tiene amor más grande)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 7,1-5


Evangelio según San Mateo 7,1-5
Jesús dijo a sus discípulos:
No juzguen, para no ser juzgados.
Porque con el criterio con que ustedes juzguen se los juzgará, y la medida con que midan se usará para ustedes.
¿Por qué te fijas en la paja que está en el ojo de tu hermano y no adviertes la viga que está en el tuyo?
¿Cómo puedes decirle a tu hermano: 'Deja que te saque la paja de tu ojo', si hay una viga en el tuyo?
Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano.


RESONAR DE LA PALABRA

SOBRE JUICIOS Y CONDENAS

Uno de los principales elementos que nos identifican como seres humanos, como personas, es la conciencia, nuestra capacidad de juzgar, nuestro sentido ético y moral. Es un don de Dios que nos hace posible el discernimiento. Y esta capacidad actúa siempre y ante todo. Nos es indispensable situarnos ante los hechos: lo que está bien, lo que está mal, lo que es justo, lo que es verdadero, lo que es conveniente, lo que es ético, lo que causa daño... para poder actuar en consecuencia. Y es imposible dejar de hacerlo: es algo que nos brota automáticamente.

Hay juicios que podemos hacer, y otros que tenemos la grave responsabilidad de hacerlos. No se puede renunciar a ellos, por ejemplo, cuando estamos ante la trata de personas, el comercio de niños para extraerles órganos, las estafas, los bulos, el racismo y la xenofobia, los abusos de menores, la explotación laboral, los intereses económicos que se anteponen a la dignidad de las personas, la defensa de la vida... Retraerse, mirar para otro lado, callarse, lavarse las manos es ser cómplices de todas estas cosas. Todas estas aberraciones humanas competen a la Justicia Civil, son crímenes. Y nuestra responsabilidad como bautizados, como profetas está en denunciarlas, nunca esconderlas.

Pero las palabras de Jesús no se refieren a estos asuntos. Estamos en el Sermón de la Montaña, y Jesús está hablando a los discípulos, a su comunidad (tres veces aparece la palabra «hermano» en tan pocas líneas). Sería de esperar que estos comportamientos no ocurriesen nunca en la comunidad cristiana. Sin embargo pueden darse calumnias, denuncias falsas, maltrato de la pareja, corrupciones, manipulación de conciencias... y otras muchas. En estos casos es necesario juzgar y condenar los actos, pero no es tarea de la comunidad condenar a la persona. 

Hace falta un adecuado sentido de la justicia y de una buena dosis de prudencia, "porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros". Yo desconozco lo que hay en el fondo del corazón de las personas que actúan mal éticamente: no sé su historia, sus heridas, sus ofuscaciones y frustraciones, sus auténticas intenciones. Y por ello debo poner máxima atención antes de formular un juicio. Por otro lado, puede ocurrir y ocurre que mi juicio esté condicionado por las vigas de mi ojo: mis prejuicios, mi ideología, mis propias heridas y frustraciones. Debo informarme bien, contrastar (no sólo con los que están de acuerdo conmigo, «los míos»), tener serenidad y deseos de buscar el bien, la verdad y la justicia... vengan de donde vengan. 

Es conveniente, además, darnos cuenta cómo tenemos distinta vara de medir: a aquellos que nos importan, a los que amamos, a los que sentimos cerca del corazón... les disculpamos, comprendemos y perdonamos más fácilmente... mientras eso mismo, al verl en otros, lo condenamos sin ninguna misericordia.

Estos días pasados se me ha hecho muy evidente, viendo los mensajes y valoraciones de muchos en las redes sociales al respecto de esta pandemia y las actuaciones de políticos y otros personales: el «otro» que no es de los míos siempre tiene mala intención, siempre es peligroso, todo es motivo de sospecha, los bulos no son bulos aunque se demuestre y razone que lo son, nunca el otro hace nada acertado, y los míos siempre tienen razón y tampoco tengo la humildad de reconocer mis errores de juicio... ¿Cómo se puede entonces hacer una valoración y un juicio sereno? Estos juicios hacen del otro un sospechoso, un enemigo, alguien a quien hay que destruir, y aparece el odio, el insulto, el desprecio, la rabia... Pero pocos nos damos cuenta de estas «vigas» en el propio ojo. 

Hay que evitar todos los juicios que no están hechos por amor al otro. Cuando el evangelio nos dice que «si no juzgamos no seremos juzgados», está otorgando un inmenso valor a la compasión con el hermano, aunque haya fallado. Jesús mira al pecador, no para juzgar, sino para crear. Su mirada realiza algo nuevo en la persona sobre quien la posa; se hace liberadora, recreadora, sanadora. Por eso nos invita a mirar libres de prejuicios al otro, sin ira, sin pasión, a reconocerlos en su diferencia y valorar sus capacidades, límites y posibilidades. Nos propone trasmitir con las palabras, actitudes y acciones una disponibilidad para el perdón y la reconciliación recíproca. Nos llama a sacar a la luz y sanar el propio resentimiento, a asumir los errores y a reconocer las pérdidas para tener la oportunidad de reorientar la vida. La del otro, y quizás también la nuestra

Termino con una bella oración de Karl Rahner: 

«Mira, Señor, ahí está el otro, con el que no me entiendo. El te pertenece; tú le has creado. Si tú no le has querido así, al menos le has dejado ser como es. Mira, Dios mío, si tú le soportas, yo quiero aguantarle y soportarle, como tú me soportas y aguantas a mí».

Y os invito a orar de la mano de Seve Lázaro, jesuita:

Solo con misericordia podré siempre querer al otro.

Solo con misericordia podré siempre quererme a mí.

Solo con misericordia, podré siempre confiar en el otro.

Solo con misericordia, podré siempre confiar en mí.

Solo con misericordia, podré siempre decirle la verdad.

Solo con misericordia, podré siempre decírmela a mí.

Solo con misericordia, el otro llegará a ver su enredo.

Solo con misericordia llegaré a ver el mío, yo.

Solo con misericordia el otro dejará de justificarse. 

Solo con misericordia dejaré de justificarme yo.

Solo con misericordia el otro aprenderá a disculparse.

Solo con misericordia yo aprenderé a perdonar.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

domingo, 21 de junio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 210620


“Eso que escucháis en el oído, proclamadlo desde los tejados”

No he comenzado este trabajo por mi propia cuenta, sino que es Cristo Señor quien me ha ordenado venir a pasar, junto a los Irlandeses paganos, el resto de mis días –si el Señor lo quiere y si me preserva de todo mal camino… Mas, yo no tengo la confianza puesta en mí mismo “mientras vivo en este cuerpo de muerte” (2P 1,13; Rm 7,24)… Yo no he llevado una vida perfecta como otros fieles, pero lo confieso ante mi Señor y no me avergüenzo en su presencia, porque no miento: desde mi juventud que le conocí, el amor de Dios ha crecido en mí, igual que el temor, y hasta el presente, por la gracia del Señor, “he mantenido la fe” (2Tm 4,7).

El que quiera, pues, que se ría de mi y que me insulte; yo no me voy a callar ni esconderé “los signos y las maravillas” (Dn 6,27) que el Señor, que conoce todas las cosas, me ha mostrado muchos años antes de que se cumplieran. Por ello siempre debería dar gracias a Dios, que tan a menudo ha perdonado mi insensatez y mi negligencia, y también por no haberse irritado contra mí, que he sido dado como obispo a los fieles, ni una sola vez,. El Señor “ha tenido piedad” de mí “en bien de millares y millares de hombres (Ex 20,6), porque él veía que yo estaba disponible… En efecto, eran muchos los que se oponían a esta misión; incluso hablaban entre ellos y a espaldas mías, diciendo: “¿Por qué se mete ese en una empresa peligrosa y en un país extranjero que no conoce a Dios?” Y no era por malicia que se expresaban así; yo mismo soy testigo de ello: era a causa de ser yo tan rudo que no podían comprender el porqué había sido nombrado obispo. Y a mí mismo no me ha sido fácil reconocer la gracia que estaba en mí. Ahora, todo esto está claro para mí.

Ahora, pues, simplemente expongo a mis hermanos y a mis compañeros de servicio que han creído en mí, porque “predico y continuo predicando” (2C 13,2) con el fin de fortalecer y confirmar vuestra fe. Ojala podáis también vosotros ambicionar fines más elevados y llevar a cabo obras más excelentes. Esa será mi gloria, porque “un hijo sabio es la gloria de su padre” (Pr 10,1).


San Patricio (c. 385-c. 461)
monje misionero, obispo
Confesión § 43-47

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,26-33


Evangelio según San Mateo 10,26-33
No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.
Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.
No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.
¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.
Ustedes tienen contados todos sus cabellos.
No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.
Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.
Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."


RESONAR DE LA PALABRA

¡No tengan miedo!

Las personas y los pueblos a veces se sienten dominados por el miedo, por el temor. Sentimos miedo ante lo desconocido. Los otros se nos figuran como sombras amenazadoras. Su rostro, por desconocido, nos inquieta. Y de ahí es de donde surge la violencia la mayor parte de las veces. En el Evangelio de hoy Jesús nos invita a cambiar de actitud. Invitó a los apóstoles, que eran los que escucharon sus palabras en aquel momento, a que fuesen por los pueblos y ciudades de Palestina a anunciar el Reino de Dios sin miedo. ¿A quién podían temer? ¿Qué les podía suceder? Jesús les dijo muy claramente que podían morir incluso. Pero que no hay que tener miedo a los que pueden matar el cuerpo pero no el alma. Porque el Padre del cielo estaba de su parte.

Nos puede parecer que es un mensaje duro y difícil de vivir en la práctica. Todos tenemos miedo a algo, pero quizá más que todo tenemos miedo a la muerte. Pero Jesús nos invita a situarnos en una perspectiva diferente. ¿Qué es la muerte sino el paso necesario para encontrarse con Dios, nuestro Padre? Él nos está esperando con los brazos abiertos. Además siendo él nuestro Padre, no dejará que nos suceda nada malo. Hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. 

Al final, todos nos tendremos que enfrentar al momento de la muerte por mucho que no nos guste hablar de ello. Lo que Jesús nos invita es a vivir ese momento con la confianza puesta en Dios. Ese momento y toda nuestra vida. Porque así viviremos de un modo diverso. Con una actitud diferente. Sentiremos la alegría de vivir y disfrutar de este inmenso regalo que Dios nos ha hecho. Cada uno de sus minutos y segundos. Y comunicaremos a los que viven cerca de nosotros esa alegría y esa confianza. Tendremos fuerza para luchar con las dificultades que nos vayamos encontrando, porque Dios, estamos convencidos, está con nosotros. 

Eso fue lo que Jesús dijo a los discípulos. No debían tener miedo porque Dios Padre estaba con ellos. Y porque difícilmente se puede anunciar un mensaje tan alegre como el del Reino si el que lo anuncia vive atemorizado. Hoy somos nosotros los portadores de ese mensaje. Y nadie nos creerá si no nos ve vivir con alegría y confianza. Porque sabemos que nuestra alegría y nuestra confianza se apoyan en Dios mismo. Esa es la verdadera alegría. Y la tristeza nace en el momento en que nos olvidamos de Dios. Entonces hasta las carcajadas se nos vuelven amargas. Pero no hay que permitir que eso suceda. La eucaristía de cada domingo nos recuerda que Dios está con nosotros, que no nos abandona y que se hace alimento para nuestra vida. Para que encontremos la verdadera alegría y perdamos el temor. 

Para la reflexión

¿Qué cosas o situaciones son las que te dan miedo y te hacen sentirte inseguro? ¿Crees que la fe te puede ayudar a vivir más alegre y confiado? ¿Por qué no lo intentas?
Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 20 de junio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 200620


María, ese corazón que bate por mí

Comparamos a veces a la Santa Virgen con una madre. Pero ella es mucho mejor que la mejor de las madres. Es tan buena que nos trata siempre con amor.

El Corazón de esta buena madre es únicamente amor y misericordia, sólo desea vernos felices. Es suficiente volvernos hacia ella y somos escuchados…

Aunque somos pecadores, la Virgen está llena de ternura y compasión por nosotros. El niño que ha costado más lágrimas a su madre, ¿no es el más querido de su corazón? ¿Una madre no corre siempre hacia el más débil o vulnerable de sus hijos?

Todos los santos tuvieron una gran devoción a la Santa Virgen, ninguna gracia viene del cielo sin pasar por sus manos. No entramos en una casa sin hablar con el portero: ¡la Santa Virgen es la portera des cielo!

El tiempo que el mundo dure, ella es tironeada de todos lados. Es como una madre que tiene muchos hijos. Está continuamente ocupada yendo de uno a otro.


San Juan María Vianney (1786-1859)
presbítero, párroco de Ars
Pensamientos del santo Cura de Ars (Pensées choisies du saint Curé d'Ars, J. Frossard, Tequi, 2007)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 2,41-51


Evangelio según San Lucas 2,41-51
Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre,
y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.
Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos.
Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados".
Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?".
Ellos no entendieron lo que les decía.
El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

La memoria del Inmaculado Corazón de María está muy ligada a la fiesta que celebramos ayer. Junto al corazón de Jesús está el corazón de su madre, María. Es sorprendente ver como todo el misterio del amor de Dios, que se nos revela en el Corazón de Jesús, se abre con el sí de una muchacha humilde de Nazaret. Es un misterio grande, sin duda superaba a María, pero ella sabia guardarlo todo en su corazón. Un corazón que estaba abierto a la escucha de Dios y que sabía abandonarse en su voluntad.

Los pocos textos del Nuevo Testamento que se refieren a María, como señala Alberto Valentini, «están situados estratégicamente y contienen una densidad excepcional. Estratégicos, porque se sitúan en momentos claves de la historia de la salvación: Encarnación – Misterio Pascual – Pentecostés; de una extraordinaria densidad, en cuanto están vitalmente implicados en tales misterios, de donde se deriva su valor y significado». Entre estos textos tiene una importancia particular el llamado «Evangelio de la Infancia» de Lucas (Lc 1-2). El evangelista como teólogo y artista nos cuenta los hechos con la técnica del arte de un pintor, que es capaz de representar el alma, los sentimientos y las ideas de sus personajes. En ese sentido, el Evangelio de la infancia de Lucas es una cristología a partir de la historia. En esta meditación histórica de Lucas hay dos escenas de la infancia de Jesús, una es el momento de su nacimiento (Lc 2, 1-20) y la que leemos hoy, Jesús en medio de los doctores de la ley (Lc 2, 41-52). En ambas escenas se hace una referencia al Corazón de María (Lc 2, 19.51) (Cf. Nuria Calduch-Benages, Il Cuore di Maria alla luce dell´antropologia biblica).

A la luz de esta referencia bíblica del Corazón de María podemos deducir de ella dos actitudes fundamentales para nuestra experiencia de fe: la escucha y la cordialidad. La figura de María no se comprende sin este elemento de la escucha. La fe nace de la escucha. Cuando se habla de que Maria «guardaba todas estas cosas en su corazón», podemos preguntarnos: ¿Qué es lo que María conservaba en su corazón? ¿Cuál era el objeto de su meditación? ¿Qué cosas custodiaba en su corazón? El sustantivo griego que usa el evangelista rhémata (que en español se traduce como “estas cosas”) significa palabra, hecho, acontecimiento. Esta acepción nos ayuda a comprender que María conservaba los eventos que vivía en los cuales se manifestaba la Palabra de Dios. Como María también nosotros hoy debemos cultivar esa capacidad de silencio y de acogida para escuchar lo que Dios nos dice hoy en los acontecimientos que vivimos.

La segunda actitud, la cordialidad, se vuelve muy urgente y actual en este momento de crisis mundial. La cordialidad se concreta en el cuidado, la atención y el amor. Hoy más que nunca necesitamos esa revolución de la ternura, a la que tanto apela el Papa Francisco. Si algo nos deja los acontecimientos que hemos vivido en estos meses es la importancia del cuidado de la vida en todas sus manifestaciones. Nadie mejor que una madre sabe de esta tarea. María como paradigma de una maternidad nueva nos enseña que sin ternura, sin corazón no hay profecía creíble. Estas actitudes que contemplamos en el Corazón de María son el modelo inspirador para la misión de una Iglesia en salida.

A la altura del corazón

Allí aprendió a vivir María
después que el ángel la dejó.
Sin saber decir palabra
sin poder decir que no.

Allí entendió que los silencios hablan
y que las palabras, a veces, callan.
que vivir no requiere, saber y ganar,
sino solo aprender a escuchar.

Allí su ser se abrió al misterio,
entrando en ella lo no esperado.
Ya no hubo rutas ni indicadores
que al andar le dieran seguridad.

Allí, a la altura del corazón,
solo la fe le puede al miedo.
El amor, en María, ya no tuvo frenos:
El pesebre, Nazaret, el calvario.

(Seve Lázaro, SJ)

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

viernes, 19 de junio de 2020

RECÍBEME EN TU DIVINO CORAZÓN


Recíbeme en tu divino corazón

Ahora, oh amor, mi Rey y mi Dios, ahora, Jesús mi bien-amado. Recíbeme bajo el cuidado misericordioso de tu divino corazón. Ahí mismo, para que viva enteramente para ti, apégame a tu amor. Ahora, sumérgeme en el vasto mar de tu profunda misericordia. Ahí mismo, confíame a las entrañas de tu sobreabundante bondad. Ahora, arrójame en la llama devorante de tu divino amor. Ahí mismo, haz que esté en ti hasta abrasarme y reducir a cenizas mi alma y mi espíritu. A la hora de mi muerte, entrégame a la providencia de tu paternal caridad.

Ahí mismo, oh mi dulce Salvador, consuélame con la visión de tu presencia tan dulce. Ahí mismo, reconfórtame con el gusto del precioso precio con el que me has rescatado. Ahí mismo, llámame con la voz viva de tu hermoso amor. Ahí mismo, recíbeme en el abrazo de tu perdón, infinitamente misericordioso. Ahí mismo, con el soplo suave de tu Espíritu, con fragancia de suavidad, atráeme a ti, tráeme a ti y atráeme. Ahí mismo, con el beso de la unión perfecta, sumérgeme en el disfrute eterno de ti. Dame entonces de verte, poseerte, disfrutar para siempre de ti en la más grande felicidad. Porque mi alma está enamorada de ti, oh Jesús, el más querido de todos los queridos. Amén.



Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
Ejercicios Espirituales IV (Œuvres spirituelles, Paris, Cerf, 1967), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,25-30


Evangelio según San Mateo 11,25-30
Jesús dijo:
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."
Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

La liturgia de la Iglesia nos propone para este viernes la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Esta fiesta tiene una fuerte tradición eclesial y una devoción particular en la mística popular de muchos pueblos. Celebrar el Corazón de Jesús medio de la crisis causada por el corona virus, con toda la situación anómala y de desconcierto que ha creado, y que aun sigue golpeando sobre todo a las poblaciones mas vulnerables, nos hace redescubrir el Corazón de Jesús como fuente de vida que posibilita la esperanza.

A la luz de las lecturas bíblicas de esta celebración podemos tomar conciencia de lo que encontramos en el Corazón de Jesús: el amor. El amor de un Dios que se hace carne por nuestra salvación y que se entrega sin medida. En el sentido bíblico la palabra corazón abraza la totalidad de la persona no solo al mundo afectivo. Remite a los intimo del ser humano, el lugar donde se toma conciencia de sí mismo, además de los sentimientos el corazón tiene los recuerdos, pensamientos, proyectos y las decisiones. Por ello, en la expresión Corazón de Jesús se designa lo más intimo y lo unificador, el misterio del amor de Dios por la humanidad.

Contemplar el Corazón manso y humilde de Jesús es ver un corazón traspasado, angustiado, desangrado, muerto. En el que se manifiesta el amor gratuito de un Dios enamorado de su pueblo, «el amor que vence en el fracaso, que triunfa en impotencia, que muerto vivifica, que es el amor, que es Dios» (K. Rahner). El sentido bíblico y teológico de la expresión Corazón de Jesús nos ayuda para no reducirlo a imágenes piadosas, a una tradición devocional o una idea abstracta. La verdadera devoción al Corazón de Jesús consiste en encontrarnos con su persona y dejarnos transformar por su vida, sus gestos y sus palabras.

En el Evangelio Jesús nos dice: «aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón». La vida cristiana es entrar en esta escuela del Corazón de Jesús. El camino del discipulado es transformar nuestro corazón en el amor gratuito que recibimos de Dios, para tener el mismo Corazón de Cristo. Un corazón humano, pobre, compasivo, misericordioso, alegre, con espíritu, lleno de amor. Pidamos al Señor en este día que nos haga sintonizar con su corazón, que nuestro corazón muchas veces fatigado por cansancios y agobios que lo intranquilizan pueda encontrar esa clave de amor que lo unifica en la sinfonía del corazón de Dios.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 18 de junio de 2020

SEDUCIR AL CORAZÓN DE DIOS


Seducir al Corazón de Dios

Alma devota, grave profundamente en su espíritu esta enseñanza, común a los maestros de vida espiritual: después de sus infidelidades, es necesario retornar enseguida a Dios, mismo si cae cien veces por día. Esto le devolverá enseguida la paz. (…) Entre amigos que se aman desde el fondo del corazón, no es raro que un roce reparado por humildes excusas, estreche aún más la amistad. Haga que así sea entre Dios y usted: utilice sus faltas para hacer más estrecha su unión de amor con él.

Le ocurre de estar confundido ante una decisión a tomar o un consejo a dar. También en este caso, no tema y no deje de actuar con Dios como hacen entre ellos los amigos fieles. En toda ocasión se consultan: consulte a Dios, pídale de sugerirle la solución que sería más de su agrado: “Señor, concédeme la fuerza para realizar mi cometido, por medio de mis palabras seductoras” (cf. Jdt 9,9). Sugiéreme lo que debo hacer o responder y así lo haré. “Habla Señor, porque tu servidor escucha” (1 Sam 3,10).

Ofrezca a Dios un testimonio de confianza amical al hablarle no sólo de sus cuestiones personales sino también de las de su prójimo. ¡Qué placer para el corazón de Dios, si usted olvida a veces sus propias preocupaciones y recuerda la gloria o infortunios de otros! “¡Oh Dios, tan digno de amor, hágase conocer y amar! ¡Qué su reino sea adorado y bendecido por todos, qué su amor reine en todos los corazones!” (…)

Concluyamos. Si quiere seducir el Corazón amante de su Dios, aplíquese a hablarle lo más seguido posible y, en cierta forma, continuamente y con la más entera y confiada libertad. No dejará de responderle y de prolongar él mismo la conversación.


San Alfonso María de Ligorio (1696-1787)
obispo y doctor de la Iglesia
Conversando con Dios (“Manière de converser avec Dieu”, éd. Le Laurier, 1988), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 6,7-15


Evangelio según San Mateo 6,7-15
Jesús dijo a sus discípulos:
Cuando oren, no hablen mucho, como hacen los paganos: ellos creen que por mucho hablar serán escuchados.
No hagan como ellos, porque el Padre que está en el cielo sabe bien qué es lo que les hace falta, antes de que se lo pidan.
Ustedes oren de esta manera: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre,
que venga tu Reino, que se haga tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido.
No nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del mal.
Si perdonan sus faltas a los demás, el Padre que está en el cielo también los perdonará a ustedes.
Pero si no perdonan a los demás, tampoco el Padre los perdonará a ustedes.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

Jesús nos deja en herencia una oración en la que nos transmite su propia experiencia de Dios. No se trata de una técnica de oración, sino de una actitud vital de fe: sentirnos hijos de un Padre bueno que nos mira con amor. Esta confianza ilimitada en Dios que palpita en el corazón del Padrenuestro es lo que ha de caracterizar nuestra forma de orar. No hace falta orar con la razón multiplicando nuestras palabras y nuestros discursos. Basta abrirnos con confianza al misterio último de la realidad que Jesús concibe como el Abbá y entrar en relación con él.

La forma de orar dice mucho de una comunidad de creyentes, ya que expresa una forma determinada de relación con Dios y del vinculo que une a sus miembros en la misma fe. Los primeros cristianos encontraron en el Padrenuestro el mejor signo de identidad como seguidores de Jesús. En esta breve oración se condensa el mensaje del Evangelio y desde el inicio es la oración que ha alimentado la vida de los cristianos. Para Jesús, como creyente fiel, la experiencia de oración ha sido fundamental y es lo que quiere transmitir a sus discípulos. No es de extrañar por ello que el tema de la oración ocupe el centro del «Sermón de la montaña». A partir de una nueva relación con Dios, como hijos amados, seremos capaces de establecer nuevas relaciones con nosotros mismos, con los demás que vemos como hermanos y con la creación como casa común de todos.

La oración de Jesús es una súplica cargada de confianza al Padre querido, con la que pedimos, agradecemos, nos renovamos y expresamos nuestro deseo de que las cosas cambien. La gran novedad es la invocación inicial: «¡Padre nuestro!». La imagen de Dios como Abbá es radicalmente nueva y propia de Jesús. Llamar a Dios Padre implica entrar en la oración con confianza, con sencillez, con espontaneidad y significa acoger a los demás como hermanos. Así cobran sentido los tres anhelos profundos centrados en Dios: «Santificado sea tu nombre. Venga tu Reino. Hágase tu voluntad» y las cuatro peticiones a favor nuestro: «Danos hoy el pan, perdona nuestras ofensas, no nos abandones en la tentación, líbranos del mal». Pidámosle al Señor que nos enseñe a orar y hacer vida nuestra oración.

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

miércoles, 17 de junio de 2020

LA PUREZA DE INTENCIÓN


La pureza de intención

Nuestro Señor, reportan los ancianos, tenía la costumbre de decir a los suyos: “Sean buenos acuñadores de monedas”. Si el escudo no es de buen oro o peso, si no está marcado correctamente en una cara, se lo rechaza por no apto. Una obra de buena clase, si ella no está revestida de caridad, si la intención no es piadosa, no será recibida entre las buenas obras. Si ayuno pero para ahorrar, mi ayuno no es de buena clase. Si ayuno por temperancia pero mi alma tiene un pecado mortal, le falta peso a esta obra ya que es la caridad que da peso a todo lo que hacemos. Si es sólo por conveniencia y para acomodarme a mis compañeros, esta obra no está marcada en una cara de una buena intención. Pero si ayuno por temperancia, estoy en gracia de Dios y tengo la intención de agradar a su divina majestad con esta temperancia, la obra es como una buena moneda, apropiada para hacer crecer en mí el tesoro de la caridad.

Realizar las pequeñas acciones con pureza de intención y gran voluntad de agradar a Dios, es realizarlas excelentemente y entonces ellas nos santifican enormemente. Hay personas que comen mucho y están siempre delgadas, cansadas y débiles, porque no poseen una buena fuerza digestiva. Hay otras personas que comen poco y están siempre fuertes y vigorosas, porque tienen el estómago bueno. También existen almas que hacen muchas buenas obras y crecen poco en caridad, porque ellas las realizan de forma fría o desganada, par instinto e inclinación de la naturaleza más que por inspiración de Dios o fervor celeste. Al contrario, hay quienes realizan pocas obras pero con una intención tan santa que ellas progresan mucho en caridad. Tienen poco talento pero lo llevan tan fielmente que el Señor los recompensa grandemente.



San Francisco de Sales (1567-1622)
obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia
Tratado del amor de Dios (“Traité de l'amour de Dieu”, II, livre XII, Éd. Gabalda, 1924), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18


Evangelio según San Mateo 6,1-6.16-18
Jesús dijo a sus discípulos:
Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo.
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes oren, no hagan como los hipócritas: a ellos les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro,
para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

En el Evangelio de hoy Jesús nos invita a discernir el modo de vivir nuestra práctica religiosa. La limosna, la oración y el ayuno eran los pilares de la religiosidad judía. Jesús advierte a sus discípulos del peligro que se corre de vivir de modo superficial e hipócrita las practicas religiosas. Es una fuerte crítica, en línea con toda la denuncia profética, a una religión institucionalizada que se preocupa sólo de sí misma y que busca con normas, leyes y disciplina asegurar la experiencia religiosa, vaciándola de contenido hasta convertirla en meros ritos rutinarios.

Frente a este riesgo de vivir una religiosidad vacía solo para ser vistos, Jesús propone a sus seguidores algunos principios para una práctica religiosa auténtica. Es el camino de la interioridad, de entrar en nosotros mismos, en lo secreto, lo escondido, en ese espacio dentro de nosotros que no está al alcance de los demás, en el que permitimos entrar solo a Dios. Es el camino del discernimiento, de la búsqueda de sentido, de no olvidar que nuestra práctica religiosa cristiana es ante todo una relación de amistad con Dios. Cuando olvidamos esta dimensión nuestra espiritualidad se convierte en una lucha, en un deber que demos cumplir y lo que buscamos es demostrar algo a los demás.

Siguiendo la tradición profética el verdadero culto a Dios es el que se concreta con la práctica del bien y la justicia. Es lo que Jesús nos propone en su Evangelio: vivir con autenticidad nuestras practicas religiosas. Debemos estar siempre atentos a las motivaciones que tenemos, no dejar que sea nuestro ego con su interés lo que nos mueva en la vivencia de nuestra fe. Necesitamos purificar siempre nuestras motivaciones para que la apariencia, la imagen, el reconocimiento, el aplauso buscado no enturbien nuestras buenas obras. ¡Es una gracia a pedir! Para que nuestra vida con sencillez y simplicidad hable de la Buena Noticia de Jesús.

¿Qué es lo que mueve mi práctica religiosa? ¿Pongo el amor a Dios y su Reino como el fin y el motivo de mis acciones?

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

martes, 16 de junio de 2020

DEJARNOS TRANSFORMAR


«El efecto comunitario de la Eucaristía lo expresa San Pablo con estas palabras: «Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos» (v. 17). Se trata de la comunión mutua de los que participan en la Eucaristía, hasta el punto de convertirse en un solo cuerpo, como lo es el pan que se parte y se distribuye. Somos comunidad, alimentados por el cuerpo y la sangre de Cristo. La comunión con el cuerpo de Cristo es un signo efectivo de unidad, de comunión, de compartir. No se puede participar en la Eucaristía sin comprometerse a una fraternidad mutua, que sea sincera. Pero el Señor sabe bien que entre sus discípulos siempre existirá la tentación de la rivalidad, la envidia, los prejuicios, la división… Todos conocemos estas cosas. Por eso también nos ha dejado el Sacramento de su presencia real, concreta y permanente, para que, permaneciendo unidos a Él, podamos recibir siempre el don del amor fraterno. «Permaneced en mi amor» (Juan 15, 9), decía Jesús; y esto es posible gracias a la Eucaristía. Permanecer en la amistad, en el amor»

Francisco
Ángelus
14-06-2020 


EL AMOR A LOS ENEMIGOS


El amor a los enemigos

Hay en la comunidad una hermana que tiene el don de desagradarme en todo. Sus modales, sus palabras, su carácter me resultan sumamente desagradables. Sin embargo, es una santa religiosa, que debe de ser sumamente agradable a Dios.

Entonces, para no ceder a la antipatía natural que experimentaba, me dije a mí misma que la caridad no debía consistir en simples sentimientos, sino en obras, y me dediqué a portarme con esa hermana como lo hubiera hecho con la persona a quien más quiero. Cada vez que la encontraba, pedía a Dios por ella, ofreciéndole todas sus virtudes y sus méritos.

Sabía muy bien que esto le gustaba a Jesús, pues no hay artista a quien no le guste recibir alabanzas por sus obras. Y a Jesús, el Artista de las almas, tiene que gustarle enormemente que no nos detengamos en lo exterior, sino que penetremos en el santuario íntimo que él se ha escogido por morada y admiremos su belleza.

No me conformaba con rezar mucho por esa hermana que era para mí motivo de tanta lucha. Trataba de prestarle todos los servicios que podía; y cuando sentía la tentación de contestarle de manera desagradable, me limitaba a dirigirle la más encantadora de mis sonrisas y procuraba cambiar de conversación.

Con frecuencia también… como tenía que mantener relaciones con esta hermana a causa del oficio, cuando mis combates interiores eran demasiado fuertes, huía como un desertor.

Como ella ignoraba por completo lo que yo sentía hacia su persona, nunca sospechó los motivos de mi conducta, y vive convencida de que su carácter me resultaba agradable.

Un día, en la recreación, me dijo con aire muy satisfecho más o menos estas palabras: “¿Querría decirme, hermana Teresa del Niño Jesús, qué es lo que la atrae tanto en mi? Siempre que me mira, la veo sonreír”. ¡Ay!, lo que me atraía era Jesús, escondido en el fondo de su alma... Jesús, que hace dulce hasta lo más amargo...


Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)
carmelita descalza, doctora de la Iglesia
Manuscrito autobiográfico C 13 v°-14 r°

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 5,43-48


Evangelio según San Mateo 5,43-48
Jesús dijo a sus discípulos:
Ustedes han oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores;
así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludan solamente a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos y amigas:

El gran anhelo de Jesús es que cada uno viva con el Espíritu del Padre, que es el Espíritu del amor. Dios está dentro de nosotros como esa fuente de amor, que nos hace salir de nosotros mismos para cuidar de los demás. Somos una historia de amor recibido. La Buena Noticia de Jesús es la de revelarnos la imagen de un Dios bueno, que nos ama, que cuida de todos y de todo lo creado. Esa presencia amorosa de Dios es lo que posibilita que toda la creación esté interconectada. Esa presencia es la que debe habitar nuestro corazón.

A partir de esta experiencia, que es la vivencia propia de Jesús, es como podemos comprender la invitación a amar no solo a los que nos quieren, sino incluso a nuestros enemigos. Para Jesús el amor no tiene limites, como tampoco tiene límites la plenitud o santidad a la que nos invita aspirar: «sean perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el cielo» (48). Haciendo nuestro este modo de amar de Dios podremos ser fermento de un mundo más humano, justo y fraterno. Como respuesta libre al don gratuito del amor de Dios que nos salva.

Quizás nos sentimos muy lejos de vivir este ideal cristiano, pero las distintas realidades de violencia, muerte y deshumanización que vemos cada día, hacen que esta invitación de Jesús sea apremiante para los que nos decimos sus discípulos y seguidores. Y poder ser en medio de este mundo que sufre un reflejo de esperanza. Pidamos al Señor que nos de esta gracia de poner en práctica la utopía del amor cristiano en el cuidado y atención de los demás, comenzando por quienes comparten con nosotros día a día la vida.

¿En qué acciones se podría concretar en tu vida este amor que Jesús nos invita vivir?

Fraternalmente,
Edgardo Guzmán CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

domingo, 14 de junio de 2020

COMPRENDIENDO LA PALABRA 140620


Que tu cuerpo y tu sangre me guarden por la vida eterna

Para la recepción de la comunión al cuerpo y sangre vivificantes del cordero inmaculado Jesucristo:

Que tu cuerpo venerable y tu sangre preciosa, mi Señor Jesucristo, guarden mi cuerpo y mi alma por la vida eterna. Que tu paz esté conmigo. En ti, oh Jesús, paz verdadera, para siempre reciba paz sobre paz, para que por ti llegue a esa paz que sobrepasa todo sentimiento. En ella, feliz, te veré en ti por la eternidad.

En esta comunión, desea que tu vida esté escondida con Cristo en Dios y a la hora de tu muerte te encuentre plenamente consumada en él: Oh muy manso huésped de mi alma, mi Jesús tan cordialmente amado, que tu suave recepción sea hoy para mí la remisión de todos mis pecados, reparación de mis negligencias, recuperación de mi vida perdida. Que sea salvación eterna, sanación del alma y del cuerpo, abrasamiento del amor, renovación de la virtud e inclusión de mi vida en ti por la eternidad. Que opere en mí libertad del espíritu, salud de la vida, dignidad de la conducta. Que sea para mí escudo de la paciencia, enseña de la humildad, apoyo de la confianza, consuelo en la tristeza, socorro de la perseverancia. Que sea para mí armadura de la fe, firmeza de la esperanza, perfección de la caridad, realización de tus mandamientos, renovación del espíritu, santificación en la verdad (Jn 17,17), finalidad de toda la religión. Que sea para mí fuente de las virtudes, fin de los vicios, encuentro de todo bien y testimonio eterno de tu amor.

Así, al término de mi vida, liberado de las miserias de esta vida, alegremente tomaré lugar en tu festín, por la eternidad, y me estremeceré en el seno de las riquezas de tu amor, como la esposa se regocija en las delicias de su rey. Amén



Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
Ejercicios Espirituales I (Œuvres spirituelles, Paris, Cerf, 1967), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 6,51-58


Evangelio según San Juan 6,51-58
Jesús dijo a los judíos:
"Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo".
Los judíos discutían entre sí, diciendo: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?".
Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente".


RESONAR DE LA PALABRA

No sólo de pan

La experiencia del pueblo de Israel en el desierto es el punto de partida de las lecturas de este día tan importante. Allí el pueblo aprendió que su vida estaba en las manos generosas de Dios, que no dependía de sus propias fuerzas. El pueblo pasó hambre, se sintió desfallecer, se vio perseguido y acosado. Pero allí también experimentó el poder de Dios que con brazo fuerte y mano poderosa los libró de los enemigos, los alimentó y los llevó a la tierra prometida. Nada sucedió porque el pueblo fuese poderoso. Fue la pura gracia de Dios que les sacó de la esclavitud y les alimentó con el maná. 

La comunidad cristiana se sabe hoy también en camino. Peregrinamos en busca de la morada definitiva. Cada uno, cada familia, sabe de las penurias y dificultades, de los momentos de gozo pero también de los muchos momentos de dolor y desesperanza. Sabemos por experiencia que nuestras fuerzas son pequeñas, que estamos muy limitados. Pero en medio de nuestro caminar siempre podemos hacer un alto. Una parada en el camino. Para celebrar con los hermanos y hermanas la Eucaristía. Es un tiempo de encuentro solidario. Los rostros de los otros al entrar en la iglesia se nos hacen amables. Brota el saludo. Allí vamos a experimentar la comunidad y, lo más importante, al que es el vínculo de unión de la comunidad, el que anima nuestra esperanza y da fuerza a nuestro caminar: Jesús. Juntos cantamos y alabamos, juntos escuchamos y meditamos su palabra, juntos damos gracias y compartimos su cuerpo y su sangre. Juntos celebramos la Eucaristía sabiéndonos miembros de una inmensa comunidad que está extendida por todo el mundo. 

En la Eucaristía, en la misa, aprendemos que nuestro caminar tiene sentido, que a pesar del cansancio vale la pena seguir esforzándose. En la Eucaristía descubrimos que no estamos solos, que los hermanos y hermanas que nos rodean están comprometidos en el mismo camino, que Dios está con nosotros, porque se ha hecho alimento, el pan y el vino que dan la verdadera vida. “El que come de ese pan vivirá para siempre” dice Jesús en el Evangelio. Ahora ya sabemos que no sólo de pan vivimos. Sabemos que nuestro pan, nuestros esfuerzos, vale poco. Y reconocemos que en el pan de la Eucaristía, el cuerpo mismo del Señor, hallamos la vida verdadera, la que no se acaba, la que nos orienta en nuestro caminar. 

Al salir cada domingo de la Eucaristía hemos recuperado las fuerzas. Los problemas afuera, en el trabajo, en la familia, en la ciudad, son los mismos. No han cambiado. Pero nosotros hemos recibido la visita de Dios en nuestros corazones. Y sentimos su gracia y su fuerza. Y seguimos caminando. 

Para la reflexión

¿Participas cada domingo en misa con tu comunidad? ¿Participas o sólo vas a Misa? ¿Qué es la Eucaristía para ti? ¿Escuchas con atención la Palabra de Dios que se proclama en la Eucaristía? ¿Sabes que es la Palabra que Dios te dirige a ti? ¿Qué le dices a Jesús cuando comulgas?
Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

sábado, 13 de junio de 2020

Evangelio en imagenes Mateo 5 del 33 al 37


MEDITACIÓN PARA HOY: 1 REYES 19, 19-21


Te seguiré. (1 Reyes 19, 20)

Eliseo pasó de trabajar con el arado a seguir a un profeta. ¡Ese sí que es un cambio radical en la vida! Estaba tan seguro de que Dios lo estaba llamando a ser discípulo de Elías que decidió quemar sus herramientas de trabajo. Debe haber sido difícil contemplar su medio de subsistencia arder en llamas, pero este desprendimiento le permitió a Eliseo dar el siguiente paso para seguir al Señor plenamente. Su historia nos enseña que a veces, para avanzar, se requiere sacrificio.

Eliseo no se fijó tanto en lo que dejó atrás. Más bien, miró hacia adelante, hacia la promesa de un nuevo comienzo. A pesar de que no sabía lo que le depararía el futuro, confió en que el Señor proveería para él. Cambiar el arado por la predicación era un sacrificio enorme, pero Eliseo estaba convencido de que no importaba lo que hiciera siempre y cuando intentara dar lo mejor de sí para seguir la voluntad de Dios.

Las transiciones en la vida pueden implicar que atravesemos algo similar a lo que podemos llamar un “sacrificio de cambio”. A menudo, aceptar una nueva oportunidad significa sacrificarse y dejar algo atrás: dejar el hogar para casarse, dejar un trabajo a cambio de un ascenso, dejar la vida conyugal exclusiva para recibir a tu primer hijo. Incluso los cambios más pequeños, como cambiar de horario o establecer una nueva amistad, suponen dejar atrás algún aspecto de la “vida anterior”. Al igual que Eliseo, podemos ver hacia adelante y confiar en que Dios caminará con nosotros mientras nos adentramos en una etapa totalmente nueva.

No hay duda de que hoy dejarás algo atrás y emprenderás algo nuevo. Posiblemente ni siquiera te des cuenta de qué tan a menudo estás enfrentando estos cambios. Simplemente la acción de iniciar un nuevo día te da esa oportunidad. Cuando surja un “sacrificio de cambio”, piensa en Eliseo y en cómo hizo una hoguera con el yugo y el arado y sacrificó la yunta. Imítalo y ofrécete a ti mismo como ofrenda al Señor. Recuerda que estás poniendo tu vida y tus dones a su servicio, al igual que lo hizo Eliseo. Y no olvides que cada ofrenda, grande o pequeña, dibuja una sonrisa en el rostro de Dios.
“¡Aquí estoy, Señor! preparado para cumplir los planes que tengas hoy para mí.”
Salmo 16 (15), 1-2. 5. 7-10
Mateo 5, 33-37
fuente devocionario Católico La Palabra con nosotros

COMPRENDIENDO LA PALABRA 130620


“Pero yo les digo”: el cumplimiento de la Ley

La gracia permanecía velada en el Antiguo Testamento. Ella se manifestó en el Evangelio de Cristo cuando llegó el tiempo previsto por Dios para la revelación de su bondad. (…) Aproximando esas dos épocas, notamos una diferencia profunda. Al pie del Sinaí, el pueblo, tomado por el temor, no osaba aproximarse al lugar en el que el Señor entregaba su Ley. Mientras que, en el aposento superior, el Espíritu Santo descendió sobre los que estaban reunidos esperando el cumplimiento de la promesa. En el Sinaí, el dedo de Dios ha obrado sobre las tablas de piedra, en el aposento superior, obró en el corazón de los hombres. (…)

“El amor es la plenitud de la Ley”. Este amor de caridad no fue escrito sobre tablas de piedra sino que “ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”. La ley de Dios es la caridad. “Los deseos de la carne se oponen a Dios, ya que no se someten a su Ley, ni pueden hacerlo”. Para reprimir ese deseo de la carne, las obras de caridad fueron escritas sobre las tablas de piedra. Era la ley de las obras, “la letra que mata” a quienes hacen el mal. Cuando la caridad es derramada en el corazón de los creyentes, he aquí la ley de la fe y del “Espíritu que da la vida” entregado a quienes aman.

Vean cómo la diferencia entre esas dos leyes se acuerda perfectamente con las palabras del apóstol Pablo: “Evidentemente ustedes son una carta que Cristo escribió por intermedio nuestro, no con tinta sino con el Espíritu del Dios viviente, no en tablas de piedra sino de carne”. (…) Todo se encuentra admirablemente confirmado por el profeta Jeremías: “Llegarán los días –oráculo del Señor– en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. No será como la Alianza que establecí con sus padres (…). Pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo”.


San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
El Espíritu y la letra (“L’Esprit et la lettre”, Œuvres complètes, XVII, Louis Guérin, 1873), trad. sc©evangelizo.org