domingo, 27 de diciembre de 2015

El don de la familia

El don de la familia
Todas las estadísticas coinciden en que la sociedad valora favorablemente a la familia como primera institución. Gracias a ella, muchos han podido superar la crisis económica, laboral o afectiva. La familia se convierte en el puerto franco donde los miembros acuden a desahogar el alma, sin miedo el juicio inmisericorde.
Son muchos los hogares que viven el dolor de la ruptura. Sin embargo, la casa familiar sigue siendo el lugar entrañable, la referencia segura, la posibilidad restauradora.
Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, quiso venir a nuestro mundo en el seno de una familia; en ella aprendió un modo social de vivir y de trabajar. María, su madre, le debió de enseñar cosas muy domésticas, según se desprende de los ejemplos que el Maestro emplea en sus enseñanzas. La imagen del candil, de la levadura en la masa, del remiendo nuevo en vestido viejo… “Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”.
Pero será el aprendizaje junta a san José lo que hizo que le conocieran como “el hijo del carpintero”, aunque ahora se discuta si el esposo de María era más bien cantero, o albañil. En cualquier caso, Jesús recibió de su familia un modo de ser y de vivir, acorde con la sociedad de su tiempo.
Jesús de Nazaret destaca por su docilidad, discreción, familiaridad, aprendizaje, bondad, sensibilidad, religiosidad que aprendió de María y de José. Pues tomó la condición de uno de tantos. Él se convierte en modelo, y se pueden tener como lema las palabras de san Pablo, que aciertan a definir la manera de trabajar: “Todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”.
Sin embargo, los texto de este día nos revelan de manera muy significativa la verdadera identidad de los miembros de la Sagrada Familia de Nazaret, cuando Jesús responde a su madre: -«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?».
El relato comienza señalando un dato curioso: “Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre”. Aun recuerdo la explicación que me dio un guía judío junto al muro del Templo. Me aclaró que los niños celebran su fiesta de mayoría de edad a los 13 años, y que solo los hijos de viuda lo hacen a los 12. Si en la escena aparecen José y María, lo que se manifiesta con el dato cronológico es la aclaración sobre el padre de Jesús, que no es José. Y si el Niño responde, además, aludiendo a la casa de su Padre, es evidente la intención del evangelista de presentarnos al Hijo de María como Hijo de Dios.
Cuando Jesús nos enseñe a rezar, lo hará introduciéndonos en la revelación divina con su Padre Dios. Hoy podemos celebrar nuestra pertenencia sagrada, gracias a Jesús.
Angel Moreno - 

Sagrada Familia

San Juan Pablo II (1920-2005), papa
Mensaje de Navidad, 25 de diciembre 1994
La Sagrada Familia y nuestras familias

    Este año, mi mensaje navideño se dirige sobre todo a las familias. Al final del año que de modo especial está dedicado a las familias, nuestro pensamiento se dirige a la Sagrada Familia... Jesús pidió al Padre para que todos fueran uno. Esta oración la pronunció la vigilia de su Pasión, pero la lleva en el corazón desde su nacimiento. “Padre, que sean uno como tú y yo somos uno” (Jn 17,11) ¿No oraba en este momento también por la unidad de todas las familias humanas?

    Es verdad, ante todo pidió por la unidad de la Iglesia, pero la familia sostenida por un sacramento específico es una célula vital de la Iglesia, es a la vez, según la doctrina de los Padres, una pequeña Iglesia doméstica. Jesús, pues, ha orado desde el comienzo de su venida al mundo para que todos aquellos que creen en él experimenten su comunión con él a partir de la unidad profunda de sus familias; una unidad que forma parte “desde el principio” (cf Mt 19,4) del designio de Dios sobre el amor conyugal que está en el origen de la familia... El que se entregó a si mismo desinteresadamente, viniendo a este mundo, ha rogado para que todos los seres humanos, al fundar una familia, se entreguen mutuamente uno al otro desinteresadamente; maridos y mujeres, padres e hijos y todas las generaciones que componen la familia, cada uno aportando su propio don particular.

    Familia, Sagrada Familia.., Familia estrechamente unida al misterio que contemplamos el día del nacimiento del Señor ¡guía con tu ejemplo las familias de todo el mundo! ... Hijo de Dios, presente entre nosotros en el seno de una familia, concede a todas las familias poder crecer en el amor y de contribuir al bien de toda la humanidad.... Enséñales a renunciar al egoísmo, a la mentira, a la búsqueda desenfrenada del provecho personal. Ayuda-las a desarrollar, bajo tu inspiración, las energías inmensas del corazón y de la inteligencia,

RESONAR DE LA PALABRA - 27 DIC 2015

Evangelio según San Lucas 2,41-52. 
Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre, y acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que lo oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Al verlo, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: "Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados". Jesús les respondió: "¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?". Ellos no entendieron lo que les decía. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres. 
RESONAR DE LA PALABRA
 Julio César Rioja
Queridos hermanos:
En este domingo la Iglesia celebra la fiesta de la Sagrada Familia. El Evangelio de hoy contiene algunos aspectos interesantes, acerca de lo implica la vida familiar. Cuando Jesús cumplió los doce años, tiempo en que termina la infancia y empieza la adolescencia, sucede este relato, que sin duda, significa una nueva manera de relacionarse con sus padres y de sus padres con él. El cambio no sólo es fisiológico, sino también cultural, a partir de esa edad, parece que la ley exigía ir al templo de Jerusalén cumpliendo con el culto, aunque: “Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por las fiestas de Pascua”.
Lo sorprendente, es que abandona a sus padres para quedarse en el templo con los doctores de la ley, parece que se hace consciente, de que ya es el momento de empezar a ocuparse de las cosas de su Padre. Sus padres, como los de cualquier adolescente están angustiados, tardan tres días en encontrarlo: “Dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados”. Y él responde casi con rebeldía: “¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?”. “Pero ellos no comprendieron lo que quería decir”, era una respuesta a la que no estaban acostumbrados.
El incidente termina bien: “Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”. Aprender a “perder al niño”, como José y María perdieron a Jesús en el templo, es el sacrificio de los padres para que tanto ellos como sus hijos, puedan nacer a una forma más madura de vivir. La actitud de María que conservaba todo en el corazón, es la más apta tanto para los padres, como para sus hijos en este crecer en la vida familiar.
Hoy la rapidez de los cambios sociales y culturales, nos impiden en muchas ocasiones, asimilar las nuevas formas y maneras familiares. No entendemos muchas de las acciones de nuestros hijos o nietos, de nuestros hermanos, a la hora de educar, de valorar el uso del tiempo o del dinero y sobre todo, de relacionarse. Separaciones, parejas de hecho, violencia de género, familias monoparentales, matrimonios del mismo sexo… hacen a muchos dudar, de lo que transmitieron y de lo que pensaban que eran los principios fundamentales sobre la familia y hoy  no se tienen en cuanta esas enseñanzas que parecían nacidas de la fe.
Es verdad, hay una crisis familiar que quizás comienza en esas habitaciones que tienen de todo: televisión, móviles, ordenador, internet,… refugios para nuestra vida individual. Que continua no sentándose a comer juntos y cuando lo hacemos, de forma rápida y viendo a los famosos, los políticos… sin tiempo para comentar en familia el diario vivir. Comentamos más las anécdotas, que las opciones serias y responsables que debemos tomar en la vida. Y termina o se prolonga al no poder compatibilizar la vida laboral con la vida familiar.
Tenemos una tarea sería: crear espacios y dedicar tiempos para compartir, ir a lo esencial para crecer, contrastar nuestras formas de pensar y de ser, buscar la calidad de vida. En estos días de Navidad en los que todas las familias se encuentra para comer o cenar, es tiempo de celebrar y recordar los fuertes vínculos que entrelazan las diversas generaciones, para que cada cual progresemos como personas. Son momentos para besar, reconciliar, orar, guardar en el corazón todo eso nuevo que nos sorprende y que también necesita su tiempo de maduración.
Convivir en familia no siempre es fácil. Sin embargo, es en la familia donde nacemos y donde seguimos naciendo muchas veces hasta alcanzar nuestra plena autonomía. El evangelio nos invita a comprender cómo esos constantes nacimientos se dan no sin dolor, ni sin angustia, pero todo ello es necesario para que sepamos crecer, respondiendo con fidelidad a la llamada de Dios. Bien vale la pena realizar el esfuerzo que se nos reclama: hacer de cada hogar un instrumento del crecimiento de la persona humana.
PD: Feliz Navidad y Nuevo Año a todos.

lunes, 21 de diciembre de 2015

¿Cómo mejorar mi ser inflexible?

Si eres una persona inflexible necesitas entender que todos tienen capacidad de razonar.
Existen personas que siempre encuentran que están en lo correctos, que sus opiniones son más correctas. Si esa persona eres tu, te traigo una reflexión sobre eso. La única persona que sabe sobre todas las cosas es Dios y solamente Él es el dueño de la verdad. Todos nosotros tenemos opiniones sobre diversas situaciones, pero ellas nunca pueden prevalecer solas.


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Existen personas que cuando son contradecidas quedan con rabia, hacen berrinches, solo por el hecho de que su opinión no ha sido aceptada, pero lo que necesitas comprender es que cada persona en la faz de la tierra tiene una visión sobre determinado asunto y ¿qué hacer delante de eso? ¿Cómo trabajar ese lado?

La primer cosa es la reflexión de que no eres único en el mundo y que todos tienen capacidad de razonar y analizar cada situación desde un ángulo diferente. Lo más importante es llegar al sentido común, en una opinión que atienda a la mayoría, no es que tu opinión no sea importante, sino la que la de todos lo es, por eso también deben ser tenidas en consideración.

¿Quieres mi opinión?
Sé más flexible contigo mismo y la vida será más liviana.
Dios te Bendiga.

Tu hermano,
Wellington Jardim (Eto)
Cofundador da Comunidade Canção Nova e administrador da FJPII
Texto adaptado del original en português.
Foto Portal Canção Nova.

“Dichosa, la que ha creído”

San Bernardo (1091-1153), monje cisterciense y doctor de la Iglesia 
Sermón para la octava de la Asunción, sobre las doce prerrogativas de María
“Dichosa, la que ha creído”

    Maria es dichosa, tal como su prima Isabel se lo ha dicho, no sólo porque Dios la ha mirado, sino porque ha creído. Su fe es el mejor fruto de la bondad divina. Pero ha sido necesario que el arte inefable del Espíritu Santo viniera sobre ella para que una tal grandeza de alma se uniera, en el secreto de su corazón virginal, a una tal humildad. La humildad y la grandeza de alma de María, así como su virginidad y su fecundidad, son semejantes a dos estrellas que se iluminan mutuamente, porque en María la profundidad de su humildad no perjudica en nada a la generosidad de su alma, y recíprocamente. Puesto que  María se juzgaba a sí misma de manera tan humilde, no fue menos generosa en su fe en la promesa que el ángel le había hecho. Ella, que se miraba a sí misma como una pobre y pequeña esclava, no dudó en absoluto ser llamada a este misterio incomprensible, a esta unión prodigiosa, a este secreto insondable. Creyó inmediatamente que iba a ser verdaderamente la madre de Dios-hecho-hombre.

    Es la gracia de Dios la que produce esta maravilla en el corazón de los elegidos; la humildad no los hace ser temerosos ni timoratos, como tampoco la generosidad de su alma los vuelve orgullosos. Al contrario, en los santos, estas dos virtudes de refuerzan la una a la otra. La grandeza de alma no sólo no abre la puerta a ninguna clase de orgullo, sino que es sobre todo ella la que les hace penetrar siempre más adentro en los misterios de la humildad. En efecto, los más generosos en el servicio de Dios son también los más penetrados del temor del Señor y los más agradecidos por los dones recibidos. Recíprocamente, cuando la humildad está en juego, no se desliza en el alma ninguna ruindad. Cuanto menos una persona tiene la costumbre de presumir de sus propias fuerzas, incluso en las cosas más pequeñas, tanto más se confía en el poder de Dios, incluso en las más grandes.

Oficio de Lecturas - 21 DIC 2015

Del Comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el evangelio de san Lucas 
(Libro 2, 19. 22-23. 26-27: CCL 14, 39-42)
VISITACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA 

Cuando el ángel reveló a María los misterios recónditos de Dios, para fortificar la fe con un ejemplo, habló a la Virgen de la maternidad de una mujer ya anciana y estéril; con ello le quiso demostrar que para Dios no hay nada imposible.

Al oír María este anuncio, llena de gozo y sin demora, partió hacia las montañas, no porque dudara de las palabras del ángel ni porque estuviera incierta de la veracidad del hecho ni porque vacilara ante la realidad del ejemplo, sino porque se sentía impulsada por el deseo de cumplir un deber de piedad, anhelante de prestar sus servicios y presurosa por la intensidad de su alegría.

Llena ya totalmente de Dios, ¿a dónde podía dirigirse María con prisa sino hacia las alturas? En efecto, la gracia del Espíritu Santo ignora la lentitud. Los beneficios de María y los dones de la presencia del Señor se manifestaron en seguida, pues, así que Isabel oyó el saludo de María, su criatura saltó de gozo en su seno y ella quedó llena del Espíritu Santo.

Considera la precisión y exactitud de cada una de las palabras: Isabel fue la primera en oír la voz, pero Juan fue el primero en experimentar la gracia, porque Isabel escuchó según las facultades de la naturaleza, pero Juan, en cambio, se alegró a causa del misterio. Isabel sintió la proximidad de María, Juan la del Señor; la mujer oyó la salutación de la mujer, el hijo sintió la presencia del Hijo; ellas proclaman la gracia, ellos, viviéndola interiormente, logran que sus madres se aprovechen de este don hasta tal punto que, con un doble milagro, ambas empiezan a profetizar por inspiración de sus propios hijos.

El niño saltó de gozo y la madre fue llena del Espíritu Santo, pero no fue enriquecida la madre antes que el hijo, sino que, después que fue repleto el hijo, quedó también colmada la madre. Juan salta de gozo y María se alegra en su espíritu. En el momento que Juan salta de gozo, Isabel se llena del Espíritu, pero, sí observas bien, de María no se dice que fuera llena del Espíritu, sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu (pues en ella actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto: Isabel fue llena del Espíritu después de concebir; María, en cambio, lo fue ya antes de concebir, porque de ella se dice: Dichosa tú que has creído.

Pero también vosotros sois dichosos porque habéis oído y creído, pues todo el que cree, como María, concibe y da a luz al Verbo de Dios y proclama sus obras.

Que resida, pues, en todos el alma de María, y que esta alma proclame la grandeza del Señor; que resida en todos el espíritu de María, y que este espíritu se alegre en Dios; porque, si bien según la carne hay sólo una madre de Cristo, según la fe Cristo es fruto de todos nosotros, pues todo aquel que se conserva puro y vive alejado de los vicios, guardando íntegra la castidad, puede concebir en sí la Palabra de Dios.

El que alcanza, pues, esta perfección proclama, como María, la grandeza del Señor y siente que su espíritu, también como el de María, se alegra en Dios, su salvador; así se afirma también en otro lugar: Proclamad conmigo la grandeza del Señor.

El Señor es engrandecido ciertamente, pero no en el sentido de que reciba por medio de nuestras palabras algo que a él le faltaba, sino porque con estas palabras él queda engrandecido en nosotros. En efecto, porque Cristo es la imagen de Dios, cuando alguien actúa con piedad y con justicia engrandece la imagen de Dios -pues todo hombre ha sido creado a su imagen y semejanza- y, al engrandecer esta imagen, también él queda engrandecido por una mayor participación de la grandeza divina.

ADVIENTOS

Angel Moreno - Miércoles, 16 de diciembre de 2015
17 de diciembre, III Jueves de Adviento
(Gén 49, 1-2.8-10; Sal 71; Mt 1, 1-17)

“Sabiduría del Altísimo, que lo ordenas todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la prudencia”.

San Bernardo comenta que hay tres advientos: el bíblico, que se refiere a la venida de Jesucristo en nuestra carne; el que esperamos al final de los tiempos, y el que cada uno deberá celebrar en su trayecto humano.

Ante este triple adviento:

Creo que Dios cumplió sus promesas, anunciadas desde antiguo por boca de los profetas: que una virgen concebiría un hijo y le pondría por nombre Emmanuel.
Creo que Dios amó tanto al mundo que en la plenitud del tiempo, nos envió a su Hijo, no para juzgarlo, sino para salvarlo.
Creo que el Hijo de Dios tomó nuestra naturaleza humana en el seno de una mujer, María de Nazaret, y que es verdadero Dios y verdadero hombre.
Creo que el Hijo de María nació en Belén, pasó largos años de su vida en Nazaret y recorrió los caminos predicando la Buena Noticia de la salvación.
Creo que Jesucristo se hizo historia para que no cupiera duda del amor divino hacia todo ser humano.
Creo que Jesucristo vivió entre nosotros y fue testimonio de la verdad, y la mayor manifestación del amor.
Creo que Jesucristo padeció, murió y resucitó, y vive glorioso junto a Dios.

Espero que Jesucristo será quien vendrá con gloria a realizar la consumación de su obra bien hecha.
Espero que el universo entero reconozca a quien y por quien se hizo todo lo que se ha hecho.
Espero que Jesucristo, Señor de vivos y muertos, nos esté esperando a cada ser humano en el umbral de la vida eterna.
Espero que el hombre verá a Dios y a su Hijo Jesucristo en la gloria.
Espero que cada persona participará de la vida eterna.
Espero que la creación entera será trono y corona de su Hacedor.

Deseo tener sensibilidad para descubrir el paso del Señor por mi vida.
Deseo reconocer la visita de Jesucristo a través de las mediaciones providentes.
Deseo permanecer atento para percibir la presencia de Jesucristo en quienes me rodean.
Deseo reconocer y adorar la presencia sacramental de Cristo en la Eucaristía.
Deseo reconocer y tratar con amor la presencia de Cristo en mi alma.
Deseo acoger la Palabra del Señor en las Escrituras y sus mensajes en los acontecimientos.
Deseo ser agradecido al don inestimable de estar siendo habitado por el misterio divino.

¡En Navidad el pesebre eres tú!


Pesebre
El Evangelio dice: “Les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lucas 2,11) La liturgia actualiza lo que sucedió en el pasado. La liturgia es un misterio y, lamentablemente, nosotros católicos no hemos entrado en ese misterio. Así como en la Pascua se renueva la Resurrección de Cristo, hoy nació el Salvador, nació para tu vida, para tu casa y para tu familia. Por peor que sea la situación, sepa: nació para ti, para tu casa el Salvador, que es Nuestro Señor Jesucristo. Solo falta que lo acojas.

Jesús nació para tu vida. Entonces, prepara tu corazón para que Él, trayendo la salvación, nazca en ti, que eres el pesebre. ¡El pesebre eres tú! Recibe al Niño Jesús en tu corazón, Él se compadece de ti y la salvación acontece, porque tú eres el pesebre. Él no tiene miedo: Él nace entre tus espinas. Él está ahí para salvarte a ti y a tu familia. Tal vez tú seas quien debas tomarlo y colocarlo en tu regazo, porque tus seres queridos no quieren recibirlo pero ¡Él nació!

Dios nos ama con amor incondicional. Tú eres amado por Jesús, por eso Él nació en la situación en la que te encuentras. Él nace para tu vida miserable. Cuanto más miserables somos, más nos ama. Él nació en Belén y nace hoy en ti.

Cree: Cristo fue hasta la cruz por ti, Él ya liberó tus miserias. Si aceptas su perdón y su amor, el Señor nace en ti. Sepa: José y María traen la salvación a su corazón, aunque su “cuna” esté sucia. No te preocupes, no esperes a quitar las espinas para recibir al Niño Jesús. Recíbelo en el estado en que estás. Es Él quien va a quitar las espinas con la ayuda de María y José.

“El Niño que contemplamos en el pesebre es exigente, pero es también un Niño comprensivo y paciente. Si somos dóciles a su acción, nos lleva de la mano y nos acompaña: por eso, no debemos temer. A veces puede parecernos muy duro seguir sus huellas, pero si él camina con nosotros, todo resulta más fácil y ligero” (Beato Juan Pablo II).

¡Te deseo una feliz y santa Navidad!

Monseñor JonasMonseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva
Fuente Portal Canción Nueva

LA SEGURIDAD DE SENTIRNOS COMPRENDIDOS


Cuando encontramos alguien que cree en nosotros y nos comprende no tenemos recelo en hablar de nuestra vida,
inclusive de nuestras flaquezas,
porque sabemos que no seremos juzgados ni criticados;
al contrario, sentimos la voluntad de ser quien somos delante de ésta persona.
Una experiencia maravillosa que suelo hacer todos los días es conversar sobre toda mi vida con Nuestra Señora, porque sé que Ella me entiende, acoge, instruye y ayuda en todas las situaciones,
como una verdadera madre que siempre está dispuesta a ayudar a su hijo.
Si Ella generó, por gracia, al Hijo de Dios, todas las gracias que nos aproxime de Él, ella nos las alcanzará, porque "Ella encontró gracia delante de Dios" (Lc 1,30).
Tengo la certeza que si haces ésta experiencia nunca más tu vida será la misma.
Recurramos a Nuestra Señora a lo largo de éste día y toda nuestra vida, porque Ella es nuestra Madre Bondadosa.

Nuestra Señor, cuida de nosotros!
Luzía Santiago.
Co-Fundadora comunidad Canción Nueva.

Navidad, tiempo propicio para la conversión

“Señor Dios, celebrando, de todo corazón el nacimiento de tu Hijo, danos la gracia de profundizar nuestra fe en tan grande misterio y crecer, cada vez más, en su amor”

Esa oración nos da un precioso consejo para vivir verdaderamente el Nacimiento del Señor. ¡Celebrarlo de todo corazón! Es así que nos debemos preparar para vivir el nacimiento de Cristo, desde adentro hacia fuera. Dejar que nuestro corazón sea el pesebre más lindo donde el Niño Jesús sea acogido.

No estoy despreciando los lindos arreglos externos y las luces de la Navidad; sin embargo, te estoy invitando a que dejes que este momento acontezca, primero, dentro de ti. No tengas miedo de ofrecer tu corazón para recibir al Niño que va a nacer. Eso provocará una gran diferencia en este nacimiento. Para muchas personas, la Navidad es una fecha triste, porque recuerdan a las personas que fallecieron o que están lejos. Para esas personas quiero reforzar la invitación de dejar abierto el corazón para recibir al Niño Dios. Si eso sucede, hasta la ausencia de quienes tanto amamos pasará a tener un nuevo sentido. Haz la experiencia y esta Navidad será diferente.

También existen aquellos que gustan mucho del tiempo de Navidad, por causa de las fiestas, las comidas, los regalos, las luces… Para estos dejo la invitación de vivir una Navidad centralizada en el Niño Jesús, que nació pobre pero en el seno de una verdadera familia.

Los mayores regalos que podemos celebrar, en este tiempo, son las personas que están a nuestro lado. Da una mirada y ve que regalos Dios te concedió en tu familia.

Navidad también es un tiempo propicio para la conversión. Quien hace la experiencia de sentirse amado por Dios, a través del misterio de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo, acaba siendo impulsado a responder con una vida más coherente y abierta al amor a Dios y al prójimo.

Quiero agradecer, en particular, a cada socio de esta obra de evangelización. Dios les pague, por una año más de fidelidad, pues tu contribución es prueba concreta de un corazón agradecido y comprometido con la evangelización. Ustedes entendieron, realmente, que nuestra misión es salvar almas.

He aprendido, en la convivencia con los hermanos, que un abrazo y una sonrisa dados con amor son los mejores regalos y una fuente inagotable de crecimiento. Por eso quiero que tú te sientas abrazado(a) por mí.

¡Feliz Navidad!

Traducción @ExequielAlvarez
Monseñor
Monseñor Jonas Abib (Fundador de la Comunidad Canción Nueva)
fuente Canción Nueva en español

¿Cómo ser Luz en Navidad?

¡Aprenda ser luz en la Navidad y iluminar todos los días del año nuevo!

Con la llegada de un fin de año más, muchos renuevan en el corazón gestos de solidaridad y paz. El clima de este tiempo transforma incluso los corazones más duros. Celebrar la Navidad es renovar nuestro amor por el Señor. Aquel que vino un día a traernos la salvación, continúa viniendo a nuestro encuentro todos los días del año, en las más diversas personas y situaciones.

Navidad
Foto: JackFrog, 74220053, iStock by getty images

Síndrome de Papa Noel

Muchos asumen, en el tiempo de navidad, el síndrome de Papa Noel. Del día a la noche, hacen un proceso de conversión relámpago. Abrazan a todos y reparten regalos. Pero, terminada la Navidad, vuelven a practicar los mismos actos de maldad. Tales personas no se convierten de verdad, tienen apenas, un impulso emocional para descargar su conciencia.
Jesucristo nos enseñó que no existe día específico para la práctica del bien y del amor. Todos los días son días de amar. El hermano no siente hambre solamente en Navidad, sino todos los meses del año.

¿Cuál es el mejor regalo?

No sirve que des el mejor regalo para tus padres si los once meses del año estuviste ausente en sus vidas. El mejor regalo a ser ofertado es el cambio de tus actitudes y la conversión permanente de tu corazón. Los gestos de amor brillan en la eternidad.

En este tiempo en que nos preparamos para celebrar el nacimiento del Señor, somos invitados a ser luz. Cada semana, vamos acercándonos a la Mayor Luz, que es el propio Jesucristo. En medio de tantas situaciones de tinieblas, debemos llevar la luz de la paz, del amor, de la misericordia, de la solidaridad y de la esperanza a las personas. Brilla, para que muchos se calienten con tu testimonio y retornen al corazón amoroso del Padre.

No eres una de esas luces del árbol de navidad. ¡No! Tu luz es permanente, porque la fuente que te hace brillar nace del corazón de Dios. El amor del Señor es el generador que da luz y hace que tu brillo resplandezca frente a la oscuridad del mundo. Eres luz, porque fuiste creado en el amor de Dios.

No podemos encajonar nuestro brillo

Al terminar las fiestas del fin de año, las luces usadas en la decoración son encajonadas para volver a ser usadas. No podemos encajonar nuestro brillo, nuestra misericordia y nuestro amor. Somos creados para amar. La memoria del nacimiento de Cristo renueva en nuestro corazón la esperanza en la vida. La Mayor Luz deja siempre un rastro luminoso en nuestra alma. Solamente quien fue iluminado por el Señor puede brillar en la vida de otras personas.

En la esperanza de un nuevo tiempo de misericordia y paz, renueva tu confianza en el Señor. Brilla con tu testimonio de vida, para que las tinieblas del mundo se aparten, para dar lugar al inicio de un nuevo tiempo gestado en el amor de Dios.

Padre Flávio Sobreiro
Bachiller en Filosofía y Teólogo por la Facultad Católica de Pouso Alegre (MG). Vicario de la Parroquia San Antonio en Jacutinga (MG).

fuente Portal Canción Nueva en español

Buen día!

"¡Buen día!¿Quieres sentir cada día el Amor de Dios?Vive los mandamientos divinos, pues "aquel que afirma permanecer en Él debe también vivir como Él vivió" (cf. 1Jn 2,6)El tentador nos quiere engañar diciendo que Dios es autoritario, pero eso no es verdad. Los mandamientos existen porque el Señor todo lo sabe y sólo quiere nuestro bien. El solo quiere que vivamos conforme Él mismo vivió. Y como no sabemos vivir a Su manera, Él nos dejó Sus mandamientos."

Mons. Jonas Abib
Adaptación del original en português

RESONAR DE LA PALABRA - 21 DIC 2015

Evangelio según San Lucas 1,39-45.
María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
exclamó: "¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor".


RESONAR DE LA PALABRA
Queridos amigos y amigas:

Después de que María es visitada por Dios, ella misma se dedica a visitar.

La visita de Dios, que le trajo bendición, confianza y gérmenes de vida, es devuelta por María a Isabel, llevándole eso mismo que ella ha recibido. Resuena esa bonita frase: “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis”. Una regla de oro para la vida.

E Isabel lo nota. Porque lo que llevamos en el corazón, lo muestran el rostro y las palabras. “Tan pronto como tu saludo llegó a mis oídos, saltó de alegría la criatura en mi vientre”. Las cosas importantes se transmiten así: por contagio. Como la fe, la confianza, el amor, la esperanza… “Y ella quedó llena del Espíritu Santo”.

En la visita a Isabel, María también recibe. Recibe la confirmación del camino que ha comenzado: “Dichosa tú que has creído…”. Y seguro que, tras un tiempo, volvió a Nazaret también llena de alegría.

Las visitas de Dios son don y tarea. Desde la gratuidad, somos queridos y elegidos para una misión. Esa misión nos pone en camino hacia los demás. Y en ese camino, recibimos nuevos dones. Como María.

Caminos de ida y de vuelta, que también tú puedes concretar en tu vida. ¿A quién puedes visitar en estos días? ¿Quién puede estar necesitando una visita? ¿Qué puedes recibir tú de las visitas de los demás?
Tu hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (luismanuel@claretianos.es)
fuente Ciudad Redonda

Buen día, Espíritu Santo

Al levantarme en éste día de Gracia,
Domingo de Acción de Gracias,
desprovisto de toda seguridad reconozco ante Ti, Señor,
mi natural impotencia para cambiar las cosas,
Mi pobreza interior,
Mi tibieza dominante
Mi autoritario orgullo,
Mi radical egoísmo,
Mis miserias encubiertas.
Lo reconozco y lo hago oración,
Porque sé que Tú todo lo haces todo nuevo,
Todo lo haces bien,
Todo lo santificas,
Todo lo puedes cambiar.
Derrama hoy sobre mí, Tú Espíritu de Amor,
Y dame gustar lo opuesto a mis opuestos.
Aliméntame con Tu Cuerpo y con Tu Sangre,
otórgame la Fuerza de lo Alto,
Visítame, espero por Ti.


domingo, 20 de diciembre de 2015

¿POR QUÉ TANTOS RECLAMOS?

Porque reclamar se volvió un hábito!
Muchos de nosotros reclamamos por costumbre, por hábito,
como rutina, como estilo... automáticamente.
Son hábitos nocivos que, al tocar nuestra mente,
crean raíces profundas.
¿Qué hacer?
REPROGRAMAR las palabras y los pensamientos!
Abrir la boca para hablar sobre el bien,
admirar lo puro,
elogiar lo bueno,
encantarse con lo que tiene valor,
con lo que es honesto y hace crecer.

Con cariño y oraciones,
Tu hermano,
Ricardo Sá
Adaptación del original en portugues.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Para seguir a Jesús es necesario coraje.

Para entrar en el seguimiento de Cristo es necesario coraje.
Al ver la historia de los discípulos de Jesús percibimos que ellos son personas simples, para nada extraordinarios, personas comunes. Pero, ¿qué hace que Jesús les llame? ¿dónde radica lo diferente en ellos? ¿Qué había en el corazón de ellos que los hizo desistir de todo? La respuesta es clara: ellos tenían disposición interior.

Todo el mundo ve que sacerdotes, religiosas y laicos consagrados viven una vida diferente, pero lo que nadie ve es lo más importante. Seguir a Jesús exige renuncias, compromiso, responsabilidad, coherencia, una vida de oración, un darse al otro. Por lo tanto para ser de Dios es necesario coraje!

Pero, ¿cuál es la ventaja de renunciar a una vida fácil sin compromiso para someterse a una vida tan austera? Nuestra ventaja es el seguimiento más próximo de Cristo, es el Cielo. Eso no quiere decir que religiosos, sacerdotes y consagrados ya tengan un espacio garantizado en el cielo pues el camino es estrecho y, de hecho, necesita vivirse las exigencias que una vida como esa implica, pero quiere decir que Dios nos está dando la oportunidad del cielo. Mientras muchos no lo quieren, nosotros estamos queriendo y corriendo atrás de ello.

Mis hermanos, no pierdan tiempo, ¡sean de Dios!
Aún cuando no eres un religioso, un sacerdote, un consagrado, enraízate en la Iglesia,
sé un discípulo próximo de Jesús, verás que al final vale la pena.
Rezo por ti!

Tu hermano
Wellington Jardim (Eto)
Cofundador de la Comunidad Canção Nova y administrador de FJPII
fuente: Portal Canção Nova.


Meditación: Mateo 1, 1-17

Debido a que este pasaje es una genealogía, es fácil interpretarlo como dato histórico sin mayor trascendencia. Sin embargo, si miramos con más detenimiento, veremos que nos revela que Mateo no estaba sólo dejando constancia del linaje terreno de Jesús, sino lanzando un desafío a nuestros planteamientos.

Siguiendo el linaje de Jesús hasta Abraham, se menciona a Jesús dentro del legado histórico del pueblo judío y junto a todos los grandes personajes de Israel. Pero el evangelista rompió con la tradición de seguir únicamente la línea paterna al mencionar a cuatro mujeres del Antiguo Testamento que Dios decidió incluir en la lista de antepasados de Jesús: Tamar, Rajab, Rut y Betsabé. Dos de ellas se prostituyeron, tres eran extranjeras y una cedió y cayó en adulterio.

A pesar de que era costumbre de la época presentar las genealogías de los grandes personajes de la historia judía, la extraña presencia de estas mujeres en el linaje de Jesús es inesperada, porque marca un distanciamiento de las expectativas humanas: ¡Jesús no vino a dejar todo tal como estaba, sino a generar un cambio y una transformación radicales!

Durante este tiempo de preparación que es el Adviento, deja que esta genealogía te lleve a reconocer que los caminos de Dios no siempre coinciden con tus expectativas de cómo ha de ser la vida cristiana. ¿Estás teniendo dificultades? ¿Existen personas o situaciones que son como piedras en el camino? ¡No te sorprendas! Dios quiere entrar en tu vida en esta temporada de promesa posiblemente de la manera que menos lo esperas. Deja que Dios te cambie por completo; descubre que puedes amar a esas personas que consideras difíciles; observa que, por medio de la oración, Dios puede obrar milagros de sanación física y espiritual. Tú puedes ser el instrumento de la paz de Dios allí donde reina el caos o la aflicción.

Prepárate para la Navidad pensando en las situaciones que más te cueste aceptar o que consideres más desconcertantes, y preséntaselas a Dios en este Adviento. Deja que él renueve tus pensamientos y los revitalice. Espera que Dios se te manifieste no sólo cuando rezas y asistes a la Misa sino en todos los instantes de tu vida. ¡Te sorprenderá!
“Oh, Sabiduría, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín y ordenándolo todo con firmeza y suavidad, ven y muéstranos el camino de la salvación.”
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros.

El beso de Dios a la tierra


Ángel Moreno - Martes, 15 de diciembre de 2015
III Miércoles de Adviento
(Is 45, 6b-8.18.21b-25; Sal 84; Lc 7, 19-23)


El beso de Dios a la tierra
Si hay un himno característico de Adviento, si resuena en este tiempo un cántico monódico, interpretado por alguna abadía, es precisamente el texto que hoy se nos ofrece para meditar: “Rorate caeli desuper et nubes pluant justum” (Cielos, lloved vuestra justicia, ábrete tierra, haz germinar al Salvador).
El profeta Isaías anticipa con una imagen agrícola el don del regalo de Dios a la humanidad, el beso del cielo a la tierra. “Cielos, destilad el rocío; nubes, derramad la victoria; ábrase la tierra, y brote la salvación”.
En una de mis primeras visitas a Tierra Santa, el guía era de Belén, y nos contaba la razón por la que la uva de Hebrón era la más dulce: porque en vez de engordar con lluvia, lo hace con el rocío que cae sobre aquella tierra a medianoche.
El rocío de medianoche que produce el mejor vino se va a formar en la Nochebuena, cuando nazca el Hijo de Dios, quien después, en Caná de Galilea, convertirá el agua en vino, quien en la noche santa de la Pascua dirá, tomando una copa llena de vino: “Tomad y bebed, esta es mi sangre”.
Ahora se comprende el sentido del salmo: “La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo”. Por la misericordia de Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, y la tierra dará el mejor fruto, el fruto bendito del vientre de una Virgen, el Justo, el Santo, el Emmanuel.
Jesús envía a unos discípulos que le digan a Juan  cuál es la señal por la que pregunta: “Los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio-“; esto viene a corroborar que Él es el Mesías esperado, la señal del cielo, el rocío santo, la bondad del Señor.
Si en tiempo de sequía la lluvia se interpreta como bendición del cielo, ¿qué no será si del cielo nos viene la salvación? Para no ser estéril, la tierra lo recibe, porque el mismo cielo dispone el fruto bendito; así se corresponden la misericordia y la fidelidad, la justicia y la paz.
Y en la Noche Santa escucharemos el canto: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra”, porque de lo alto nos llueve la bendición, al tiempo que en la tierra nos nace el Príncipe de la paz.
Fuente: Ciudad Redonda

Buen día, Espíritu Santo

Así como la noche espera su amanecer,
así mi vida espera con ansias Tu visita y Tu Gracia.
Aquí estoy en reposada espera,
en gozoso quebranto,
en mansa esperanza,
porque aunque mucha sea la lucha
una y grande es mi confianza,
y tiene Tu Nombre, y tiene el sello de Tu Promesa,
que harás nuevas todas las cosas.
Y hoy, cuando la Gracia de Tu Luz me toque,
cuando Tu paso por mi sea sentido,
cuando Tu cercanía estremezca mis entrañas,
dame el canto del pájaro que al amanecer se exalta
porque la noche pasó y la Salvación toco mi puerta.


RESONAR DE LA PALABRA - 17 DIC 2015

Evangelio según San Mateo 1,1-17.
Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham:
Abraham fue padre de Isaac; Isaac, padre de Jacob; Jacob, padre de Judá y de sus hermanos.
Judá fue padre de Fares y de Zará, y la madre de estos fue Tamar. Fares fue padre de Esrón;
Esrón, padre de Arám; Arám, padre de Aminadab; Aminadab, padre de Naasón; Naasón, padre de Salmón.
Salmón fue padre de Booz, y la madre de este fue Rahab. Booz fue padre de Obed, y la madre de este fue Rut. Obed fue padre de Jesé;
Jesé, padre del rey David. David fue padre de Salomón, y la madre de este fue la que había sido mujer de Urías.
Salomón fue padre de Roboám; Roboám, padre de Abías; Abías, padre de Asá;
Asá, padre de Josafat; Josafat, padre de Jorám; Jorám, padre de Ozías.
Ozías fue padre de Joatám; Joatám, padre de Acaz; Acaz, padre de Ezequías;
Ezequías, padre de Manasés. Manasés fue padre de Amón; Amón, padre de Josías;
Josías, padre de Jeconías y de sus hermanos, durante el destierro en Babilonia.
Después del destierro en Babilonia: Jeconías fue padre de Salatiel; Salatiel, padre de Zorobabel;
Zorobabel, padre de Abiud; Abiud, padre de Eliacím; Eliacím, padre de Azor.
Azor fue padre de Sadoc; Sadoc, padre de Aquím; Aquím, padre de Eliud;
Eliud, padre de Eleazar; Eleazar, padre de Matán; Matán, padre de Jacob.
Jacob fue padre de José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, que es llamado Cristo.
El total de las generaciones es, por lo tanto: desde Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David hasta el destierro en Babilonia, catorce generaciones; desde el destierro en Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.

RESONAR DE LA PALABRA
Luis Manuel Suarez, cmf
Queridos amigos y amigas:

Comienza la cuenta atrás. Una semana para celebrar el misterio del Dios-con-nosotros. La Natividad. El nacimiento. Que también puede ser tu re-nacimiento. En Él y con Él.

El Evangelio de hoy consiste en una larga lista de nombres que remiten a los antepasados de Jesús. Ante ese relato, me surgen varias intuiciones.

La primera: que somos fruto de una historia. Ninguno nos hemos creado a nosotros mismos. Lo que somos, viene de otros, del Otro. Lo mejor de la vida es recibido. Y cuando Dios quiere hacerse parte de nuestra historia, entronca en esa sucesión humana, como cada uno de nosotros. Un buen principio.

La segunda: que cada uno de nosotros tenemos algo que aportar en la historia de la humanidad. Uno podría pensar que esa aportación es muy insignificante: con todos los hombres y mujeres, a lo largo de los siglos… ¿qué puede aportar uno? Decía la madre Teresa de Calcuta: “A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Y es verdad. Cuando en una familia falta alguien, se nota. Porque cada uno aportamos algo que no pueden aportar los demás. Pues así en la gran familia de la humanidad: cada uno estamos llamados a aportar algo único e irrepetible. Y lo que no hagamos nosotros, nadie lo va a hacer por nosotros. Esa es nuestra vocación personal. A descubrir y a realizar.

En esta octava previa a la Navidad, pídele al Señor re-nacer en Él y con Él. Que te muestre su camino, si aún no lo tienes claro: ¿qué puedes hacer tú en esa historia de la humanidad? No excluyas ninguna opción. Lo que Él quiera de ti. Porque será para tu bien y para el bien de otros. Y si ya estás recorriendo un camino, pídele ser fiel y generoso. Como María. La mujer que le dijo al Señor: “Hágase en mí, según tu Palabra”… y que, en su camino, permaneció hasta el pie de la Cruz.

Tu hermano en la fe
Luis Manuel Suárez CMF
para Ciudad Redonda

Sensibilidad

Sensibles a la comunidad, más allá de nosotros mismos

Ron Rolheiser (Trad. Benjamín Elcano) - Lunes, 14 de diciembre de 2015

Hace algunos años, fui demandado por un obispo en relación a un artículo que yo había escrito. Estábamos conversando en su oficina, y el tono alcanzó de momento cierta tensión: “¿Cómo puede Vd. escribir algo semejante?”, preguntó. “Porque es verdad”, fue mi brusca respuesta. Él ya sabía que era verdad, pero ahora, dándose cuenta de eso, se puso más consciente de las cuestiones que discutir: “Sí, ya sé que es verdad, pero eso no significa que tuviera que ser dicho de esa manera en un periódico católico como el nuestro. Esto no es una clase de universidad ni el New York Times. Es un periódico diocesano, y ese no es el mejor contexto en el que decir algo como eso. Confundirá a muchos lectores”. 
Yo no soy inmune al orgullo y la arrogancia, y así mi reacción espontánea fue defensiva. Inmediatamente hubo ciertas voces en mí que decían: “Sólo estoy diciendo que es verdad. La verdad necesita ser dicha. ¿Por qué está temeroso de oír la verdad?  ¿Estamos haciendo de hecho un favor a la gente protegiéndola de cosas que preferiría no oír?”
Pero estoy contento de haber aguantado mi orgullo, refrenado mi lengua, musitado una medio sincera disculpa y salido de su oficina sin decir en voz alta ninguna de esas cosas porque, después de que mis sentimientos iniciales se habían apaciguado y yo había tenido una reflexión más sensata y piadosa sobre nuestra conversación, me di cuenta de que él tenía razón. Tener la verdad es una cosa, expresarla en un lugar y de una manera que sea provechosa es bastante diferente. No es por nada que Jesús nos invitó a decir nuestra verdad en parábolas porque la verdad, como una vez dijo T. S Elliot burlonamente, no puede ser siempre creída del todo, y el contexto y tono en el que es expresada generalmente dictan si es provechoso o no decirla en un momento dado o a una persona dada. Dicho simplemente, no siempre es provechoso, ni caritativo, ni maduro lanzar una verdad a la cara de alguien.
San Pablo dice  otro tanto en su carta a los Romanos en palabras que tienen esta finalidad:Los que somos fuertes debemos estar atentos a esos que son sensibles a cosas como estas, sin complacernos a nosotros mismos. (Romanos, 15, 1). Eso puede encontrar como un apadrinamiento, como si Pablo estuviera diciendo a cierta élite  que modere algunas de sus visiones y acciones iluminadas por amor de aquellos que son menos ilustrados, pero eso no es lo que está en juego aquí. Poner esta clase de advertencia resulta un discernimiento fundamental que es críticamente importante en nuestra enseñanza, predicación y práctica pastoral, a saber, la distinción entre Catequesis y Teología, la distinción entre alimentar y sostener la fe de alguien como opuesta a ampliar la fe de alguien hasta hacerla más universalmente compasiva.
La catequesis se propone enseñar doctrina, enseñar oraciones, enseñar creencias, clarificar enseñanzas bíblicas y eclesiales, y dar a la gente un contenido sólido y ortodoxo con el que entender su fe cristiana. La teología, por otra parte, presupone que los que están estudiándola están ya catequizados, que ya conocen sus creencias y oraciones, y tienen un fundamento  sólido y ortodoxo. La función de la teología, entre otras cosas, es entonces ampliar la visión a sus estudiantes dándoles la herramientas simbólicas con las cuales entender su fe de una manera que no deje rincones oscuros y escondidos en los que teman arriesgar por temor a perturbar su fe. Catequesis teología tienen diferentes funciones y se deben respetar mutuamente ya que ambas se necesitan: Los jóvenes brotes de plantas necesitan ser protegidos y nutridos cuidadosamente; cuando son más viejos, a las plantas maduras hay que dar los recursos para vivir y crecer con vigor en todos los desafíos medioambientales en los que se encuentren.
Así el desafío que me vino del obispo fue, en efecto, ser más cuidadoso con mi audiencia como para distinguir clases de teología y publicaciones académicas, de situaciones catequéticas y periódicos de iglesia.
Eso me condujo también a un especial desafío de humildad y caridad, como mostró, por ejemplo, el filósofo-científico Pierre Teilhard de Chardin: Anciano, retirado y en decadente salud, aún se encontró “silenciado” por el Vaticano al ser prohibida la publicación de sus pensamientos teológicos. Pero más bien que reaccionar con ira y arrogancia, reaccionó con caridad y humildad. Escribiendo a su Provincial jesuita, reconoce necesidades más allá de sí mismo: “Reconozco plenamente que Roma puede tener sus propias razones para juzgar que, en su presente forma, mi concepto de Cristiandad puede resultar prematuro o incompleto y que, en estos momentos,  su difusión más amplia puede, por tanto, ser inoportuna… (Esta carta) es para asegurarte que, a pesar de cualquier aparente evidencia de lo contrario, estoy resuelto a permanecer siendo hijo de obediencia. Obviamente, no puedo abandonar mi propia búsqueda personal; eso me envolvería en una catástrofe interior y en deslealtad a mi más estimada vocación; pero he dejado de propagar mis ideas y estoy limitándome a llevar a cabo en ellas una mirada personal más profunda”.
Reconociendo la importancia de la sensibilidad sobre dónde y cómo expresar la verdad, Jesús advierte: “Decid vuestra verdad en parábolas”.
publicación original: Ciudad Redonda

Comprendiendo La Palabra - Genealogía de Jesucristo

San Ireneo de Lyon (c. 130-c. 208), obispo, teólogo y mártir 
Contra las herejías, IV, 20, 4-5
“Genealogía de Jesucristo”

    No hay más que un solo Dios que por su Palabra, la Sabiduría, ha creado todas las cosas... Por su grandeza es desconocido por todos los seres que él ha creado, ya que nunca nadie ha podido escrutar su origen. No obstante, gracias a su amor es conocido en todos los tiempos a causa de aquel por quien fueron hechas todas las cosas (cf Rm 1,20), su Palabra, Nuestro Señor Jesucristo que al final de los tiempos se ha hecho hombre entre los hombres para unir el principio y el final, el hombre con Dios.

    Por esto, los profetas, después de haber recibido de esta misma Palabra el carisma profético, han anunciado su  venida según la carne por la que se realiza la comunión entre Dios y el hombre según el beneplácito del Padre. Desde el principio, en efecto, el Verbo ha anunciado que Dios sería visto por los hombres que viviría y conversaría con ellos en la tierra. (Ba 3,38) y que se haría presente en la obra que él había modelado, para salvarla... Los profetas anunciaron, pues, por adelantado que Dios sería visto de los hombre, conforme a  lo que dice  también el Señor: “Dichosos los puros de corazón porque verán a Dios.“ (Mt 5,8) Ciertamente, según su grandeza y según su inenarrable gloria “ningún hombre  puede ver a Dios sin morir.” (Ex 33,20) porque el Padre es inalcanzable. Pero según su amor, su bondad hacia los hombres y según su poder, concede a los que le aman el privilegio de ver a Dios porque “lo que es imposible a los hombres es posible a Dios.” (Lc 18,27)

domingo, 13 de diciembre de 2015

Era la Voz - Oficio de Lectura

De los Sermones de san Agustín, obispo.
(Sermón 293, 3: PL 38, 1328-1329)
JUAN ERA LA VOZ, CRISTO LA PALABRA

Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.

Suprime la palabra, y ¿qué es la voz? Donde falta la idea no hay más que un sonido. La voz sin la palabra entra en el oído, pero no llega al corazón.

Observemos el desarrollo interior de nuestras ideas. Mientras reflexiono sobre lo que voy a decir, la palabra está dentro de mí; pero, si quiero hablar contigo, busco el modo de hacer llegar a tu corazón lo que ya está en el mío.

Al buscar cómo hacerla llegar a ti, cómo introducir en tu corazón esta palabra interior mía, recurro a la voz y con su ayuda te hablo. El sonido de la voz conduce a tu espíritu la inteligencia de una idea mía, y cuando el sonido vocal te ha llevado a la comprensión de la idea, se desvanece y pasa, pero la idea que te trasmitió permanece en ti sin haber dejado de estar en mí.

Y una vez que el sonido ha servido como puente a la palabra desde mi espíritu al tuyo ¿no parece decirte: Es preciso que él crezca y que yo disminuya? Y una vez que ha cumplido su oficio y desaparece ¿no es como si te dijera: Mi alegría ahora rebasa todo límite? Apoderémonos de la palabra, hagámosla entrar en lo más íntimo de nuestro corazón, no dejemos que se esfume.

¿Quieres ver cómo la voz pasa y la divinidad de la Palabra permanece? ¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Él cumplió su oficio y desapareció. Pero el bautismo de Cristo permanece. Todos creemos en Cristo y esperamos de él la salvación; esto es lo que dijo la voz.

Y como es difícil discernir entre la Palabra y la voz, los hombres creyeron que Juan era Cristo. Tomaron a la voz por la Palabra. Pero Juan se reconoció como la voz para no usurparle los derechos a la Palabra. Dijo: No soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Le preguntaron: ¿Qué dices de tu persona? Y él respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor.» La voz del que clama en el desierto, la voz del que rompe el silencio. Preparad el camino del Señor, como si dijera: «Soy la voz cuyo sonido no hace sino introducir la Palabra en el corazón; pero, si no le preparáis el camino, la Palabra no vendrá adonde yo quiero que ella entre.»

¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Rogad insistentemente»? ¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Sed humildes en vuestros pensamientos»? Imitad el ejemplo de humildad del Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice que no es lo que ellos piensan ni se adjudica el honor que erróneamente le atribuyen.

Si hubiera dicho: «Soy Cristo», con cuánta facilidad lo hubieran creído, ya que lo pensaban de él sin haberlo dicho. No lo dijo: reconoció lo que era, hizo ver la diferencia entre Cristo y él, y se humilló.

Vio dónde estaba la salvación, comprendió que él era sólo una antorcha y temió ser apagado por el viento de la soberbia.

Homilías

Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo 
Homilías sobre San Lucas,26,3-5. SC 87, 340-342)
“En su mano tiene el bieldo para  aventar...”

    El bautismo con que Jesús bautiza es por “el Espíritu y el fuego”. Si eres santo, serás bautizado con Espíritu Santo; si eres pecador, serás echado al fuego. El mismo bautismo se hará condena de fuego para los pecadores indignos. Pero los santos, aquellos que se convierten al Señor con una fe perfecta, recibirán la gracia del Espíritu Santo y la salvación.

    Así, pues, aquel que bautiza con Espíritu Santo y fuego “tiene en su mano el bieldo para aventar su parva y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará en un fuego que no se apaga” (Lc 3,16-17). Quisiera revelar porqué el Señor tiene en su mano el bieldo de aventar y de qué soplo se trata al aventar la parva, mientras que el trigo, de más peso, se acumula en un solo lugar, porque, si no sopla el viento no se puede separar la parva del trigo.

    Creo que el viento son las tentaciones, que en el conjunto de los fieles revela lo que es parva y lo que es trigo. Porque, cuando vuestra alma  ha sido dominada por la tentación, no es que la tentación haya cambiado vuestra alma de trigo en parva, sino porque ya erais parva, es decir, personas livianas y sin fe. La tentación no ha hecho más que desvelar vuestra naturaleza escondida.  En cambio, si afrontáis la tentación con ánimo fuerte, no es ella la que os hace constantes y fieles. La tentación únicamente revela las virtudes de la constancia y del esfuerzo que estaban en vosotros, pero de forma escondida... “Te ha humillado y te ha hecho sentir hambre... para que reconozcas en tu corazón que el Señor tu Dios te corrige como un padre corrige a su hijo” (cf Dt 9,3-5).

La Alegría del Evangelio

Angel Moreno
Viernes, 11 de diciembre de 2015
Fuente: Ciudad Redonda


El papa Francisco nos sorprende constantemente con su testimonio y enseñanzas, como sucedió con la exhortación “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio), referencia oportuna para este tiempo de Adviento, y de manera especial para este Domingo de la Alegría.
Aún tengo en mis oídos la memoria del eco de los cánticos que entonamos por las calles de Jerusalén, al alba, durante el Via Crucis. Como parábola y deseo, los peregrinos cantábamos: “¡Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”!”
Hoy es el profeta quien invita a la ciudad santa a alegrarse: “Regocíjate, hija de Sión, grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén”. “El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta».
La razón de la alegría a la que nos invita la Liturgia no es otra que la certeza de la proximidad del Señor. Pero no como si hiciéramos representación, poniéndonos en el supuesto de que va a llegar el Señor a visitarnos, sino porque está en medio de nosotros. “Gritad jubilosos: «Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel.».”
La razón de la alegría es la proximidad de la Navidad -“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca”-, pero sobre todo el sabernos habitados por la presencia divina. Él nos habita.
Esta verdad nos debería hacer a todos los humanos mucho más respetuosos. Juan Bautista nos aconseja: -«No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.» Y el papa Francisco, al inicio de su exhortación, nos invita: “En esta Exhortación quiero dirigirme a los fieles cristianos, para invitarlos a una nueva etapa evangelizadora marcada por esa alegría”, que no es otra que Jesucristo: “Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).
Hoy, en las Iglesias particulares, se abre la puerta de la misericordia, motivo de alegría, de reconciliación, de paz, de convivencia, de novedad de vida, de agradecimiento, de encuentro más vivo con la persona de Jesucristo, pues Él es la Puerta, y de reconciliación con los hermanos y con toda la creación.
El motivo de la alegría es la celebración del amor de Dios, quien “en la «?plenitud del tiempo» (Gal 4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, envió a su Hijo, nacido de la Virgen María, para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él, ve al Padre (cfr Jn 14,9). Jesús de Nazaret, con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”.