Para lograrlo, hemos escogido como patrona y modelo a santa Mónica. Ella alcanzó la felicidad entregándose a su esposo de todo corazón y cuidando a los hijos, en especial a su hijo Agustín. Santa Mónica, perseveró en la súplica constante por los suyos hasta convertirlos a ti plenamente. Como ella, también nosotros te presentamos nuestras peticiones, y repetimos en sincera comunión de fe y sentimientos esta súplica:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que miremos siempre a la Sagrada Familia de Nazaret como modelo de nuestro hogar, e imitemos sus virtudes domésticas: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que durante toda nuestra vida sepamos colaborar contigo en la generación y educación de nuestros hijos con responsabilidad y amor: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que seamos dóciles a la acción del Espíritu derramado sobre nuestros hijos en el bautismo, y los hagamos crecer sanos de cuerpo y alma, siendo nuestro contento y felicidad:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que nuestros hijos vivan felices en el seno de un hogar lleno de fe y de ternura que tratamos de construir día a día sostenidos por el Espíritu:
¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que ambos colaboremos activamente en la preparación de la primera comunión de nuestros hijos, y los guiemos hacia la confirmación de su fe personal y adulta: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que logremos que nuestros hijos aprecien los sacramentos de la penitencia y la eucaristía, y junto con nosotros vivan la fe, sobre todo los domingos y fiestas religiosas: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que, como santa Mónica, tratemos bien a nuestros hijos; y si hubiera que reprenderlos, lo hagamos con serenidad, autoridad y amor: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que, si brotara en alguno de nuestros hijos o hijas el germen de una vocación religiosa o sacerdotal, sepamos colaborar contigo para consolidarla y agradecerla: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que si alguno de nuestros hijos vacila en la fe o se desvía de ella, nosotros sepamos cercarlo de consejos y oraciones, hasta que retorne a la fe: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que demos ejemplo a nuestros hijos y nietos en su ardua tarea de formar verdaderos hogares auténticamente cristianos: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Para que al tratar con otros padres, avivemos en ellos su preocupación por el porvenir y bienestar espiritual de sus hijos, y logremos acercarlos a la vida de la parroquia y de la Iglesia: ¡Ayúdanos, Padre y Señor nuestro!
Miguel López Varela
Delegado Pastoral de Catequesis de Santiago de Compostel
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