viernes, 21 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“El Hijo del hombre es dueño del sábado”

No vemos que las palabras del Génesis: "el sábado Dios descansó de sus obras" se hayan cumplido en este séptimo día de la creación, ni tampoco se cumplan hoy. Vemos a Dios trabajando siempre. No hay sábado en el que Dios deje de trabajar, ningún día en el que "no salga su sol sobre buenos y malos y caiga la lluvia sobre justos e injustos", donde "no crezca la hierba sobre las montañas y las plantas estén al servicio de los hombres" (…), donde no haga "nacer y morir".

Así, el Señor responde a los que lo acusaban de trabajar y de curar en sábado: "mi Padre está trabajando ahora, y yo también trabajo" Mostraba así que, en este mundo, no hay sábado en que Dios deje de velar por el mundo y por el destino del género humano. (…) En su sabiduría creadora no deja de ejercer sobre sus criaturas su providencia y su benevolencia "hasta el fin del mundo". Pues el verdadero sábado donde Dios descansará de todos sus trabajos, será el mundo futuro, cuando "dolor, tristeza y gemidos desaparecerán”, y Dios lo será "todo en todos".



Orígenes (c. 185-253)
presbítero y teólogo
Homilía sobre el Libro de los Números, n° 23 (SC 29)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 12,1-8


Evangelio según San Mateo 12,1-8
Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".

Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,

cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.

Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.

Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado".


RESONAR DE LA PALABRA


El evangelio de hoy nos trae uno de tantos choques como parece que se produjeron entre Jesús y los fariseos. Estos andaban muy preocupados con el cumplimiento de las normas. Lo hacían con toda la buena voluntad del mundo. Para ellos la fidelidad en el cumplimiento de hasta la más mínima de las normas y leyes del judaísmo era señal práctica y concreta de su fidelidad a Dios. Pero esa observancia tenía una consecuencia negativa: al final todas las normas tenían el mismo nivel, la misma importancia. Para entendernos en el lenguaje más de la iglesia católica, el quebrantamiento de cualquier norma, por pequeña que fuese, era siempre pecado mortal. Significa ser infiel a Dios.

Por eso, los fariseos critican a los discípulos. Al coger las espigas porque tenían hambre estaban quebrantando la ley del sábado. Estaban siendo infieles a Dios. Es una queja y crítica lógica desde su perspectiva. Esperan de Jesús que ordene a sus discípulos que paren de hacer lo que hacen y que se comporten como debe comportarse un judío: cumpliendo todas las normas.

Pero Jesús se coloca en otra perspectiva. En este mundo hay muchas normas. Pero no todas tienen la misma importancia. A veces, hay normas que chocan unas con otras. Jesús tiene claro que hay una jerarquía. Y el punto más alto de la jerarquía es el bien de la persona humana. Antes que cumplir la norma del sábado, hay que dar de comer al hambriento. Así de sencillo.

El Dios de Jesús es Dios de misericordia. Se preocupa por el bien de sus hijos e hijas. No quiere sus sacrificios. No quiere que se humillen. Quiere que vivan de acuerdo con su dignidad de hijos e hijas de Dios. Antes que ser adorado y alabado, prefiere que sacien su hambre. Porque como decía ya en el siglo II San Ireneo: “la gloria de Dios es que el hombre viva”. Por esa razón, Jesús puede decir que el Hijo del Hombre es señor del sábado y tiene autoridad para poner todas las normas al servicio del bien de la persona.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

jueves, 20 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

La humildad, perfume de Cristo

La humildad es fruto de la luz de Dios en el alma. Sería inútil pretender adquirirla por propios esfuerzos. (…) Es necesario pedir la luz de la humildad. Es esencial también recibirla bien. (…)

“Aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón” (Mt 11,29), proclama Jesús. La humildad y la paciencia son virtudes características, el perfume personal de su alma, el que deja al pasar e indica los lugares en los que reina. La humildad de Cristo Jesús, humildad ferviente por excelencia, procede de la luz del Verbo que habita corporalmente en él…Entre la naturaleza divina y la naturaleza humana de Cristo Jesús, unidas por la relación de la unión hipostática, subsiste la distancia hasta el Infinito…Este Infinito se junta con su humanidad y la sumerge en abismos de adoración y humildad dónde ningún hombre podría seguirla, ya que nadie ha contemplado tan cerca y profundamente al Infinito… Este Infinito es amor que se entrega, unción que se propaga, en la forma suave, apacible y beatificante de Cristo Jesús, enteramente paciente y humilde.

Humildad y paciencia, fuerza y suavidad, el perfume de Cristo es también perfume de humildad ferviente, signo auténtico de contactos divinos y llamado discreto pero firme a nuevas visitas de la Misericordia de Dios.



Beato María-Eugenio del Niño Jesús (1894-1967)
carmelita, fundador de Nuestra Señora de Vida
La humildad (Je veux voir Dieu, Carmel, 1949), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,28-30


Evangelio según San Mateo 11,28-30
Jesús tomó la palabra y dijo:

"Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.

Porque mi yugo es suave y mi carga liviana."


RESONAR DE LA PALABRA


El texto del evangelio de hoy es breve pero jugoso. Por si no teníamos bastante con el de ayer en el que se nos recordaba que Dios prefiere a la gente sencilla, hoy Jesús levanta la mano, abre las puertas de su corazón, para todos los que están cansados y agobiados, para todos los que sufren, para los que les ha tocado la peor suerte en esta vida.

Lo cierto es que si miramos a nuestro alrededor vemos mucho sufrimiento. Con tal de que queramos ver. Recuerdo una persona que me contó que él en toda su infancia y juventud nunca había visto la pobreza porque, a pesar de vivir en un país muy pobre, siempre que había salido de casa lo había hecho en el cochazo de su padre que tenía los cristales tintados. Por eso digo que hay que mirar con un poco de atención. Y bajar la ventanilla del coche para que nos dé el aire, para ver a las personas que nos rodean y sentir el mal olor –¿se han dado cuenta de que la pobreza también huele mal?– de la pobreza.

Hay muchos cansados y agobiados. Más de los que parece a simple vista. Todos llevamos nuestras miserias y nuestras heridas. Pasa que también todos, o casi todos, hemos aprendido a construirnos una coraza, una defensa, que nos cubre y que nos hace aparecer felices ante los demás. Pero la procesión va por dentro. Demasiadas veces.

Jesús tenía buenos ojos. Miraba también con el corazón. Y en nombre de Dios hizo de sí mismo un puerto de acogida para todos los que estaban “cansados y agobiados”.

Pero hay algo más en este evangelio. Los “cansados y agobiados” encontrarán descanso en su corazón. Por supuesto. Lo más a que me refiero es que estar con Jesús es fácil porque su yugo es llevadero y su carga ligera. Acercarse a Jesús no es como entrar en una secta, donde las normas son estrictas, donde hay tabúes, donde se multiplican las normas y las condiciones para salvarse. Acercarse a Jesús es entrar en el Reino del Padre, en una familia que se basa en el respeto, el amor y la justicia. Es una familia abierta, inclusiva, donde todos son bien recibidos, acogidos y amados en lo que son. Donde el amor fraterno no pone condiciones. Igual que el amor de Dios.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 19 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


Te adoro, Creador y Señor mío

Te adoro, Creador y Señor, oculto en el Santísimo Sacramento. Te adoro por todas las obras de Tus manos, en las cuales se me revela tanta sabiduría, bondad y misericordia. Oh Señor, has esparcido tanta belleza sobre la tierra y ella me habla de Tu belleza, aunque es sólo un pálido reflejo de Ti, belleza incomprensible. Y aunque Te has escondido y ocultado, y has ocultado Tu belleza, mi ojo, iluminado por la fe, llega hasta Ti y mi alma reconoce a su Creador, a su Bien supremo y mi corazón se sumerge completamente en una plegaria de adoración.

Creador y Señor mío, Tu bondad me animó a conversar Contigo. Tu misericordia hace que desaparezco el abismo que separa al creador de la criatura. Hablar Contigo, oh Señor, es el deleite de mi corazón. En Ti encuentro todo lo que mi corazón puede desear. Aquí Tu luz ilumina mi mente permitiéndole conocerte a Ti cada vez más profundamente. Aquí torrentes de gracias fluyen sobre mi corazón, aquí mi alma obtiene la vida eterna.

Oh Creador y Señor mío, además de ofrecerme estos dones, Tu Mismo Te entregas a mí y Te unes íntimamente a Tu criatura miserable. Aquí nuestros corazones se entienden sin buscar palabras; aquí nadie es capaz de interrumpir nuestra conversación. Aquello de lo cual hablo Contigo, oh Jesús, es nuestro secreto que otras criaturas desconocerán y por el cual los ángeles no se atreven a preguntar. Son los perdones secretos que conocemos sólo Jesús y yo, es el misterio de su misericordia que abraza a cada alma individualmente.

A causa de esta inconcebible bondad Tuya. Te adoro, oh Creador y Señor, con todo mi corazón y toda mi alma. Esta adoración mía es muy miserable e insignificante, no obstante estoy serena, porque sé que Tú sabes que es sincera aunque tan imperfecta…


Santa Faustina Kowalska (1905-1938)
religiosa
Diario, nº 1692 (La Divina Misericordia en mi alma, Editorial Padres Marianos 4ª edic. autorizada Stockbridge, Massachussets 2001, p. 333, rev.)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,25-27


Evangelio según San Mateo 11,25-27
Jesús dijo:
"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños.
Sí, Padre, porque así lo has querido.
Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar."


RESONAR DE LA PALABRA


Definitivamente Jesús le da la vuelta a este mundo. Antes de Jesús a Dios se le había representado siempre como todopoderoso y subido a los cielos. En su altura se le veía como inalcanzable para los hombres. Tan lejos se le veía que la sola posibilidad de encontrarse con él, generaba temor, miedo, pavor. Dios era casi con toda seguridad una amenaza para la humanidad. Por eso, convenía tenerle contento, ofrecerle sacrificios propiciatorios. Siempre era mejor tenerle a favor que en contra porque solo su mirada podría destruir el mundo. De ahí los templos, lugares de la presencia de Dios pero lugares también de su poder, de su omnipotencia amenazadora. A ellos solo se podían acercar las personas consagradas, los santos, los que guardaban a la perfección sus leyes. Su santidad era tal que suponía un peligro para la vida humana.

Pero con Jesús es diferente. Él conoce a Dios Padre. Él es el Hijo, el único que conoce de verdad al Padre. Pero resulta que todo ese conocimiento se lo regala a los pobres y sencillos. A ellos se les regala el verdadero rostro de Dios, que ya no es amenaza para la vida sino amor que crea y recrea la vida de las personas. El amor es cercanía, compañía, ternura, suavidad. El amor es apoyo que nos levanta, que nos llena de esperanza. Este Dios que nos revela Jesús ya no genera espanto, miedo ni temor. Más bien su cercanía genera en nosotros confianza, serenidad, paz. Es un Dios que se pasea por nuestras calles y entra en nuestras casas. Es un Dios que se hace cercano a todos y, por eso, se hace cercano a la gente sencilla. Los sabios y entendidos no lo entienden porque no les cabe en sus esquemas.

Es tiempo de dar gracias con Jesús al Padre, porque hemos conocido su rostro, porque nos sabemos queridos y amados por él, porque sentimos que la misericordia es más grande que el juicio. Todavía, de vez en cuando, nos brota del corazón el temor y el miedo pero nos basta con leer este evangelio para que desaparezcan esos sentimientos y brote la confianza, la alegría y la esperanza.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 18 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

Una advertencia dada por amor

“También yo hablaría como ustedes, si ustedes estuvieran en mi lugar. Los ensordecería con palabras y les haría gestos de conmiseración. Los reconfortaría con mi boca y mis labios no dejarían de moverse. Pero si hablo, no se alivia mi dolor; si me callo, tampoco se aparta de mí” (Jb 16,4-6). Algunas veces ante los espíritus deshonestos que no puede enderezar la predicación de los hombres, es necesario desear con toda bondad, la intervención de Dios. Con el celo de un gran amor, no se pide un castigo por el perdido, sino una advertencia, no una maldición sino una oración.

Observemos que Job no dice “que yo estuviera en su lugar” sino “si ustedes estuvieran en mi lugar”. Lo que quería era la elevación aquellos a los que había deseado una suerte semejante a la suya. Consolamos a los espíritus deshonestos en medio de las flagelaciones, cuando les hacemos ver que los golpes del exterior afirman su salvación. Asentimos con la cabeza cuando se mueve su espíritu, que es lo que dirige nuestro ser hacia la compasión. Lo fortificamos en medio de las flagelaciones cuando clamamos la violencia de su dolor por la suavidad de nuestras palabras.

Encontramos hombres que por estar cerrados a la vida interior, se encuentran abatidos por los golpes del exterior hasta la desesperación. Por eso el salmista dice “No resistieron en las penas”, ya que sólo resiste las penas exteriores aquel que pide siempre su alegría y esperanza interior.



San Gregorio Magno (c. 540-604)
papa y doctor de la Iglesia
Libro XIII ( SC 212, Morales sur Job, Cerf, 1974)

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 11,20-24


Evangelio según San Mateo 11,20-24
}Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido.

"¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes.

Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría.

Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú".


RESONAR DE LA PALABRA

Si hacemos una primera lectura rápida al evangelio de hoy, podemos pensar que Jesús está clamando por el castigo divino para estas ciudades donde ha hecho presente con palabras y signos el mensaje del reino de Dios pero no le han escuchado, no se han convertido. Por eso, da la impresión de que Jesús les está anunciando el castigo que van a tener. Es, diríamos, un castigo merecido.

Pero si ponemos estas palabras de Jesús en el contexto del conjunto del Evangelio, creo que no podemos pensar así. El amor de Dios que se manifiesta en el anuncio del Reino no es un amor que juzgue con dureza ni castigue. Es un amor que no pone condiciones. Y, precisamente por eso, respeta la libertad del otro, del destinatario. Jesús ha llevado a esas ciudades el anuncio del Reino. Y siente en su corazón el dolor inmenso del padre, de su Abbá, que se sabe rechazado en su mensaje de amor por sus hijos.

El Padre no está pensando en el castigo que merecen sus hijos. No les quiere castigar. Les está ofreciendo un camino nuevo, de salvación, de vida, y ve horrorizado como ellos, sus hijos e hijas queridos, rechazan la oferta y desconfían en la mano que se les ofrece. Pero ni el Padre ni Jesús pueden hacer otra cosa. El Reino no se impone por la espada ni por la ley. No es una obligación. El Reino solo se puede acoger libremente, desde el corazón. Y Dios, ¡qué gran misterio!, no puede sino respetar nuestra libertad. Siempre habrá un puesto en la mesa, por si el hijo viene. Porque Dios cree en nosotros y no desespera. Pero no invade nuestra libertad. Este es el misterio de la encarnación y del respeto inmenso que Dios siente por sus criaturas.

Pero eso no quita para que en el texto del evangelio de hoy, Jesús manifiesta su dolor, su pena, su tristeza ante sus hermanos y hermanas que rechazan la buena nueva del Evangelio, del Reino, de la Vida que Dios nos ofrece.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

lunes, 17 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA


Combatir para permanecer en el Dios verdadero

[Santa Hildegarde presenta una visión en la que vicio y virtudes se responden]

-La cobardía: “No tomaré ningún riesgo, por miedo a ser exiliada y privada de protector. Si me expusiera a las ofensas de los otros, perdería mis medios de existencia y sería privada de mis amigos. Honro a nobles y ricos, no me ocupo de los santos y pobres, porque no pueden darme nada. Quiero estar en paz con todos para no arriesgarme a perecer. Si combatiera, me responderían, si hiciera mal, me harían más todavía. Por eso me quedo tranquila: me hagan bien o mal, me quedo callada. Es mejor para mí mentir que decir la verdad, mejor ganar que perder y evitar a los fuertes que combatirlos. ¿Para que empezar lo que no podré terminar? (…)”

-Valor o coraje: “Divagando, embrutecido por el miedo, partiste en exilio y has engañado al hombre…No tienes honestidad. Yo tengo la espada de las virtudes de Dios con la que destruyo las injusticias… No quiero una vida estancada en el lodo y las vanidades del mundo, sino deseo venir al manantial que fluye… Combato a la vieja serpiente y sus restos, con el misterio de la Divina Escritura, para permanecer en el Dios verdadero…”

La cobardía sigue a la dureza como una desagradable mancha. El hombre cobarde no quiere oponerse a los vicios, sino que los atrae por su pereza. Los cobardes, en su insignificancia, se creen honestos. En realidad aman la pereza, no piensan en hacer ningún bien sino que se vuelven hacia la murmuración. Se pegan cobardemente a las insinuaciones y calumnias y las agrandan, al punto que eso ocupa sus corazones. Cambian por el propio placer, la confianza que tendrían que tener en la ayuda de Dios y de los hombres.



Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia
Scivias, el Libro de las Obras Divinas, 6 (in “Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1.


Evangelio según San Mateo 10,34-42.11,1.
Jesús dijo a sus apóstoles:
"No piensen que he venido a traer la paz sobre la tierra. No vine a traer la paz, sino la espada.
Porque he venido a enfrentar al hijo con su padre, a la hija con su madre y a la nuera con su suegra;
y así, el hombre tendrá como enemigos a los de su propia casa.
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.
El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.
El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a aquel que me envió.
El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.
Les aseguro que cualquiera que dé de beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa".
Cuando Jesús terminó de dar estas instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí, para enseñar y predicar en las ciudades de la región.


RESONAR DE LA PALABRA


«El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará»

Parece duro y grave este precepto del Señor de negarse a sí mismo para seguirle. Pero no es ni duro ni grave lo que manda aquel que ayuda a realizar lo que ordena. Es verdad, en efecto, lo que se dice en el salmo: Según tus mandatos, yo me he mantenido en la senda penosa. Como también es cierto lo que él mismo afirma: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. El amor hace suave lo que hay de duro en el precepto.

Todos sabemos de qué no es capaz el amor. El amor es no pocas veces hasta réprobo y lascivo. ¡Cuántas cosas duras no tuvieron que tolerar los hombres, cuántas cosas indignas e intolerables no hubieron de soportar para lograr el objeto de su amor!

Pues bien, siendo en su mayoría los hombres cuales son sus amores, ni es preciso preocuparse tanto de cómo se vive cuanto de saber elegir lo que es digno de ser amado, ¿por qué te admiras de que quien ama a Cristo y quiere seguir a Cristo, amando se niegue a sí mismo? Pues si es verdad que el hombre se pierde amándose, no hay duda de que se encuentra negándose.

¿Quién no ha de querer seguir a Cristo, en quien reside la felicidad suma, la suma paz, la eterna seguridad? Bueno le es seguir a Cristo, pero conviene considerar el camino. Porque cuando el Señor Jesús pronunció estas palabras, todavía no había resucitado de entre los muertos. Todavía no había padecido, le esperaba la cruz, el deshonor, los ultrajes, la flagelación, las espinas, las heridas, los insultos, los oprobios, la muerte. Un camino casi desesperado; te acobarda; no quieres seguirlo. ¡Síguelo! Erizado es el camino que el hombre se ha construido, pero Cristo lo ha allanado recorriéndolo fatigosamente de retorno.

Pues ¿quién no desea caminar hacia la exaltación? A todo el mundo le deleita la grandeza: pues bien, la humildad es la escala para ascender a ella. ¿Por qué alzas el pie más allá de tus posibilidades? ¿Quieres caer en vez de ascender? Da un primer paso y ya has iniciado la ascensión. No querían respetar esta gradación de la humildad aquellos dos discípulos, que decían: Señor, concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. Aspiraban a la cima sin tener en cuenta las escalas intermedias. El Señor se las indicó. ¿Qué es lo que les respondió? ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber? Vosotros que aspiráis a la cúpula de la grandeza, ¿sois capaces de beber el cáliz de la humildad? Por eso no se contentó con, decir: Que se niegue a sí mismo y me siga, sino que intercaló: Que cargue con su cruz y me siga.

¿Qué significa: Cargue con su cruz? Soporte cualquier molestia: y así que me siga. Bastará que se ponga a seguirme imitando mi vida y cumpliendo mis preceptos, para que al punto aparezcan muchos contradictores, muchos que intenten impedírselo, muchos que querrán disuadirle, y los encontrará incluso entre los seguidores de Cristo. A Cristo acompañaban aquellos que querían hacer callar a los ciegos. Si quieres seguirle, acepta como cruz las amenazas, las seducciones y los obstáculos de cualquier clase; soporta, aguanta, manténte firme. Estas palabras del Señor parecen una exhortación al martirio. Si arrecia la persecución, ¿no debe despreciarse todo por amor a Cristo?

fuente del comentario Agustín de Hipona


 

SEMBRAR PARA LOS DEMÁS

 

 «¿Yo siembro el bien? ¿Me preocupo solo por recoger para mí o también de sembrar para los otros? ¿Lanzo algunas semillas del Evangelio en la vida de todos los días: estudio, trabajo, tiempo libre? ¿Me desanimo o, como Jesús, sigo sembrando, también si no veo resultados inmediatos? María, que hoy veneramos como Virgen del Monte Carmelo, nos ayude a ser sembradores generosos y alegres de la Buena Noticia»


Francisco

Ángelus

26-07-2023 




domingo, 16 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¿Cómo cultivas el campo de tu corazón?

Aquel que acepta de buen grado la semilla de mis palabras, como a un buen campo, le acuerdo los dones del Espíritu Santo en sobreabundancia. Pero al que a veces recibe mis palabras y otras las refuta, es como un campo que en ocasiones reverdece y en otras se deseca.

¡Muéstrame cómo laboras el campo de tu corazón y cómo lo cultivas! Si tu trabajo interior me gusta, te ofreceré una excelente cosecha. Según tu trabajo, será tu cosecha y tu recompensa. ¿Puedo dar fruto en la tierra sin trabajo? Igualmente, no te daré fruto, oh hombre, sin la fatiga del trabajo. Porque has recibido de mi lo que te permite trabajar tu alma.

Algunas personas piensan que pueden ser todo lo que quieren, negando examinar lo que son y lo que pueden hacer, sin consultar a Aquel que los ha formado, su Dios…Quieren tratar a Dios como a un siervo que cumple enteramente sus voluntades. No quiero acordar mis dones ni sembrar un campo vacío, en un hombre que trata de unirse a mí con orgullo, haciendo en la alienación de su ignorancia como si no me conociese…

Oh hombre, ¿por qué no has mirado el campo de tu alma y sacaste las hierbas inútiles, espinas y ronzas, invocándome y examinándote a ti mismo, en vez de venir a mí como ebrio, loco, ignorándote tu mismo? No puedes terminar ninguna obra de luz sin mi auxilio. (…) Sin mí, no puedes hacer nada…



Santa Hildegarda de Bingen (1098-1179)
abadesa benedictina y doctora de la Iglesia
Scivias, el Libro de las Obras Divinas, 4 (in “Hildegarde de Bingen, Prophète et docteur pour le troisième millénaire”, Béatitudes, 2012), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 13,1-23


Evangelio según San Mateo 13,1-23
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar.

Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa.

Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía: "El sembrador salió a sembrar.

Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron.

Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda;

pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron.

Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron.

Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta.

¡El que tenga oídos, que oiga!".

Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?".

El les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no.

Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.

Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden.

Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán,

Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.

Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen.

Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron."

Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador.

Cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.

El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría,

pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.

El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.

Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".


RESONAR DE LA PALABRA


«Y les habló muchas cosas en parábolas…» Se ve por el contexto que el Señor se sentó en una nave y que las turbas se quedaron en la ribera. Les habló con parábolas para darnos a entender que los que están fuera de la Iglesia no pueden comprender las conversaciones divinas. La nave representa la Iglesia, dentro de la cual es depositada y predicada la palabra de vida, palabra que no pueden comprender quienes están fuera de la Iglesia, como si fueran arena estéril.

12. «Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará.» Los judíos, que no tienen fe, perdieron hasta la ley que habían tenido. Y por eso la fe en el Evangelio tiene la plenitud de los dones, porque una vez recibida nos enriquece con nuevos frutos, mientras que si se rechaza nos quita los dones que hemos recibido en el primer estado de naturaleza.

16-17. «¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen!» Habla aquí de la dicha del tiempo de los Apóstoles, cuyos ojos y oídos tuvieron la felicidad de ver y comprender la salud de Dios, cosa que los profetas y los justos desearon ver y comprender, y que estaba reservada para la plenitud de los tiempos. Por eso sigue: «Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.»

San Hilario, in Matthaeum, 13

fuente del comentario deiverbum.org
 

sábado, 15 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

¡Puedo todo en Jesús que me fortifica!

¿Cuál es el modo de fortificar nuestra debilidad? Con el amor. (…) Tenemos que poner nuestro afecto, deseo y amor, en un ser más fuerte que nosotros, es decir, en Dios. En Él encontramos toda nuestra fuerza.

Nuestro Dios nos ha amado sin ser amado. Desde que el alma ha encontrado y gustado un tan tierno amor, más fuerte que todo lo que es fuerte, sólo lo puede buscar y desear a él. Fuera de él, el alma no pide ni quiere nada. Ella es fuerte porque está apoyada y fijada sobre lo firme e inamovible. Pase lo que pase, no cambia y sigue siempre las huellas y movimientos de Aquel que ama. Como el alma tiene su corazón y voluntad unidos a él, ve perfectamente que Cristo, siendo Hijo de Dios, amó la pena y la humillación. Fue entre los hombres un Cordero humilde, tierno y despreciado.

Por eso sus servidores se alegran de seguir este camino, huyen y detestan lo que es contrario. Han devenido uno con Dios, por eso aman lo que Dios ama y detestan lo que él detesta. Reciben una fuerza tan grande que nada los puede perjudicar. Son como verdaderos caballeros que ven las grandes tempestades sin inquietarse. No temen, porque no han puesto la confianza en ellos mismos, sino que depositaron su esperanza y fe en Dios. Lo aman porque es fuerte y quiere y puede socorrerlos. Entonces, como san Pablo, confiesan con gran humildad: “Puedo todo por Jesús crucificado, que está en mí y me fortifica” (cf. Flp 4,13).



Santa Catalina de Siena (1347-1380)
terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
Carta 27, al cardenal Jacobo Orsini (Cartas, I, Téqui, 1976), trad. sc©evangelizo.org

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,24-33


Evangelio según San Mateo 10,24-33
Jesús dijo a sus apóstoles:

"El discípulo no es más que el maestro ni el servidor más que su dueño.

Al discípulo le basta ser como su maestro y al servidor como su dueño. Si al dueño de casa lo llamaron Belzebul, ¡cuánto más a los de su casa!

No les teman. No hay nada oculto que no deba ser revelado, y nada secreto que no deba ser conocido.

Lo que yo les digo en la oscuridad, repítanlo en pleno día; y lo que escuchen al oído, proclámenlo desde lo alto de las casas.

No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman más bien a aquel que puede arrojar el alma y el cuerpo a la Gehena.

¿Acaso no se vende un par de pájaros por unas monedas? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae en tierra, sin el consentimiento del Padre que está en el cielo.

Ustedes tienen contados todos sus cabellos.

No teman entonces, porque valen más que muchos pájaros.

Al que me reconozca abiertamente ante los hombres, yo lo reconoceré ante mi Padre que está en el cielo.

Pero yo renegaré ante mi Padre que está en el cielo de aquel que reniegue de mí ante los hombres."


RESONAR DE LA PALABRA


Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza.

¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y, allí donde un pueblo numeroso esté reunido por los lazos de la caridad, ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también.

Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo.

Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.

JUAN CRISÓSTOMO

fuente del comentario LITURGIA SEMANAL
 

viernes, 14 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“Aquel que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22)

“Aquel que persevere hasta el fin se salvará” (Mt 10,22). El Salvador del mundo nos dice que será coronado, salvado, aquel que luche y persevere hasta el fin de sus días sin dejarse vencer. O aquel que habiendo caído se levante y persevere. Mis hermanos, estas palabras deberían hacernos temblar y congelarnos de espanto si consideráramos los peligros a los que estamos expuestos, nuestra debilidad y el número de enemigos que nos rodean. (…)

Pero, me dirán, ¿qué es perseverar? ¡He aquí mi amigo! Estar pronto para sacrificar todo -bienes, voluntad, libertad y su misma vida- para no desagradar a Dios. Ustedes dirán: ¿qué es no perseverar? He aquí. No perseverar es caer de nuevo en los pecados que ya hayamos confesado, seguir con las malas compañías que nos hayan llevado hacia el pecado, enorme infelicidad que nos hace perder a Dios. (…) Mis hermanos, si los santos temblaron toda su vida por el temor de no perseverar, ¿qué será de nosotros que no tenemos virtud, ni gran confianza en Dios, estamos cargados de pecado y poco atentos para no caer en las trampas del demonio? Caminamos cómo ciegos en medio de grandes peligros, dormimos tranquilamente entre una multitud de enemigos encarnizados en nuestra perdición.

Ustedes dirán ¿qué hace falta  entonces para no sucumbir? Mi amigo, he aquí. Hay que huir las ocasiones que antes nos hicieron caer, recurrir sin cesar a la oración, frecuentar  dignamente los sacramentos. Si ustedes lo hacen, si siguen ese camino, ustedes estarán seguros de perseverar. Pero si no toman esas precauciones, podrán tomar otras medidas pero no dejarán de perderse. 


San Juan María Vianney (1786-1859)

presbítero, párroco de Ars
Sermón para el 2º Domingo de Pascua (Sermons de Saint Jean Baptiste Marie Vianney, Curé d'Ars, II, Ste Jeanne d'Arc, 1982), trad. sc©evangelizo.org

jueves, 13 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Que vuestra paz venga sobre ella»

El Espíritu Santo no ha dado esta advertencia: «¿Quién es el hombre que ama la vida y desea gozar de días felices? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de palabras mentirosas. Busca la paz y persíguela» (Sl 34 [33],13-15) El hijo de paz debe buscar y perseguir la paz, el que conoce y ama el vínculo de la caridad debe guardar su lengua del pecado de discordia. Entre sus prescripciones divinas y sus mandamientos de salvación, el Señor, la noche de su Pasión, añadió esto: «Esta es mi paz que os doy, esta es mi paz que os dejo» (Jn 14, 27) Semejante es la herencia que nos ha legado: todos los dones, todas las recompensas, nos ha abierto la perspectiva, la de conservar la paz que él ha ligado a la promesa. Si somos herederos de Cristo, permanezcamos en la paz de Cristo. Si somos hijos de Dios, debemos ser pacíficos: «Dichosos los artesanos de la paz, ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9) El ha hecho que los hijos de Dios sean pacíficos, dulces de corazón, sencillos de palabras, en perfecto acuerdo en el amor, unidos fielmente por los lazos del pensamiento unánime.

Esta unanimidad era desde antaño bajo los Apóstoles. (Ac 4,32) Es así que la novedad en el pueblo creyente, fiel a las prescripciones del Señor, mantiene la caridad. De la eficacia de sus oraciones: ellos podrán ser seguros los que obtendrían esto que la misericordia de Dios les pedía.


San Cipriano (c. 200-258)
obispo de Cartago y mártir
De la unidad de la Iglesia católica, § 24

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,7-15


Evangelio según San Mateo 10,7-15
Jesús dijo a sus apóstoles:

Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.

Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente."

No lleven encima oro ni plata, ni monedas,

ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir.

Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ella.

Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes.

Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies.

Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad.


RESONAR DE LA PALABRA


El anuncio del reino es tan diferente, tan alternativo a lo que es habitual en nuestro mundo que, inevitablemente, va a engendrar violencia. A pesar de que los mensajeros no leven armas ni guardias ni ejércitos consigo, la reacción de los que se van a sentir amenazados en sus privilegios o en su estilo de vida va a generar mucha violencia. La fuerza de las inercias, del siempre ha sido así, es tal que muchas personas se asustan ante el cambio. Y se asustan más ante el cambio radical que propone el anuncio del reino. El cambio da miedo y uno prefiere quedarse con lo de siempre antes que asomarse al vacío de algo que no se sabe cómo va a terminar.

Ante la propuesta del reino: fraternidad, no violencia, justicia, inclusión de los excluidos, de los marginados, de los pobres, la respuesta de muchos va a ser la violencia. El reino se siente como una amenaza que puede llegar a destruir nuestra forma de vida. ¿Cómo vamos a abrir la mano ante el desconocido si toda la vida nos han enseñado que el desconocido no es un hermano sino un posible, casi seguro, agresor? Y de ahí para delante queda poco para justificar las guerras y cualquier forma de violencia. Porque en la historia del mundo descubrimos que hasta los agresores han agredido porque se sentían ellos mismos agredidos.

Por todo eso no es extraño que Jesús deje claro a los discípulos que en su misión de anunciar el reino se van a encontrar casi seguro con persecuciones, con gentes que les van a atacar pensando que hacen lo justo, lo necesario, lo que hay que hacer. Porque se sienten agredidos ante un anuncio, el del reino, que hace una propuesta radical de cambio de estilo de vida.

Jesús anima a los discípulos a ser valientes. A no cejar en el anuncio del reino. Dios mismo estará con ellos. Pondrá las palabras correctas en su boca. Y siempre se encontrarán a alguien con el corazón abierto para acoger el anuncio del reino y comenzar a vivir de otra manera, más humana y más divina, más fraterna y más justa. Y el anuncio seguirá llegando a los pequeños y a los sencillos de corazón. ¿De qué tenemos miedo?

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

miércoles, 12 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

“El Reino de Dios está llegando a vosotros” (cf Lc 10,9)

Cuando el espíritu profético anuncia lo que está por venir, habla de esta manera: “De Sión saldrá la ley, de Jerusalén la palabra del Señor. El será juez de las naciones, árbitro de pueblos numerosos. Convertirán sus espadas en arados, sus lanzas en podaderas. No alzará la espada nación contra nación, ni se prepararán más para la guerra” (Is 2,3).

Estas palabras se han realizado de manera convincente. Doce hombres salieron de Jerusalén para recorrer el mundo. Eran hombres simples que no sabían hacer grandes discursos. Pero, por el poder de Dios, han anunciado a todos los hombres, que habían sido enviados por Cristo para enseñar a todos la palabra de Dios. Y nosotros, que antes no sabíamos hacer otra cosa que matarnos entre nosotros, no solamente no combatimos ya a nuestros enemigos, ni mentimos ante los jueces, sino que confesamos a Cristo con alegría y morimos como mártires...

Escuchad lo que está dicho de aquellos que anuncian su venida. David, el rey profeta habla inspirado por el Espíritu profético: “El día al día le comunica el pregón, la noche a la noche se los susurra. No es un pregón, no son palabras, no es una voz que se pueda escuchar; mas por toda la tierra se extiende su eco, y hasta el confín del mundo su mensaje” (Sal 18,3-5)... En otra profecía, el Espíritu profético anuncia por el mismo David: “Cantad al Señor un cántico nuevo, que toda la tierra cante al Señor. Cantad al Señor, bendecid su nombre, proclamad día tras día su salvación....Pueblos todos de la tierra, reconoced la gloria y el poder del Señor”(cf Sal 95) ...

David hizo esta profecía quince siglos antes de que Cristo fuera crucificado. Nadie antes de él fue crucificado por la salvación de la humanidad, ni nadie después de él. Al contrario, nuestro Señor Jesucristo ha sido crucificado, muerto y resucitado, ha subido a los cielos donde reina. Esta buena noticia, proclamada por todo el mundo por los apóstoles, es la alegría de los que esperan la inmortalidad que él ha prometido.



San Justino (c. 100-160)
filósofo y mártir
Primera apología, 39-42

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 10,1-7


Evangelio según San Mateo 10,1-7
Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia.

Los nombres de los doce Apóstoles son: en primer lugar, Simón, de sobrenombre Pedro, y su hermano Andrés; luego, Santiago, hijo de Zebedeo, y su hermano Juan;

Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el publicano; Santiago, hijo de Alfeo, y Tadeo;

Simón, el Cananeo, y Judas Iscariote, el mismo que lo entregó.

A estos Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos.

"Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel.

Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca.


RESONAR DE LA PALABRA


Los nombres de los doce, o de los once, según se mire, han quedado grabados en la historia de la iglesia. Fueron los primeros llamados a colaborar con Jesús, a estar a su lado. Ciertamente no fueron perfectos. No sabemos las razones que tuvo Jesús para elegir precisamente a estos doce y no a otros. Hasta podríamos decir que la elección no le salió muy bien a Jesús. A lo largo de los evangelios se habla con mucha claridad de sus debilidades y traiciones. No solo se trata de Judas, el traidor del último momento. Pedro mismo mereció ser llamado “satanás” por parte de Jesús. Tampoco entendieron mucho lo que era el Reino como lo demuestra que anduvieran discutiendo entre ellos quién era el primero, el más importante.

Pero ahí están: Simón, Andrés, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo, Santiago, Tadeo, Simón y Judas. Con sus debilidades y limitaciones. Con sus dudas. Elegidos por gracia para ser testigos del amor de Dios. Dice el evangelio que Jesús les dio autoridad pero no para mandar sobre el resto de los discípulos, no para gobernar, sino para “expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia”.

Así es, debe ser, la autoridad en la Iglesia. Porque el Hijo del Hombre no vino a ser servido sino a servir. Por eso los apóstoles, los doce, no fueron elegidos para ser servidos, para ocupar posiciones de poder sino para servir a sus hermanos y hermanas, expulsando los malos espíritus y curando las enfermedades. Dicho en otras palabras: curando, reconciliando, perdonando, liberando… ayudando a las personas a ser y reconocerse como hijos e hijas amadas de Dios.

Algunos papas en la iglesia han firmado sus documentos como “Servus servorum Dei”, que traducido dice que son “siervos de los siervos de Dios”. Ojalá todos en el pueblo de Dios, sin distinción de cargo, nos sintamos siervos de nuestros hermanos y hermanas y portadores de una autoridad que solo sirva para sanar y reconciliar y salvar.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA
 

martes, 11 de julio de 2023

COMPRENDIENDO LA PALABRA

«Proclamando la buena noticia y curando enfermedades»

Jesús, en cambio, tras de infinitas injurias y querellas: recorría las ciudades y aldeas, enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino de Dios y curando toda enfermedad y toda dolencia. Y no sólo no los castiga por ingratos, pero ni siquiera los reprende. Manifestaba así su mansedumbre (...) Recorría así las ciudades y aldeas y sinagogas, enseñándonos a rechazar las injurias, no con injurias, sino con beneficios mayores. Si tú haces los beneficios por Dios y no por los hombres, hagan lo que hagan tus consiervos, no dejarás de beneficiarlos, para que sea mayor tu recompensa. (…) Cristo, para enseñarnos que procedía por pura benignidad, no sólo no esperaba a que los enfermos fueran a él, sino que iba en busca de ellos y les hacía un doble beneficio: el del reino de los cielos y el de la curación de todo género de enfermedades.

Y no se contentaba con esto sino que tomó otra providencia además. Pues dice el evangelista: Viendo a la muchedumbre, se enterneció de compasión por ella, porque estaban fatigados y decaídos, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a los discípulos: "La mies es mucha, pero pocos los obreros. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies". Considera de nuevo cuan ajeno está a la vanagloria. Para no atraerlos todos personalmente hacia sí, manda a sus discípulos. Pero no únicamente por eso, sino además para adiestrarlos, a fin de que, ejercitándose en Judea, como en una palestra, se preparen de este modo para las luchas en todo el orbe. (…)

Por de pronto los gradúa como médicos de las enfermedades corporales y les reserva para más tarde la curación de las almas, que es la principal. Advierte en qué forma les hace ver ser esto cosa fácil y necesaria. ¿Qué les dice? La mies es mucha y los obreros pocos. Como si les dijera: «Mirad que no os envío a la siembra, sino a la cosecha». (…) Les decía esto para reprimirles sus altos sentires e instruyéndolos al mismo tiempo para que tuvieran gran confianza y demostrándoles que ya había precedido el mayor trabajo.



San Juan Crisóstomo (c. 345-407)
presbítero en Antioquía, después obispo de Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre el evangelio de san Mateo, nº 32

RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Mateo 9,32-38


Evangelio según San Mateo 9,32-38
En cuanto se fueron los ciegos, le presentaron a un mudo que estaba endemoniado.

El demonio fue expulsado y el mudo comenzó a hablar. La multitud, admirada, comentaba: "Jamás se vio nada igual en Israel".

Pero los fariseos decían: "El expulsa a los demonios por obra del Príncipe de los demonios".

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias.

Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos.

Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha."


 

RESONAR DE LA PALABRA

De vez en cuando oigo decir que no hay que dar ayudas a los pobres, a los desempleados, a los que se mueven en los márgenes de la vida porque la consecuencia es que se acostumbran a vivir de lo que se les da y no hacen ningún esfuerzo para salir de su situación. Esa forma de pensar suele estar acompañada de otra que dice que, cuando uno se esfuerza de verdad, siempre se consigue el resultado deseado. Desde esta forma de pensar, muy extendida hoy, no hay que tener compasión de las personas que lo están pasando mal. Esa compasión sería negativa. No les incentivaría a esforzarse para salir de su situación de pobreza o de dolor o de fracaso…

Sin embargo, en el evangelio de hoy se dice expresamente que Jesús se “compadecía” de ver a la gente “extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor”. Jesús, nuestro modelo, el que nos revela a Dios, la forma de ser de Dios, siente compasión ante los que sufren. De esa manera, nos dice, nos revela, que la principal y primera virtud del cristiano es la compasión. Dice el Diccionario de la Real Academia Española que la compasión es el “sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien”. Hay que subrayar los tres sustantivos que identifican ese sentimiento: pena, ternura e identificación.

El mismo Diccionario citado entiende que tener pena es tener un “sentimiento grande de tristeza”. Es decir, entristecerse, dolerse. En este caso la tristeza viene de ver, descubrir, el mal del otro. La ternura, en el mismo Diccionario, es el “sentimiento de cariño entrañable”. Aquí nos acercamos a las entrañas, allá de donde salen los sentimientos mejores y peores de las personas. El cariño que sale de ahí es grande, imparable, cambia la forma de ver a la persona a la que se dirige. Se vuelve amor incondicional, sin límite ni medida. Y la identificación es, en el mismo Diccionario, la “acción y efecto de identificar o identificarse”, la capacidad de hacerse uno con el otro, de sentir lo que él siente. Todo eso es tener compasión. Todo eso el significada de esta virtud que caracterizó a Jesús y que debería caracterizarnos a nosotros, los que queremos ser sus discípulos.

Fernando Torres cmf

fuente del comentario CIUDAD REDONDA