viernes, 10 de enero de 2020

Mes de la Gentileza día 10


Buen día, Espíritu Santo! 10012020


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 4,14-22a


Evangelio según San Lucas 4,14-22a
Jesús volvió a Galilea con el poder el Espíritu y su fama se extendió en toda la región.
Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan.
Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: "Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír".
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

Hay momentos en la vida en que se espera tanto que suceda un acontecimiento, que se vive en estado de expectación. Cuando dos personas se van a prometer su amor para siempre, cuando ese matrimonio va a tener su primer hijo, cuando uno confía aprobar un examen para conseguir un puesto de trabajo, cuando se espera el resultado de una prueba médica…

El pueblo de Israel también vivía en estado de expectación. Al menos algunos. Porque la historia de amor de Dios con su pueblo no podía acabar así… El Dios que les había liberado de la esclavitud de Egipto, el Señor de la Alianza que había mantenido su Palabra en medio de las infidelidades del pueblo, no les podía dejar solos. Aunque algunos dijeran que el cielo se había cerrado para siempre. Un resto fiel del pueblo de Israel esperaba que Dios se manifestara.

El evangelio de hoy nos presenta una escena del cumplimiento de esa promesa. Nazaret, el pueblo de María, puede representar a todo Israel. En la rutina de su vida cotidiana, aquella mañana de sábado, algo sorprendente aconteció: Jesús entró en la sinagoga, se puso en pie para hacer la lectura y proclamó las palabras de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí… me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad…”. Y lo más sorprendente es que añadió: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

La expectación llega a su desembocadura. La promesa se cumple. Dios no ha cerrado su cielo para siempre. A pesar de la infidelidad de su pueblo y del egoísmo del corazón humano, Dios sigue estando por salvar. Por perdonar. Por tender un nuevo puente. Por abrir un nuevo camino. Por dar una nueva oportunidad. Quizá la oportunidad definitiva… En Jesús, se cumplen sus promesas. Jesús es la promesa cumplida.

Y como en el Pueblo de Israel, en su pequeño pueblo ocurre lo mismo: si seguimos leyendo el relato, hubo muchos que se escandalizaron de sus palabras, diciendo que quién era Él para decir lo que decía. Pero también hubo un pequeño grupo de hombres y mujeres que, en respuesta a su llamada, se fueron uniendo al Señor para ser la semilla de ese nuevo camino que Jesús viene a traer de parte del Padre.

Nosotros somos los continuadores de ese pequeño grupo que, en medio de la humanidad, quiere seguir acogiendo la Buena noticia del Evangelio, con la ilusión de los orígenes y con la experiencia que nos da la historia, para hacerla vida en el mundo.

Gracias, Señor,

por seguir dándonos tu vida a través del Espíritu.

Haznos continuadores de tu camino

y reúnenos, al final, en tu Reino eterno. Amén

Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

jueves, 9 de enero de 2020

Callar para dominar








Callar y dominar los labios y la lengua es una tarea difícil, abrasadora y árida. Pero hay que sepultarse cada vez mas en las realidades interiores capaces de moldear eficazmente el mundo. El hombre tiene que presentarse en silencio ante Dios y decirle: Dios mío, ya que me has concedido el conocimiento y el deseo de perfección, guíame siempre hacia el absoluto del Amor. Haz que crezca en el amor, porque Tú eres el artesano sabio que no deja ninguna obra inacabada, siempre que el barro de la criatura no oponga ningún obstáculo, ningún rechazo. Me entrego sin palabras a ti, Señor. Quiero ser dócil y maleable como el barro en tus manos de hábil y benévolo alfarero.

Card. Sarah – “La fuerza del silencio” # 42

Mes de la Gentileza día 09


Buen día, Espíritu Santo! 09012020



RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,45-52


Evangelio según San Marcos 6,45-52
Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud.
Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar.
Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra.
Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo.
Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar,
porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".
Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor,
porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

Después de la celebración de la Epifanía, estamos en los últimos días del tiempo de Navidad. La Palabra, en las dos lecturas de hoy, sigue presentándonos a Jesús como la luz que viene de parte de Dios a iluminar toda oscuridad, a la vez que nos recuerda el camino que se abre cuando le acogemos, que es el camino del amor.

En el Evangelio, tras los pasajes leídos los días anteriores en los que Jesús aparecía anunciando la Buena Noticia y haciendo signos del Reino que viene a traer, hoy aparece retirándose al monte a orar. Es algo que debía hacer frecuentemente: en medio de su actividad desbordante y de su convivencia con los doce, buscaba sus momentos para parar la vida, estar en soledad, orar al Padre… y desde ahí volver al trajín del día a día.

En paralelo, sus discípulos están pasando un momento difícil: en mitad de la noche, con el viento en contra… en otros pasajes paralelos de los evangelios dice que el mar estaba muy agitado. Todo un signo de un momento incontrolable, donde lo más valioso corre peligro, donde el miedo paraliza la vida. Y aparece Jesús. Y les dice: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”. Y su presencia clama el viento. Y la travesía de la vida continúa.

Los discípulos de Jesús de todos los tiempos pasamos también por momentos de oscuridad, de viento contrario, de perder el control. Por eso nos viene bien volver a escuchar al Señor que nos dice: “no tengáis miedo”. Porque su presencia calma el corazón y redimensiona las dificultades, desde el horizonte que da la eternidad desde la que nos habla, acoge y alienta.

En medio de nuestra vida agitada, estamos invitados a buscar, como el Maestro, nuestros espacios de soledad, donde parar la vida y ponernos, junto a Él, ante el Padre, por medio del Espíritu. Para decirle con sus palabras: “hágase tu voluntad” o, en el silencio de cualquier noche, recibir el aliento que sólo su presencia puede dar en medio de cualquier tempestad.

Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

¡CONFIANZA! SOY YO


“¡Confianza! Soy yo”

Todas las naves tienen una brújula con una aguja marina, que gracias a un imán mira siempre hacia la estrella polar. Mismo si el barco va hacia el sur, la aguja de la brújula no deja de mirar a su norte.

Lo mismo (…), la fina punta del espíritu mira a su Dios, que es su norte. (…) Ustedes van a tomar el alta mar del mundo. No cambien por eso de brújula, ni de mástil, ni de vela, ni de ancla, ni de viento. Tengan siempre a Jesucristo por brújula y a su cruz por árbol, sobre la que extienden sus resoluciones como si fueran velas. Que su ancla sea una profunda confianza en Él y sepan acudir a la hora prevista. ¡Que para siempre el viento propicio de las inspiraciones celestes pueda inflar, más y más, las velas de su embarcación y los haga llegar felizmente al puerto de la santa eternidad! (…)

Todo lo que esté perturbado, se puede revertir, no sólo alrededor nuestro sino en nosotros. Es decir, que no importa que nuestra alma esté triste o alegre, sienta suavidad o amargura, esté en paz o turbada, iluminada o en tiniebla, en tentación o reposo, en gusto o disgusto, con sequedad o con ternura, que el sol la queme o el rocío la refresque. Siempre la punta de nuestro corazón, de nuestro espíritu, de nuestra voluntad superior -que es nuestra brújula- deben mirar sin cesar y tender perpetuamente hacia el amor de Dios.


San Francisco de Sales (1567-1622)
obispo de Ginebra y doctor de la Iglesia
Cartas (“François de Sales, docteur de la confiance et de la paix”, H. Lemaire, Beauchesne, 1963); trad. sc©Evangelizo.org

miércoles, 8 de enero de 2020

LA EXPERIENCIA DEL ENCUENTRO


«La experiencia de Dios no nos bloquea, sino que nos libera; no nos aprisiona, sino que nos pone de nuevo en el camino, nos devuelve a los lugares habituales de nuestra existencia. Los lugares son y serán los mismos, pero nosotros, después del encuentro con Jesús, no somos los mismos de antes. El encuentro con Jesús nos cambia, nos transforma. Toda experiencia del encuentro con Jesús nos induce a emprender caminos diferentes, porque de Él proviene una buena fuerza que sana el corazón y nos separa del mal»

Francisco
Ángelus 06-01-2020 


Búscame


Reconciliados


Mes de la Gentileza día 08


Buen día, Espíritu Santo! 08012020


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Marcos 6,34-44


Evangelio según San Marcos 6,34-44
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde.
Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer".
El respondió: "Denles de comer ustedes mismos". Ellos le dijeron: "Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos".
Jesús preguntó: "¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver". Después de averiguarlo, dijeron: "Cinco panes y dos pescados".
El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde,
y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta.
Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente.
Todos comieron hasta saciarse,
y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado.
Los que comieron eran cinco mil hombres.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús preocupado por dos dimensiones del ser humano: sus necesidades espirituales y sus necesidades materiales.

En el comienzo del relato, Jesús mira y siente. Es porque mira con los ojos de Dios, y ante lo que ve, siente lo que todo padre sentiría: ante los que están desorientados, cansados, extraviados, sin rumbo -“como ovejas sin pastor”-, siente compasión de ellos, y les da lo que necesitan: su Palabra.

Es la Palabra de Dios que es capaz de recordarnos quiénes somos y a dónde vamos: venimos del Padre, somos hijos suyos y hermanos de los demás, y estamos llamados a volver juntos a la casa del Padre. Es la Palabra que cuando lo necesitamos nos reconduce en nuestros extravíos… como la palabra de un buen padre o una buena madre, que quiere lo mejor para sus hijos. Es la Palabra que se ha seguido encarnando en la historia en forma de catequesis, predicación, educación, formación… para que tengamos vida, y vida en abundancia.

A la vez, en la segunda parte del relato, Jesús se muestra sensible a otro tipo de demandas del ser humano: las necesidades materiales. Porque cuando los discípulos querían que el Maestro despidiera a la gente, para que se fueran a los pueblos de alrededor a comprarse lo que necesitaran para comer, Jesús les responde: “Dadles vosotros de comer”. Y recogiendo lo que hay, bendiciéndolo y repartiéndolo, hubo para todos en aquella tarde.

Jesús no creó una panadería, ni una asociación de ayuda, ni una ONG… pero su Palabra, igual que sacia la sed interior del hombre, es capaz de movilizar los recursos para que la justicia del Reino comience a hacerse presente. Es su misma Palabra la que anuncia esa posibilidad y la que denuncia toda injusticia, con expresiones especialmente duras para aquellos que buscan la seguridad de su vida en acumular y atesorar… para, al final, morirse tal cual vinieron al mundo.

Así el Maestro sigue hoy enviando a su Iglesia: a dar sentido a la vida y a alentar al mundo para que siga acogiendo el Reino, donde hay pan y palabra para todos.

Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

COMPRENDIENDO LA PALABRA 080120


“Tomó luego pan, y, después de la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros.” (Lc 22,19)

Cristo, para atraernos hacia si, para que le amaramos más y más, se nos ha dado como alimento. ¡Vayamos, pues, a él, con todo amor y fervor!... Los magos adoraron a este cuerpo cuando descansaba en un pesebre... Ellos, al ver a Cristo, niño en un pesebre bajo un pobre techo, aún no viendo nada de lo que veis vosotros, se acercaron con un gran respeto.

Vosotros ya no le veis en un pesebre sino sobre el altar. Ya no veis a una mujer llevándolo en brazos sino a un sacerdote que lo ofrece, y el Espíritu de Dios, con toda su generosidad, el Espíritu Santo aleteando sobre las ofrendas. No sólo veis al mismo cuerpo que veían los magos sino, además, conocéis su poder y su sabiduría y no ignoráis nada de lo que realizó... Despertémonos, pues, y despertemos en nosotros el temor de Dios. Mostremos más devoción que estos extranjeros y no avancemos hacia el altar de cualquier manera...

Esta mesa reconforta nuestras almas, recoge nuestros pensamientos, sostiene nuestras seguridades, es nuestra esperanza, nuestra salvación, nuestra luz, nuestra vida. Si salimos de este mundo después de este sacrificio, entraremos con seguridad en las regiones sagradas como si fuéramos protegidos por todas partes por una armadura de oro. ¿Pero, porqué hablar de futuro? Ya en este mundo, el sacramento transforma la tierra en cielo. ¡Abrid, pues, las puertas del cielo y veréis lo que quiero decir! Lo más precioso en el cielo, os lo mostraré en la tierra. Lo que os mostraré no son los ángeles, ni los arcángeles, ni los cielos de los cielos sino a aquel que es vuestro maestro. Así veréis, de alguna manera, en la tierra lo que hay de más precioso en el cielo. Y no sólo lo veréis, sino lo tocaréis, lo comeréis. ¡Purificad vuestra alma, preparad vuestro espíritu a recibir estos misterios!

San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre l Cor, 24,4; PG 61, 204-205

martes, 7 de enero de 2020

Mes de la Gentileza día 7


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25


Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.
Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,
para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba.
Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

Toda historia tiene su comienzo. Toda aventura tiene su inicio. Todo camino empieza con un primer paso… Pues bien, hoy el Evangelio nos sumerge en este momento de la vida pública de Jesús.

Atrás quedan los años de vida oculta en Nazaret. Aquellos años tan importantes donde, como se nos resume, el niño iba creciendo en estatura, en sabiduría y en gracia, ante Dios y ante los hombres.

¿Cómo sería aquella mañana cuando, tras enterarse del arresto de Juan, Jesús deja su pueblo? ¿Cómo se lo diría a María? ¿Cómo lo sentiría ella?... El evangelio sólo nos da el transfondo de ese camino que vemos comenzar: “Pais de Zabulón y de Neftalí, camino del mar… el pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló”.

En el inicio del cumplimiento de esta promesa, Jesús aparece haciendo dos cosas: predicando y curando. Anuncia la cercanía de Dios y su Reino, lo cual, para todo corazón que acoja esta noticia, ha de ser motivo de un cambio, de una conversión: “Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos”. Y actúa las obras de ese Reino, curando enfermedades y dolencias.

Esas primeras acciones de Jesús despiertan a muchos que estaban aletargados en medio de las sombras… y le siguen, como quien descubre una luz en medio de la oscuridad, que sólo puede traer algo bueno. Algunos vienen de muy lejos: “Le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén…”.

Esta historia es nuestra historia. También nosotros podemos hoy ser testigos de este Jesús que, viniendo del Padre, quiere traer luz a la oscuridad de nuestro corazón y de nuestro mundo. Contémplale, escúchale… y siéntete parte de esa multitud, venida de lejos, que también hoy quiere seguirle, adonde vaya, para ser “reflejo de su luz”, como la luna refleja cada noche la luz del sol, para poder orientarse en medio de la oscuridad.

Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 070120


“Tomó luego pan, y, después de la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Éste es mi cuerpo que es entregado por vosotros.” (Lc 22,19)

Cristo, para atraernos hacia si, para que le amaramos más y más, se nos ha dado como alimento. ¡Vayamos, pues, a él, con todo amor y fervor!... Los magos adoraron a este cuerpo cuando descansaba en un pesebre... Ellos, al ver a Cristo, niño en un pesebre bajo un pobre techo, aún no viendo nada de lo que veis vosotros, se acercaron con un gran respeto.

Vosotros ya no le veis en un pesebre sino sobre el altar. Ya no veis a una mujer llevándolo en brazos sino a un sacerdote que lo ofrece, y el Espíritu de Dios, con toda su generosidad, el Espíritu Santo aleteando sobre las ofrendas. No sólo veis al mismo cuerpo que veían los magos sino, además, conocéis su poder y su sabiduría y no ignoráis nada de lo que realizó... Despertémonos, pues, y despertemos en nosotros el temor de Dios. Mostremos más devoción que estos extranjeros y no avancemos hacia el altar de cualquier manera...

Esta mesa reconforta nuestras almas, recoge nuestros pensamientos, sostiene nuestras seguridades, es nuestra esperanza, nuestra salvación, nuestra luz, nuestra vida. Si salimos de este mundo después de este sacrificio, entraremos con seguridad en las regiones sagradas como si fuéramos protegidos por todas partes por una armadura de oro. ¿Pero, porqué hablar de futuro? Ya en este mundo, el sacramento transforma la tierra en cielo. ¡Abrid, pues, las puertas del cielo y veréis lo que quiero decir! Lo más precioso en el cielo, os lo mostraré en la tierra. Lo que os mostraré no son los ángeles, ni los arcángeles, ni los cielos de los cielos sino a aquel que es vuestro maestro. Así veréis, de alguna manera, en la tierra lo que hay de más precioso en el cielo. Y no sólo lo veréis, sino lo tocaréis, lo comeréis. ¡Purificad vuestra alma, preparad vuestro espíritu a recibir estos misterios!


San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre l Cor, 24,4; PG 61, 204-205

lunes, 6 de enero de 2020

REFLEXIONES


LA FUNDACIÓN DE LA COMUNIDAD DE TESALONICA


El segundo viaje de Pablo, descrito por Lucas en Hch 15, 39-18, 22 (cf mapa) duró cerca de tres años (49-52 dC). Pablo partió con Silas (Silvano) rumbo a las comunidades que había visitado en el primer viaje: Derbe, Listra, Iconio (Hch 16, lss). En Derbe encontraron a Timoteo, que se les juntó. El equipo misionero estaba formado. Parece que Lucas también se agregó al grupo. En efecto, desde Hch 16, 10 en adelante comenzó a describir los acontecimientos empleando la primera persona plural (procuramos... nos embarcamos...) señal de que se unió al grupo en esa ocasión. Pero antes de eso, Pablo había estado en las regiones de Galacia (cf Hch 16, 6). Los Hechos de los Apóstoles no nos dan ninguna información sobre lo acontecido en esa región durante ese tiempo. Mediante la Carta a los gálatas, sin embargo, nos enteramos de la enfermedad que retuvo a Pablo en esos lugares, lo cual permitió la fundación de las comunidades gálatas. Lucas pasa en silencio los acontecimientos de Galacia porque está preocupado sobre todo por el hecho más importante de este segundo viaje: la entrada del evangelio en Europa. Esto aconteció cuando Pablo y sus compañeros llegaron a Filipos (Hch 16, 11-40) en donde fundaron una comunidad cristiana. Allí en Filipos, Pablo y Silas fueron flagelados y encarcelados. En esta ocasión, Pablo hizo valer sus derechos de ciudadano romano y obtuvo así su libertad. Corporalmente heridos y espiritualmente adoloridos, Pablo y Silas llegaron a Tesalónica (Hch 17, 1). Ciertamente tuvieron que abrirse espiritualmente y explicar a sus oyentes el porqué de sus heridas corporales. Más tarde, ellos recordaron a los tesalonicenses la dureza de ese memento: 
"Bien saben ustedes, hermanos, que nuestra ida a ustedes no fue en vano sino que, después de haber padecido sufrimientos e injurias en Filipos, como ustedes lo saben, tuvimos la valentía de predicarles el evangelio de Dios entre frecuentes luchas" (lTs 2, 1-2). 
¿Cuál habrá sido dicha oposición? Los Hechos de los apóstoles narran que "los judíos llenos de envidia, reunieron gente maleante de la calle, armaron tumultos y alborotaron la ciudad" (Hch 17, 5a). La situación era delicada. ¿Cómo era posible que un pequeño grupo alborotara una ciudad tan grande como Tesalónica? Y Lucas, en los Hechos, nos da una pista. Escribe: 
"Se presentaron en casa de Jasón, buscándolos para llevarlos ante el pueblo. Al no encontrarlos, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad, gritando: "Esos que han revolucionado todo el mundo se han presentado también aquí, y Jasón les ha dado hospedaje. Además todos ellos van contra los edictos del César y afirman que hay otro rey: Jesús. Al oír esto, el pueblo y los magistrados se alborotaron" (Hch 17, 5b-8). 
En Tesalónica se dio el mismo tipo de agitación que ocurrió en Jerusalén con motivo del nacimiento de Jesús. Los magos, llegados de oriente, fueron a la ciudad y preguntaron: "¿En dónde está el recién nacido rey de los judíos?... Al oír esto, el rey Herodes se turbó y toda la ciudad de Jerusalén con él" (Mt 2, 1-3). Los poderes políticos de Tesalónica se alarmaron por lo que Pablo y Silas estaban anunciando: 
"...Basándose en las Escrituras, Pablo explicaba y demostraba que Cristo tenía que padecer y resucitar de entre los muertos. Y atestiguaba: "Este Mesías es Jesús, a quien yo les anuncio" (Hch 17,2-3).
Realiza este ejercicio:
Consulta tu Biblia y anota, en la Primera carta a los Tesalonicenses, todas las veces que Jesús es llamado SEÑOR. Este era el modo como el Emperador se hacía llamar por los subditos de todo el Imperio Romano. El era considerado el dueño del mundo y era adorado como un Dios. Después, piensa: ¿Por qué la carta insiste tanto en llamar a Jesús con el título de SEÑOR? 

 fuente: José Bortoloni
Cómo leer la primera carta a los Tesalonicenses

Mes de la Gentileza día 6


Buen día, Espíritu Santo! 06012020


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 2,1-12


Evangelio según San Mateo 2,1-12
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén
y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo".
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.
Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías.
"En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel".
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella,
los envió a Belén, diciéndoles: "Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje".
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño.
Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría,
y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra.
Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.


RESONAR DE LA PALABRA

Queridos amigos:

¡Feliz fiesta de la Epifanía! “Epifanía” significa “manifestación”, “desvelamiento”. Y eso es lo que celebramos hoy como Iglesia: que Dios se ha manifestado… ¡a todos los pueblos! Y lo ha hecho de manera que todos le podamos comprender, recibir y acoger: en la humildad de una carne mortal como la nuestra.

Los tres magos de Oriente representan a los distintos pueblos y razas de la tierra. Para todos ha venido el Salvador. No sólo para el pueblo de Israel, sino que a través del resto fiel de ese pueblo, el Señor quiere llegar con su presencia hasta los confines del mundo y hasta los rincones de todos los corazones.

Recorriendo el relato que nos presenta hoy el Evangelio, podemos reconocer en los magos de Oriente unos “discípulos misioneros”, modelos de la llamada que nos viene recordando el Papa Francisco. ¿Y cómo pueden ser los magos unos discípulos misioneros?

En primer lugar, porque buscan signos. No se limitan a ver pasar la vida, sino que en ella buscan aquello que les lleve a Dios y a descubrir su voluntad. Son inquietos. Son buscadores.

En segundo lugar, porque preguntan. Y preguntar es la primera tarea de todo discípulo. Reconocen que no saben y preguntan a quien cree que les puede ayudar, orientar, aconsejar. Porque si no hay preguntas, sobran todas las respuestas.

En tercer lugar, caminan. Porque de nada sirve mirar y preguntar si eso no lleva a un movimiento. Salen de su tierra, se movilizan, hacen todo un camino… como Abraham y Sara, como tantos otros hombres y mujeres de nuestro mundo.

Y también adoran. Porque adorar es la actitud cabal del discípulo que encuentra la Luz, y ante esa presencia pone su vida y todo su ser.

Por último, estos gestos de discípulos que tienen los magos se completan con su ser misioneros. En el relato viene apuntado en la última frase: “se marcharon a su tierra…”. ¿Qué dirían, qué contarían, qué harían… a partir de lo que encontraron en Belén? Eso es ser misionero: anunciar con las palabras y mostrar con las acciones que Dios está con nosotros y por nosotros en la persona de Jesús, abriéndonos caminos de nueva vida.

Ser “discípulos misioneros”, al estilo de los magos de Oriente, todo un regalo y toda una tarea que se nos recuerda en la festividad de la Epifanía. Nos ofrecemos hoy al Señor para que cuente con nosotros en ese camino, con la oración apostólica de San Antonio Mª Claret:

Señor y Padre mío,
que te conozca y te haga conocer,
que te ame y te haga amar,
que te sirva y te haga servir,
que te alabe y te haga alabar
por todas las criaturas. Amén.
Vuestro hermano en la fe:

Luis Manuel Suárez CMF

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

domingo, 5 de enero de 2020

TRES HÁBITOS DE UN MATRIMONIO CRISTIANO ANTES DE ACOSTARSE

Parece ser simple, ¡pero no lo es!
¡No parece indispensable, pero es absolutamente indeclinable!

La vida de a dos está llena de eventos rodeados de una enorme simplicidad. Cuanto más la pareja desarrolle la capacidad de identificar cuáles son esos acontecimientos y darles el valor adecuado, más felices serán. La intimidad de una pareja en los momentos previos de ir a la cama, ya sea para un momento de intimidad, el acto sexual, o simplemente dormir, es una de las ocasiones en la vida de una pareja que puede ser muy bien cuidada o también puede ser extrañamente descuidada, y con grandes consecuencias al menos debido a su desprecio por las cosas obvias y que dan sabor a la vida en general. Aquí nacen los hábitos que se pueden cultivar, que se pueden identificar, porque ya son parte de la vida diaria de un matrimonio, y también, a partir de esta reflexión, pueden nacer nuevos hábitos para mejorar este momento tan simple y oculto, pero muy revelador de la forma en que la pareja valora el estar solos.

1. Ponerse al día. El hábito de ponerse al día antes de acostarse es muy creativo e inteligente. Es creativo porque, en esos momentos, el matrimonio puede sentirse mucho más cómodo diciendo lo que piensan y expresando sentimientos que no siempre son fáciles sobre lo que sucede en la vida cotidiana. Es inteligente porque durante el día, los tiempos no siempre son apropiados para abordar los problemas que necesariamente deben abordarse. Entonces, estos son momentos en los que la pareja puede, de manera sencilla y transparente, compartir lo que piensan y, aún más, alcanzar ese nivel de compartir que es tan importante para el crecimiento, que es cuando la pareja comienza a expresar cómo se siente. Por ejemplo, ira, alegría, tristeza, frustración, arrepentimiento... ¡sentimientos que no revelamos de cualquier manera!

Los matrimonios que cultivan este hábito comienzan a descubrir que hay un momento adecuado para todo, y que hay problemas que deben abordarse más tarde, solo entre los dos, en esa intimidad que es apropiada para la pareja. De esta manera, aprenden a dejar para después, para más tarde, sin el riesgo de no tocar más ese tema.

2. Decir yo te amo, que Dios te bendiga. ¡Lo que sugerimos anteriormente ya nos da espacio para avanzar en cosas aún más simples, pero que poseen una fuerza increíble! Es como si pudiéramos "presionar ese botón" para aromatizar los ambientes, aliviar el estrés de las emociones o mirar la vida de la manera correcta.

En otra oportunidad hemos explicado que el órgano sexual más importante es el oído. (Lea el artículo "¿Cuál es el órgano sexual más importante?") Hace mucho tiempo Eliana y yo estamos ejercitándonos en la escucha uno del otro, un punto crucial para saber cómo acoger la gracia de esta pertenencia de la persona que tanto deseamos pues, la verdad es que sabemos que vivimos en el corazón de alguien cuando éste alguien dice que me ama, me escucha y no necesita mucho más de eso.

Así que no tengas miedo de crear el hábito de decir; "Te amo, que Dios te bendiga" todas las noches. Con ganas, sin ánimo, con placer, solo decir ... es una forma comprensible de expresar lo que realmente importa, ¿no?

"Incluso no habiéndonos comportado como deberíamos, yo te amo, ¡que Dios te bendiga!"

"A pesar de que las cosas hayan salido de un modo completamente contrario a lo esperado o se encuentren fuera de control, te amo, ¡Dios te bendiga!

"Aunque te haya lastimado, te amo, Dios te bendiga, mi amor!"

3. Elige buenas conversaciones. Aquí, el sentido común debe entrar en juego. ¡Elegir los temas de una conversación entre esposo y esposa, en ciertas circunstancias es demasiado importante!

Lo más valioso en este punto es identificar aquellos asuntos que pueden estropear el ambiente y, a veces, toda una noche, o un momento de amor e intimidad, por ejemplo, y dejarlos para más tarde. ¡Pero sí para después! Esto está lejos de la idea de que no debemos hablar sobre lo que se debe hablar.

Lo mejor es no tener miedo de identificar esos asuntos y estar de acuerdo en que nos iremos a dejar para nunca mas hablar de las situaciones que realmente merecen atención, pero que tienen su lugar y momento. Será formidable si la pareja puede entender quién de los dos tiene la mayor habilidad, o incluso tiene la fuerza para decir que este no es el momento para esa cuestión o problema.

Recuerda que la vida de dos será más y más fuerte a medida que la pareja dedique tiempo y cuidado a lo que no es tan perceptible a los ojos pero que es esencial para el corazón.

Ricardo Sa
Adaptación del original en portugués

El verdadero desierto



Ningún profeta ha encontrado jamás a Dios sin retirarse a la soledad y el silencio. Moisés, Elías y Juan el Bautista hallaron a Dios en el silencio del desierto. También hoy los monjes buscan a Dios en la soledad y el silencio. No me refiero únicamente a una soledad o un movimiento geográfico, sino a un estado interior. Tampoco basta con callar. Hay que convertirse en silencio.

Y es que Dios se encuentra en el hombre antes que en el desierto, antes que en la soledad y el silencio. El auténtico desierto está en nuestro interior, en nuestra alma.

Si lo entendemos así somos capaces de comprender que el silencio es indispensable para encontrar a Dios. El Padre aguarda a sus hijos en sus propios corazones.

Card. Sarah – “La fuerza del silencio” # 05

Mes de la Gentileza - día 05


Buen día, Espíritu Santo! 05012019


RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,1-18


Evangelio según San Juan 1,1-18
Al principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.
Al principio estaba junto a Dios.
Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe.
En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la percibieron.
Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.
Vino como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
El no era la luz, sino el testigo de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que, al venir a este mundo, ilumina a todo hombre.
Ella estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de ella, y el mundo no la conoció.
Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron, a los que creen en su Nombre, les dio el poder de llegar a ser hijos de Dios.
Ellos no nacieron de la sangre, ni por obra de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino que fueron engendrados por Dios.
Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él, al declarar: "Este es aquel del que yo dije: El que viene después de mí me ha precedido, porque existía antes que yo".
De su plenitud, todos nosotros hemos participado y hemos recibido gracia sobre gracia:
porque la Ley fue dada por medio de Moisés, pero la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
Nadie ha visto jamás a Dios; el que lo ha revelado es el Hijo único, que está en el seno del Padre.


RESONAR DE LA PALABRA

El sacramento de la Carne

El nacimiento de Jesús es clave en nuestra fe. No se trata sólo del nacimiento de un profeta. Ni siquiera del nacimiento de un Mesías salvador. Afirmamos que en Jesús Dios se encarnó, Dios se hizo carne. Toda la parafernalia de luces, celebraciones, regalos y consumismo de estos días se monta en torno a ese hecho tan sencillo como profundo en significado para la historia de la humanidad y para las relaciones de las personas entre sí: en aquel niño que nació en Belén, en un pesebre, hijo de María y José, está presente Dios mismo. Nuestro mundo celebra, aunque muchos sin saberlo conscientemente, la alegría mas profunda, auténtica y verdadera posible: Dios se ha hecho uno de nosotros y ha asumido nuestra carne con todas sus consecuencias. Nada en el mundo ha sido igual desde aquel momento. Jesús, Dios encarnado, significa un cambio radical en nuestra historia, una novedad tan absoluta que nada puede ser ya como antes. 

En la Iglesia decimos desde hace siglos que hay siete sacramentos. Un sacramento es un lugar de encuentro con Dios, es una celebración, momento, ocasión, en la que la acción de Dios se hace visible, tangible, concreta en nuestras vidas y en nuestra historia. El sacramento se realiza siempre a través de un símbolo concreto. En el Bautismo es el agua, en la Confirmación el óleo, en la Eucaristía el pan y el vino. Pero todos esos sacramentos provienen de una fuente original. Esa fuente no es otra que Jesucristo. Él es el lugar primordial del encuentro con Dios. En él la humanidad se encuentra con Dios porque en él Dios ha asumido nuestra carne. Cuando miramos a Jesús, en su carne vemos a Dios. En él Dios se nos ha hecho visible. A Dios nadie le ha visto nunca. Sólo en Jesús se nos transparenta. Jesús es la revelación del Dios que viene a nuestro encuentro para salvarnos. 

Este primer sacramento tiene consecuencias importantes. Si Dios ha elegido esta carne nuestra para revelarse, entonces es que nuestra carne, nuestro cuerpo, se convierte en un espacio sagrado. La vida, en todas sus formas y expresiones, es lugar de manifestación de Dios, es lugar de encuentro con Dios. La vida, el cuerpo, de nuestros hermanos y hermanas es lugar de presencia de Dios. Ellos son para nosotros sacramentos del encuentro con Dios. Mi relación con los demás, hombres y mujeres de cualquier raza y condición, ya no es la misma. En Jesús, ellos se han convertido en retratos multidimensionales del amor de Dios, de su presencia salvadora. En ellos me encuentro con Dios. Por eso el respeto y el amor son la única forma posible de relacionarme con ellos. Ellos son cuerpo de Dios –y yo también y por eso he de respetarme igualmente–. En Jesús recién nacido descubrimos que nuestro cuerpo es sacramento de Dios. 

Para la reflexión

¿Cómo miro a mis hermanos y hermanas? ¿Veo en ellos la presencia de Dios que me ama y me da la vida? ¿Los respeto como sacramentos que son de Dios? ¿Respeto mi propia vida, la cuido, como lugar de presencia de Dios para mis hermanos y hermanas?
Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA

COMPRENDIENDO LA PALABRA 060120


«Le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra» (Mt 2,11)

En la fiesta solemne de la Epifanía, siguiendo el modelo de las ofrendas de los reyes, Gertrudis ofreció a Dios, como si fuera mirra, el cuerpo de Cristo con todo su sufrimiento y pasión. De este modo, por la gloria de Dios, ella quería borrar los pecados de los hombres, desde Adán hasta el último de ellos. En lugar del incienso, ella ofreció el alma de Cristo, plena de devoción y con todos los actos de su vida espiritual, para suplir las negligencias de todo el universo. Lo mismo, en vez del oro, ofreció la perfectísima divinidad de Cristo, con las delicias que posee, para reemplazar las deficiencias de todas las criaturas. El Señor Jesús se le apareció entonces, presentando esta ofrenda como un regalo precioso a la siempre adorable Trinidad. Mientras se la veía como atraversando el cielo, toda la corte celeste parecía arrodillarse llena de respeto por esta ofrenda. (…)

Recordó en ese momento que ciertas personas, con sentimientos de humildad, le habían pedido ofrecer a Dios en su lugar, en memoria de los dones de los Magos, pequeñas oraciones que habían dirigido al Señor antes de la fiesta. Como ella lo realizaba con toda la devoción posible, el Señor Jesús se le apareció de nuevo llevando a través de todo el cielo esta segunda ofrenda, para presentarla a Dios Padre. Toda la armada celeste corría delante de él y celebraba con alabanzas a esta ofrenda, como si se tratara de magníficos regalos.

Esto le hizo comprender que si alguien ofrece a Dios oraciones u otros esfuerzos, todo el concejo celeste elogia ese don, como un presente agradable a Dios. Si, descontento de lo que aporta, agrega a sus propias obras aquellas más perfectas del Hijo de Dios, los santos declaran por esta ofrenda (…) tal reverencia, que nada podría pretender tan alta dignidad, excepto quien está más allá de todo: la única y adorable Trinidad.



Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
El Heraldo del amor divino, IV (Œuvres spirituelles, Paris, Cerf, 1978); trad. sc©Evangelizo.org

COMPRENDIENDO LA PALABRA 050120


«A cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre»

Contempla los misterios del amor y verás «el seno del Padre» que sólo «el Hijo único nos lo ha contado» (Jn 1,18). Dios mismo es amor (1Jn 4,8) y por eso mismo se ha dejado ver por nosotros. En su ser indecible, es Padre; en su compasión para con nosotros, es Madre. Es amando que el Padre se nos presenta también femenino. 

La prueba más asombrosa es Aquél que él engendra de sí mismo. Y este Hijo, fruto del amor, es amor. Es por causa de ese mismo amor que él mismo descendió. Por causa de este amor ha revestido nuestra humanidad. Por causa de este amor, libremente, sufrió todo lo que libera la condición humana. Así, haciéndose según la medida de nuestra debilidad, a nosotros, a los que amaba, nos ha dado, a cambio, la medida de su fuerza. Hasta el punto de ofrecerse a sí mismo como sacrificio y dándose él mismo como precio de nuestra redención, nos dejó un testamento nuevo: «Os doy mi amor» (cf Jn 13,24; 14,27). ¿Cuál es este amor? ¿Qué valor tiene? Por cada uno de nosotros «ha entregado su vida» (1Jn 3,16), una vida más preciosa que el universo entero.

San Clemente de Alejandría (150-c. 215)
teólogo
Homilía «¿Cuál es el rico que puede ser salvado?», 37