domingo, 10 de enero de 2016

RESONAR DE LA PALABRA - 10 ENE 2016

Evangelio según San Lucas 3,15-16.21-22. 
Como el pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías, él tomó la palabra y les dijo: "Yo los bautizo con agua, pero viene uno que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de desatar la correa de sus sandalias; él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Todo el pueblo se hacía bautizar, y también fue bautizado Jesús. Y mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección". 

RESONAR DE LA PALABRA
Queridos hermanos:
Dicen los entendidos que las fiestas de Navidad, Epifanía y el Bautismo se complementan, pues nos hablan de la manifestación de Dios por medio del Hijo y hoy además en el Espíritu. En el texto aparece toda la comunidad trinitaria: la voz del cielo (el Padre), la paloma (el Espíritu) y el Hijo. No es por lo tanto un relato cualquiera, sino un momento inicial y central en la vida de Jesús. Al ser bautizado, Jesús tomo conciencia de la misión a la que era llamado por el Espíritu, (misión que podemos entender leyendo toda la primera lectura  de Isaías). El bautismo es el nacimiento a los tres años de vida pública de Jesús y la proclamación por parte del Padre: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.
“Yo os bautizo con agua; Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”, ¿hay dos tipos de bautismo?, parece que sí. Siendo el bautismo la puerta de entrada a la Iglesia, el verdadero nacimiento del cristiano, no es por tanto un rito más, sino una tarea, una llamada para seguir las insinuaciones del Espíritu. En muchas ocasiones olvidamos el Espíritu y lo más importante creemos, que son  nuestras normas, (no están casados, los padrinos no están confirmados…), no falta razón y es verdad que en nuestros países hay muchos que podríamos decir que están bautizados con agua, incluso este es un tema que en las comunidades y en los sacerdotes produce una cierta esquizofrenia.
Pero fijémonos en la segunda lectura de los Hechos. Pedro ha tenido una visión, que coma toda clase de animales impuros, pero no se atreve, llegan los hombres enviados por Cornelio y el Espíritu le dice: “vete con ellos sin vacilar, pues Yo los he enviado”. Pedro entra en la casa del centurión y escuchamos: “Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”. Por primera vez, el Espíritu irrumpe sobre los paganos y Pedro dice: “¿Acaso puede alguno negar el agua del bautismo a éstos, que han recibido el Espíritu como nosotros?”. Y Cornelio y toda su familia fueron bautizados.
El mismos Papa nos recuerda: “La Iglesia en salida es una Iglesia con las puertas abiertas. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad, y tampoco las puertas de los sacramentos deberían cerrarse por una razón cualquiera. Esto vale sobre todo cuando se trata de ese sacramento que es la puerta, el Bautismo. La Eucaristía, si bien constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles. Estas convicciones también tienen consecuencias pastorales que estamos llamados a considerar con prudencia y audacia. A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (Evangelii Gaudium, nº 47)
Lo esencial es que todos han recibido el Espíritu que nos invita a un compromiso con la justicia: primera lectura y segunda: “paso haciendo el bien”; a trabajar por la unidad y reconciliación de todos los hombres; a la vivencia de la igualdad y la fraternidad. Él es una paloma que nos trae la libertad interior y que Pablo opondrá en muchas ocasiones a la letra, la carne, la institucionalización, la ley, la rigidez, el formalismo. Por eso no podemos recibir un bautismo nuevo, si no nos desprendemos de nuestro egoísmo, de nuestros esquemas, de la comodidad e instalamiento. Necesitamos dejarnos invadir por ese viento que nos lleva más allá de nuestros cálculos, tradiciones, teologías, códigos, pastorales. Nada puede atar al Espíritu.
El bautismo es un serio compromiso como lo fue para Jesús, bautizar por tradición o costumbre no deja de ser un contrasentido. Pero negar la fuerza del Espíritu, es en ocasiones estar centrados demasiado en nosotros mismos, destacar constantemente los errores ajenos, no estar abiertos al perdón, a la ternura, en definitiva al Evangelio. No es fácil el dilema; como dice el texto: “Mientras oraba, se abrió el cielo”, oremos. Quizás la Iglesia necesite retirarse un tiempo para purificarse de tanto polvo acumulado, dejándonos todos invadir por el Espíritu que sopla fuertemente sobre tantos hombres que aman la justicia.
para Ciudad Redonda

Buen día, Espíritu Santo

Señor en la mañana, temprano quiero decirte que te amo
quiero reconocerte dueño y Señor de mi vida.
Quiero reconocerte como el que tienes todo poder,
Aquel que transforma y libera.
El que sana y Salva;
Me rindo a Ti, Señor,
me rindo a Tí, diciéndote que eres Tú el único
quiero pedirte que tomes posesión de mi corazón
y quiero pedirte que me bautices hoy con el fuego de Tu Espíritu.
Que me Bautices en espíritu y verdad.
Toma posesión de mi,
Ven a vivir y a reinar en mi corazón.
Quiero ser Tuyo,
Te entrego mi vida a Ti que sabes bien lo que necesito y quiero.
Tú eres el que todo lo sabes,
el que conoces las raíces de mis males.
Te alabo y te Bendigo
Ayúdame a saber quien soy para no andar errante,
para no andar imitando, ni usando máscaras o caretas,
para no vivir escondido detrás de relatos falsos;
Dame autenticidad
para amarte tal cual soy
con mis limitaciones y mis carencias,
con mis fragilidades y tibiezas;
Y así, rendido a Tí, solo por amor
mi andar se vuelve sereno,
mi andar encuentra la paz.


sábado, 9 de enero de 2016

NECESITAMOS...

NECESITAMOS DE SANACIONES, SEÑALES
Y PRODIGIOS EN LOS DÍAS DE HOY
Parte XXIX

Las señales y prodigios que acontecieron en el inicio de la Iglesia continúan tan necesarios hoy como en aquella época. Los desafíos para la evangelización en nada disminuyeron con el pasar de los siglos.  Existen, en el mundo, millones de personas que nunca oyeron el nombre de Jesús, mucho menos que Él es el Salvador enviado por Dios. ¿Cómo convencer a aquellos que no creen que el Creador se hizo hombre, y que su Espíritu continúa actuando entre nosotros para salvarnos? La única demostración que puede persuadirlos de que ésta es la fe verdadera y llevarlos a la conversión es la manifestación de la fuerza del Espíritu Santo, que realiza milagros y señales extraordinarias. Estas señales que impresionan sobre todo a quien los ve, el Señor jamás dejó de realizarlas, de manera que acontecen aún hoy. La cuestión es que para reconocerlos se necesita tener, aunque no sea fe, al menos apertura de corazón para creer.

Siguen algunos testimonios sobre el Espíritu Santo, que opera maravillas en nuestros días como lo hacía hace dos mil años: En un retiro espiritual en Canción Nueva, en Cachoeira Paulista, estado de San Pablo, aproximadamente 120.000 personas se reunieron para pedir liberación y sanación. Las oraciones eran conducidas por un padre exorcista llamado Rufus (Pereira). Un hombre, que estaba mudo hacía dos años, después de haber recibido la imposición de manos durante un momento de intercesión presentó mejorías significativas y volvió a balbucear algunos sonidos. Cuando es llamado al micrófono, para anunciar delante de la multitud algunas sílabas como testimonio de su mejoría, fue completamente curado, allí, en frente de todos. Su esposa lloraba mientras el mismo narraba de manera maravillosa como Dios lo había liberado y curado.
En la ciudad de Curitiba, una mujer estaba imposibilitada de tener hijos en razón de una dolencia rara. Volvió, un año y medio después, con una hijita en los brazos, para relatar que se había embarazado a pesar de todos las pronósticos contrarios de sus médicos.

En Goiania, en la Parroquia Sagrada Familia, una pequeña de brazos encontró la sanación de un riñón paralizado e irrecuperable durante la oración carismática. Cuentan los padres que el médico, boquiabierto, preguntaba en tono admirado: “Que oración ustedes hicieron?” Esto era un imposible” -pero su hija está curada.- El riñón está funcionando normalmente. Doctor, ¿usted cree en milagros?, preguntó la mamá de la pequeña. “Como no creería si estoy viéndolo!”, le respondió el médico.
Delante de tal declaración, el padre, que todo oía, abandonó inmediatamente su creencia en la reencarnación para poner su fe en Jesús vivo, resucitado, que continúa socorriendo a los que buscan su auxilio.

En todos los lados donde las personas se reúnen con fe en oración, verdaderas maravillas suceden: sanaciones, liberaciones, familias son restauradas, la existencia vuelve a tener sentido y muchos, muchos, testimonian como recuperan la fuerza y el gusto por la vida. Si el hecho de leer estos testimonios nos causa alegría y llena de esperanza, imagina entonces como fue para aquellos que recibieron esas gracias y también para los que estaban presentes y fueron testigos oculares de tamaño bien. Jesús realizó sus milagros curando los dolientes, efectuando exorcismos, convirtiendo los corazones de los que se habían apartado de Dios, salvando a los discípulos en el lago, y ejerciendo obras de generosidad. El se manifestó para destruir las obras del diablo, y se alegra porque las fuerzas del mal son vencidas, y el sufrimiento que masacra al ser humano es derrotado. Jesús es aquel que devuelve la esperanza donde ella no existía más. 

Márcio Mendes
"Dons de Fé e milagres"
Editora Canção Nova
Adaptación del original en português.

¿USTED CREE EN MILAGROS?

Parte XXVIII

Si alguien quiere saber cuál es la importancia de las sanaciones y de los milagros para el cristiano basta leer los Hechos de los Apóstoles. Las gracias extraordinarias que acontecieron después de la muerte y resurrección, los discípulos las percibieron, con mayor claridad, que eran por el Espíritu Santo que todo lo hacía. Era algo tan evidente que llevó a Pablo a decir que todo aquello que realizaba era en virtud de la gracia que le fuera dada por Dios; y lo hacía no por la palabra, sino también “por el poder de las señales y prodigios, por la fuerza del Espíritu” (cfr. Rom 15, 18-19)

Las sanaciones, conversiones, el crecimiento de la Iglesia no podían ser simples obras humanas. Pablo sabía distinguir muy bien lo que era resultado de su inteligencia y esfuerzo de aquello que era una demostración del poder del Espíritu (cfr. 1 Cor 1,4) Lo que hoy la Renovación Carismática Católica testimonia es que ese poder de Dios, tantas veces especulado y, por muchos, considerado cosas del pasado, ella lo experimenta en nuestros días. En el libro “El es el Señor y da la Vida” el cardenal Ives Congar afirma que “si recordamos como el proceso de Jesús continua en la historia, el Espíritu Santo, en la Renovación, conforta poderosamente a los discípulos de Jesús, convenciéndolos de que el mundo está errado (cfr. Jn 16, 8-11). Ellos son los discípulos de Jesucristo, del Señor Jesús, y no solamente de “Jesús de Nazareth” que los cristianos politizados y secularizados citan. Mejor todavía; en un tiempo en que el iluminismo del siglo XVIII eliminó el cristianismo de los lugares físicos y de las intervenciones del poder de Dios en la trama humana de la vida, la Renovación afirma experimentar tal poder y conocer intervenciones sensibles de Dios: ¡”El está vivo!”


En un congreso de la Renovación Carismática Católica de Colatina (ES), participamos de momentos intensos de oración y profunda intimidad con Dios. Muchos frutos surgieron de este día de alabanza y adoración, inclusive el siguiente testimonio:

“Quiero testimoniar muchas gracias recibidas el domingo durante la predicación sobre la Eucaristía. Usted hablaba de la fuerza que la Palabra de Dios tiene. Y, después, durante la oración hubo un momento de clamor a Dios por todos los que estaban ahí. Una señora conocida, pidió a Jesús visitase la hija de ella que estaba hace más de un mes dentro de un cuarto oscuro. Mi amigo, cuando esa señora volvió a su lugar, la casa estaba toda abierta, su hija se había levantado y le dijo: “Mamá, Jesús estuvo aquí y me pidió que me levantase”. Escribo estas líneas con lágrimas en los ojos y el corazón repleto de alegría”
En la Iglesia Católica, siempre hubo hombres temerosos de Dios que fueron canales de sanación, También se constataron mejoras evidentes después que los dolientes recibieron la unción de los enfermos. Pero queda todavía una idea de que esas sanaciones fueron principalmente resultado de la intercesión de los santos del cielo, principalmente de María Santísima. Con la Renovación Carismática Católica, las sanaciones vuelven a mostrarse fruto de la fe y de la oración de las personas aquí en la tierra, de esas personas que hacen parte de la Iglesia que lucha en este nuestro mundo. Y todo eso sucede en un clima de humildad, procurando evitar todo y cualquier sensacionalismo que podría fácilmente impresionar para colocar a la Iglesia en evidencia. El clima de oración donde el Espíritu Santo derrama maravillosamente sus gracias es siempre el mismo: entrega y fe incondicional en Jesús que está vivo y cuyo Espíritu actúa con poder; oración fraterna en común, pues quien está lleno de Dios no actúa solo, a no ser en una excepción, imposición de manos que, acompañando la oración en fe, es un gesto bíblico ordenado por Jesús e indica la acción poderosa del Espíritu Santo que está siendo invocado, y por fin, un profundo agradecimiento a Dios, aún antes de percibirse alguna mejoría aparente. Se trata de sumergirse de cabeza en una experiencia de fe y de oración y abandonarse en amistad con el Dios vivo que transforma la manera de lidiar con nosotros mismos, inclusive con nuestro cuerpo. Si el Espíritu Santo produce sanaciones físicas, produce todavía más sanaciones espirituales e interiores.

Alguien me contó: “Por varios años alimenté remordimientos y rencores que solo me hicieron sufrir mucho, por varios años viví en un submundo. Dios a pesar de todo, nunca me abandonó. Me bendijo con salud, dos lindas hijas, me formé, pase por un concurso y hoy tengo condiciones de mantenerme. Conocí Canción Nueva hace más o menos dos meses por la TV, y desde ese día volví a rezar y a tener fe en Dios y en Jesús. Las palabras de Jesús en el programa “Sonriendo a la Vida” me hicieron querer sonreír de nuevo. Hace hoy diecisiete días que dejé de drogarme, tengo certeza absoluta de que Jesús está conmigo y me bendice, pues estoy mucho más tranquila y feliz. Estoy también más fuerte, pues en mi antigua vida cualquier cosa me derrumbaba, sufría mucho. También se que el maligno ha intentado derrumbarme, muchas veces no se qué pensar, ni qué hacer y en esas horas sé que tengo que rezar. Todavía lloro mucho, todavía no consigo superar algunos traumas. Todavía no conseguí recuperar algunas cosas que perdí, pero ahora tengo un camino por seguir, el camino del Amor, el camino de Dios. Estoy siguiendo ese camino, sé que en el tiempo de Dios todo sucede y acontecerá como Él quiere. Estoy caminando, Márcio! Gracias a Dios por Canción Nueva!”

La sanación espiritual sucede cuando, partiendo de aquello que es ilusorio, engañoso y falso, Dios nos muestra la verdad y nos hace vivir en ella. Sanación interior es una sanación del alma, de la mente, del corazón de la persona, es un soplo de vida que trae equilibrio y salud a nuestra inteligencia, voluntad, recuerdos, y a nuestra sensibilidad afectiva. Puede ser que en nuestro interior existan puntos embarazosos y bloqueos que tienen origen espiritual. La liberación necesita suceder. Con todo, Dios acostumbra liberar no de una sola vez, como si fuese una intervención fulminante, provocando un choque emocional en la persona que Él toca, y sí por medio de una oración confiada en la bondad de Dios, una oración generosa, fraterna, humilde y perseverante; una oración que no desprecia ni los sacramentos ni la búsqueda constante de conversión. Aún en los milagros mismos, el Espíritu Santo siempre actúa uniéndose a nosotros y jamás perjudicándonos. El ambiente alegre, acogedor, amigo que nos lleva a alabar a Dios y a vaciarnos de las peleas y desentendimientos, la libertad y la fuerza del Espíritu Santo invocado en la oración deben ayudar a la persona a liberarse y ser feliz. Una espiritualidad que hace a la persona quedar triste, cerrarse en sí misma y parar de crecer no puede venir de Dios. El don de milagros tiene una relación muy estrecha con el don de sanación. La cuestión es que mientras la sanación se limita a los problemas de salud del hombre, el don de milagros se extiende también a las leyes de la naturaleza y a las situaciones más allá del ser humano. Basta recordar la multiplicación de los panes, el agua transformada en vino, Jesús caminando sobre las aguas, la tempestad calmada, la transfiguración, etc.

El hecho es que en medio de la oración suceden muchas sanaciones milagrosas, impresionantes y casi no creíbles si no fuese por los testimonios. Aunque sea necesario siempre discernir lo que es verdadero y lo que es falso, sabemos que Dios continua actuando (cfr. Jn 5,17) Creemos con todo el corazón en el Espíritu Santo, en su poder de dar vida, en el poder de la fe y de la oración, especialmente aquella oración hecha fervorosamente por hermanos que se aman. Es maravilloso que este mundo moderno, tan orgulloso de sus avances científicos y capacidades terapéuticas, el Espíritu Santo quiera que los cristianos retomen ese modo afectuoso y antiguo de llevar la sanación. El misterio de Dios es algo muy próximo de nosotros, pero que escapa a la atención de los ojos de la sociedad; este mundo ignora o desprecia los dones del Espíritu Santo y nada espera de ellos, ni siquiera toma conocimiento de su existencia. Desgraciadamente muchos cristianos conocen poco sobre esta realidad, y no es raro que se sientan incómodos cuando alguien les pregunta al respecto. No saben qué responder, porque tal vez nunca se hallan preguntado: ¿qué es el milagro? Antes que cualquier otra cosa, el milagro es una manifestación del poder extraordinario del Espíritu Santo, y no algo sin importancia que podemos, según nuestra preferencia, aceptar o despreciar. Es algo que interpela nuestras convicciones y desafía: “¿Crees en esto?” (cfr. Jn 11,26) Un milagro es algo que siempre supera la inteligencia del ser humano. Es aquello que no tiene explicación racional. Eso no quiere decir que el milagro va en contra de la naturaleza o contra de las leyes de la naturaleza sino simplemente que las ultrapasa.


La Palabra de Dios nos muestra que los prodigios del Espíritu Santo tienen siempre el objetivo de reforzar la fe. Santo Tomás enseña que el milagro es algo que se sitúa más allá de la naturaleza. Hace parte del universo sobrenatural y brota del poder de Dios que está encima de todas las leyes y de toda la creación. ¿Por qué Dios hace milagros? Tomás explica que es siempre para revelar que hay una realidad sobrenatural. Ellos son señales de aquello que no podemos ver y solamente Dios puede realizarlos. Tener fe no es aceptar como sobrenatural todo lo que otros dicen que es milagroso, sino es tener apertura de corazón para admitir que el milagro existe y puede suceder también con nosotros o con alguien que conocemos. La Sagrada Escritura es rica en criterios y enseñanzas para ayudarnos a distinguir la verdadera acción de Dios de aquello que quiere parecerse con ella. Tu puedes saber mas sobre eso en el libro “Don de discernimiento”, que integra esta misma colección. De cualquier forma, el profeta Isaías revela que hace parte de los planes de Dios hasta esas situaciones embarazosas que son generadas cada vez que el Señor realiza un prodigio: “Dice el Señor: “Este pueblo me busca solo de palabra, me honra apenas con la boca, mientras su corazón está lejos de mi. Su temor para conmigo está hecho de obligaciones tradicionales y rutinarias. Por eso continuaré sorprendiendo este pueblo, con un gran y terrible milagro. Ahí la pericia de sus sabios se pierde y la claridad de los inteligentes se apaga” (cfr. Is 29, 13-14) Por lo tanto el milagro también sirve para humillar la inteligencia de los arrogantes y sacudir la espiritualidad vacía de los acomodados. El impide al hombre acostumbrarse con las cosas espirituales y transformar aquello que es sagrado con algo chato, banal y vacío. Cuando el ser humano se enfrenta con un prodigio del Espíritu, es como si tuviese un choque, es como si despertase para comprender que existe algo más allá de aquello que sus ojos son capaces de ver. Una sanación, una liberación, una gran gracia alcanzada nos ayudan a comprender que nuestra existencia y cada día vivido sobre la tierra es un milagro también, aunque frecuentemente nos olvidemos de eso, porque estamos muy ocupados con nuestras trivialidades. Cuando inexplicablemente una persona sana de una dolencia incurable, cuando escapa milagrosamente de una tragedia o cuando consigue algo que antes era considerado imposible, los inteligentes y escépticos entran en crisis, pero es una crisis que hace bien, porque lleva a comprender que no todo puede ser explicado por nuestra razón. Por lo tanto, el milagro desestructura tanto la frialdad espiritual cuanto la arrogancia de los intelectuales. El no es “una expresión grosera de una espiritualidad medieval”, como dicen algunos, ni el producto de creencias folklóricas. Por el contrario, el es como quien busca en medio de la dureza de nuestro corazón para hacer surgir las pepitas preciosas de nuestra religiosidad más pura, mas auténtica y, por lo tanto de mayor calidad. El don de milagros no es el mayor de los carismas, pero sin duda su valor es incuestionable. El no se detiene en sí mismo, sino que apunta hacia Dios. No fue hecho para llenar de fama la persona que lo posee, ni para que sea visto como alguien con poderes extraordinarios. El es un incentivo para que se crea más y al mismo tiempo es una recompensa por haber creído. El es una especie de anuncio, una señal, de que el tiempo anunciado por los profetas llegó, y Dios mismo ya está reinando sobre nosotros con amor y justicia. La sanación de los hombres heridos, dolientes, abandonados, muestra que Dios se llegó hasta nosotros. Alguien podría preguntar: pero, ¿qué tienes para decir de las exageraciones? En primer lugar que donde hay gente hay exageraciones siempre. En todos los ambientes, actividades, ocupando cargos y funciones, basta observar con atención para encontrar personas que exageran y llegan a ser extremistas. Así como no se puede despreciar la medicina por causa del desequilibrio de un médico o condenar el Derecho por el error de un abogado, tampoco se puede desmerecer el don de milagros por causa del exceso de algunas personas. Frente a las obras que realizaba, Jesús llegó a entristecerse con dos tipos de actitudes: Primero, de aquellos que solo corren detrás de los prodigios y de las cosas extraordinarias, se preocupan apenas en resolver el problema del momento: recibir una sanación, alcanzar una meta, liberarse de un dolor, salvar la vida de una persona querida. Muchas veces, son personas que llegan a abandonar la fe, y solamente retornan cuando necesitan de otro prodigio. A ellas el Señor continua diciéndoles con tristeza: “Si no ves señales y prodigios no creéis” (cfr. Jn 4, 48) En el otro extremo están aquellos que no aceptan ni creen de forma alguna en ese don. Hablan de él con desdén como si fuese algo del pasado e innecesario sin percibir con eso que desprecian al propio Dios que lo realiza (cfr. Mc 3,5). El milagro es siempre una bendición cuando la persona lo recibe de las manos de Dios con un corazón agradecido, cuando percibe en él una demostración de amor, y se siente entusiasmada para creer todavía más. Pero, pierde todo su sentido cuando la persona solo queda mirando lo extraordinario.

Márcio Mendes
Libro "Dons de Fé e milagres"
Editora Canção Nova.
Adaptación del original en português.

DIOS SIEMPRE CUENTA CON LA GENTE


Parte XXVII - Libro "Dons de Fé e milagre"

El mayor milagro que podemos recibir del Señor es el don del Espíritu que nos justifica y santifica. Pero también son gracias de Dios los dones que el Espíritu Santo nos concede para hacernos participar de su obra, para volvernos capaces de colaborar con la salvación de los otros y con el crecimiento de los hermanos en la fe. Los carismas son gracias especiales y significan favor, don gratuito, beneficio concedido por el Señor. El don de milagros se encuadra como un carisma extraordinario, dado por Dios con el fin de santificar y hacer el bien a todo aquel que cree. El está al servicio del amor que fortalece, sana y salva al hombre. Muchos quieren extraer de los milagros una prueba científica de lo sobrenatural, pero, en este sentido, lo sobrenatural no se puede probar. Lo que es sobrenatural sobrepasa nuestra comprensión y solo puede ser conocido, experimentado y vivido por la fe. Ejemplo de eso es que nadie puede deducir que ya ganó el cielo sólo porque tuvo una impresión o un sentimiento de que su salvación eterna no corre riesgos. También el hecho de que una persona haya hecho alguna buena obra no le da garantía de que está en gracia y de que jamás se desviará. El hombre solo puede tener certeza por la fe que, siendo fruto del amor de Dios actuando en nosotros, nos lleva a creer siempre más. El Espíritu Santo es quien firma en los corazones esa convicción. El es la propia acción poderosa de Dios en el mundo, que vuelve posible ser tocados por Jesús ahora. Dios, por medio de su Espíritu, continúa todavía hoy extendiendo su mano para que se realicen sanaciones, milagros y prodigios por el nombre de Jesús (cfr. Hech 4,30) Hizo eso en el pasado y continúa operando de manera maravillosa en nuestros días. Sabemos de eso porque, al mencionar importantes carismas, San Pablo cita entre ellos un don especial del Espíritu Santo, capaz de operar obras poderosas, don que consiste en el “poder de hacer milagros”. En la carta a los Hebreos está registrado que la salvación realizada por Jesús fue comprobada por el propio Dios por señales, prodigios, milagros y por los dones del Espíritu Santo (cfr. Hb 2,4). Pero, no sólo la Biblia habla de esas maravillosas obras realizadas por el Señor. En sus relatos históricos, el famoso escritor Flávio Josefo se refiere a ellas. Y aún el Talmud Babilónico, reconoce los milagros de Cristo a pesar de no aceptarlo. Según este libro, que no es cristiano, Jesús realizó sanaciones. Aunque ellos hacen de todo para atribuir esas obras de Jesús al demonio (cfr. Mt 12,24) el milagro es siempre una señal de alguien mucho mayor que actúa a través de Él. El apunta a la presencia de Dios. Pero para percibirlo es necesario fe, pues el milagro nada revela por sí mismo. Gran ejemplo de esto es cuando sucede una sanación milagrosa en un momento de oración; la persona sanada dice: “Fue Dios quien me sanó”, la de otra religión dice: “debe haber sido el diablo”, o hasta dice: “pueden ser las fuerzas naturales guardadas en la mente de la persona”, y el descreído, el hombre sin fe declara: “fue suerte!”

Márcio Mendes
libro "Dons de Fé e milagres"
Editora Canção Nova
Adaptación del original en português.

De la boca de los niños y pequeños...

Este miércoles estábamos en familia, -me refiero en Familia Piedras Vivas-, reunidos en lo que llamamos “Patio de María”, una experiencia que solemos repetir los veranos, cuando el calor santafesino aprieta y aprovechamos para recrear entre nosotros el “patio de mamá María”.
Nada hacía presagiar un patio distinto, aunque sí lo tenía porque estábamos reunidos en un verdadero patio, el patio donde nació nuestra comunidad. Estábamos bajo las mismas estrellas de aquella vez, bajo el mismo manto, pero claro, viviendo una experiencia nueva. Nueva incluso porque esta vez estaban entre nosotros los más pequeños de la familia, estaban algunos de los hijos pequeños de los nuestros.
Teli se encargó de la sencilla organización de la noche. Todo encaminado nos sumergimos en una oración alegre de alabanza y gozo. No podíamos dejar de agradecer cada acontecimiento y gracia vivida en el último año. Era como si el Señor pusiese en nuestras mentes, en nuestra imaginación, en nuestro corazón la película de “Su paso” entre nosotros. Fue en ése clima de acción de gracias que comenzamos a contemplar los misterios del Santo Rosario, -raíz del “Patio de María”.
Estaba con los ojos cerrados, sereno, guitarra en mano, cuando la voz de una de las pequeñas me susurra al oído: “Miguel, antes que cantes algo, Dios quiere que diga algo, ¿sabes?” y entreabriendo los ojos, la vi dirigirse nuevamente a los brazos de su mamá, brazos de donde había salido.
Reconozco que ni siquiera intuía qué podía suceder, pero había algo en el timbre de esa voz que me hacía estar expectante. Cuando terminamos de recitar el segundo misterio, en el silencio de la noche, la voz suave de la pequeña, como susurrando, pero sin temor alguno quebró la noche:
“Dios dice que miremos lo bueno y no lo malo”
Un “¡Amén! exploto en nuestros labios.
Ella siguió en los brazos de su madre. Serena. Su carita tenía la frescura de la paz.
Yo comprendí que estábamos viviendo la profecía de Joel.
“Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán….”
Y comprendí la insistencia de Jesús… “dejen que los niños vengan a Mi”
A veces pienso que estos últimos años en la renovación hemos estado preocupados por oír profecías portentosas, ruidosas. Y en la noche del “Patio de María” asistíamos a una de las profecías más bellas y simple, “miren lo bueno, y no lo malo”.´ ¿Qué otra cosa podíamos esperar? Acaso podía ser de otro modo?, al fin y al cabo ésa noche, estábamos en “el patio de la humilde entre los humildes”, la noche de María.
Y nuestro patio continúo. Sencillo, tranquilo. Como si nada hubiese pasado aunque todos sabíamos que algo grande había acontecido en la simpleza de un patio, en la sencillez de la boca de un niño.
Esas palabras proféticas tienen, como suele decirse, mucha tela para cortar, pero éste no es el sentido de éstas líneas.
Solo quise compartirte una bendición vivida en familia.
Dios habla.
Dios continúa hablándonos.
Lo hace en la boca de aquellos que no lo esperamos.
En la boca de los pequeños, de los sencillos, lo hace como quiere y cuando quiere.

Dios Te Bendiga!
Miguel Angel Yunges
Comunidad Piedras Vivas.
foto: Familias invencibles

RESONAR DE LA PALABRA - 09 ENE 2016

Evangelio según San Marcos 6,45-52. 
Después que los cinco mil hombres se saciaron, en seguida, Jesús obligó a sus discípulos a que subieran a la barca y lo precedieran en la otra orilla, hacia Betsaida, mientras él despedía a la multitud. Una vez que los despidió, se retiró a la montaña para orar. Al caer la tarde, la barca estaba en medio del mar y él permanecía solo en tierra. Al ver que remaban muy penosamente, porque tenían viento en contra, cerca de la madrugada fue hacia ellos caminando sobre el mar, e hizo como si pasara de largo. Ellos, al verlo caminar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban sobresaltados. Pero él les habló enseguida y les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". Luego subió a la barca con ellos y el viento se calmó. Así llegaron al colmo de su estupor, porque no habían comprendido el milagro de los panes y su mente estaba enceguecida

RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres Pérez cmf - para Ciudad Redonda

      Termina la semana y nos encontramos con los discípulos en medio del lago. Embarcados. De noche. El viento decide salir de su refugio y empieza a montarse sobre las olas. Viene la tormenta. Y el miedo. Si alguno conoce el lago de Genesaret quizá le haya tocado verlo en un día apacible. Es un paisaje encantador, casi idílico. Pero suficientemente grande como para que las tormentas sean terribles. Y más con los medios de la época. Y más todavía si pensamos que la barquichuela de los discípulos no sería gran cosa. Pero por allí pasa Jesús y les invita a confiar: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.”

      Decía que estos días los Evangelios nos planteaban una especie de resumen de lo que significa ser cristiano. Este Evangelio de hoy tiene también su importancia. El lago y la barca han sido desde hace mucho tiempo uno de los símbolos favoritos del mundo y la Iglesia. La barca de la Iglesia, la barca sencilla del pescador Pedro, tiene que navegar entre los peligros de un mar que a veces es tranquilo y apacible y otras veces es terrible y peligroso. En una barca no hay un lugar seguro al que agarrarse. Sobre todo, si las olas son más altas que la misma barca. La barca se mueve sin parar y la sensación es que no hay esperanza ni forma de llegar a buen puerto. 

      Hoy podemos sentir nuestra vida amenazada. Y la vida de la misma Iglesia. Algunos parece que todo lo que ven son peligros, tan terribles que parece que estamos abocados a un final desastroso y sin salida. 

      Frente a los profetas agoreros, no tenemos más que la figura de Jesús que pasa cerca de nosotros y nos dice: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.” Él es el que nos hace seguir navegando seguros, seguir practicando la fraternidad, seguir abriendo la mano a los hermanos y hermanas de la humanidad sin excluir a nadie porque todos somos hijos e hijas de Dios. A veces nos encontramos con problemas, con conflictos. De la Iglesia con la sociedad. También dentro de la Iglesia, a veces en nuestra comunidad o en nuestra familia. Todo se arreglará desde el diálogo y el amor y la misericordia. Y recordando muchas veces las palabras de Jesús: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo.”

viernes, 8 de enero de 2016

Abrir y cerrar puertas

"Cuando abres una puerta en tu corazón ten cuidado de no dejarla entreabierta ni abierta de par en par para todo y para todos. Muchas veces entran cosas torpes, o hiervas estropeadas que solo agrían o envenenan la belleza de nuestra alma.
Lo más importante es no abrir la puerta de cualquier forma y tampoco con tanta facilidad, y ni siquiera cerrarla de forma repentina y precipitada. Cuida bien de la puerta, por ella todo entra y sale o todo se abre y se cierra.
Quien no tiene celo de saber cuidar de la puerta puede llevarle el resto de la vida y perderse."

P. Roger Araujo.
adaptación del original en português.

Fe auténtica

"Fe auténtica y madura es aquella en que te relacionas con Diospor aquello que Él es, y no por aquello que El puede hacer o darte.Pero como la base de la sociedad moderna son las relaciones comerciales,muchos prefieren mantener con Diosuna relación de "intercambio"

P. Roger Araujo
Adaptación del original en portugués.



CONVIVIENDO CON MILAGROS

CONVIVIENDO CON MILAGROS
Parte XXVI


Después de un momento de oración en Presidente Prudente, SP, una persona me escribió: “Me gustaría dar un testimonio. Soy casada por segunda vez, quiero decir, vivo con mi compañero, pues ambos fuimos casados por iglesia anteriormente. En nuestra comunidad fuimos invitados a participar de una experiencia de oración para matrimonios el año pasado, algunas personas intentaron acobardarnos por no estar casados por iglesia, pero otros nos incentivaron a ir, pues bien, fuimos. De mi primer casamiento tuve hijos, hice varios tratamientos para quedar embarazada, y llegué a estarlo una vez, pero con seis semanas de gestación tuve un aborto natural y después ya no lo conseguí. Mi esposo ya tiene un hijo de su primer matrimonio, y yo quería mucho un hijo, pero eso no sucedía; todos los meses estaba ansiosa, esperanzada, pero cuando la menstruación llegaba yo quedaba muy triste. Bien, durante la experiencia de oración en la cual usted predicaba fueron hechas oraciones para que la gente perdonase a las personas que nos hirieron, y yo tenía algunas para perdonar; en determinado momento, usted dijo que no acostumbraba decir muchas palabras de conocimiento, pero había un matrimonio que estaba allí pidiendo tener un hijo y que sería un pedido atendido. Las lágrimas rodaron por mis ojos y los ojos de mi esposo. Mi menstruación había comenzado, pero paró; pasó una semana, comenzó de nuevo y paró de nuevo, y cuál fue mi sorpresa, Dios había atendido nuestras oraciones, yo estaba embarazada. Mi pequeña tiene 44 días hoy, es linda y saludable. Agradezco todo el cariño con que fuimos recibidos en ese encuentro, aún no estando casados, y todas sus palabras y oraciones que transformaron nuestro modo de percibir la vida. Gracias por todo!”

Algunas veces, una persona recibe la gracia en un momento de intimidad a solas con Dios, orando con la Biblia, escuchando una canción, leyendo un libro. En un pequeño billete recibí este testimonio: “Soy aquella señora que le habló al respecto del rechazo de mis gestaciones. Seguí sus consejos, leí el libro “Don de lágrimas” y me perdoné. Amanecí abrazando a mis hijos y hoy estoy feliz por demás! Veo la vida con otros ojos. Gracias, Jesús, por esa sanación, después de veinte años de angustia!”

Otra gracia relacionada a este don del Espíritu me fue testimoniada de la siguiente manera: “Estoy muy agradecida porque ha escrito el libro “El don de lágrimas”, le amé y me ayudó a enfrentar los preconceptos. Tengo un lindo hijo, el tiene 23 años, pero por algún motivo, no sé cual, él se envolvió con personas marginales y acabó preso, condenado a cinco años y seis meses. Cuando recibí la noticia, pensé que no iba a soportarlo. Un día intenté suicidarme, pues el dolor era demasiado. Yo no me conformaba con aquella situación. Dije que nunca iría a visitarlo, pero estaba equivocada. Cuando alguien me prestó su libro, lo leí íntegramente e inmediatamente. Ah, mi amigo! Usted no imagina como aquel libro me resucitó. Yo fui a visitar a mi amado hijo, sí, pues él me estaba necesitando y mucho. Viajé mucho, 830 kilómetros, diez horas de auto, pero antes fui hasta “Canción Nueva” y compré el libro para ir leyendo y fortaleciéndome. Que Dios le bendiga mucho a usted y su familia, porque la familia es todo. Gracias por haber escrito: “El Don de lágrimas”!


El milagro sucede siempre a partir de un momento de oración en que hay un encuentro entre Dios y el hombre. Y, en la oración, no solamente el espíritu, sino también el cuerpo, reza. Hasta el alma misma se beneficia y es curada cuando nuestro cuerpo entra en oración, y con lágrimas, cantos, palmas, danzas y movimientos vuelve a alabar a su Creador. Uno de los grandes males del pecado, entre tantos otros, es que causa una ruptura entre nuestro físico y nuestro espíritu. Por eso, muchas sanaciones suceden cuando el cuerpo y el alma hacen las paces y se unen nuevamente. En el monte Tabor, el Espíritu Santo transfiguró no sólo el alma, sino también el cuerpo y las vestiduras de Jesús, para darnos la certeza de que nuestro cuerpo sufrido será tomado por una fuerza divina y enteramente transformado. Todo lo que el Espíritu Santo toca, Él llena de vida y poder. Lo que necesitamos hacer para recibir este milagro es preparar nuestra alma y nuestro cuerpo con todos los sentidos para recibir el Espíritu Santo y ser su morada. ¿Por qué el derramamiento del Espíritu Santo es el mayor milagro de Jesús? Porque Él es la respuesta para todo. Cuando somos sumergidos en el Espíritu, es la hora en que nos levantamos de nuestras amarguras y aflicciones y nos despedimos de toda frialdad afectiva para comenzar a sonreír otra vez, para volver a creer en la bondad y esparcir alegría por todos los lados como hacen los niños jugando en una mañana de sol. De repente, brota en nosotros una felicidad y un amor inexplicable por la vida. Sacudimos lejos de nosotros las corrientes con que nuestras vidas habían sido amarradas a la tristeza, y somos curados de los terribles traumas de la muerte. Comenzamos a hacer como los pajaritos que, aún antes de que el sol aparezca, se colocan para cantar alegres por la certeza del nuevo día. Los milagros de Jesús revelan mucho más que su poder, ellos son una demostración viva de su misericordia. Jesús no solamente libera el alma de sus prisiones espirituales, sino también el cuerpo de aquello que lo deshonra y de todo lo que lo envenena. Jesús tiene también dominio sobre nuestro físico y por eso es que lo libera de la esclavitud del vicio y del pecado para que pueda descansar. El sabe que, para estar saludables, todos necesitamos en algún momento encontrar alivio de nuestros fardos: “Vengan a mi, todos ustedes que están cansados y agobiados y yo les daré descanso” (cfr. Mateo 11,28) Delante del dolor de los indefensos, de los dolientes y de los frágiles, Jesús es la respuesta de Dios actuando con misericordia y compasión: “Al salir del barco, Jesús vio una gran multitud. Se llenó de compasión por ellos y curó a los que estaban enfermos” (Mateo 14,14) El se conmovió delante del leproso, de los hombres ciegos, del pueblo que no tenía que comer, de los que estaban perdidos e inseguros como ovejas sin pastor, de la viuda de Naím cuyo hijo acababa de morir. En tres milagros contados por Mateo, el evangelista se preocupa por resaltar que Jesús los curó rápidamente después de oír la oración: “Ten misericordia de mi”. El es la voz de Dios que continúa gritando: “Yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios y no holocaustos” (Oseas 6,6)

Comprendiendo La Palabra

“Partió los panes… repartió también los dos peces entre todos. Y todos quedaron saciados”
[Jesús dijo a santa Catalina:] “Es toda la Esencia divina la que, bajo la blancura del pan, recibís en este dulcísimo sacramento. Así como el sol es indivisible, así Dios se encuentra todo entero y el hombre también todo entero en la blancura de la hostia. Aunque se dividiera la hostia en mil i mil migajas, si esto fuera posible, en cada una de ellas yo estoy, Dios todo entero, hombre todo entero, como te he dicho… 
      Supongamos que muchas personas vinieran a buscar luz con sus cirios. Una trae un cirio de una onza, la otra de dos onzas, una tercera de tres onzas, ésta de una libra, aquella aún mayor. Todas se acercan a la luz y cada una enciende su cirio. En cada cirio encendido, cualquiera que sea su volumen, se ve desde el mismo instante que la enciende la luz entera, su color, su calor, su resplandor… De igual manera ocurre con los que se acercan a este sacramento. Cada uno lleva su cirio, es decir, el santo deseo con el cual recibe y toma este sacramento. El cirio se apaga, y se enciende al recibir este sacramento. Digo que se apaga porque vosotros, por vosotros mismos, no sois nada. Os he dado, es verdad, la materia con la cual podéis recibir y conservar en vosotros esta luz. Esta materia es el amor, porque yo os he creado por amor; por eso vosotros no podéis vivir sin amor.”
Santa Catalina de Siena (1347-1380), terciaria dominica, doctora de la Iglesia, copatrona de Europa
El Diálogo

RESONAR DE LA PALABRA - 08 ENE 2016

Evangelio según San Marcos 6,34-44. 
Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato. Como se había hecho tarde, sus discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto, y ya es muy tarde. Despide a la gente, para que vaya a las poblaciones cercanas a comprar algo para comer". El respondió: "Denles de comer ustedes mismos". Ellos le dijeron: "Habría que comprar pan por valor de doscientos denarios para dar de comer a todos". Jesús preguntó: "¿Cuántos panes tienen ustedes? Vayan a ver". Después de averiguarlo, dijeron: "Cinco panes y dos pescados". El les ordenó que hicieran sentar a todos en grupos, sobre la hierba verde, y la gente se sentó en grupos de cien y de cincuenta. Entonces él tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los fue entregando a sus discípulos para que los distribuyeran. También repartió los dos pescados entre la gente. Todos comieron hasta saciarse, y se recogieron doce canastas llenas de sobras de pan y de restos de pescado. Los que comieron eran cinco mil hombres. 


RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres Pérez cmf

      Decía ayer que en estos días se presentaba de una forma muy resumida lo más fundamental del Evangelio. Hoy se presentan dos aspectos fundamentales. 

      Lo primero nos habla de la motivación de Dios para salvarnos. ¿Cómo es posible que Dios se preocupe de unas criaturillas tan mínimas, tan insignificantes, como nosotros? Porque nos ama. Así de sencillo. Así de grande. Eso lo vemos en Jesús en el comienzo de este Evangelio. Jesús está ante la multitud y siente lástima por ellos. La compasión es algo que siente el que tiene relación con el que es objeto de su compasión. Jesús siente compasión porque los que tiene delante no son extraños, no los ve como amenazas para su seguridad o para su bienestar. Jesús mira a la multitud que ha ido a escucharle y ve a sus hermanos y hermanas. Son parte de su vida porque son su familia. En otras palabras, porque somos su familia. No somos súbditos ni siervos ni esclavos ni criaturas despreciables. Por mucho que hayamos pecado. Por mucho que hayamos hecho cosas indignas. Por mucho que hayamos desperdiciado nuestra vida. Él nos mira y ve en nosotros a sus hermanos y hermanas necesitados. Y la mirada de Jesús no es otra que la mirada de Dios. La compasión de Jesús es el signo mayor del amor de Dios. En esa compasión nos está revelando cómo es Dios. 

      Por eso no se conforma con enseñarles. Ve su necesidad. Se da cuenta de que tienen hambre. Y se apresura a hacer todo lo posible para darles de comer. Son sus hermanos y hermanas. Para él es un gozo ver cómo se sientan todos en torno a la misma mesa y comparten el pan y lo poco o mucho que acompaña ese pan. El verbo clave es “compartir”. Porque ese “compartir” es el signo mayor de la fraternidad. Al compartir la comida hacemos realidad el sueño de Dios, su reino, que todos somos una única familia sin distinción de colores ni razas ni ideas ni creencias ni... porque todos los hermanos son diferentes pero todos son amados por el Padre sin distinción. 

      La Eucaristía, la misa, es el gran signo cristiano, evangélico. Es el signo mayor de la fraternidad y del reino. Es el mejor regalo y celebración que tenemos en la Iglesia. Y nos recordará siempre el compromiso de hacer realidad en nuestra vida de cada día lo que celebramos en la Eucaristía.

Fuente CIUDAD REDONDA

Buen día, Espíritu Santo

¡Buen día, Espíritu Santo!
Yo sé que Tu Bendición me acompaña siempre,
que no tengo, ni existe forma ni modo que desistas de mi.

Que aunque velado y oculto,
Silencioso y Respetuoso,
Paciente y Amable,
estás y estarás.


Aún así, aún con certeza inquebrantable
te suplico: Visíta mi vida hoy!

Visita mi corazón, mi mente, mis pensamientos, mi espíritu.
Regálame esa Lluvia de Gracia que empapa y fecunda,
y hace renacer lo muerto,

Eres el Regalo preciado que espero cada mañana.
El que renuevas mis fuerzas,
el que me hace fuerte en el andar.
Eres el que potencia mis potencias,
El que trabaja y modela,
el que me devuelve al Camino,
el que ilumina el sendero.


Infunde nueva gracia en mi ser,
otórgame ése mirar confiado y esperanzador.
Devuélveme la confianza en el hombre,
la esperanza perdida.
Porque Tu obra es buena,
Tu obra es grande, Tu obra es Santa.



jueves, 7 de enero de 2016

Depresión, ¿qué camino seguir?

Los tratamientos existen, y creen en la superación y en la mejora es un paso esencial
Vivimos un ritmo de actividades y de exigencias en una sociedad que cada vez corre más y más en búsqueda de resultados y éxitos. En un mercado de trabajo altamente competitivo y desafiante, enfermedades surgen en el ambiente profesional y preocupan a las organizaciones y a la sociedad como un todo.

Depresión2
Foto: Daniel Mafra/cancionnueva.com.es

Una de las enfermedades que llaman a la atención, en este escenario, es la depresión. Considerada una de las enfermedades que ha crecido de forma expansiva en los últimos años, la depresión tiene características propias y no debe ser confundida con un estado de tristeza.

Podemos pensar en la tristeza como un sentimiento que nos lleva a un proceso de reflexión, de estar quietos; sentimiento manifestado por la pérdida de alguien, por algo relacionado al trabajo, por la decepción con alguien o frustración de expectativas no realizadas. La gran diferencia es que una persona triste consigue mantener su rutina diaria, su cuidado personal e incluso mismo experimentar alegrías que puedan surgir en este periodo. Como un hecho pasajero, este sentimiento puede ser identificado en su origen, es decir, conseguimos descubrir el motivo por el cual estamos tristes.

Cuando hablamos de depresión, las señales  son que no hay motivación alguna, existe un desinterés continuo de todo, tristeza persistente, falta de deseo de cuidar de sí y de dar seguimiento, continuidad a las actividades cotidianas, bien como aquella sensación de ver el mundo “gris”, sin color y sin motivos, convirtiendo más prolongado. En estos casos, la intervención medica se hace necesaria, así como el apoyo psicológico para que la persona reestructure sus pensamientos y descubra su forma de lidiar con la enfermedad y con la vida. Sabemos aún que la espiritualidad también tiene un papel importante en la superación de cualquier enfermedad, incluso en la depresión.

No nos olvidemos de que, muchas veces, en nuestra familia, en la sociedad y entre nuestros amigos aún existe una dificultad de comprender la situación por la cual una persona deprimida esta pasando. También para el deprimido no es una tarea fácil aceptar la enfermedad y el tratamiento. Es importante saber que los tratamientos existen, y creer en la superación y en la mejoría como un paso esencial tanto para el paciente como para aquellos que conviven con él. Los cuadros depresivos pueden tener duración de algunos meses o ser más persistentes; en ambos los casos, los enfermos pueden contar con la ayuda especializada, a fin de que las sensaciones causadas por la situación puedan ser minimizadas y puedan conseguir una mejor calidad de vida.

Por más difícil que sea o por grande que sea la vergüenza o el sentimiento que este impidiendo dar pasos para la sanación, no dejes de buscar ayuda. Un amigo, un familiar, aquel medico que ya conoce un poco de tu salud pueden ser los primeros hacia quienes tu puedes pedir ayuda cuando te das cuenta que este cuadro de tristeza esta demorando un poco más en pasar, dando señales de que va más allá de lo habitual.


Elaine Ribeiro dos Santos
Psicóloga Clínica y Orgabizacional, colaboradora de la Comunidad Canción Nueva

Meditación: Lucas 4, 14-22

Es común que la gente valore más las acciones que las palabras porque, dicen, las acciones son más elocuentes. Sin embargo, en el Evangelio de hoy, Jesús demuestra el valor y la importancia de las palabras en su ministerio. De hecho, cuando amaba a las personas, las curaba y las bendecía, siempre les hablaba y les anunciaba la buena noticia.

¿Tenía Jesús expresiones duras o de queja alguna vez? ¿Acaso habrá reclamado con furia cuando alguien que venía en un burro se le atravesó en una calle de Jerusalén? ¡No! Todo lo que decía eran palabras amables, cálidas y atractivas. Incluso cuando hablaba con sus adversarios, aunque su voz tal vez revelara emociones de tristeza y frustración, nunca iban llenas de ira ni odio. Y precisamente por las palabras que usaba y el modo como las pronunciaba, la gente se sentía atraída.

Si usted alguna vez duda de que sus palabras, incluso sus comentarios más pequeños, tienen una fuerza enorme, piense en los efectos que tienen las expresiones de crítica o engaño. ¿Fue usted objeto de alguna burla cuando era pequeño? ¿Le hizo alguien un comentario ofensivo o discriminatorio que todavía le duele? ¿Desde cuándo ha guardado el sentimiento? A veces los comentarios negativos salen de nuestros labios casi sin quererlo. Todos podemos criticar o juzgar rápidamente, sin tener en cuenta el profundo daño que pueden hacer las palabras ofensivas y limitar el potencial de una persona por mucho tiempo. Ahora bien, si las palabras negativas tienen un impacto tan funesto y persistente, ¡imagínese cuánta más fuerza pueden tener sus palabras de estímulo, aprecio y reafirmación!

En la formación pedagógica se les enseña a los nuevos profesores que por cada crítica o corrección que hagan a sus alumnos, deben dar al menos tres comentarios positivos. Por eso, trate usted de poner esto en práctica. Por cada queja que pronuncie, diga al menos tres afirmaciones positivas. Anime a su cónyuge e hijos a que hagan lo mismo. Agradezca al cajero en la tienda de comestibles; bendiga a la persona que le corta en el tráfico, trate de que todas sus palabras sean amables y corteses. ¡Sus palabras pueden ser el único estímulo que alguien reciba en todo el día!

“Amado Jesús, enséñame a imitarte en tus actitudes y tus palabras, para que mis expresiones sean positivas y no negativas.”
fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros

Acercándonos a La Palabra

Odas de Salomón (texto cristiano hebraico de principio del siglo II) 
Nº 15
“Sobre los que viven en el país de sombras y muerte se levantó una gran luz”

Así como el sol es el gozo 
de los que buscan el día, 
así mi gozo es el Señor, 
porque él es mi sol. 
Sus rayos me han enderezado, 
su luz ha disipado todas las tinieblas de mi rostro. 

Gracias a él he adquirido unos ojos, 
y he visto su día santo; 
tengo unas orejas 
y he escuchado su verdad; 
me ha venido el pensamiento de la ciencia 
y por medio de ella me he alegrado. 

He abandonado la ruta del error, 
he ido hacia él, 
y de él he recibido generosamente la salvación. 
Me lo ha dado todo, según su benevolencia, 
y su belleza me ha modelado. 
En su nombre, he revestido la incorruptibilidad, 
por su gracia he abandonado la corrupción. 

La mortalidad ha desaparecido de delante de mi rostro, 
la estancia de los muertos ha sido anonadada por mi palabra, 
una vida inmortal ha subido a la tierra del Señor. 
Se ha revelado a los creyentes 
y concedido sin reservas 
a todos los que confían en él. 
¡Aleluya!

RESONAR DE LA PALABRA - 07 ENE 2016

Evangelio según San Mateo 4,12-17.23-25. 
Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea. Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías: ¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones! El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz. A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca". Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente. Su fama se extendió por toda la Siria, y le llevaban a todos los enfermos, afligidos por diversas enfermedades y sufrimientos: endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes multitudes que llegaban de Galilea, de la Decápolis, de Jerusalén, de Judea y de la Transjordania. 

RESONAR DE LA PALABRA
Fernando Torres Pérez cmf

      Los Evangelios de estos días van a ser como un pequeño condensado o resumen de todo el Evangelio. Este niño que acaba de nacer tiene prisa por dejarnos claro que tiene algo importante que decirnos. La buena nueva del Evangelio está ahí y es la mejor noticia que podemos escuchar en este comienzo de año.

      Su mensaje es en realidad muy sencillo. Tiene una invitación a cambiar de vida. No otra cosa significa “convertirse.” Podemos darle muchas vueltas a esa palabra pero en el fondo todos sabemos a qué se refiere. Todos somos conscientes de las asignaturas pendientes que hemos ido dejando a lo largo de nuestra vida. Envidias, egoísmos, violencias... tantas cosas que creemos que hemos dejado atrás pero que en el fondo se nos han quedado pegadas a la piel como cicatrices horribles. Convertirse significa lavarnos, limpiarnos, purificarnos y empezar como nuevos. Convertirse significa pedir perdón al que ofendimos, reconstruir las relaciones rotas con el hermano, renunciar a la violencia y construir la paz. Cada uno tiene que mirar en su propia y personal historia y, si somos honestos, no tendremos mucha dificultad para descubrir eso en lo que tenemos que convertirnos. 

      Esa conversión que tanto nos hace falta a veces no podemos conseguirla con nuestras solas fuerzas. Y ahí viene Jesús en nuestra ayuda. En el Evangelio se dice de él que iba por los caminos de Galilea enseñando, proclamando el Reino y curando las enfermedades y dolencias del pueblo. En el fondo, Jesús es un sanador, uno que cura nuestras heridas y nuestras dolencias. Uno que va sanando las cicatrices y dolores que arrastramos de años de mala vida. 

      Ahí está el centro del Evangelio: Jesús nos invita a convertirnos a la fraternidad, al reino. Jesús nos llama a darnos cuenta de que somos hermanos, hijos e hijas del mismo Padre. Y nos dice que ni la violencia ni el odio ni la envidia ni... tienen sentido en el reino de su Padre. Y él mismo se nos ofrece para curarnos nuestras heridas. Todo eso que nos impide levantarnos y comenzar a trabajar por el reino. Porque él es gracia y amor y perdón y esperanza.

Fuente Ciudad Redonda

Buen día, Espíritu Santo

Buen día, Espíritu Santo!
Al despertar, lleno de aquello que has sembrado en mi descanso,
sólo sé que es poco lo que debo hacer,
sólo sé que es mucho lo que vas a hacer.

La gracia de PERMANECER EN TI dame el desearla,
el buscarla, el dejarme encontrar.
¡Sólo eso hoy quiero clamar... ¡Permanecer!
para ser revestido, para ser incendiado por Ti.
Dame el comprender los simples misterios del Amor
que de Ti brota, que de Ti fluye.
Dame el estar expectante, sereno y paciente,
el "estar" de quien aguarda la Salvación que se acerca,
la que llegó, pero aún espera.
Reaviva en éste día lo que aún vacilante se mueve,
lo que aún dubitativo se esconde y crece!
¡Crece llenando cada espacio, cada rincón de mi ser!
Amén!


miércoles, 6 de enero de 2016

Cómo vivir la vida con alegría

Muchos piensan que ser alegre es vivir como muestran las novelas



Podemos caer en el error de pensar que quien es feliz es aquel que no tiene problemas, que tiene dinero de sobra, que no tiene problemas en el matrimonio ni con los hijos, y que ademas tiene todas las satisfacciones del mundo y no llora. Muchos piensan que ser alegre es vivir como muestran las novelas.

En el sistema capitalista en que vivimos, tenemos una falsa libertad y una falsa alegría. Y así, este sistema va quitando a Dios de nuestro interior. Es como una hemorragia interna en que vamos perdiendo sangre sin darnos cuenta, y cuando reaccionamos, el estado puede ser trágico. ¡Dios es la causa de nuestra alegría y no el dinero!

Problemas y tristezas suelen alejarnos del Señor, pero debe ser lo contrario: solo Él es capaz de devolvernos la verdadera alegría, la paz y todo lo que necesitamos.

Tu hermano
Monseñor Jonas Abib
Fundador de la Comunidad Canción Nueva
fuente Canción Nueva en español


El secreto de la alegría

La alegría puede ser encontrada de diversas formas

La alegría es algo esencial en la vida humana. Consciente o no, lo que más buscamos en nuestros días, desde la salida del sol, es la alegría de vivir. Pero, de forma especial, en la vida cristiana la alegría es fundamental, porque sea lo que sea que digamos sobre Dios, si no estamos alegres, nuestros pensamientos y palabras no pueden producir los frutos que deseamos. Por lo tanto surge, la pregunta: ¿pero como encontrar la alegría en medio a tantos desencuentros en este mundo? Jesús vino a revelarnos el amor de Dios para que nuestra alegría sea de Él y, así, sea completa. Y la mayor alegría es saber que somos amados incondicionalmente y que nada en este mundo, ni siquiera la enfermedad, el fracaso, el termino de una relación o incluso la muerte, pueden privarnos de este amor, por lo tanto, de esta alegría.
Amistad

Foto: Todor Tsvetkov, 78023165, iStock by getty images

Naturalmente, somos llevados a pensar que, cuando estamos abatidos, no podemos vivir la alegría; pero en una persona que tiene la vida centrada en Dios, al tristeza, el dolor y la alegría parecen hacer parte del mismo acontecimiento. El desafió es identificar la alegría y saber optar por ella en medio, muchas veces, de las lagrimas.

Alegría y satisfacción (contentamiento)

El escritor Henri J. M. Nouwen, en tu libro “Mosaicos del regalo”, hace una definición interesante entre la alegría y el contentamiento (satisfacción). Según él, podemos sentirnos poco alegres en relación a muchas cosas, pero, aún así, la alegría allí esta, porque proviene de esta certeza del amor de Dios por nosotros. Para el autor, acoger esta verdad y darle espacio en nuestros días es una elección diaria. Una elección basada en la experiencia del amor apasionado de Dios por nosotros, en cual encontramos refugio y seguridad y del cual nada nos puede separar.
Ya esta más que probado que dinero y éxito no hacen a las personas alegres. Seguramente, conocemos muchas personas ricas, con suceso en sus negocios, pero viven también con ansiedad, miedo y bastante melancolía. Por el contraste, conocemos muchos otros que son muy pobres materialmente, pero ríen con mucha facilidad y con frecuencia transmiten alegría donde quiera que estén. Me acuerdo de una pareja, parientes, que son así.

La alegría en cosas sencillas

Materialmente hablando, son muy pobres, pero todos nosotros de la familia hacemos lo imposible por ir, muchas veces, a casa de ellos, aún enfrentando obstáculos de la carretera y en los transportes que nos llevan hasta allá. Viven en una casa sencilla, al pie de la sierra bien lejos de la ciudad; tienen 3 hijos, algunos animales y un pedazo de tierra de donde proviene, por la fuerza del trabajo y de las bendiciones de Dios, el sustento de la familia. Cuando llegamos a la casa, casi siempre pasamos directo a la cocina y allí comienzan nuestras fiestas más animadas.
En una mesa larga, rodeada de bancos pesados de madera cruda nos ofrecen lo que tienen de mejor en la casa. El sabor genuino de los productos de la tierra se mezcla con las señales de delicadeza y cuidado de aquella gente sencilla que parece no tener conocimiento de la maldad. Mientras comemos en familia, entre una prosa y otra surgen rápidamente las primeras sonrisas que son siempre seguidas de otras; en poco tiempo, aún estando lejos, se puede escuchar grandes carcajadas.
Mis parientes tienen el don de la alegría y nos contagian. Con sus sencillas historias e interpretaciones de los hechos, arrancan incluso de las caras más “serias” la sonrisa que estaba escondida por las preocupaciones de la gran ciudad. Sin darnos cuenta, el tiempo pasa y el día termina. Regresamos para casa más livianos, más felices sin preguntarnos porque; sin embargo, ya con la promesa de regresar para una nueva visita tan pronto, cuando sea posible. Eso sucede desde hace treinta años.
No tengo duda de que Dios esta allí, en aquella casa, entre las risas y carcajadas. La alegría y la risa son dones que fluyen del hecho de confiar en Dios; así sabemos que no vale la pena preocuparse tanto por el día de mañana, ya que él pertenece al Creador. No hay razón para idealizar la pobreza y esta no es mi intensión; además, conozco de cerca y sé lo penosa que ella es, pero cuando veo el miedo y la ansiedad de los que tienen muchos bienes, consigo comprender mucho más las palabras de Jesús cuando habló: “Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de Dios”. Es cierto, sin embargo, que el problema mayor no es tener éxito y dinero, pero sí no tener tiempo disponible para el encuentro con Dios y Su amor que se manifiesta en la sencillez de los hechos en los tiempos presentes.
Cuando creemos, verdaderamente, que el hoy pertenece al Señor y que el día de mañana esta cuidadosamente guardado en Su corazón, podemos descubrir el secreto de la alegría, reencontrar la calma y sonreír de nuevo a aquel que nos sonríe también a nosotros. Podemos extender nuestra mano y ayudar mucho a reencontrar el verdadero sentido de la vida. Podemos, aún en medio de las luchas diarias, exclamar con voz fuerte y con convicción:
“¡Señor, Tu eres mi esperanza, Tu eres la fuente de mi alegría!”

Dijanira Silva
Misionera de la Comunidad Canción Nueva
fuente Portal Canción Nueva

UNA VIDA SENCILLA

"De la mayor parte de la vida de Jesús nada sabemos...Cuando

pensamos en Jesús, pensamos sobre todo en sus palabras y en sus milagros, en su pasión, muerte y resurrección, pero no hay que olvidar nunca que con anterioridad Jesús vivió una vida sencilla, oculta en un pequeño pueblo, lejos de los grandes del mundo, de las grandes urbes y de los grandes acontecimientos.
La vida retirada de Jesús es muy importante para nuestro propio viaje espiritual. Si queremos seguir a Jesús de palabra y de obra al servicio de su Reino, ante todo debemos luchar por seguir a Jesús en su sencilla, nada espectacular y muy corriente vida retirada."

HENRI NOUWEN