jueves, 27 de noviembre de 2014

DEDICACIÓN DE UNA IGLESIA. EL RITO

La celebración de dedicación marca la vida de una iglesia
Desde los primordios, Dios se comunicó con el hombre de diversas formas. Podemos leer, en el Antiguo Testamento, que el Señor que se revela a Abraham por intermedio de un ángel (Gn18,2ss). En el libro del Éxodo, Dios se manifiesta a Moises en la zarza ardiente (3,2) y lo convirtió libertador del pueblo de Israel. Ese pueblo adoraba a Dios por medio de oraciones, sacrificios y de una conducta de acuerdo con los mandamientos. Hoy, nosotros tenemos la iglesia para reunirmos, para escuchar la Palabra; pero antes el pueblo realizaba sus sacrificios y oraciones en el desierto y en tiendas.

En el primer libro de Samuel aparecen otros elementos que ayudaban al pueblo elegido en la fe: el Arca de la Alianza (4-6), que contenía las Tablas de la Ley; el cayado de Aarón y el maná; la unción, el óleo con el cual reyes y profetas fueron ungidos (10, 1;16). El gran rey David quería construir un templo para el Señor, pero fue su hijo Salomón quien lo hizo. El templo fue destruido varias veces, actualmente existe solo una pequeña parte que es conocida como muro de las lamentaciones.

Que es el rito de dedicación de una iglesia 2

Con la llegada de Jesucristo, la idea de casa de Dios, de templo, no se trata solo de un edificio, sino de personas que forman una comunidad, una ecclesia, una asamblea. Jesús había elegido a Pedro: “Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18). El apóstol Pablo hace la comparación y presenta la imagen de la Iglesia como un cuerpo, que tiene como cabeza Jesucristo (1Cor 12). El apóstol Pedro, en su carta pastoral, decía a la comunidad: “También ustedes, como piedras vivas, se han edificado y pasan a ser un Templo espiritual, una comunidad santa de sacerdote que ofrecen sacrificios espirituales agradables a Dios por medio de Cristo Jesús” (1 Pe 2,5). Podría verificar que no había una preocupación de construir un templo, además en el propio discurso de Esteban él dice que Dios no vive en casa hecha por manos humanas (Hechos 7,48). De cualquier forma, también en el inicio de la Iglesia, los apóstoles se reunían en las casas para rezar. Pablo estaba probablemente en una casa, estaban reunidos para la fracción del pan ; y como se prolongó en la prédica, un jóven cayó de la ventana (Hechos 20,9).

Con el tiemplo, la Iglesia fue creciendo y hubo la necesidad de un templo. En el fin del siglo I, eran edificios denominados “Casa de Asamblea”; en el siglo II, “Casa de Dios”, éstos últimos normalmente fueron edificios de poderosos, que se convirtieron y donaron esos edificios para la Iglesia. Eso es bien identificado alrededor del año 300 d. C, cuando Constantino recibió la evangelización por su madre Santa Helena. Estos lugares y otros construidos pasaron a ser oficialmente los lugares de oración, del culto eucarístico, de la prédica de la Palabra, donde se cultiva la fe. Ese lugar es la iglesia; ella era y es el lugar de encuentro. Así como en el Antiguo Testamento, Dios se manifestaba en la tienda o en el propio templo, la Iglesia, cree y celebra la presencia de Dios también en el templo, la iglesia.

Cuando la construcción de una iglesia llega al fin, la celebración que marca su vida tiene el nombre de “dedicación”, que puede ser traducida como consagración o inauguración. El término normalmente más utilizado es “dedicación”, toda iglesia es dedicada por excelencia a la Santísima Trinidad, a Nuestro Señor Jesucristo y sus títulos; al Espíritu Santo, la Santísima Virgen, a los Santos Ángeles, a los santos inscritos en el Martirológio Romano. En la dedicación de la iglesia, el rito es hermoso y muy rico de significados. Por lo general, es el obispo de aquella diócesis quien dedica la nueva iglesia. Allí sucede la aspersión del agua bendita, la unción del altar y de las paredes en el edificio, la ascensión, la deposición de las reliquias en el altar, la iluminación y por supuesto, el rito de la Palabra y de la Eucaristía.

Parte por parte, con mucho significado, el esparcimiento del agua al principio de la ceremonia, es un clamor para que todo el lugar sea purificado, bañado por Dios, tanto las paredes como cada fiel que participa, es un rito penitencial, por eso no existe acto penitencial como de costumbre. Las unciones del altar y de las paredes ungen aquella mesa que va a ser utilizada para el sacrificio eucarístico, la unción todavía exhala aquel olor agradable del cual somos todos llamados a exhalar, el olor de Cristo (2 Cor 2,15). El incenso, el humo que sube al cielo son nuestras oraciones, nuestros pedidos elevados al Padre. Desde los primeros siglos, se celebraba en las catacumbas, sobre las reliquias de los mártires, los santos que dieron la vida por amor a Jesucristo; así la deposición de las reliquias en el altar, hoy no se exige que sean de un mártir,nos recuerda la donación, la entrega de los santos como respuesta al amor divino. La iluminación: Cristo es la Luz que ilumina, la luz por excelencia que nos sacó de la oscuridad, por Él también iluminaremos a donde lleguemos, llevando la luz que es Cristo.

Por último, el rito de dedicación de una iglesia dice mucho de nuestra fe, es una celebración que se debe vivir con mucha piedad y atención. Y cada vez que entramos en una iglesia, tengamos respeto, amor por cada espacio de aquel lugar, es un lugar sagrado, donde Dios manifiesta su gloria y misericordia, un lugar de encuentro con el Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo, lugar de hablar y de escuchar a Dios, lugar de celebrar, de pedir, de dar gracias por tantos beneficios que llegan de lo Alto. En aquella iglesia o capilla que frecuentamos, vamos a ser agraciados por Dios y llenos de Él volvemos a casa o al trabajo, para transbordar Su amor.

Traducción y Adaptación: Thaís Rufino de Azevedo
Padre Marcio
Sacerdote de la Comunidad Canción Nueva
Fuente Portal Canción Nueva en español

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