sábado, 4 de enero de 2020
3000 Despertares
Nada hay en nosotros, en los miembros de la comunidad, en el corazón mismo de la comunidad que no provenga de ese soplo, aliento de Vida que es el Espíritu Santo.
El ha sido y es quien mantiene toda gracia, todo deseo, todo anhelo.
No nos tiembla la voz para decir como Pablo que en Él nos movemos y existimos.
¿El secreto? Cimentar con Él una relación de cercanía tan grande que es para cada uno de nosotros “el buen amigo”, el “mejor y más grande amigo”, por eso cada mañana le saludamos con esa confianza que sólo lo otorga la amistad… “¡Buen día, Espíritu Santo!
Es el primer pensamiento en nuestro despertar.
Y es la primer palabra que solemos pronunciar.
Sí, la oración primera en Piedras es: “Buen día, Espíritu Santo! ¿qué podemos hacer juntos hoy?
¡Cuánto cambió desde el día que comenzamos a hacerla!
Hemos comprendido que es la oración de hombres y mujeres valientes, porque decirle al Espíritu, preguntarle al Espíritu qué podemos hacer con Él solo sale de corazones muy valientes y osados… no lo duden! ¡Suceden cosas maravillosas!
Él toma muy seriamente esa pregunta.
En los inicios de este 2020 celebramos más de 3000 “despertar” de la mano del Espíritu. Mas de 3000 momentos de sumisión al Amor, de clamor, de esperanza creciente… Más de 3000 momentos de comunión espiritual.
Cuando tus ojos se abran en la mañana,
Cuando tus pies se posen por primera vez en el suelo cada día,
une tu voz a tu corazón, a tu sentir y a tu voluntad y dile con suave amor:
¡Buen día, Espíritu Santo!
Vengan a ver
Maestro, ¿dónde vives? (Juan 1, 38)
Solo una sugerencia, un empujón. Eso es lo que Juan el Bautista le dio a Andrés y a su amigo. Pero era todo lo que ellos necesitaban para ir a buscar a Cristo. Juan no se detuvo a analizar ni cuestionar las enseñanzas de Jesús, sino que se limitó a decir “Este es.” Allí está, vayan a verlo, hablen con él. Luego, cuando Andrés se le acercó, Jesús fue igualmente claro y directo, pues se limitó a decirle “Vengan a ver” (Juan 1, 39). Era otra invitación a buscar, ver y observar.
Tal vez estas acciones parezcan decepcionantes, pues la manera en que Andrés y su amigo conocieron a Jesús fue sumamente sencilla. No hubo grandes anuncios ni una prolongada exposición teológica. Simplemente una persona que les sugiere a otras que vayan a ver. Pero eso fue suficiente.
Lo que esto nos muestra es que solo apuntar a Jesús puede ser una forma eficaz de evangelización. Nuestras palabras, por buenas que sean, son más eficaces cuando ayudan a la persona a buscar al Señor por sí misma.
Esto fue lo que pasó con Andrés. Después de pasar un solo día con Jesús, quedó convencido de que había encontrado al Mesías. Luego fue a evangelizar a su hermano Pedro. Pero ¿cómo lo hizo? Diciéndole nada más: ¡Hemos encontrado al Mesías! ¡Tienes que venir a verlo!
Entonces, ¿cómo podemos llevar a otros a Jesús? Podemos hacerlo describiendo la forma en que él nos ha tocado y nos ha mostrado su amor y su misericordia. Ese es siempre un buen principio.
Es probable que tú tengas la oportunidad de decirle a alguien cómo conocer a Jesús en algún momento este fin de semana. Si tienes un amigo que esté pasando por un mal momento, tú le puedes decir que ves que Jesús está actuando en su vida, o si tú has pasado por algo similar, podrías compartir cómo el Señor te ayudó a salir del problema, aunque solo lo hayas reconocido después del hecho. Pero este es apenas un ejemplo. Procura mantenerte atento para ver las oportunidades que se te presenten. Y ten presente que, cuando abres una puerta para compartir lo que Jesús significa en tu vida, les estás dando a quienes hay cerca de ti la oportunidad de verlo, los estás invitando a venir y ver.
“Amado Jesús, enséñame a ser un signo vivo que indica hacia ti.”
1 Juan 3, 7-10
Salmo 98 (97), 1. 7-9
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros
RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,35-42
Evangelio según San Juan 1,35-42
Estaba Juan Bautista otra vez allí con dos de sus discípulos
y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: "Este es el Cordero de Dios".
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús.
El se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: "¿Qué quieren?". Ellos le respondieron: "Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?".
"Vengan y lo verán", les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro.
Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: "Hemos encontrado al Mesías", que traducido significa Cristo.
Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas", que traducido significa Pedro.

RESONAR DE LA PALABRA
Queridos amigos:
La Palabra de Dios de hoy continua con el Evangelio de Juan, que a lo largo del año se lee en la Iglesia en algunos tiempos especiales, como Navidad y Pascua. Un Evangelio especial, distinto de los otros tres, que nos da perspectivas novedosas de la persona de Jesús.
En el pasaje de hoy, que continúa el de ayer, continúa el comienzo de la vida pública de Jesús. Y en su brevedad, contiene una serie de movimientos y de diálogos que provocan movimientos, que ahora te invito a contemplar.
En primer lugar aparece Juan. De las pocas cosas que dice este personaje en todo el Evangelio, las palabras que hoy pronuncia señalan a aquél que él precedía: “Éste es el Cordero de Dios”. Juan está dando el relevo, pasando el testigo. Ha cumplido su función y abre la puerta al que llega. Todo se va cumpliendo en su vida.
A continuación aparece Jesús, con los dos discípulos que Juan le remite. Y el breve diálogo con ellos es de lo más revelador: “¿Qué buscáis?”, ¿Dónde vives?”, “Venid y lo veréis”… Y aquellos discípulos fueron, vieron y se quedaron con Él aquél día. Tan importante fue aquél encuentro para aquellos dos discípulos, que recuerdan los detalles del momento: serían las cuatro de la tarde. ¿Qué fue lo que vieron aquel día? Sin saberlo con detalle, toda la vida de Jesús fue un mostrar con la vida aquello a lo que quisieron apuntar sus palabras.
Y por último, aparece Andrés, uno de los dos que siguieron a Jesús. Y hace de anunciador para su hermano Simón. Sin muchas palabras. Pero seguramente con mucha convicción y con un punto de emoción en la mirada: “Hemos encontrado al Mesías”. Y lo llevó a Jesús.
En la vida y en la Iglesia, hace falta movimiento. Hoy la Palabra nos ha mostrado tres escenas con movimiento. Y tres retos para nuestras vidas. Ser como Andrés, que desde el encuentro con el Señor, lleva a otros a ese encuentro, como el mayor tesoro de la vida. Ser como Juan, dando el relevo cuando corresponda, sabiendo que ninguno agotamos el plan de Dios en el mundo, sino que somos pequeños eslabones de la gran cadena de la historia de salvación –la historia del amor de Dios para con nosotros. Y vivir desde Jesús, respondiendo a su iniciativa, entrando en diálogo con Él, acogiendo lo que él nos muestra e intentando mostrar humildemente con nuestra vida aquello a lo que quieren apuntar las palabras que de Él recibimos.
Como muy bien le gusta recordar al Papa Francisco, todos los cristianos somos “Discípulos misioneros”, llamados a escuchar y seguir al único Maestro, siendo sus testigos en todo tiempo y lugar. Que en el año recién comenzado podamos seguir caminando como esos “discípulos misioneros” que el mundo necesita.
Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF
COMPRENDIENDO LA PALABRA 040120
«Se quedaron con él aquel día»
«Juan estaba allí con dos de sus discípulos.» Juan era tan «amigo del Esposo» que no buscaba su propia gloria; simplemente daba testimonio de la verdad (Jn 3, 29.26). ¿Acaso sueña retener a sus discípulos y privarles de que sigan al Señor? De ninguna manera, sino que él mismo les muestra al que han de seguir... Y les declara: «¿Por qué queréis seguir a mi lado? Yo no soy el Cordero de Dios. Éste es el Cordero de Dios... Éste es el que quita el pecado del mundo.»
Escuchando estas palabras, los dos discípulos que estaban con Juan siguieron a Jesús. «Y Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les preguntó: '¿Qué buscáis?' Ellos le contestaron: 'Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?» Y todavía no le siguieron de manera definitiva; sabemos que le siguieron cuando les llamó para que dejaran sus barcas..., cuando les dijo: «Seguidme, y os haré pescadores de hombres» (Mt 4,19). Es a partir de este momento que le siguieron y ya no lo dejaron nunca más. De momento querían ver dónde vivía Jesús, y poner en práctica esta palabra de la Escritura: «Si ves un hombre prudente, madruga a seguirle, que gaste tu pie el umbral de su puerta. Medita en los preceptos del Señor, aplícate sin cesar a sus mandamientos» (Sir 6,36). Jesús, pues, les enseño donde vivía; vinieron y se quedaron con él. ¡Qué día más dichoso pasaron! ¡Qué noche más feliz! ¿Quién nos dirá lo que escucharon de la boca del Señor? También nosotros podemos construir una mansión en nuestro corazón, construyamos una casa en la que Cristo pueda venir a enseñarnos y conversar con nosotros.
San Agustín (354-430)
obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermones sobre el evangelio de san Juan, nº 7
viernes, 3 de enero de 2020
Verdadera morada de Dios
Las gracias divinas se derraman sobre el hombre a través de la Sagrada Escritura escuchada y meditada en silencio. Es en la fe, y no recorriendo países lejanos ni cruzando mares y continentes, donde podemos encontrar y contemplar a Dios. En realidad, llegaremos a Dios escudriñando durante horas y horas las Sagradas Escrituras después de haber resistido los embates del Príncipe de este mundo.
Don Agustín Guillerand no equivoca el camino: lo que los hombres poseen dentro de ellos no lo encuentran fuera en ninguna parte. Si el silencio no habita en el hombre, si la soledad no es el estado en el que ese silencio se deja forjar, la criatura se halla privada de Dios. No hay otro lugar en el mundo donde Él esté más presente que el corazón humano. Ese corazón es la verdadera morada de Dios, el templo del silencio.
Card. Sarah – “La fuerza del silencio” # 04
RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,29-34
Evangelio según San Juan 1,29-34
Al día siguiente, Juan vio acercarse a Jesús y dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo.
Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel".
Y Juan dio este testimonio: "He visto al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y permanecer sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo'.
Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios".

RESONAR DE LA PALABRA
Queridos amigos:
Hoy en el Evangelio, los judíos le preguntan a Juan “¿quién eres?, ¿qué dices de ti mismo?”. A veces a nosotros también nos lo preguntan, directa o indirectamente, o también nosotros mismos nos lo podemos preguntar.
Además de lo que cada uno podríamos decir sobre esas cuestiones, no estaría mal que dejásemos a Dios que respondiese en nosotros, preguntándole: “¿quién soy yo para ti, Señor?”. Seguro que sería más directo, más certero y más justo de lo que a veces somos nosotros –sobrevalorándonos o infravalorándonos. Partiendo de la Palabra de Dios, en algunas de sus resonancias en el Génesis, el Éxodo y los Evangelios, ahí van algunas de las respuestas que Dios nos podría decir:
“Tú eres barro y aliento: esa mezcla improbable de debilidad y hondura, de fragilidad y posibilidad, desde la que desplegarte en todas tus dimensiones”.
“Tú eres un ser vivo, el más evolucionado de entre todos ellos, con inteligencia y afectividad, puesto en el mundo para cuidar la creación y ayudar a que la vida se desarrolle”.
“Tú eres prójimo de tus prójimos, hechos del mismo barro que tú estás hecho, con los que hacer camino, ayudándoos mutuamente a vivir”.
“Tú eres un caminante por el desierto de la vida, con sus oasis y sus jornadas duras. Yo te acompaño cada día, dándote gratis el maná necesario para caminar, en ese viaje hacia la Tierra Prometida que te preparo”.
“…Tú eres hijo mío, en mi Hijo Jesús, porque te cree mirando su boceto, para que llegues a ser feliz siendo, como Él, hijo y hermano”.
Gracias, Señor, por decirme quién soy.
Que yo descubra quién eres Tú
y se lo muestre a otros
para que también ellos
puedan llegar a saber quiénes son
desde tu Palabra”.
Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF
COMPRENDIENDO LA PALABRA 030120
«Una luz se levantó sobre los que vivían en país de sombra y de muerte»
Se apareció un sol, surgido de Belén sobre Adán que se volvió ciego en el Edén y le abrió los ojos lavándoselos en las aguas del Jordán. Sobre el que estaba cubierto de sombras y tinieblas se elevó la luz que no se apagará jamás. Ya no habrá más noche para él, todo es día; la luz del alba nació para él, porque es durante el crepúsculo que se escondió, tal como lo dice la Escritura (Gn 3,8). El que cayó al atardecer encontró la aurora que le iluminó, escapó de la oscuridad, corrió hacia la mañana que se manifestó y todo se iluminó...
Canta, canta, Adán, adora a aquel que viene a ti; cuando tú te alejaste de él, él se te manifestó para que pudieras verlo, tocarlo, acogerlo. Aquel a quien temías cuando te engañaste, por ti se ha hecho semejante a ti. Por ti se hizo mortal para que tú llegues a ser Dios y te revistas de tu belleza primera. Queriendo abrirte de nuevo las puertas del Edén, vino a vivir en Nazaret. Por todo ello cántale, hombre, y glorifica con un salmo al que se manifestó y todo lo iluminó...
Los ojos de los hijos de la tierra han recibido fuerza para contemplar el rostro celestial; las miradas de los seres de greda (Gn 2,7) han podido ver los resplandores sin sombra alguna de la luz inmaterial que los profetas y los reyes no vieron y, sin embargo, desearon ver (Mt 13,17). Al gran Daniel se le llamó hombre de deseos, porque deseó contemplar al que nosotros contemplamos. También David esperó este decreto; lo que estaba escondido, ahora se puede comprender: es aquel que se manifestó y todo lo iluminó.
San Romano el Melódico (?-c. 560)
compositor de himnos
Himno 2º para la Epifanía, 1,3, 8
jueves, 2 de enero de 2020
Permanecer Contigo
Así pues, hijos míos, permanezcan en él. (1 Juan 2, 28)
Señor, tú sabes que yo quiero permanecer en ti. Quiero estar cerca de ti en todo momento; pero también sé que no siempre lo hago, pues a menudo me distraigo y no se me ocurre invocar tu santo Nombre cuando estoy en problemas. A veces me siento tan ocupado que me olvido de ti; por eso ahora te pido que me ayudes. No sé qué me deparará este año nuevo, qué alegrías experimentaré o qué pesares y problemas tendré que afrontar. Pero, en todo lo que suceda, quiero estar a tu lado.
Señor, enséñame a permanecer en tu amor, pues tu amor es lo que le da sentido a mi vida y me llena de gratitud. Sabiendo que soy valioso a tus ojos me anima a no sentirme desalentado, especialmente cuando veo mis flaquezas y carencias. Necesito permanecer en tu amor, Señor, porque sin tu amor no puedo ser amable y bondadoso con aquellos que tú has puesto en mi vida. Quiero amarlos como tú me amas a mí, incluso a aquellos otros que me cuesta mucho tratarlos con bondad o paciencia.
Señor, ayúdame a permanecer en tu fortaleza. Enséñame a buscar tu gracia cada mañana al empezar un nuevo día y te doy gracias por concederme tu gracia para ayudarme a cuidar a mi familia y llevar a cabo la obra que me has encomendado. Tu fuerza me sostiene cuando me encuentro en dificultades y me infunde la capacidad de seguir adelante cuando me siento débil.
Señor, ayúdame a permanecer en tu alegría. Quiero mostrarle al mundo el tipo de confianza y libertad que proviene de una relación personal contigo. Quiero tener una buena disposición para atraer a otros hacia ti. Por eso te pido, Señor, que me llenes de tu alegría, no solo cuando todo me sale bien, sino también cuando la vida se hace difícil.
Señor, una y otra vez me llamas con los brazos abiertos invitándome a permanecer en ti, y yo no quiero estar en ningún otro lugar. Por eso, cuando no me acerco a ti, por favor, recuérdame suavemente que me estás esperando. Ven, Señor y Salvador mío, y ampárame bajo la sombra de tus alas cada día de este año nuevo.
“Padre eterno y misericordioso, gracias por enviar a tu Hijo a permanecer conmigo este año.”
Salmo 98 (97), 1-4
Juan 1, 19-28
fuente: Devocionario Católico La Palabra con nosotros
LA PACIENCIA DEL AMOR
«El primer día del año la liturgia celebra a la Santa Madre de Dios, María, la Virgen de Nazaret que dio a luz a Jesús, el Salvador. Ese niño es la bendición de Dios para cada hombre y mujer, para la gran familia humana y para el mundo entero. Jesús no eliminó el mal del mundo pero lo derrotó en su raíz. Su salvación implica la paciencia del amor, que asume la iniquidad y le quita su poder. La paciencia del amor, el amor nos hace ser pacientes. Pero tantas veces perdemos esta paciencia, incluso yo, pido disculpas por el equivocado gesto de ayer. por esta razón, al contemplar el pesebre vemos, con los ojos de la fe, el mundo renovado, liberado del dominio del mal y puesto bajo el señorío real de Cristo, el Niño acostado en el pesebre»
Francisco
Ángelus 01-01-2020
Presencia
El silencio no es una ausencia, al contrario: se trata de la manifestación de una presencia, la presencia más intensa que existe. El descrédito que la sociedad moderna atribuye al silencio es el síntoma de una enfermedad grave e inquietante. En esta vida lo verdaderamente importante ocurre en el silencio. La sangre corre por nuestras venas sin hacer ruido y solo en el silencio somos capaces de escuchar los latidos del corazón.
Card. Sarah – “La fuerza del silencio” # 12
RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Juan 1,19-28
Evangelio según San Juan 1,19-28
Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: "¿Quién eres tú?".
El confesó y no lo ocultó, sino que dijo claramente: "Yo no soy el Mesías".
"¿Quién eres, entonces?", le preguntaron: "¿Eres Elías?". Juan dijo: "No". "¿Eres el Profeta?". "Tampoco", respondió.
Ellos insistieron: "¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?".
Y él les dijo: "Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías".
Algunos de los enviados eran fariseos,
y volvieron a preguntarle: "¿Por qué bautizas, entonces, si tu no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?".
Juan respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen:
él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia".
Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba.

RESONAR DE LA PALABRA
Queridos amigos:
Para entender bien algunas cosas, hay que remontarse a los orígenes. Por ejemplo, para comprender cómo se comporta una persona, es muy útil conocer qué es lo que más recibió de pequeña –abrazos, caprichos o golpes-, o para entender lo que hace un grupo en el presente, es bueno saber de dónde viene, en qué contexto surgió, quién estuvo en sus comienzos. El origen condiciona el presente, siendo la base desde donde se desarrolla la libertad.
Hoy el Evangelio nos remonta a los orígenes: “En el Principio…”. Y si damos crédito a esta palabra, lo que hubo en el principio nos podrá aclarar algo sobre el presente.
Y ¿qué hubo “en el Principio”?
“En el Principio” había Silencio. Porque para que resuene algo, tiene que haber silencio. El silencio de un universo aún sin proyecto, sin comienzo. El gran silencio donde se sueñan los grandes sueños… para que un día puedan llegar a ser realidad. El silencio del amor con el que se miran los enamorados, con esa mirada cómplice donde no hacen falta las palabras. El Silencio del Amor del Dios trinitario.
“En el Principio” había Palabra. La palabra, el contenido, que irrumpe y crea la realidad. Crea, organiza, recrea… La Palabra que deshace el caos y que ordena la vida. La Palabra que expresa lo que Dios soñó, que no es otra cosa que la imagen acabada de su ser en relación: el Hijo.
“En el Principio” había Vida. La Vida en abundancia es el proyecto de Dios para el mundo. Personificada en su Hijo, esa Vida está llamada a desarrollarse, en todas sus dimensiones, entre nosotros. Y para ello, Dios ha venido a nosotros y nos ha hecho co-creadores de vida.
“En el Principio” había Luz. Luz que alumbra, que ilumina, que da seguridad, que orienta, que quita las cegueras… Luz para vivir…
Si “en el Principio” hubo Silencio, Palabra, Vida y Luz, es porque estamos llamados al silencio, a la palabra, a la vida y a la luz. No te conformes con menos. No vivas del ruido, de la incomunicación, de la muerte ni de las tinieblas. Ni dejes que otros lo hagan. Díselo de manera que lo entiendan. Como Juan Bautista en su tiempo: “no era la luz, sino testigo de la luz”. También a ti se te ha dado ser, a tu medida y en tu contexto, “testigo de la luz”. ¡Qué grande! Que en el año que comienza mañana puedas avanzar en este camino personal y misionero.
Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF
COMPRENDIENDO LA PALABRA 020120
“Yo soy la voz que grita en el desierto: Preparad el camino al Señor”
"Preparad el camino del Señor”. Hermanos, aunque vosotros estéis muy avanzados en este camino…, no hay término a la bondad hacia la cual se progresa. Es por eso que el viajero sabio se dirá cada día: " ahora, comienzo "… Son numerosos," los que yerran en las soledades"; ninguno de ellos puede decir: "ahora comienzo".
"El comienzo de la sabiduría, es el temor del Señor": si es el comienzo de la sabiduría, es necesariamente también el punto de partida de un buen viaje … Es también quien provoca la confesión; quien incita al orgulloso al arrepentido y le permite oír la voz del que grita en el desierto, del que ordena preparar el camino, el que muestra por donde hay que comenzar: "Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca" …
Por consiguiente, si estás en el camino, tu único temor sea desviarte, ofender al Señor que te conduce por él. Si el camino te pareciera demasiado estrecho, considera el fin hacia el cual te conduce, pues, si ves el fin de toda perfección, inmediatamente dirás: Tu mandamiento es amplio en extremo. Si no puedes verlo, cree entonces a Isaías cuando añadía: Y caminarán por esta senda los que fueron liberados y redimidos por el Señor; vendrán a Sión con cantos de alabanza y coronados de gozo sempiterno. Disfrutarán de gozo y alegría - y huirán de ellos el dolor y el llanto. Quien medite suficientemente en este fin, pienso que no sólo considerará espacioso el camino, sino que hasta tomará alas, de suerte que, más que caminar, volará por él. Por tanto, hermanos, meditad siempre en la recompensa final y corred por el camino, de los mandamientos con prontitud y alegría. Que por él os conduzca y guíe el que es camino de los que corren y premio de los que alcanzan la meta: Jesucristo.
(Referencias Bíblicas : Sal.76,11 Vulg; 106,4; Pr 1,72; Sal. 110,10; Mt 3,2; 4,17; Is 57,17; Mt 7,14; Sal. 118,96; Is 35,10; Mt 7,14; Jn 14,6)
Beato Guerrico de Igny (c. 1080-1157)
abad cisterciense
5º sermón para Adviento; SC 166 (trad. SC p. 153 rev.)
miércoles, 1 de enero de 2020
Familias adheridas al Evangelio
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Verdaderamente hoy es una hermosa jornada. Hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. El término «sagrada» coloca a esta familia en el ámbito de la santidad, que es un don de Dios pero, al mismo tiempo, es una adhesión libre y responsable para unirse al proyecto de Dios. Así fue para la familia de Nazaret: estuvo totalmente disponible a la voluntad de Dios.
¿Cómo no asombrarse de la docilidad de María a la acción del Espíritu Santo que le pide que se convierta en la madre del Mesías? Porque María, como toda joven mujer de su tiempo, estaba a punto de realizar su proyecto de vida, es decir, casarse con José.
Pero cuando se da cuenta de que Dios la llama a una misión particular, no duda en proclamarse su «sierva» (cf. Lc 1,38). Jesús exaltará la grandeza en ella no tanto por su papel de madre, sino por su obediencia a Dios. Jesús dijo: «¡Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!» como María (Lc 11:28). Y cuando no comprende plenamente los acontecimientos que la involucran, María en silencio medita, reflexiona y adora la iniciativa divina. Y su presencia al pie de la Cruz consagra esta disponibilidad total suya.
En lo que respecta a José, el Evangelio no nos deja ni una sola palabra: él no habla, sino que actúa obedeciendo. Es el hombre del silencio, el hombre de la obediencia.
La página del Evangelio de hoy (cf. Mt 2,13-15.19-23) alude bien tres veces a esta obediencia del justo José, refiriéndose a la huida a Egipto y el regreso a la tierra de Israel. Bajo la guía de Dios, representado por el Ángel, José aleja a su familia de las amenazas de Herodes y la salva. De este modo la Sagrada Familia se solidariza con todas las familias del mundo que se ven obligadas al exilio; se solidariza con todos aquellos que se ven constreñidos a abandonar su propia tierra a causa de la represión, de la violencia y de la guerra.
Finalmente, la tercera persona de esta familia, Jesús. Él es la voluntad del Padre: en Él, dice San Pablo, no hubo un «sí» y un «no» sino sólo «sí» (véase 2Cor 1,19). Y esto se manifestó en muchos momentos de su vida terrenal. Por ejemplo, el episodio en el templo cuando, a los angustiados padres que lo buscaban, respondió: «¿No saben que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» (Lc 2,49); su constante repetir: «Mi alimento es hacer la voluntad de Aquel que me ha enviado» (Jn 4,34); su oración en el Huerto de los Olivos: «Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad» (Mt 26, 42). Todos estos acontecimientos son la realización perfecta de las mismas palabras de Cristo, que dice: «Tú no has querido ni sacrificio ni ofrenda […]. Entonces he dicho: «He aquí que vengo […] a hacer, oh Dios, tu voluntad» (Eb 10.5-7; Sal 40.7-9).
María, José y Jesús, la Sagrada Familia de Nazaret, representa una respuesta coral a la voluntad del Padre: los tres miembros de esta singular familia se ayudan recíprocamente a descubrir el proyecto de Dios. Ellos rezaban, trabajaban, se comunicaban y yo me pregunto: ¿tú, en tu familia, sabes comunicarte, o eres como esos chicos en que la mesa, cada uno con el teléfono móvil, está chateando? La comida parece como un silencio, como si estuvieran en misa, pero no se comunican entre ellos. Debemos retomar la comunicación en familia: los padres con los hijos, con los abuelos, los hermanos entre sí… Es una tarea que hay que hacer hoy, precisamente en la jornada de la Sagrada Familia. Que la Sagrada Familia sea el modelo para nuestras familias, a fin de que padres e hijos se sostengan mutuamente en la adhesión al Evangelio, fundamento de la santidad de la familia.
Encomendamos a María «Reina de la familia» a todas las familias del mundo, especialmente a las que están extenuadas por el sufrimiento o las dificultades, e invocamos sobre ellas su protección materna.
Santo Padre Francisco - Diciembre 2019
Un año de la Mano de María
María. . . guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón. (Lucas 2, 19)
¡Feliz 2020! ¡Y qué mejor manera de comenzar el año que honrando a nuestra Madre, la Santísima Virgen María!
Ella, la Madre de Dios, tuvo el privilegio de dar a luz al mundo a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Junto con San José, también tuvo el honor y la delicada misión de educar al Niño Dios, cuyas dos naturalezas, divina y humana, estaban íntimamente unidas, pero sin eclipsar la una a la otra.
Pensemos en la importancia del cometido que tuvo María de educar a la Persona de Jesús y en la forma en que su ejemplo y su amor influyeron en el tipo de Mesías que él iba a ser. Su compasión le ayudó a enseñarle lo que significa ser compasivo y misericordioso; el testimonio de su fe le sirvió para confiar en que Dios tenía poder para realizar milagros. Su oración, “hágase en mí según tu palabra”, le enseñó a seguir la voluntad del Padre celestial. ¡Con razón la proclamamos bendita entre todas las mujeres!
En el Evangelio de hoy, San Lucas nos cuenta que lo más importante que María le enseñó a Jesús fue a reflexionar en oración acerca de las palabras y las obras de Dios. El Niño debe haber visto a su madre rezando miles de veces, tanto sola como con José. La devoción de ella ayudó a establecer un entorno piadoso y de devoción en su hogar mientras ella le enseñaba a su joven Hijo a presentarle cada dilema, cada alabanza y cada necesidad a su Padre celestial. Y naturalmente todo ese buen trabajo dio resultados extraordinarios. Los evangelios cuentan muchas ocasiones en que Jesús se hacía tiempo para hablar y escuchar a su Padre celestial en un lugar privado.
María es madre, pero no solo de Jesús. También es Madre de la Iglesia, es decir, ella es tu madre. Así que deja que ella haga por ti lo que hizo por Jesús: Que su ejemplo, su sabiduría y su intercesión te enseñen a meditar en la Palabra de Dios y cómo atesorar su amor. Deja que ella te enseñe a orar.
“Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros.”Números 6, 22-27
Salmo 67 (66), 2-3. 5-6. 8
Gálatas 4, 4-7
fuente Devocionario Católico La Palabra con nosotros
RESONAR DE LA PALABRA - Evangelio según San Lucas 2,16-21
Evangelio según San Lucas 2,16-21
Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre.
Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño,
y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón.
Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Angel antes de su concepción.

RESONAR DE LA PALABRA
Queridos amigos:
Para entender bien algunas cosas, hay que remontarse a los orígenes. Por ejemplo, para comprender cómo se comporta una persona, es muy útil conocer qué es lo que más recibió de pequeña –abrazos, caprichos o golpes-, o para entender lo que hace un grupo en el presente, es bueno saber de dónde viene, en qué contexto surgió, quién estuvo en sus comienzos. El origen condiciona el presente, siendo la base desde donde se desarrolla la libertad.
Hoy el Evangelio nos remonta a los orígenes: “En el Principio…”. Y si damos crédito a esta palabra, lo que hubo en el principio nos podrá aclarar algo sobre el presente.
Y ¿qué hubo “en el Principio”?
“En el Principio” había Silencio. Porque para que resuene algo, tiene que haber silencio. El silencio de un universo aún sin proyecto, sin comienzo. El gran silencio donde se sueñan los grandes sueños… para que un día puedan llegar a ser realidad. El silencio del amor con el que se miran los enamorados, con esa mirada cómplice donde no hacen falta las palabras. El Silencio del Amor del Dios trinitario.
“En el Principio” había Palabra. La palabra, el contenido, que irrumpe y crea la realidad. Crea, organiza, recrea… La Palabra que deshace el caos y que ordena la vida. La Palabra que expresa lo que Dios soñó, que no es otra cosa que la imagen acabada de su ser en relación: el Hijo.
“En el Principio” había Vida. La Vida en abundancia es el proyecto de Dios para el mundo. Personificada en su Hijo, esa Vida está llamada a desarrollarse, en todas sus dimensiones, entre nosotros. Y para ello, Dios ha venido a nosotros y nos ha hecho co-creadores de vida.
“En el Principio” había Luz. Luz que alumbra, que ilumina, que da seguridad, que orienta, que quita las cegueras… Luz para vivir…
Si “en el Principio” hubo Silencio, Palabra, Vida y Luz, es porque estamos llamados al silencio, a la palabra, a la vida y a la luz. No te conformes con menos. No vivas del ruido, de la incomunicación, de la muerte ni de las tinieblas. Ni dejes que otros lo hagan. Díselo de manera que lo entiendan. Como Juan Bautista en su tiempo: “no era la luz, sino testigo de la luz”. También a ti se te ha dado ser, a tu medida y en tu contexto, “testigo de la luz”. ¡Qué grande! Que en el año que comienza mañana puedas avanzar en este camino personal y misionero.
Nuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF
RECÍBEME EN TU AMOR, VIRGEN MADRE
Recíbeme en tu amor, Virgen Madre
Rogarás después a la Madre Virginal que te obtenga la renovación perfecta de tu vida. Ella, la rosa venerable, actúe de tal modo en esta gracia, como madre y madrina tuya, que seas con tu conducta una verdadera hija. Ella, la perla del pudor, cubra tu alma con el manto de su pureza y, bajo su dulce protección, la conserve sin mancha para su Hijo el Rey y Señor. Que ella haga inscribir tu nombre en Israel, herencia elegida, para que tu parte esté con los que caminan en inocencia de corazón y tienen siempre al Señor como meta de todos sus caminos (Cf. Sal 15,5-8):
Salve, María, Reina de clemencia, olivo de misericordia, por quien nos ha llegado el remedio de vida: Reina de clemencia, Virgen Madre del vástago divino, por quien hemos recibido el Hijo de la eterna luz, el perfumado vástago de Israel. Ya que por tu Hijo, te has convertido en la madre verdadera de todos los hombres, de los cuales él, tu único Hijo, no se ha desdeñado convertirse en hermano: así ahora, por su amor, recíbeme a pesar de mi indignidad, en tu amor de madre; ayuda a mi fe, consérvala, fortalécela. Y actúa ahora de tal modo como madrina de mi transformación y de mi fe, que seas para siempre mi única y amadísima madre, guardándome siempre afectuosa en esta vida y recibiéndome en la plenitud de tu maternidad a la hora de mi muerte. Amén.
Santa Gertrudis de Helfta (1256-1301)
monja benedictina
Ejercicios Espirituales 1 (trad. adapt. sc©Evangelizo.org)
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